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¿Pies, para qué os quiero?

 Dejad de torturarme, pies.  Dejad de arruinarme la vida con vuestros agravios.  Tampoco me creo esos bonitos nombres con que designáis  vuestros estragos.   Esos callos que no son los de la tapa sabatina en los tugurios kaskarilleiros, sino los otros. Los que duelen  Juenetes: diminutivo cariñoso, por grande que sea el dolor. Nunca serán juanones aunque te salgan sabañones. No hay épica deportiva en el   pie de atleta. No hay una pista de tartán, ni un podio medallero al final de la carrera. En realidad, ahí solo corren los hongos, para pudrirte los pies que acaban en silencio dentro de la mortaja de los calcetines y el sarcófago del calzado. No soy la Cenicienta del cuento. Lo que llevo en los pies no es de cristal. Con mi suerte se romperían al primer intento y mucho me jodería no ser la elegida.  Calzo un 44,cuando mis pies buscan amistad con el zapato. Si están a gusto se estiran hasta un 45, esa talla que hace temblar a los vendedores....

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