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Un ser del espacio te invita a cenar

El teléfono suena y Xan siempre está. Tiene que estar. Ahora lleva el taller de sillas eléctricas porque el fundador ya no puede hacerlo. Impedido, sí. Pero cada vez más histérico. Quiere recuperar la silla que se apropió el juez porque era su modelo ideal para seguir componiendo. Los Hijos de la Apatía   llaman a las nueve. Todos los días. No respetan sus propios horarios laborales de fin de semana. Ni preguntan por la Nebraska 7. Quieren la siguiente. Las siguientes. El taller en marcha. Producción en cadena. Sillas nuevas. Compradores nuevos. Que corra el dólar que la crisis no perdona ni a los gangsters moteros. De los mismos árabes con los que se habían liado a puñetazos unas semanas antes. El negocio no entiende de rencores. A las once llama el niñato del Golfo. No pregunta. Exige. No aprendió otra cosa en el internado exclusivo suizo. Hay que darle una fecha. Otra Nebraska. La quiere ya. Dale tampoco concede tregua. Ordena, corrige, protesta. Da igual que sea el desayuno,...

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