26 febrero 2021

No quiero quedar atrapado en esta historia

Me quedo adormilado ante las pantallas de contar mentiras y al apagarlas, entresaco un libro grueso de la barricada de ficción que he puesto como parapeto.  No soy ingenuo, sé que la realidad se filtrará insidiosa por cualquier parte, pero hay que matar el tiempo, antes de que el tiempo te mate a ti.

Se trata de un bestseller de moda. Típica historia criminal con su pareja mixta de policías audaces. Ella, una chica lista con un inabarcable y tortuoso mundo interior. Él, un coloso buenazo y simplón. El nuevo código en boga ha redistribuido viejos roles de género sin plantearse si eran imprescindibles. Hay que vender y no hay nada que venda tanto como el sentido de identidad.
La historia comienza con  su punto sádico, tras la aparición de los típicos cadáveres vejados, maquillados y colocados de forma estrafalaria por la tortuosa mente criminal de un "serial killer". 

  • ¿Otra truculenta novela nórdica? ¿Otra morbosa secuela de Seven o de El silencio de los corderos? me pregunto en modo cansino. 

El detective de la historia no es nada espabilado; pero ella, con su mente prodigiosa, va acumulando pistas que prefiere resguardar tras una enigmática sonrisa autosuficiente.

Llegan mis primeros bufidos. 

  • Esto ya me lo sé de antes.

Sigue la historia.  En el capítulo tercero han secuestrado a la hija del gran magnate. Pobre chica, en dos o tres episodios es reducida de forma violenta para luego ser arrojada a una lúgubre y húmeda celda donde apenas puede ponerse de pie. Tiene miedo a lo que le puede pasar, pero también a la tenebrosa oscuridad, a su inacabable dolor físico y a esa infame soledad  que no se parece a nada que haya experimentado en su vida de niña rica. Está pasándolo mal, pero yo me aburro y lanzo un bostezo antes de seguir leyendo.

  • ¿O sea que te aburre mi sufrimiento?

Me estremezco, acabo de leer la frase en un convencional libro de papel, no en una pantalla interactiva.

  • Contéstame, Fiz Arou, ¿te aburre mi sufrimiento?

Tiro la silla del despacho y corro hasta la mesilla de noche donde guardo la pistola. Pertrechado con ella, llego hasta el libro y apunto con el arma.

  • ¿Quién ha escrito eso?
  • El autor, yo solo soy su personaje.
  • No tiene sentido que un personaje de novela sepa mi nombre.
  • No sé lo que pretende mi autor,  pero sí que tú estás más informado que yo y puedes ayudarme. Pásate por algún otro capítulo y diles a los que me están buscando donde pueden encontrarme. Ayúdame a salir de aquí.
  • ¿Por qué iba hacerlo? No soy el único que te lee
  • Solidaridad entre detectives. Tú eres uno de los más afamados y me estás leyendo desapasionadamente.
  • Pero no puedo intervenir en una obra ajena, no puedo desautorizar a quien te ha hecho. Solo he cogido el libro para leer una historia policiaca, no puedo modificarla a mi gusto.
  • El autor te lo permite desde el momento en que incluye esta conversación en su propio texto.
  • Suponiendo que sea el autor real y no haya otro autor detrás escribiendo sobre todo esto. Quizás sea otro el que escribe sobre ti, sobre tu autor y sobre mí.
  • Me estás dando la razón, si los dos somos personajes de ficción podemos colaborar juntos. Ponte en contacto con los que me buscan en esta historia, porfa.
  • No sé si fiarme de las intenciones de ese posible autor que está detrás del tuyo, también puede ser un personaje de ficción pensado por otro autor anterior y así sucesivamente hasta llegar hasta el último autor de todo. Lo siento, es mucho para mí, no quiero quedar atrapado en esta historia.

Cierro el libro, me limpio el sudor de la frente, guardo la pistola en su sitio y me prometo empezar a cenar ligero y dejar de leer a Borges durante una buena temporada.

 (Capítulo 55 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)

11 febrero 2021

Un youtuber de moda, una rica heredera y un detective sin blanca

  • Detective, quiero que me traiga de vuelta a mi nena. Haga lo que sea necesario, no podré vivir tranquilo sin saber que está a salvo en casa.

El viejo tenía la cara compungida, sus labios temblaban al hablar y sus ojos se humedecían en el mar de arrugas de su rostro. Era un hombre mayor viviendo su pena. Casi me conmovió. Para evitarlo, recordé  que ese sujeto era el tiburón inmobiliario que había urbanizado aquel espacio verde cerca del mar en el que yo jugaba de pequeño. Ahora, gracias a tipo como él y a una casta política de arribistas corruptos, Kaskarilleira, era apenas sombra de lo que fue.  La bella  ciudad atlántica había sido  maltratada, desmenuzada y convertida, fuera de su zona de paseo, en un gran nicho de cemento y mal gusto. Espantosos barrios crecidos de cualquier manera sin tener en cuenta las irregularidades del terreno. Edificaciones baratas y húmedas para gente del rural que habían llegado buscando nuevas perspectivas y ahora habitaban en calles estrechas y sombrías de las que escapaban a sus aldeas cuando tenían tiempo disponible. Jardines encajados y ridículos, eliminables si había que seguir construyendo; o como alternativa, parques extensos y pocos cuidados en las escasas zonas rústicas a las que no alcanzaba la rapiña especulativa.

Me rehice. La hija del viejo, a sus casi 40 años, había abandonado los consejos de administración y el picadero que le montó papi, para irse con un youtuber de moda. No, no se fueron a las Islas Vírgenes, ni a las Seychelles, ni a Bora-Bora. Como otros de su calaña, nuestro Romeo, se pasó a Andorra, para seguir en contacto con sus fans y poner a buen recaudo sus caudales. Debía ser un elemento muy entregado a lo suyo, porque pudiendo dar el braguetazo de la década y abandonar la tontuna de ser famosete de temporada, prefirió seguir la suerte de aquel trompetista de Rubén Blades. Cierto, se habían ido a vivir a un nido en las montañas, pero su refugio debía tener más calidad que aquel de la canción de Jorge Sepúlveda o la que conocían los sufridos residentes de los degradados barrios de Kaskarilleira.

El viejo estaba preocupado, porque el niñato era un bocazas y si comentaba en Internet su hazaña sentimental, podría pasarle algo más serio que los devaneos amorosos de su heredera: ese necesario prestigio social sin el cual se puede evaporar un torrente ingente de acciones en la bolsa.

Al verme en modo esfinge me acució, deshaciéndose en elogios hacia mi persona. "Fiz Arou, tú eres la única persona confiable en esta ciudad de mierda. El más indicado para sacar a mi hija de las garras de ese pájaro y traerla de vuelta".  

Continué en modo esfinge. 

"Sé que no te gusta conducir, pero no tendrás problema, irás hasta allí en avión privado y un coche te llevará hasta cerca de la casa donde se alojan" 

Viéndolo tan entregado, me permití intervenir con un apunte pedante: "Si no conduzco es por amor a la humanidad. Tengo muy mala leche y prefiero evitar colisiones con mis contemporáneos" 

"Por eso, por eso. Está todo preparado para que llegues allá y consigas tu objetivo. Cuando vuelvas de la misión tus carencias monetarias serán solo un viejo recuerdo" 

Me puse enigmático "¿Quién se cree que soy yo?" 

Y luego contundente."¿Me toma por idiota?" 

Rematé la jugada: "No soy un huelebraguetas que se mete en la vida amorosa de la gente. Hoy la cosa está muy jodida y es difícil mantener una vida sentimental solvente. Solo faltaría que yo me pusiera en medio de una que intenta salir adelante. Vamos anda" 

Se puso agresivo y se olvidó del tuteo "¿Entonces por qué ha venido?" 

Quise ser concluyente: "Piensa que puede perder una hija si va a su bola, yo ya he perdido mi pasado entre su maraña de construcciones abominables. Los que son como usted no han dejado espacio para mis recuerdos. Quiero que lo sepa y se le meta dentro"

Tras una furiosa palmada, llegaron dos gorilas y me agarraron por los hombros.

"En cambio yo a usted lo envío fuera"

 Fui arrojado a la calle sin contemplaciones y caí de bruces contra el suelo. Al rodar por el empedrao no fue un beso prolongado lo que dio mi corazón. Aquel no era mi barrio, Gardel.

 

 (Capítulo 54 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)

28 enero 2021

Contra los genios del mal y los vacunados jetas

Estaba estupefacto, los genios del mal habían okupado la torre romana de Kaskarilleira como base para sus tropelías. Allí cada noche, desde la cúpula acristalada e iluminada por la poderosa linterna, el magnate Xoros y el siniestro Gueiss dirigían un ejército de esbirros zombis que vacunaban en la atalaya a los mandamases jetas que saltándose el turno establecido querían recibir cuanto antes la ansiada inyección. 

La cola era inmensa, llegada de todas partes, y se alargaba a través de la estrecha escalera de caracol de 234 escalones. Formaban grupos de quince personas que tras ser vacunadas, bajaban a la rotonda interior esperando que subieran otras quince. Así sucesivamente. Todas estrechamente vigiladas. Todas enmascaradas debajo de sus mascarillas de máxima protección. Todas creyéndose importantes e imprescindibles. Con demasiados argumentos de mierda para justificar su descaro. Abajo, sus chóferes, asistentes y guardaespaldas les esperaban cerca de sus vehículos para llevarlos raudos a sus privilegiados destinos.

Yo, Fiz Arou, sabía la verdad y tenía que hacer algo. Xoros y Gueiss eran individuos maléficos que estaban introduciendo microdrones en el corriente sanguíneo de los incautos gerifaltes para ser manipulados y teledirigidos. No tenía dudas sobre la condición ventajista de estos miserables, pero aunque merecieran pasarlo putas por su desvergüenza, me preocupaba el daño que le podían hacer al resto de la gente siendo vasallos de los genios del mal. No era bueno que esos descerebrados con mando sirvieran a tan peligrosos amos. 

El doctor Krapp con su habitual displicencia, me ofreció una solución."Este es un aerosol con un poderoso agente químico. Si no fueras un rudo detective te diría su composición, pero dada tu natural ignorancia, ¿de qué serviría? Quédate con que lo he llamado N.M.C. Con eso te basta" "No me basta, ¿dígame que significan esas siglas?" "Está bien, capullo, te lo diré. Significan No me Molan las Conspiranoias. ¿Te lo deletreo?" "Vale, déjelo así" "Llevarás una canana como si fueras un revolucionario mexicano y en cada compartimento un espray para usarlo cuando se vayan agotando los otros."  "¿Cuándo empiezo?" "Esta misma noche. Será a partir de las 12 cuando los tipos que ya recibieron la primera dosis, recibirán la segunda y definitiva" "¿Algo más?" "Sí, no la cagues".

Lo que pasó luego lo recuerdo entre brumas. No sé como llegué hasta la explanada de la torre tras liquidar a golpe de flissshhh al grupo de zombis que vigilaban el entorno. Yo era ya una pesadilla en movimiento que azotaba la noche. Al llegar con un aerosol enhiesto en cada mano a la zona donde estaban los asistentes y guardaespaldas, hubo espantada. Los gritos, los motores arrancando, las carreras a campo a través. En pocos minutos volvió la calma y yo me dirigí sin precipitarme a mi destino final. Recuerdo que subí la escalera de caracol con cierta tranquilidad, apartando a unos y a otros. Un alcalde me quiso golpear con su bastón de mando y le di un trompazo poco doloroso. Un obispo con clergyman me lanzó un rosario y lo esquivé sin problemas. Llegué arriba, lancé una patada a la mesa de líquidos y agujas, aparté a cuatro pacientes y esparcí mi matarratas contra media docena de zombis con el éxito previsto. Sabía que los dos genios del mal se habían refugiado en el cuarto del farero e hice el gesto de sacar los dos últimos aerosoles de la canana para abrir la puerta y rematar la faena. Sin embargo, mi brazo no llegó a su destino. Tropezó con el vaso con agua de la mesilla que acabó volcado en el suelo.  El mudo despertador  y el libro de comics fueron testigos de la caída de su compañero de mesa y de mi torpeza. Montando la bronca habitual, pasaba por la calle el camión de la basura. Sentí que me podían recoger con ella.

 (Capítulo 53 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)

15 enero 2021

Cuando un trumpazo no acaba en trompazo

  • He recibido una orden internacional de busca y captura contra usted, señor Fiz Arou. Al parecer las autoridades norteamericanas lo consideran uno de los posibles instigadores del asalto al Capitolio.
  • Eso es absurdo, señor juez, no me he movido de Kaskarilleira desde que empezó el confinamiento. 
  • Dígame la verdad, ¿colabora o ha colaborado con el trumpismo o tiene negocios turbios con el afamado personaje?
  • Señor juez, no vivo en un rancho de Kentucky, en un apartamento en Park Avenue o en una mansión en Beverly Hills. Sobrevivo en un piso destartalado y ruinoso en la calle Ozán, lugar sombrío y con mala fama de mi amada ciudad atlántica.
  • Pero usted es el responsable de haber traído del pasado, ocho neanderthales en su contenedor de basura transtemporal. Tenemos su declaración anterior en este documento.
  • Señor juez, yo salvé a aquellos neanderthales de la extinción de su raza. Intenté encontrarles una actividad productiva con escaso éxito y ante mi fracaso los entregué a las autoridades. Nunca imaginé que los recluirían de forma indigna en un parque natural. Grave error, siendo nómadas, no se sentían a gusto con las restricciones perimetrales, tanto del parque como de la Covid, y tomaron las de Villadiego.
  • ¿Y cómo fueron desde Villadiego, provincia de Burgos hasta Washington, distrito federal, señor Arou?
  • Lo de Villadiego es una expresión muy antigua de la lengua castellana, señor juez, debería conocerla. Ignoro como se marcharon hasta allende los mares, aunque me lo imagino.
  • ¿Qué se imagina?
  • Pienso que los trumpistas eran los cavernícolas más a mano después de que los nuestros salieron malparados cuando se atrevieron a desconfiar de la españolidad de mis chicos. (Otra vez, y sin querer ser pesado, te recomiendo la entrada de marras
  • Usted manifestó en su declaración anterior, que en el mitin a donde los llevó los llamaron "extranjeros de mierda y perroflautas".
  • Exactamente, señor juez. Para tener tan poca vista recibieron mucha tunda.
  • ¿Y por qué los americanos no fueron tan escrupulosos siendo de la misma ideología?
  • Ya sabe como son ellos para esas cosas, si hay que dar espectáculo fichan a cualquiera que lo garantice. Como promesas europeas para la NBA. 
  • Puede ser. El FBI nos ha informado de que sus neanderthales, fueron embarcados en un jet privado por un conocido conspirador norteamericano de extrema derecha, pasaron tres semanas de adaptación en un rancho de Nebraska donde aprendieron tácticas de rodeo, uso del rifle, lazo etc... para finalmente ser enviados a la capital federal formando parte de una de esas aguerridas y patrióticas milicias. Nadie se percibió de su ancestral condición.
  • ¿Le sorprende? No destacaban entre esa gente. Esos pirados ultras hablan de la decadencia de la civilización blanca, pero están contaminados por el mestizaje racial, la libertad sexual y no conciben la vida sin sus aparatitos tecnológicos, su comida vegana o su brunch del mediodía. En tiempos de Hitler acabarían en un campo de concentración por decadentes y pervertidos.
  •  Pues sus neanderthales se lo pasaron en grande. Hay vídeos en que aparecen con gorras y botes de beisbol dando golpes a diestro y siniestro. Un delirio. Llevaban cazadoras sin manga, camisetas a colores y pantalones ajustados.
  •  No he visto nada de eso.
  •  Han sido censurados por el Servicio Secreto Americano por temor de que se pensase que eran los Bigfoots y hubiese otra revuelta. Allí la gente es muy crédula y los neanderthales les son muy lejanos, prefieren sus monstruos domésticos.
  • ¿Pero si los han detenido tendrán que informar a la opinión pública?
  •  Se han escapado. Se cree que han sido reclutados por un grupo de Ángeles del Infierno y no se les ha vuelto a ver el pelo.
  • Los moteros estarán encantados de tener gente tan cañera dentro. Ahora mismo veo a mis chicos del pasado recorriendo las grandes praderas del Medio Oeste en sus satinadas choppers, con el viento en la cara y sin miedo a los trompazos de los mamuts.   

 

(Capítulo 52 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)

29 diciembre 2020

¿Y si repetimos el 2020 para que no quede tan deprimente?


 Apareció ante la Inspección Técnica de Años con gesto tímido. Llevaba  mascarilla FFP3 con válvula, gafas de protección sanitaria y bata de cirujano. Sus manos estaban cubiertas por guantes de nitrilo. Sin embargo debajo de tanto camuflaje era inconfundible.

  • Pase rápido - le dijeron -lo conocemos bien y no necesitamos mirarlo más a fondo.

Sorprendido, se irguió, miró al Alto Tribunal y balbuceó unas disculpas:

  • No era mi intención ser un año tan nefasto.
  • Nefasto e irremediable.
  • Quizás pueda hacer algo.  Si me repito, siendo otra vez 2020, no quedaré como un año tan deprimente.
  • Nunca se ha visto tal cosa.
  • Pero el 2020 es un número bonito y quizás podría ser interesante que existiese un 2020 bis.
  • Lo sentimos, 365 días es el plazo establecido y modificarlo solo traería mayores trastornos.
  • Antes del calendario juliano e incluso del gregoriano no había tantas rigideces.
  • Todo ha cambiado desde entonces. La interconexión entre tiempo y vida es muy intensa y no podemos interferir en ella. 
  • Pero podrían hacer algo antes de dejarme ir a los almacenes de la historia con tan mala imagen.
  • Olvídelo, el 2021 está preparado para salir de su vaina temporal y usted ya ha agotado su momento. ¿Algo más que comentar?
  • Qué conste que he hecho lo que he podido teniendo en cuenta la herencia recibida. 
  • Eso nos suena familiar, pero ya no vale como excusa.
  • Las desgracias las ha traído la especie humana no yo, que solo soy un contenedor.
  • Disculpas.
  • Es que es así. Llaman demasiado la atención los asuntos terribles, casi siempre venidos de otros momentos, pero las cosas han seguido su rumbo. No se ha interrumpido el ciclo de la vida y las olas del mar siguen besando las arenas o acariciando las rocas en  vez de escapar asustadas más allá de la estratosfera. Mucha tristeza dicen, pero las mareas siguen su curso y no se han desbocado.
  • ¿Pero quién va a pagar los platos rotos?
  • No es mi problema, yo ya me voy. 
  • Primero quiere remediar el mal hecho duplicándose a si mismo y ahora no asume sus responsabilidades ante tanto desgracia, tristeza y dolor que deja atrás.
  • Ustedes me han dicho que no puedo seguir, por lo tanto mis responsabilidades acaban el 31 de diciembre a las 23 horas 59 minutos y 59 segundos.  
  • Quiere eximirse.
  • Mi única obligación era darle continuidad a la vida. Lo he hecho y me largo. Me han invitado a una fiesta de despedida y tengo que ir antes del toque de queda.
  • No se fíe, hay muchos que le tienen ganas y quizás no sean muy cordiales.
  • Seguro que son amables y cariñosos, no pueden librarse de mí y en definitiva, tienen la seguridad de que no me van a volver a ver. Despídanme del 2021. Le deseo mucha suerte, no sabe lo que le espera.

11 diciembre 2020

El coronel ya tiene quien le quiere

Está lista. A punto de entrar en combate, Lourdes Caro mira la cajetilla de cigarrillos mentolados que le ha regalado su pariente del estanco. Será de los últimos que se fume. La Unión Europea los ha prohibido. La Unión Europea siempre cuida la salud de sus ciudadanos. 

Se sonríe, le echa una última calada al pitillo y lo lanza con destreza a la papelera. Al segundo, las puertas abatibles del vestuario masculino se rinden al impacto súbito de su poderoso trasero. Pertrechada con sus armas más mortíferas -fregona, cubo, lejía, detergente y paños de todos los tamaños- entra en el recinto más odioso del Club Social, Recreativo, Deportivo y Militar El Talón en Posición. Una vez más da unos traspiés ante aquel repulsivo tufo, mezcla de sudor enfriado, perfume de marca, colonia barata, desodorante y agua estancada. Han pasado siete horas del cierre de las instalaciones, pero la masa viscosa sigue ahí, delante de sus ojos, dispuesta a arrastrarla a un infierno morboso y putrefacto donde será devorada por un enjambre enloquecido de testosteronas marciales. Agarra el palo de la fregona y se pone de puntillas para abrir los dos mínimos ventanucos del techo. La niebla condensada no se desvanece y Lourdes, atacada por los nervios, empieza a lanzar manotazos a diestro y siniestro.

  • ¿Y eso?

Cree haber percibido un movimiento detrás. Se da la vuelta y se queda petrificada. Hay un tío en bolas al otro lado del espejo que cubre la línea de lavabos. No hay duda, un tipo pálido y tiritante permanece en ese lugar agitando tristemente la mano izquierda en esmirriado saludo, mientras que con la derecha esconde y sujeta sus partes pudendas. 

  • ¿Qué coño hace usted ahí a estas horas? No me gustan los exhibicionistas. Además ¿por qué solo aparece en ese lado del espejo? 
  • Per..perdone la incoherencia de la situación, soy el coronel Modorra. Solo estaba echándome crema y mirándome cuando... 
  • Ya, es uno de esos tipejos enamorados de su cuerpo serrano. Da asco, pelado como un bebé pasando de los cincuenta. Además está hinchado como un pavo sacado del horno. A saber que potingues y pastillas se mete encima. 
  • Un respeto, señora, exijo el tratamiento que corresponde a mi rango.
  • ¿Un tratamiento de belleza quizás?
  •  No, señora, soy coronel y por tanto se me debe tratar como señoría.
  • Pues bien, señoría, parece mentira que siendo tan coronel sea un pichafría, aunque quizás no sea el mejor momento para comentarlo después de pasar tantas horas en cueros.
  • Un respeto, señora.
  •  Un respeto, leches. Yo soy la limpiadora y ya va siendo hora de que ustedes respeten a los civiles. Claro, como viven en su burbujita cuartelera alejada de la gente normal, se les ocurren ideas peregrinas. Y la suya al menos es una bobada y no parece sangrienta.
  • Bueno no hago mal a nadie, pero el espejo... 
  •  El espejo se lo tragó. No es un espejo disciplinado, merece unos meses de arresto. Quizás en una prisión militar.
  • ¿Cómo ha sabido que me tragó? Hizo gluppp como un desagüe y me absorbió para dentro. Estaban a punto de cerrar y solo quedaba yo. Nadie se enteró hasta ahora. 
  • No se habrá aburrido. Ha tenido tiempo de sobra para seguir contemplándose y el espejo se habrá sentido inmensamente feliz de tener un coronel preso de su amor. 
  • ¿Qué dice? 
  • No sea tonto, hasta un niño puede imaginar que el espejo al ver que se asomaba tanto, ha pensado que se sentía atraído por él y como suele pasar, se ha enamorado a su vez. Al ser un amor correspondido, ha decidido traerlo a su lado. 
  •  Eso es un disparate, una calumnia, no había oído nunca una barbaridad semejante. Soy un hombre casado, católico y alejado de extrañas aberraciones. Haga algo y sáqueme de aquí, es una orden. 
  • ¿Una orden? ¿Usted  se cree qué puede disponer de mí solo porque lleva unos galones en la bocamanga? No voy a hacer nada, no estoy bajo su mando. Bastante tiene una con levantarse a las cinco de la mañana para limpiar sus mierdas. Además tengo la costumbre de no meterme en ajenos amoríos. Ya tengo bastantes con los míos. Abur. 

 


20 noviembre 2020

Momento humillante del déspota arrogante


El hombre más arrogante del mundo pasó corriendo a mi lado. Tenía una cita ineludible a las 10.55 en el hoyo 7 de su propio campo de golf "El Cobijo del Pijo". No había nada extraordinario en ello. Al menos para un conejo blanco de ojos rosados y solitario como yo que tiene su madriguera en aquel privilegiado lugar. Tampoco me pareció muy extraño  oír que el tipo,  tras consultar su reloj de bolsillo, soltó un "Dios mío, voy a llegar tarde". Un legendario pariente mío dijo lo mismo en un relato humano antiguo y ahora es un mantra conocido y practicado en toda la comunidad conejil. Además hay que entender que es ineludible ser puntual cuando uno está citado con el presidente de Kaox International (KAIN) en persona. No valen excusas, aún siendo el déspota más arrogante del mundo.

Había venido solo. Tras dejar su carro eléctrico abajo, subió pesadamente hasta la loma coronada por un grupo de acacias. Al llegar, se sacudió el sudor con un pañuelo de seda con sus iniciales y decidió esperar orgulloso a su  interlocutor apoyado en un lujoso palo de titanio, mirando al green. Al segundo, se oyó un ruido procedente del búnker. Se había formado un remolino en la arena. Instantáneamente salió a la superficie una plataforma metálica negra semejante a un ascensor, brillando al sol de la mañana. Se abrió una puerta. Salieron dos moles humanas trajeadas, equipados con AKS-74U, cascos en las orejas y gafas oscuras. Detrás apareció un tipo pequeño y rubio que tras hacer visera con su mano, localizó a su presa con la vista. Luego caminó hacia la loma con andar tranquilo, confiando en los guardaespaldas que iban detrás con sus armas apuntando al cielo.  

Al encontrarse, los dos hombres principales se ajustaron las mascarillas y entrechocaron los codos. Aprovecho para escribir que no entiendo este súbito cambio de costumbres en la especie humana. Llevo mucho tiempo observándolos, estudiando sus gestos y actitudes, y no logro comprender lo que les ha pasado. ¿Se habrán vuelto humildes? Y sobre todo, ¿seguirán cazando y comiéndose a mis desafortunados parientes? Los miembros de la comunidad interconejil no hemos resuelto aún esta vital incógnita. Tendremos que hacer un congreso o seminario sobre el tema.

Tras los saludos de rigor, el hombre más arrogante del mundo le lanzó algún reproche al tipo bajito usando su acostumbrado estilo despótico. Este, ni se inmutó. Miraba al otro, de abajo arriba, con mirada gélida e hiriente, tan mortífera como un balazo de escopeta en el vientre de alguno de mis congéneres. Su respuesta fue corta y hostil. El hombre más arrogante del mundo se puso algo más colorado de lo habitual y tartamudeo al contestarle con tono suplicante. El presidente de Kaox International (KAIN) repitió literalmente su respuesta anterior. El hombre más arrogante del mundo se arrodilló y se convirtió en el hombre más suplicante del mundo. El otro no se mostró conmovido, dio media vuelta y bajó por la loma acompañado de sus matones. El hombre más arrogante del mundo se quedó chillando arriba mientras observaba como los otros se metían en el ascensor y desaparecían bajo la arena del búnker.
Mientras me alimentaba con un poco más de heno, me sientan fatal las zanahorias, vi como el hombre más arrogante del mundo se recomponía el traje, se atusaba el pelo y ponía su tradicional cara de asco antes de bajar  hacia donde tenía el carrito eléctrico. Corrí y llegué antes que él. Aquel tipo no me gustaba nada e hice lo único que está al alcance de un vulnerable conejo frente al déspota más arrogante del mundo.