El Stradivarius de la muerte
Daba puro placer contemplar como Dale fabricaba y acicalaba sus sillas eléctricas. A Xan le gustaba observarlo desde lejos, sin intervenir, como inquieto y discreto aprendiz. Había adaptación mútua: el viejo le daba a Xan comida, casa y aprendizaje y Xan le daba a Dale un confortable colchón económico, -vía Hijos de la Apatía- para seguir con sus artesanías y su manías. Porque el viejo era un maniático de mucho cuidado tanto con sus cosas, como con su taller. Xan se encargaba de las compras en la ciudad - Lincoln estaba a solo 6 millas- como de ayudar a Lucy , la mujer que se encargaba de la casa y que no las tenía todas consigo desde la llegada de aquel extranjero que había traído el artesano en uno de sus viajes a California . Un día cambió todo. Dale había ido a la ciudad en busca de material y Xan decidió echar un vistazo a lo que se cocía en el taller. En una esquina, debajo de una sábana, encontró aquella obra maestra. La silla de Dale no era como ...