21 octubre 2020

Papá, no quiero ser gurú

Mi padre me llamó al garaje y me hizo sentar en un sillón cochambroso que había comprado en el mercadillo de los domingos. A falta de otras virtudes, pretendía que la familia reconociese su maravilloso olfato para descubrir deslumbrantes gangas entre la mierda. En realidad era algo hipócrita, ya que no tenía valor para exponerlas a la vista en los opulentos salones de nuestra fastuosa mansión familiar. 
  • Te he hecho venir aquí, porque espero que me digas de una santa vez que pretendes hacer con tu vida. 
  • ¿Y para eso me traes al garaje? Eso es muy cutre.
  • Jacobo Guzmán, no estoy para coñas.
  •  Papá, te lo he dicho en varias ocasiones: quiero trabajar en tu grupo de empresas. Con ellas has adquirido fama y fortuna
  • Esas son bobadas. Con dos hijos en la pomada tengo bastante. Eres el último y como tal, tanto tu madre como yo, hemos depositado en ti nuevas esperanzas. 
  •  No os podéis quejar, a mis hermanos les ha ido bien. El mayor aprobó las oposiciones y ya es un alto funcionario en la Junta. Además le han ofrecido un puesto relevante en las listas electorales del partido. 
  • ¿Y crees que me salió gratis que esté donde está?
  • El segundo no ha acabado arquitectura  pero ya  es el director en una de tus filiales inmobiliarias.
  • ¿Funcionario, arquitecto, político, promotor? Aspiras a bien poco ¿Qué mérito tiene aprobar una oposición cuando el tribunal es amante de las prebendas o blando para el chantaje? Por otro lado, cualquier idiota puede llevar una empresa o triunfar en política si cuenta con la influencia adecuada. Yo quiero para ti algo distinto. 
  • Tú empezaste una carrera. 
  • No tuve opción. Tu abuelo me puso entre la espada y la pared y me matriculé en una Escuela de Negocios, pero  aprendí trapicheando con mis compañeros, no recurrí a las chorradas que aquellos petulantes idiotas querían enseñarme.
  •  ¿Y cuáles son tus planes? ¿Quieres prepararme para presidente?
  •  Bah eso ya no tiene interés, somos nosotros quienes manejamos el tinglado. Quiero algo más espiritual para ti. Algo con  suficiente capacidad de seducción como para manejar las mentes del rebaño.
  • ¿Pretendes que me haga publicitario o que me contraten de ejecutivo en alguna de esas empresas tecnológicas que dirigen el mundo? 
  • No, nene, lo que necesitamos es un líder religioso en la familia. 
  • Te lo juro, ni de coña vas a conseguir que me hago cura. ¿Vale? Aunque luego me hagas arzobispo.
  • Tranqui, serás gurú. ¿No sé por qué pones esa cara de sorpresa? Eso es garantizarse un futuro de verdad y tener un poder sin límites. Serás rico, te adorarán las multitudes, fijarás las normas y ritos que más te gusten, accederás al patrimonio de los idiotas adinerados que te sigan y encima tendrás mucho sexo. ¿Hay algo mejor? 
  • Pero yo no sé si tengo carisma, papi, y nunca fui bueno en filosofía ni en religión. Además...
  • ¿Además qué? ¿No quieres llevarle la felicidad a los bobos usando una doctrina de tu invención? ¿No te mola tener un ejército privado de matones y abogados que te puedan proteger de los traidores y de las mentiras de los medios?
  • Es espeluznante, de verdad; pero aunque soy fotogénico, no sé que tal me quedaría la barba de santón y la túnica.
  • No te preocupes, lo tengo todo montado. He hablado con un tipo muy experimentado que lleva muchos años en este negocio, solo quiere llevar la pasta y dirigir en tu nombre el cotarro, pero si es un pesado lo acusas de hereje y te lo cargas cuando seas todopoderoso. 
  • Papá, no sé si daré el tipo. Soy muy dubitativo, se me da mal soltar sentencias, aforismos y moralejas.
  • Contarás con el asesoramiento de nuestro departamento creativo y de nuestro gabinete de prensa. 
  • Pero necesito una revelación que me venga de...de alguna parte. Una luz en el camino de mi existencia.
  • Te hemos preparado el refugio de un anacoreta famoso que vivía encima de unas rocas y hacía escultoras de piedra. Allá pasarás unos meses hasta que te vuelvas místico. Si es necesario te dejaremos a pan y agua.
  • ¿Pasando frío, en taparrabos y sin conexión a Internet?
  • Tendrás un refugio acogedor y espacioso debajo de la chabola; con servicio exclusivo, pero solo lo sabremos unos pocos.
  • Papá, lo que me pides es todo un compromiso para una persona acostumbrada a los placeres de la riqueza.
  • Hijo, sé sincero ¿no te atrae ser patriarca de una secta milenarista de las que hacen yoga y bailan danzas religiosas lanzando pétalos a diestro y siniestro mientras proclaman tu nombre como un mantra?
  • Bueno, no sé,  ¿Seguro que hasta habéis pensado en el nombre de la secta y como me llamaré yo mismo?
  • Hemos barajado muchas opciones, pero nos hemos inclinado por llamarla Círculo de los Suicidas Perezosos y a ti Krapp, el Doctor Krapp. ¿A qué te gusta?😊

01 octubre 2020

Don Quijote se recupera en el hospital

  • Este es el paciente del que le hablé, doctor. Ha chocado con su caballo contra la pala de un aerogenerador. Tras examinarlo tiene cuatro costillas y el fémur izquierdo en la región intertrocantérica fracturados. Además, como ve, tiene diversas erosiones en la cara. No apreciamos lesiones internas. 
  • No sé si la he oído bien. ¿Se ha estrellado contra un aerogenerador? 
  • Tal cual, el caballo quedo ileso porque pudo esquivar la pala antes de ser alcanzado.
  • ¿Podría ser un intento de suicidio?
  • No lo sabemos, puede que se haya lanzado hacia delante con lo que parece una lanza, varios fragmentos rotos así lo sugieren.
  • ¿Han podido hablar con él? 
  • Está en estado de shock y lo hemos sedado. Desde que entró en Urgencias solo dice frases inconexas que no logramos descifrar. 
  • Todo esto que me cuenta me resulta extrañamente familiar, debo tener un déjà vu. ¿Cómo se llama el accidentado?
  • Espere, que miro su expediente. Aquí está.  Los datos nos lo has dado un tipo bajito y rollizo vestido a la antigua que salió corriendo cuando le solicitamos más información. El paciente se llama Alonso Quijano es propietario agrícola y viene de La Mancha según nos comentó.
  • ¿Cómo de La Mancha? ¿De qué lugar de La Mancha?
  • No lo sabemos, el tipo bajito dijo que no quería acordarse del nombre del lugar. Fue entonces cuando tuvo esa reacción sorprendente. Dio media vuelta y se largó corriendo de forma ligera a pesar de su peso. Avisé a un enfermero que salió tras él, pero el individuo ya estaba muy lejos, arriba en el monte azuzando  a un burro que más parecía un caballo de hipódromo.
  • Es todo muy extraño y la cara y el nombre del paciente me siguen pareciendo muy cercanos. ¿Hay algo más?
  • El tal Quijano llevaba puesto una especie de armadura oxidada. Nos costó Dios y ayuda quitársela porque no dejaba de golpearnos con los puños llamándonos "hideputas" "bellacos" "malandrines" y otras cosas por el estilo. Por si no tuviéramos bastante con el covid ahora tenemos que soportar a gente que se le ha ido la olla.
  • Quizás el covid tengo algo que ver con ello. Déjeme con el enfermo que parece que se está despertando.
  • ¿Es usted el maligno encantador que me tiene aprisionado en este lecho y dentro de esta alcoba extrañamente blanca aunque repleta de artilugios diabólicos que oprimen mi cuerpo? Sea valiente, quítese la máscara que no puedo ver su cara.  
  • No es cuestión de valentía, soy el doctor, estamos en plena epidemia y debemos protegernos.
  • ¿Peste en el territorio de los encantamientos? Pues como sabrá, doctor, para protegerse de la peste se necesita un equilibrio entre los cuatro humores del cuerpo. Yo estoy a salvo de ello, hace meses que no me lavo y no hay espacio para que entren las miasmas.
  • Oler le huelo mucho, a mi pesar, y entiendo que es usted un negacionista, pero recurrir a gente como Hipócrates o Galeno me resulta excesivamente arcaico; aunque claro, hoy en día con las redes sociales hay gente para todo.
  • Sepa vuestra merced, que si reniega de esos grandes sabios demuestra ser un ganapán pelarruecas indigno de su profesión.
  • Quizás.
    Enfermera, hay que trasladar al paciente a la planta de psiquiatría, que lo coloquen al lado de nuestro amigo Gramsci
  • ¿Gramsci?
  • Sí,  le llaman así, porque al parecer se le fue la cabeza tras leer los 32 cuadernos de cárcel de Gramsci y los libros de todos sus comentaristas posteriores.
  • Madre mía, menuda indigestión, son muchos libros.
  • Y tanta, fíjese que quiso montar un bloque contrahegémonico de pacientes que haga frente al bloque hegemónico psiquiátrico. Ahora ha aceptado la inevitabilidad de la dominación sanitaria
  • Eso más parece de Michel Foucault y su obsesión por la locura y las clínicas.
  • No se le escapa una, pero se trata de un gramsciano pura sangre, sin mistificaciones postmodernas.
  • Truhán moderno y majadero antiguo, de villana y grosera tela tejido, echacuervos, corazón de mantequillas, ánimo de ratón casero, alma endurecida, pan mal empleado...
  • Venga, que se desmadra, Quijano. Póngale otro sedante y súbanlo ya, que hay mucho trabajo pendiente.
El gran Quino también tenía que contar su versión
 

17 septiembre 2020

Cambiar el mundo lleva su tiempo

La pareja de militantes estaba inquieta aquella mañana. Nunca pensaron que les tocaría repartir propaganda electoral en un poblado chabolista, pero ahora entendían que el partido también debía llegar a los más desfavorecidos. 
Contemplaron desde arriba aquella acumulación de precarias y abigarradas viviendas fabricadas con tablas de madera, plástico y uralita. Estaban tan juntas, que parecían caravanas de colonos convertidas en improvisadas barricadas para defenderse de las acometidas de los indios
¿Quiénes eran los indios para aquellos habitantes del mismísimo infierno?
Ella y él miraron a todas partes esperando encontrar algo alentador en aquella apiñada desolación. No lo había. Podrían estar en una villa miseria de Buenos Aires, en una favela en Río, en un bidonville de Dakar o en un shanty town en Karachi. Respiraron a fondo y bajaron por un camino de tierra, seco en aquel otoño primerizo. Llegaron hasta la primera casa. Oyeron chillidos de niño, ruidos de cacharros y una ronca voz femenina pidiendo silencio.  Él golpeó la puerta con los nudillos y junto con su compañera, se puso a esperar la respuesta visiblemente ansioso. La mujer gorda que les abrió la puerta quizás era joven, pero no aparentaba menos de 60 años en sus rasgos gastados y sombríos. Más allá del umbral, detrás de ella, un niño de unos 4 años jugueteaba medio desnudo en el suelo de tierra.
  • ¿Qué quieren? ¿Son los del Banco de Alimentos? Ya tengo a mi hijo trabajando en el súper de repartidor. Espero que con lo que gana tengamos para todos. Tengo seis hijos y estoy sola, pero nos arreglaremos muy bien. Seguro.
  • No, no somos del Banco de Alimentos. 
  • Ah entonces serán de la asociación esa de la parroquia. Gracias pero como les he dicho no necesitamos. Mi hijo trabaja desde hace un mes y contamos con su jornal. 
  • No, no somos de ninguna parroquia. En realidad estamos yendo por las casas para...
  • ¿No serán inspectores escolares o de la Asistencia Social? Mis niños van todos los días al colegio y el que está aquí es porque no nos podemos permitir  una guardería privada y la municipal está muy lejos. Además no podría ir tiene algo de fiebre y tosió durante la noche. 
  • No, señora no. Venimos por otra cuestión. Estamos recorriendo las casas para entregarles nuestros folletos y pedirle el voto para el Partido del Pueblo de Snobia. ¿Suponemos que estará enterada de que hay elecciones?
  • Algo me suena, pero me da igual. Gane quien gane, seguiremos viviendo como ratas.
  • Se equivoca, cuando gobernemos nosotros eliminaremos este poblado y cada familia tendrá un piso espacioso. Podrán acogerse a una renta de inserción social que les permitirá vivir con cierta holgura. Sus hijos tendrán buenas oportunidades para estudiar y la sanidad pública será asequible para todos ustedes.
  • Claro y comeremos perdices. Ese es el cuento de la lechera y siendo muy ignorante, creo que son elecciones para elegir presidente. El chabolismo no es importante para elegir un presidente. Además les digo una cosa, mi hijo trae todo el dinero a casa y lo junta con lo poco que sacan los otros vendiendo cartones. Gana algo más pero lo reparte con sus hermanos y con su madre. Somos su familia, joder, él tiene trabajo y ellos no,  pero podría ser al revés y le gustaría que le hicieran a él lo que ahora hace él por los suyos. ¿Por qué a los políticos que dicen defendernos les cuesta tanto escucharnos? ¿Por qué no dejan de mirarnos como si nos tuvieran pena o asco? ¿Por qué se pelean entre ustedes si todos dicen querer los mejor para los que sufrimos? Deberían luchar juntos por lo mismo, como luchamos nosotros, pero están más preocupados por poner por delante el nombre de su partido que por arreglar las cosas.
  • La entendemos, dice cosas sensatas, pero es que no todos somos lo mismo. Unos no quieren cambiar nada y nosotros...
  •  Ustedes lo dejan para más adelante.
  • Tiene que comprender que cambiar el mundo lleva su tiempo.
  • Pues mientras tanto intenten cambiar lo más cercano y  sáquennos de esta miseria.
  • Para ello necesitamos sus votos.
  • Muchos no podremos votarles.
  • ¿Son extranjeros?
  • Hay de todo, pero los de aquí tampoco estamos empadronados. Vamos donde podemos o donde nos dejan estar.
  • ¿Entonces por qué nos hace perder el tiempo hablando con usted?
  • Lo acaban de decir, cambiar el mundo lleva su tiempo por lo tanto no hay peligro de perderlo escuchando a la gente que se dice defender y no quedarse solo con las frases bonitas que uno ha leído en algún libraco o discutido con sus camaradas de las pantallas. Sueñan con cambiar el mundo, pero a menudo se olvidan de despertar luego para ir mejorando lo menudo.

04 septiembre 2020

Tinieblas y fulgores de un hombre espejo

Al fin comprendí que el verdadero sentido de mi vida era ser un hombre espejo. Necesité mucho tiempo para aceptarlo. De natural tímido y reservado, me resultaba chocante la afición de la gente a acercarse y contarme sus más íntimos pesares a la menor oportunidad. En una ocasión, un policía municipal chulesco y prepotente que estaba poniendo una multa a mi coche, aparcado en flagrante doble fila, acabó llorando sobre mi hombro mientras me contaba que antes no era así, que se había vuelto un implacable cabrón a raíz de sorprender a su pareja acostada con el sargento que le hacía la puñeta en el cuartel. El uniformado veía en cada infractor un futuro candidato a ocupar su lecho conyugal y por ello, aunque se le encogía el corazón, tenía que desestimar mi descabellada idea de retirarme la sanción.
 

Empece a pensar que quizás tenía unas dotes fuera de lo común y que podía ser interesante no desaprovechar una espléndida oportunidad y poner en juego mis enormes potencialidades. Mi condición de próspero y avispado promotor inmobiliario me da muchas satisfacciones, sobre todo cuando compro favores o enladrillo paisajes, pero quizás en el futuro me sienta mal no sacar el partido debido a todo mi talento.

No obstante, algo me decía que me sobrevaloraba en demasía. En realidad los demás se acercaban a mí pero yo no tenía nada que contarles. Venían, me hacían partícipe de muchos detalles de su vida lastimosa y se marchaban aliviados. Yo me quedaba como un pasmarote sin haber dicho nada. Sé que los psicoanalistas hacen lo mismo pero en su caso cobran suculentas minutas mientras alargan sus supuestas terapias durante años y años. Los curas, aunque no cobran, pueden dar rienda suelta a sus más bajos instintos en el confesionario, tanto lanzando su rastrera mirada sobre los rincones más oscuros de la vida de sus fieles, como dictando sádicas penitencias que alivian su desbocada sexualidad reprimida.

¿Pero qué sacaba yo de esa inusitada eficacia como vertedero de desdichas? Tragaba con todo lo que me echaban encima pero luego no me sentía con capacidad de digerirlo. Era demasiado peso encima. Una carga que me hacía sentir débil y vulnerable. Casi de cristal. Como aquel Licenciado Vidriera del relato de Cervantes.

Claro, al fin lo entendí. No podía  liberarme de mi fragilidad pero podía hacer uso de ella. Debía pulirme. Hacerme más ligero, más plano. Tenía que recubrirme con una capa de metal  plateado que protegiese mi interior.
Con vuestra ayuda lo he conseguido.
Vosotros me habéis pulido con vuestros lamentos. Me habéis aligerado tras golpearme con vuestro pesado malestar. Me habéis convertido en un tipo plano con vuestra prepotencia ególatra. Habéis solidificado mi interior con una capa de indiferencia, inmutable a vuestros patéticos arañazos.
Gracias.
Gracias por todo.
Gracias por convertirme en un hombre espejo.

13 agosto 2020

El Éxodo se nos está haciendo largo, Moisés

  • El Éxodo se nos está haciendo largo, Moisés. Son muchos años dando vueltas por este puto desierto sin encontrar la Tierra Prometida. 
  • ¿Qué farfullas miserable. Una gran meta requiere un gran esfuerzo. ¿Quieres encender mi ira o la del propio Yahvé, Nuestro Señor y Protector?
  • ¿Ves? No te podemos decir nada sin que te pongas en plan bíblico. Recurres a Yahvé como si fuera tu guardaespaldas y así da mucho apuro decirte lo que pensamos. 
  • ¿Pensáis? ¿Quiénes sois los que piensan lo que no se debe pensar? 
  • A ver, Moisés, pongamos las cosas en claro, formo parte del Consejo de Ancianos y soy el representante elegido por  ellos para decirte como nos sentimos. Si me haces algo a mí, tendrás que castigar al resto.
  •  ¿Qué clase de consejo es un consejo de viejos? ¿Os  contáis las aventuras de cuando hacíais la mili con el Faraón o solo os enseñáis las cicatrices de los tiempos en que os apaleaban vuestros amos?
  • No nos faltes al respeto, Moisés, que siempre hemos estado contigo a pesar de tu mala leche.
  • Bah, sois una pandilla de niñatos lloricas, instalados en el victimismo, que venís dando la murga desde que salimos de Egipto. Erais esclavos, coño, y yo os saqué de vuestra triste condición. Separé las aguas del Nilo, os proporcioné agua en medio de este seco erial y comida abundante para todos. Por no hablar de las leyes. 
  • En Egipto teníamos un menú más variado que el de aquí. Estamos hartos de comer maná, de tanto dulce nos va a dar a un subidón de azúcar y se nos va a poner el colesterol por las nubes. Respecto a las leyes... 
  • ¿Qué les pasa a las leyes? 
  •  Algunas son taxativas pero otros son muy ambiguas. Eso de no codiciar o no desear lo ajeno tiene su tela. Somos seres mortales y estamos llenos de impulsos irrefrenables. 
  • ¿Qué estás diciendo, bellaco? ¿Somos acaso como las desbocadas bestias del campo? Somos hijos de Dios y cumplidores de sus designios. 
  •  ¿Acaso el Señor no tiene otra gente de la que preocuparse? ¿Por qué siempre está encima de nosotros? Es muy agobiante ser el jodido pueblo elegido 
  • Judío.
  • Sí, el jodido pueblo elegido judío.
  • Desdichado, agradece que es sábado y Yahvé  se toma muy en serio su día de descanso, si se llega a enterar de que lo cuestionas de forma blasfema serás pasto de su furia llameante.
  • Perdona, Moisés, y te lo digo con la confianza que me da los muchos años que llevamos juntos vagabundeando por el desierto, pero tú tampoco no nos lo pones fácil. Tomas decisiones unilaterales sin consultar con nosotros y eres un tipo broncas con los que tienes más cerca ¿Recuerdas cuando llegaste con las Tablas de la Ley? Es cierto que a la gente se les fue la mano con lo del becerro de oro, pero aquella matanza... En fin, quizás fuiste un poco violento. Te lo digo de buen rollo, que conste. 
  • ¿De buen rollo? Esto no es una puta democracia, Dios decide y yo ejecuto. 
  • Cierto, lo de ejecutar se te da muy bien, Moises. De buen rollo, Moisés,  tú eres nuestro guía y esperanza pero tiendes a ser un pelín autoritario y con cierto gusto por la agresividad. Recuerda lo que le pasó a Aarón y a Miriam, tus hermanos. Él era tu portavoz, tu asesor político, la persona en la que te apoyabas en tu tartamudez y ella te salvo la vida cuando lo de la canastilla. 
  • Eran unos cotillas que murmuraban a mis espaldas porque no les gustaba mi pareja. Además Míriam solo fue leprosa una semana. 
  • Los rezos de Aarón conmovieron a nuestro Dios y este le quitó el mal mientras tú seguías a tu bola, ensimismado en tu verdad. Con sus hijos, por ejemplo, no tuviste piedad.
  • Fue Yahvé quien decidió su suerte. A ellos les gustaban más las fiestas que las ofrendas. Estaban borrachos como cubas al realizar los rituales. Conocían perfectamente la ley divina y sabían en qué consistían sus deberes como sacerdotes del pueblo del Señor. ¿Algo más que alegar? 
  • Sí, hemos consultado con un buen psicoanalista y tras contarle tu caso, nos ha dicho que tienes una personalidad narcisista y algo castradora. Creemos que necesitas tratamiento.
  • En ascuas me dejas, como la zarza de Yahvé ¿Cuál sería ese tratamiento, insensato blasfemo?
  • Pues nos ha dicho que además de vincularte con  Nuestro Señor, de lo que tanto presumes, tienes que bajar y aprender a relacionarte mejor con tus iguales, para que tus vínculos sean más íntimos, agradables y gratificantes. También deberías comprender las causas de tus emociones y qué es lo que te motiva a competir, a desconfiar, a ensañarte con los otros y, tal vez, a despreciarte a ti mismo despreciando a los demás.
  • ¡¡Moisés!! ¿A dónde vas, Moisés? No me oye. Se ha largado a inflamar su ira. Incluso sin Yahvé, en su cerebro hay suficiente como para encender con nosotros su pira.

04 agosto 2020

Reencuentro clandestino entre la princesa y Juanillo


(Publicada originalmente el 31 de marzo del 2013 y publicada otra vez hoy, al calor de la actualidad, con cambio de  título e imagen, pero con el irremediable presidente de entonces muy presente)
  • Y bien, Juanillo, ¿estás feliz con nuestro reencuentro clandestino?
  • Estoy feliz pero preocupado. No sé si mi maltrecho cuerpo monárquico sabrá responder a tus siempre exigentes expectativas.
  • No te minusvalores, Boboncito. Lo que no puedas realizar con tu majestad de antaño lo puedes suplir con tu experiencia de hogaño.
  • Querida mía. Mi princesita teutona. Mi dulce gorrona. Incluso en las familias de rancio y acrisolado abolengo como la mía los milagros escasean. Resumiendo, después de mis últimas cirugías estoy muy perjudicado.
  • Venga ya, Bobonzuelo. No me mientas. Seguro que el generador de príncipes y valedor de dinastías sigue en su puesto vigía. A poco que lo predispongan, volverá a alzar la bandera y lanzarse al ataque. Menudo es él.
  • De menudo nada, monada, que sigue siendo del tamaño acostumbrado a pesar del deterioro de su comandante. Recuerda que está regado con sangre real de la mejor cosecha.
  • Pues nada, pongámonos manos a la obra.
  • Para el carro, agente, antes quiero hacerte alguna pregunta.
  • Dispara, Alteza, pero recuerda que no soy elefante.
  • A ver, mis pajaritos me han comentado que estás trabajando mucho para el gobierno y que te estás agenciando lindas comisiones. No me estarás comprometiendo.
  • Pero, Bobonchi, querido, bien sabes que nunca haría nada que te pudiera perjudicar. La cosa es sencilla, el presidente me ha pedido que interceda en la compra de determinado producto relativamente valioso. 
  • ¿Y te necesita a ti para ello?
  • Claro, ha deducido con razón que si me manejo tan bien entre esos morenazos ricachones del Golfo puedo hacer lo mismo en cuestiones más peculiares.
  • ¿Cómo de peculiares?
  • Mucho. ¿Sabes a como se cotiza el kilogramo de cordura en el mercado internacional de valores?
  •  Ni idea, yo lo único que sé es follar y estrechar manos, pero me imagino que tal como está el panorama andará por las nubes.
  • Pues sí,  es cierto y como tu presidente aparte de estirado es previsor, ha decidido apropiarse  de todas las remesas que andan circulando por ahí. Ésta por ejemplo, pertenece a un malvado país asiático empeñado en una guerra eterna con su vecino del sur.
  • Ah ya ¿y han puesto en venta la cordura? 
  • ¿Para qué la necesitan si ya tienen la bomba atómica? Además solo comercializan la de sus sufridos ciudadanos. La del líder, un niño gordito con cara de queso, la de su feliz parejita y la del resto de altos jerarcas del régimen, está a buen recaudo en algún paraíso fiscal.
  •  ¿En Chipre, quizás?
  • ¿Crees que son tontos?
  • No lo entiendo, no entiendo ese afán acaparador que le ha entrado al presidente. Es cierto que siempre ha dado mucho el coñazo con eso del sentido común y la cordura, pero pensaba que era para dar a entender que sus adversarios eran irresponsables e idealistas. Un tipo capaz de liquidar todas las conquistas sociales de las últimas décadas, es al mismo tiempo un filántropo agazapado y previsor. Sorpresas te da la vida.
  • Pero Boboncín ¿acaso crees que acumula ingentes toneladas de cordura en abandonadas instalaciones militares para entregárselos a los ciudadanos de este país?
  • ¿No es así?
  • Pues no, Boboncito, en realidad lo que pretende es canjeárselo a las autoridades económicas internacionales,  la Troika y todo esa mandanga, cuando las cosas se pongan todavía más crudas. Como allí escasea ese bien, considera que a cambio de algunos quintales puedan sentirse inclinados a ser benévolos y quizás condonar la deuda de este país donde tú te enseñoreas, al menos en la pura teoría.
  •  Pobre iluso, más valdría que utilizase la cordura en beneficio propio en vez de entregársela al enemigo exterior. 
  • Tú nunca las has usado y no te ha ido tan mal, Mi Soberano.
  •  Para lo que he tenido que hacer tampoco ha sido muy necesaria.
  • Demuéstrame entonces de lo que eres capaz en tu deporte favorito, no creo que se te haya olvidado en la mesa de operaciones.
  •  Voy a ello, pero no esperes acrobacias. No sé si sabré estar a tu altura, Alteza Serenísima.
  • Si, Bobonbín, seguro que lo conseguirás. Es lo único en lo que no has tropezado nunca.
     

22 julio 2020

Un puñado de placer que nadie quiere tener

Rebosante de contento y algo nervioso, abrió aquella mañana su puesto de frutas y verduras en la esquina exterior de la plaza de abastos. Albaricoques, peras, melocotones, tomates, kiwis, naranjas, melones, sandías y dominando el conjunto, las dos cajas con las cerezas picotas, estrellas de la temporada.
Pero hoy había algo más. Una oferta especial que lo convertiría en rico y famoso aunque lo regalase gratis con cada compra. 
Se le acercó un cura atildado y circunspecto.
  • Sepa, reverendo, que con cada compra de fruta que supere el kilo recibirá gratuitamente algunos gramos del contenido de este estuche.
  • ¿De qué se trata, hijo mío?
  • Son migajas de placer recogidas grano a grano en los lugares más placenteros del mundo.
  • ¿Me está poniendo a prueba, frutero? Claro, como ahora a los curas nos han puesto la etiqueta de degenerados, cualquiera se cree con derecho a ofendernos y mancillarnos. Ha tenido suerte con encontrarse conmigo,  persona ecuménica y conciliadora, aunque ganas me dan de llamar a los guardias por incentivarme a la perversión.  Abandone esa nauseabunda actitud y póngase en paz con Dios.
  • Pero, padre, no es esa clase de placer, es placer puro y sin lujuria. Tal como se lo digo. Extraído de...
  • Deje de decir insensateces, frutero. Todo placer lleva tatuado el signo de la concupiscencia y el demonio, por lo tanto no permitiré que me acose con  repugnantes tentaciones. Apártese de mi camino.
  • Señora, usted parece más razonable que el señor cura ¿no le interesa esta oferta exclusiva?
  • ¿Cómo puede ser exclusivo algo que te regalan con un kilo de patatas? ¿Se cree que voy a aceptar algo gratis y al alcance de cualquiera? A saber cuanta gente ha manoseado ese producto. Olvídeme, frutero, no soy de la chusma.
  • Usted amigo, parece un joven moderno  y sin prejuicios ¿no le interesa nuestro producto estrella de hoy? Es gratis y puede ser suyo por la compra de un kilo de fruta.
  • ¿La fruta es de aquí, no? 
  • Sí, claro.
  • ¿Y en cambio ese placer viene de fuera? 
  • Pues sí, de muchos sitios.
  • No es nuestra, entonces. ¿Así contribuye usted al bienestar económico nacional? ¿Fomentando el consumo de productos exóticos cosechada por gente extraña para beneficio de terratenientes extranjeros? ¿Es  acaso usted un aliado del multilateralismo globalista, mercenario y cosmopolita, señor frutero?
  • Señor profesor, como me gusta verlo por aquí. Todos saben que es un hombre sabio y que no rehuye el sentido común. Una persona respetada y respetable.  Abierto a cualquier novedad sin por ello desdeñar las lecciones del pasado. ¿Qué le parece mi oferta del día?  Unos gramos de placer por una compra de nada.
  • Pues si quiere que le diga, me parece una mierda ¿Cómo puede tener las narices de ofrecerme tal cosa con lo que está cayendo? ¿No se da cuenta, frutero,  que ese placer que regala está manipulado por los oligopolios de la industria agroalimentaria que quieren  mantenernos como títeres sumisos de sus repugnantes intereses monopolistas? Es un placer engañoso, un placer adulterado para mantenernos calmados y que no reclamemos nuestro derecho a la soberanía alimentaria y a la economía de proximidad. Ellos piensan que si somos felices con sus productos tóxicos nos olvidaremos de denunciar sus atroces delitos ambientales. Pero no lo podemos permitir. ¡Tire inmediatamente ese estuche! ¡Tírelo si no quiere ser como ellos! 
  • Solo es un poco de placer para compartir, recogido como  los hongos del bosque por gente sabia que conoce sus propiedades desde tiempos ancestrales. No creo  que le haga daño a nadie.
  •  ¿Esta usted instigándome a la drogadicción por medio de la cháchara sobre medicina natural? ¡Tírelo inmediatamente! ¡Hay que acabar con las pseudociencias! Todo saber debe pasar por la lente de un microscopio de laboratorio o por la lente del telescopio de un observatorio. Señor frutero, recuérdelo, lo demás es superchería y ocultismo.
  • Ya está. Vaya día. Mañana, mejor, regalo fresones.