22 septiembre 2021

No te rías de nuestra lucha

  •  ¿O sea que desde este cuartucho insignificante quieres cambiar el mundo?
  • Papá, solo es un despacho para atender asuntos políticos, no tiene nada en especial.
  • En cambio la chica que me ha traído hasta aquí, sí que parece especial. Hasta me ha ofrecido un café.
  • Papá, por favor, no te atrevas a decir que está buena. Te conozco.
  • Es que es verdad. Tiene buen tipo.
  • No aprendes nada, sigues siendo el mismo machista de siempre a pesar del manual que te hice leer en su día. No tienes arreglo. Estás dominado por una masculinidad tóxica, amenazante, ves a las mujeres como pedazos de carne con piernas.
  • Decir que una mujer tiene buen tipo no es considerarla un pedazo de carne. Ellas también tienen sus preferencias. No podemos suprimir la atracción física entre las personas ¿o es que ahora también va a ser tóxica?
  • A ver, papá, sabes perfectamente lo que hoy en día se puede y no se puede decir. Lo que se debe y no se debe expresar. No has venido del pasado, no has estado en coma como la señora aquella de Good Bye Lenin! Fuiste un líder sindicalista y has trabajado codo a codo con mujeres, seguro que no les decías esas cosas.
  • Ellas no lo tomaban como ofensa si eran dichas con respeto, como hacían ellas con nosotros. Nunca fuimos ángeles, ellas tampoco. El problema es que habéis cambiado la realidad por un cliché teórico donde los malos siempre están del mismo lado, esclavos de los bajos instintos. Eso ya lo he vivido. En un pasado de hipocresía y falsedad moralista. ¿Te conté alguna vez que estuve en un colegio mayor del Opus?
  • Sí, papá, me lo has contado un millón de veces.
  • ¿Te conté como censuraban las películas que ya venían censuradas por el franquismo?  Proyectaban las películas en privado por la mañana y suprimían fotogramas con besos apasionados, por la aparición de un sostén o donde se adivinase algo cercano a lo sensual. Luego te largaban charlas hablándote de los peligros de la libido. Te soltaban por ejemplo, que si te emocionabas demasiado, tú ya me entiendes, era bueno acercar un dedo a la llama de un mechero y rezar una Avemaría. Había que librarse de los tres enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne.
  • Eso quedó atrás, papá, hoy hay más libertad sexual que nunca. Hay una sexualidad lúcida y autoconsciente. Sé que odias la palabra, pero podemos decir que son tiempos de una sexualidad diversa y empoderada.
  • Odio la palabra empoderar porque se abusa de ella no porque su significado me disguste. Lo que no logro entender es porque si la sexualidad es más libre y autoconsciente hay que restringir la libertad de hablar sobre ciertos temas. ¿Por qué hemos vuelto a tabúes sexuales que creíamos superados?
  • No hay tabúes, solo que los diferentes grupos no quieren seguir siendo despreciados y humillados por el cisheropatriarcado dominante.
  • Es una palabra demasiado larga y complicada para justificar la censura o la autocensura. No me vale. La vida es choque. Puro conflicto. Los grupos vulnerables, marginados por el sistema, han ganado derechos gracias a los conflictos que plantearon. En sus luchas nunca pensaron en montar ghettos donde sentirse a gusto al margen del resto. Querían el reconocimiento y la integración con los demás. Ser iguales.
  • La igualdad está en el reconocimiento y el respeto a las diferencias ya no estamos en tiempos de las luchas obreras del XIX o de principios del XX.
  • Ellos reclamaban la unidad de los explotados, ahora todos los sectores quieren que prevalezca la  visión de su propio grupo. En Estados Unidos hay sectores supuestamente avanzados que quieren la vuelta del segregacionismo en la universidad: los negros no deben de contaminarse con la cultura blanca y deben recibir una educación específica.
  • ¿Papá, quieres algo más o solo has venido a reírte de nuestra lucha?
  • Pues sí, quiero que nos apoyéis. Estoy jubilado, pero colaboro con mis antiguos compañeros del comité y creo que van a cerrar la empresa.
  • Lógico es una empresa contaminante. No tiene futuro. Podemos manifestarnos, pero no vamos a conseguir impedir el cierre.
  • ¡Mierda!
  • ¿Vas a venir el domingo a comer a casa? La niña te echa de menos.
  • ¿Llevo algo para el postre?
  • Vale. Me gustaron los pasteles del otro día.
  • ¿Ves? Al final solo la familia va a tener sentido.
  • No siempre, papá, no siempre.
  • ¿Empezamos a discutir de nuevo?

08 septiembre 2021

El prisionero de T


Os imagino preocupados por mi larga ausencia y casi puedo entenderlo. Seguro que en esas pringosas tardes de verano, tras las interminables y obligadas comidas de ocasión, necesitabais algo más fresco que el insalubre helado del súper para sacaros de la modorra. Entonces, en un gesto espontáneo y creativo, mirabais con ansiedad  vuestro móvil, tablet u ordenador, por si apareciese una nueva memez del Doctor Krapp.  

Y nada.

Entiendo vuestra frustración y descontento. Entiendo vuestro malestar al ver que no había nada nuevo. El Dr. Krapp estaba desaparecido. El Círculo de los Suicidas Perezosos se había quedado anclado en una pesimista entrada del mes de julio. 

Hasta ahora. 

Ahora ya os puedo contar lo que me ha sucedido y conocer al culpable de que haya enmudecido. Sé que me juego el tipo al hacerlo. Es un ser peligroso. Tiento al diablo al lanzarme a la aventura de denunciar su hostigamiento y su falta de empatía hacia mis necesidades literarias y  hacia mi mismo. Pero es así, vive en su mundo narcisista y se olvida de la inhibición que provoca en los más cercanos. Lo cierto es que he logrado librarme un rato de él y ponerme delante del ordenador para esbozar unas líneas apresuradas, aunque sin la garantía de que podré acabarlas. Estoy sometido a sus caprichos. A su fuerza poderosa. Descomunal. Despiadada. Imprevisible.

Cuando está presente exige todo el espacio, me tiene arrinconado y me impide ser yo mismo. Estoy sometido a sus ritos iniciáticos que hasta ahora solo percibía desde fuera y que siempre he despreciado por considerarlos dignos de conmiseración e impropios de personas racionales y civilizadas. Hoy ya entiendo bien a esa manada de zombis que pueblan las calle de forma errática y desmañada, disimulando como que consultan el móvil, que miran una tienda o que se dirigen a lugares importantes. Cualquier cosa menos aceptar que su voluntad ha sido doblegada por otros. Pobres diablos, ahora sé que son mis hermanos de desdichas. 

Ya sube la escalera. 

No podre seguir escribiendo. Mi acosador me apremia. Me exigirá una vez  más que atienda a sus necesidades perentorias si no quiero sufrir su venganza. 

Ya está aquí. 

Está en el umbral de la puerta. Se agita refunfuñando con gesto hosco. Si no le hago caso, mi espacio ambiental correrá peligro. No puedo defraudarle. Tengo que salir  a la calle con  este cachorro de perro hermoso, reluciente y egoísta, a veces amenazante, para que haga sus necesidades. 

¡Talib...cán!!!

22 julio 2021

Microhistoria fugaz sobre coches y choques

Ha llegado tu momento. Estás listo.
Has decidido jugar todo tu capital a cambio de un puñado de fichas y debes estar preparado para conseguir un vehículo. 
No debes descuidarte. Todo el mundo está ansioso por coger el suyo. Cuando suene el pitido correrás a subirte al primero que pilles.
Ya lo tienes. Estás dentro.
Es un coche de color amarillo brillante con un número en la carrocería. Tu número a partir de ahora. El que te diferenciará del resto. Nadie podrá confundirte. Ya tienes una identidad. Has puesto tu ego a salvo.
Se trata de un juego sencillo pero duro. Tienes que dar vueltas y vueltas sin rumbo fijo. Esquivando las embestidas de los demás. Procurando que ellos sepan de tu presencia y te respeten. Hay que golpear y evitar ser golpeado. Hacerse valer. Aprender a base de tirones, impulsos o apelando al instinto.
Pasa el tiempo. 
Tu vehículo ha perdido fuerza. 
Se traba. Se cala. 
El encargado mira hacia otro lado. No hay ayuda posible ahí dentro. Te sientes perdido en medio de la pista.
Los otros pasan a tu lado. Cada vez más cerca. 
Al principio solo te rozan. Luego se suceden los choques por delante y por detrás. Es un juego, pero te ves vulnerable con cada sacudida.
Se está consumiendo tu tiempo y no te conformas. Quieres seguir jugando. Aprietas los dientes y lo intentas de nuevo. No puedes hacer otra cosa.
Casi lo logras cuando suena la sirena. Tu momento ha pasado. Debes abandonar la pista. Otro ocupará tu sitio.
Adiós.

Chick Corea - What Game Shall We Play Today/ feat. Flora Purim from Francisco Cerón on Vimeo.

01 julio 2021

Pajaritos, pajarracos y otros reyes del picotazo


A vista de pájaro, el Congreso de Aves Parlanchinas transcurría tranquilo y sin incidentes. Cada exposición era defendida por una familia de plumíferos y solo se alcanzaba cierto consenso cuando los agravios eran comunes entre especies diferentes. 

No hay nada que una tanto, como un sano victimismo compartido. 

Ese fue el caso de la ponencia presentada por más de 100 paseriformes exigiendo al cuco vulgar (cuculus canorus) que dejase de okupar con sus huevos los nidos ajenos. Era una reivindicación muy antigua y los petirrojos (erithacus rubecula​) se lo habían tomado muy a pecho contando con el sólido apoyo de la familia motacillidae, el de los bisbitas y lavanderas. Lo cierto es que el congreso no tenía muchas posibilidades de hacer efectiva sus condenas. Lo suyo era puramente formal dada la imposibilidad de llegar a un acuerdo con las aves de presa para crear un Tribunal Internacional contra los avicidios indiscriminados. No por ello la abubilla (upupa epops), presidente perpetua de cualquier reunión de aves desde los tiempos del poeta sufí Farid al Din Attar en el siglo XII,  dejó de pedirle al escribano hortelano (emberiza hortulana) y al escribano palustre (emberiza schoeniclus) que dejarán la  enésima constancia escrita de la resolución condenatoria. Preguntados al respecto, los cucos se limitaron a decir: cu-cú.

La siguiente ponencia fue una interpelación de las cigüeñas (ciconiiformes), algo estresadas en vísperas de su migración anual. Querían debatir si su trabajo como proveedores de bebés humanos les exigía seguir siendo autónomos o deberían considerarse asalariados y/o funcionarios a cargo de alguna organización humana responsable. Las cotorras y loros (psittacoideos) hablaron mucho sobre el tema, pero como suele pasar cuando toman la palabra, no se llegó a un acuerdo definitivo. Las cigüeñas crotoraron un rato moviendo sus picos y salieron en estampida para prepararse hacia su salida estacional.

A partir de entonces las cosas cambiaron radicalmente. Lo que parecía un congreso tranquilo, etéreo y volátil ganó en intensidad y terminó convirtiéndose en un ruidoso gallinero. Fueron los gorriones (passer domesticus) los que iniciaron  el tumulto con su dramática queja acusando a las cotorras argentinas(myopsitta monachus) de genocidio especista en sus territorios habituales. Las cotorras argentinas se levantaron airadas exclamando que era una leyenda urbana y que ellas no tenían culpa de convertirse en mascotas liberadas, lo cual debería ser motivo de orgullo para las aves silvestres. Además ya no eran argentinas y tampoco tenían la culpa de no querer morir de hambre por quitarle la comida a otras especies autóctonas. Los mirlos comunes (turdus medula) apoyaron bravamente a los gorriones llamando a las cotorras "pajarracos invasores", mientras que el cóndor andino (vultur gryphus) feroz invitado extranjero al congreso, apoyó con gesto airado a la cotorra por eso de la solidaridad latinoamericana.
 
La discusión fue la mecha de la gresca entre cantarines y parlantes. El ruiseñor (luscinia megarhynchos) era la voz cantante como suele suceder, pero no le fueron a la zaga los desenjaulados canarios (serinus canaria) y jilgueros (carduelis carduelis) y el resto de pájaros silvestres. Los loros, los córvidos y las rapaces pequeñas tomaron partido por las cotorras. Los ánades no se mojaron por no meter la pata y los cisnes (anatidae) decidieron pasar desapercibidos para que no los confundieran con patos. Las rapaces mayores miraron con altanería de cetrería. A las lechuzas(estrigiformes) se les quedaron las caras en blanco y los buhos (strigidae) se ajustaron las gafas. Pega y Pica, nuestras amigas urracas(pica pica) de otras entradas, no daban crédito a lo que veían sus ojos y se olvidaron de robar algo valioso.
 
Las palomas (colúmbidas) impusieron cierta paz entre los contendientes aunque no dejaron de subrayar  que entendían el malestar de los gorriones dado el genocidio que ellas sufrían por parte de las gaviotas (laridae) en los territorios costeros. Las bravas aves marinas, por su parte, no pudieron evitar echarse unas risas al ser acusadas de criminales por una especie tan poco pacífica.

La última ponencia era una reivindicación de género. Subió al escenario, construido con su habitual pericia por los pájaros carpinteros (pícidos), un grupo de gallinas (galliformes) nerviosas cloqueando y disputando entre ellas. Finalmente, tras unos cuantos picotazos, una de ellas se empoderó y consiguió dirigirse a la multitud plumífera. Se quejó de los estereotipos de género que las etiquetaban como cobardes y mezquinas y podían llegar a ser insultantes calificándolas de cluecas sin pruebas que lo demostrasen;  mientras que a los gallos se les trataba de forma privilegiada como fanfarrones, presumidos y graciosos. Los gallos respondieron cacareando a todo volumen y llamándolas "viejas cluecas traidoras",  las gallinas les respondieron con lo de "patéticos cantamañanas" y en pocos segundos aquello se convirtió en un infierno de aullidos, quejidos y sonidos discordantes. El alboroto era demasiado escandaloso, por lo cual decidí bajarme de mi sueño y escapar hacia la tangible realidad de mi cama.

17 junio 2021

Si riges no rujas porque no te adoran

La pequeña reina quiere ser  grande y consulta a Shondeo, su consejero de pesquisas, chismes y patrañas.

  •  Estoy preocupada, pero cuento con tu demostrada lealtad. ¿Sigo sin tener el amor de mis súbditos? 
  • Amadísima reina, no soy quien para engañaros. Os lo debo todo desde que me rescatasteis de aquel tugurio donde redactaba  infames pasquines en favor de los intereses de mi amo.
  • Aprendí la lección al convertiros en uno de mis más cercanos consejeros sabiéndote artífice de aquellos libelos. A vuestro viejo amo le gusta manejar el reino como si fuésemos sus desmadejadas marionetas. Mi antecesor, al negarse a seguir sus directrices, tuvo que soportar toda clase de bellaquerías y patrañas. No perduró su gobierno, pero yo en vez de enfrentarme a tu poderoso patrón, le he ofrecido innumerables regalías.
  • Pase lo que pase, contáis siempre con mi lealtad, majestad.
  • Una lealtad limitada al poder que pueda ofrecerte. Contestad a mi pregunta ¿por qué a pesar de lo que hacemos no cuento con la simpatía de mi pueblo?
  • Tal como acordamos vuestro retrato está colocado en las calles y avenidas principales a pie de cada obra y los dioses bien saben que la ciudad está tan agujereada como un queso comido por los ratones.
  • El consejero dice que está muy orgulloso con ellas y que pronto nuestra capital  no tendrá parangón por su belleza y modernidad con las de los reinos vecinos.
  • Vuestro consejero de obras gusta de deciros lo que os apetecería oír. Sus argumentos son los del viejo rey, aquel que supuestamente engrandeció el reino con sus construcciones faraónicas, pero que en realidad lo entregó al saqueo de los suyos. Aún pagamos sus derroches.
  • ¿Debo temer que se me rebele?
  • No corréis peligro, es un perfecto desconocido, no tiene carisma como el viejo monarca. Además al populacho ya no le satisfacen tanta obra y tanto cambio.
  • ¿Por qué? No logro entenderlo. Antes cada novedad era un regalo que los súbditos aceptaban alborozados.
  • Quizás se han hartado de novedades que solo satisfacen en los papeles y luego al levantarlas se convierten en algo molesto y ruidoso que hay que soportar estoicamente. Al final no ofrecen lo que prometían y solo dan completa satisfacción a los que se lucran con ellas.  
  • ¿Qué tengo que hacer pues para que me conozcan y aprecien? La abadesa del Convento de la Santa Cancelación, gran amiga y consejera,  me ha dicho que quizás me faltan visibilidad y empoderamiento. ¿Quiere decir que debo ser más agresiva?
  • Vuestra amiga la abadesa suelta muchos latinajos de moda, aunque empoderarse no es malo. Si os empoderáis, puede que no  se apoderen de vuestra voluntad.
  • Sé qué pensáis en el consejero mayor. No es persona de vuestro agrado
  • El consejero mayor es más peligroso que vuestros adversarios. Siendo ruin y taimado, ni siquiera le mueve la codicia, solo el poder que pueda rebañar. La clase de poder que veía reflejado en mi antiguo amo. Son de la misma ralea.
  • No me estáis ofreciendo soluciones, consejero de pesquisas, chismes y patrañas.
  • Imponeos, majestad. Haced que la gente os veo como alguien que brilla entre los que le rodean. Siendo mujer lo tenéis más complicado.
  • Los tiempos han cambiado.
  • Eso es pura apariencia, aún se cree que los de vuestro sexo necesitan que les allanen el camino. Muchos de los que os apoyan, lo hacen porque os minusvaloran. 
  • Exageráis, consejero.
  •  Créame, majestad, si queréis tener éxito entre vuestros súbditos, debéis de ser soberbia, alejada, distante. Si además proyectáis fuerza y seguridad os convertiréis en leyenda.
  • ¿Solo me das una solución caudillista?
  • La reina anciana de la pérfida Albión no es caudillista.
  • Ya, pero lo que me ofreces no va con mi naturaleza. ¿No conoces otra solución?
  • No sé si os gustará mi segunda propuesta. Podéis haceros la ignorante, la idiota, la cabra loca que se hace famosa por sus estupideces y sinsentidos de los que muchos se reirán, pero a otros les hará pensar que su majestad es adorable y cercana. Si encima colocáis unas hermosas luces navideñas, seréis irresistible para el rebaño. Ser baboso, acerca a muchos devotos.
G
M
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03 junio 2021

Traer en jaque al jeque

Bien mirado ser un emir del Golfo  no es tan estupendo como muchos se creen. Es cierto que puedes comprarlo todo y el jeque Ali Alá Alibombah lo sabía bien cuando inició las obras en Carai, ya que siendo un fervoroso amante de Las Mil y Una Noches quería convertir la capital en una nueva Bagdad,  digna del califa Harún-Al- Rashid, pero en el siglo XXI. Aquello supuso una inversión monetaria considerable, tanto en infraestructuras como en traer talento occidental del máximo nivel, pero al menos cuenta con una población de amedrentados trabajadores asiáticos -indios, pakistaníes, filipinos etc.- y con el petróleo y gas natural que siguen fluyendo en el árido desierto. Ni siquiera el cambio climático y la obligatoriedad de sustitución de los combustibles fósiles le causan demasiados disgustos. No tiene nada que temer, ha diversificado las inversiones y muchas de ellas están ahora enfocadas hacia las energías emergentes, las industrias tecnológicas o los bienes inmuebles.  Al final los viejos beduinos serán vengados de la colonización occidental sin necesidad de alfanjes. La reconquista será limpia, con petrodólares o petroeuros,  sin guerras santas, ni violencia desmedida. ¿Y sin embargo?

 Mientras tanto, el príncipe heredero no le ha ido a la zaga. Está comprando equipos de fútbol europeos de primer nivel  con testaferros dando la cara por él y se divierte viendo como las aficiones enfrentadas se pelean en las calles, en las redes sociales o en la prensa a cuenta de una final de Liga, de Copa o incluso de la Champions League, sin saber que ambos equipos tienen el mismo dueño. Sí,  al príncipe heredero le van mucho esos juegos divertidos, pero a Ali Alá Alibombah, su padre, el emir actual de Carai, le falta su entusiasmo.

Luego están los caprichos de Zaina, la favorita de sus siete mujeres, con su empeño en competir en las casas internacionales de subastas comprando cuadros de los artistas más reconocidos.  A ella, hija del desierto, le da igual un grabado de Durero que un Hockney, un Filippo Lippi que un Basquiat, un Van Eyck que un Gerhard Richter. Le gusta pujar y le chiflan los precios altos. Viviendo en un país que algunos consideran autocrático y medieval, tiene un gusto muy democrático o quizás es que no tiene ninguno, pero quiere parecerse a la baronesa Thyssen. Aun así, Ali Alá Alibombah, tampoco disfruta con las adquisiciones artísticas de Zaina

Bien mirado ser un emir del Golfo no es tan estupendo como muchos se creen. Ni su ciudad soñada digna de las Mil y Una Noches, ni los juegos monopolísticos/futbolísticos de su hijo, ni los afanes pictóricos de su favorita, son capaces de colmar los sueños de Ali Alá Alibombah que abandonaría todo y estaría contento, con una alfombra voladora y una lámpara con genio dentro.

20 mayo 2021

Revelaciones patológicas de un expatito feo

  •  Puede creerme, Doctor Krapp, mi vida es como una ría contaminada en la que mis blancas alas chapotean  sobre el fango. Estoy perdiendo la esperanza de que algún día se depure. No sé si usted puede sacarme de esta ciénaga inmunda.
  • ¿Ha intentado hablar con su familia?
  • ¿Con mi familia adoptiva? Lo he intentado pero me rechazan. En Navidad, cuando cerraron la Escuela de Formación Profesional de Cisnes llamé a Mama Pato para pasar unos días con ellos y me dijo que mis hermanastros no lo permitirían. Si antes mi delito era ser un friki patoso y feo ahora les reconcomería la envidia viéndome hecho un pimpollo desmesurado y resultón. Luego me dijo que Papa Pato todavía le reprochaba que fuera tan cegata como para incubar un huevo de cisne.
  • ¿Tan distintos son?
  • Mire esta foto:
  • El de la izquierda es de cisne, el de la derecha de pato.
  • No se parecen en nada. ¿Cree que Mama Pato tenía intenciones ocultas al incubar un huevo como el suyo?
  • No lo sé, quizás estaba abierta a nuevas experiencias con otros anseriformes, la vida de pato puede ser tremendamente pantanosa. Sin embargo, Mama Pato no recuerda nada, pero tampoco se queda corta de vuelo, acusa a Papa Pato de ser un patán despatarrado que disfruta coqueteando con pretenciosas pavas.
  • ¿Con pavas nada menos?
  • Sí, le acusa de andar detrás de la primera faisánida que se le pone a tiro. Como se pasan todo el día desplegando sus plumitas de colores, en plan pasarela de moda, dejan patidifusos a  muchos machos patéticos.
  • Pero es que los pavos de los que está hablando son también machos, las hembras son más discretas.
  • ¿Lo ve? Papa Pato es un metepatas.
  • ¿Y no cabe la posibilidad de que  a él le gusten sabiendo lo que son?
  • Doctor Krapp, déjelo, vengo a que me ayude a resolver mis propias patologías mentales, no a conocer las tendencias sexuales de mi aborrecible padrastro.
  • ¿Cómo se siente en la escuela?
  • En la escuela me desprecian por mi educación patuna. Los cisnes son arrogantes y creídos. Nunca seré como ellos. 
  • Nunca será como ellos porque biológicamente usted nació pato. Desde pequeño se veía como cisne porque no le gustaba ser uno más de la bandada de patos y su familia le  rechazaba por sentirse diferente, no por feo.
  • ¿Qué soy entonces, Doctor Krapp?
  • Muchas cosas en un solo cuerpo. No es importante. La identidad única es un engaño.
  • Doctor Krapp, no puedo procesar en mi mente esa sentencia tan lapidaria.
  • La identidad solo es una forma arbitraria de definirnos. Somos plurales y multiformes, pero es más cómodo subrayar un rasgo, ponerle un nombre y pensar que somos parte de un grupo definido por ese rasgo.
  • ¿Y ahora que hago?
  • Viva consigo mismo sabiendo el valor efímero y voluble de las etiquetas. Al hacerlo, limpiará su charca interior, pero por si acaso alejase también de la contaminación de las exteriores, que dan mucho asco.

06 mayo 2021

Ya nadie teme a un caballero barroco

Aquella mañana decidió ponerse su traje invisible de caballero barroco antes de salir al trabajo. Al llegar al portal, se encontró con el vecino del segundo en el preciso momento en que era regañado por su hijo de seis años. El niño no quería ir al colegio y las constantes súplicas de su padre hablándole del trastorno emocional que le estaba causando,  solo desencadenaban la furia del pequeño sádico.
  • Póngalo en su sitio. Demuéstrele quien tiene la autoridad ¿No se da cuenta de que siendo tan blando solo conseguirá crear un déspota cruel y caprichoso? 
  • Métase en su vida y déjeme criar a mi hijo en paz. Parece mentira que todavía existan personas que defiendan el paternalismo represor. 
  • En buena hora quedéis, señor. Disculpad si mis palabras no mitigan la impotencia que veo en vuestra faz, anegada de lágrimas.
Salió del portal haciendo un gesto con el sombrero invisible y llegó a la parada en el preciso momento en que entraba el autobús. Una señora gruesa muy mayor se disponía a subir cuando un grupo de mozalbetes de instituto la empujaron a un lado, se abalanzaron sobre los escalones y entraron corriendo en el vehículo. Él ayudó a entrar a la mujer y tras pasar su tarjeta en la máquina se fue directo a por los chicos. 
  • ¿Pero qué clase de malandrines sois? Estuvisteis a punto de arrollar a esa señora sin disculparos y ahora ponéis los pies encima de los asientos vacíos para que nadie se siente. 
  • ¿Qué dice este tío? 
  • Debe estar trastornado. 
  • Cállate y no jodas, mamón.
  • Idiota. 
  • Puto imbécil.
Antes de que el bus reiniciase la marcha un coro de angelicales insultos acompañado de risas despectivas lo rodeo por todas partes. Abrumado, se dirigió al conductor.
  • Haga algo, regañe a esos malhechores.
  • ¿Está de coña? No soy policía, ya tengo bastante con el tráfico como para meterme en los follones de los pasajeros. Además solo son unos chavales.
  • Es intolerable tanta insolidaridad, tanta impune bravuconería. ¿Dónde ha quedado el antiguo honor? Déjeme salir de este antro infernal.

El bus arrancó en el preciso momento en que bajaba los últimos escalones de la escalerilla lo que le hizo trastabillar y caer de rodillas sobre la acera. Oyó las risas juveniles y pudo percibir de refilón el corte de mangas del conductor.
Se levantó dignamente del suelo, ajustó sus gafas y se recolocó su traje de caballero barroco. Sabía que podría haber usado su magnífica espada contra aquellos truhanes con acné, pero se consoló pensando que su vileza no era digna de consideración para un esforzado caballero barroco.
 

Llegó tarde al trabajo y fue llamado al despacho del jefe. 

  • El cliente tenía prisa y como no venías tuve que pasarle el proyecto a tu joven ayudante que se encargará de todo.
  • No hay para qué conmigo amenazas, que yo no soy hombre que robo ni mato a nadie: a cada uno mate su ventura, o Dios, que le hizo.
  • ¿Qué dices? No te entiendo.
  • Joder, jefe, llevaba mucho tiempo detrás de esa cuenta y ahora tú vas y se lo das a un muchacho inexperto. 
  • Parece mentira, no te conozco ¿es que no quieres dar oportunidades a los jóvenes? ¿Ni siquiera a tu propio ayudante? Te creía más solidario y participativo, un auténtico caballero de la vieja escuela.
  • No dije nada de eso, era una cuestión de mérito obtener ese trabajo y me siento defraudado.
Dio un portazo y se dirigió al aseo. Se miró al espejo, hizo una reverencia y se despidió de su imagen soñada: 
  • Adiós, caballero barroco. Ha sido un privilegio conocerte y compartir unas horas contigo, pero hay que aceptarlo, este no es tu sitio. 
    Sintió un vacío en el cuerpo. Luego le pareció escuchar el lejano sonido de un duelo de espadas y el galope de caballos alejándose.

    22 abril 2021

    Enanos enfadados, ciudades sin alma

    La conspiración taladradora me había hecho su víctima a una hora indecorosa para un detective trasnochador. Por eso, aquel mediodía, sentí un vil placer  cuando desde la ventana observé a un grupo agitado de  obreros intentando cerrar un surtidor de agua nacido tras agujerear en sitio indebido.  Seguro que hay máquinas silenciosas que podrían hacer el trabajo sin causar el ruido y estropicio de esas perforadoras herrumbrosas. Calzadas reversibles de quita y pon. Aceras de fibra de carbono o grafeno con unos enganches en cada tramo para separar las piezas del puzzle. Luego hay que meter lo que haya que meter: tubos de agua, gas, cable, cualquier mierda falsamente necesaria y luego cerrar. Todo más cómodo y sencillo. Y no me hagáis reír con el asunto ese de que se perderían puestos de trabajo. ¿Desde cuándo la humanidad ha renunciado a  unas pulgadas de confort por miedo a sacrificar unos miles de puestos de trabajo?

    Resumiendo, estaba asomado en plena ensoñación mística cuando de repente flotó ante mí una larga pluma negra con dos enanos encima. El de delante tenía un casco lila, cazadora de cuero, camisa a rayas y un pantalón añil fosforescente. El de atrás con gorro de gnomo atado al cuello, era mi viejo amigo Gfunderkaltstesick conocido mundanamente como Xan das Covas, perpetuo portavoz de la Kaskarilleira Interior. Pude reconocerlos a ambos, pero no pude dejar de ser mordaz:

    • Vaya, pensaba que en la Amazonía aparte de furgos ya tenían drones para repartir paquetes.
    • Menos coñas, detective, que está la cosa muy jodida allá abajo -repuso el joven extravagante.
    • Déjalo, Krotchlkhliesick, es su forma de defenderse del mundo - soltó el viejo Xan antes de ponerse de pie sobre la pluma y saltar sobre el alféizar de mi ventana de la que me aparté a tiempo.- Yo soy el paquete.

    El conductor plumífero nos soltó un "ata logo", apretó los lados de la pluma como si fuesen los lomos de un caballo y salió cagando leches en vuelo vertical y  esquivando a una gaviota libidinosa que veía la posibilidad de aumentar la diversidad de su ya amplio menú.

    Xan saltó sobre la alfombra de la sala y me soltó un precavido:

    • ¿Sigues sin mascotas, supongo?
    • Claro, no corres peligro.
    • Hazme un té que tenemos que hablar.

    Cuando volví con la infusión, él ya había sacado una minúscula taza de su macuto enano. Al terminar, lo noté más tranquilo pero con un gesto de impaciencia entre las cejas.

    • Mira, Fiz, si he llegado hasta aquí en pleno día es porque estamos muy preocupados y queremos hablar con las autoridades. La situación se ha vuelto intolerable con las malditas obras.
    • Y tan malditas. Muchas son innecesarias o están en sitios inoportunos, pero dan la impresión de actividad, de que se hacen cosas y eso les permitirá sacar partido en las elecciones. No importa lo que se hace, importa dar la impresión de que sí se hace.
    • Pero tú sabes que los enanos somos los encargados de  guardar el  tesoro de la ciudad en nuestras cuevas subterráneas. Si siguen cavando impunemente, si siguen urbanizando hasta el último metro disponible, tendremos que abandonarlo y  largarnos. Kaskarilleira se convertirá en una ciudad sin esencia, otra ciudad muerta que parece viva.
    • Nunca supe en qué consiste ese tesoro que decís guardar. 
    • No puedo darte detalles por el secreto profesional, pero entiende que no tienen por qué ser objetos tasables y de valor para los humanos. Quizás unas lágrimas derramadas en una derrota, unas gotas de sudor en el viejo asedio, una sonrisa de plenitud tras una victoria decisiva, hasta una carta de amor convertida en bola de papel atrancada dentro de una alcantarilla. Los gobernantes deben ser sensibles a esos asuntos.
    • Los mandamases solo piensan en lo concreto, no están para cuestiones poéticas. Tus argumentos no les convencerán para ser más cuidadosos o frenar las obras.
    • Muchas de las asociaciones a las que les reparten el dinero tampoco hacen nada concreto y a veces no tienen ni afiliados.
    • Pero están en nómina y vosotros no. Además levantaríais suspicacias si salierais del armario. Las asociaciones os verían como competencia desleal, los racistas y xenófobos tendrían un objetivo contra el que luchar y llamándoos "enanos" puede que alguna gente se sintiera ofendida. Ahora hay mucha gente con ganas de ofenderse.
    • Nosotros sí que estamos ofendidos. Mierda.
    Estaba realmente cabreado. Se dirigió a la ventana sacó un silbato dorado del macuto y tocó tres veces. A los pocos segundos llegó Krotchlkhliesick montado en su pluma. Mi amigo, el bondadoso  Xan das Covas, no pudo evitar soltarme un sonoro "Que os jodan" antes de hacerme la higa y salir en estampida.

     (Capítulo 57 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)

    08 abril 2021

    Los cazainsociables de Villa Rabia

    Condujimos los dos Chevrolet Suburban por aquel deteriorado paisaje del Este de Misisipi. El Cinturón Negro está constituido por una interminable sucesión de praderas desoladas, punteadas aquí y allá por alguna cabaña sórdida o algún lejano rancho de pretencioso estilo colonial. Tierras pobres en el estado más pobre. Cinco millas atrás nos habíamos desviado por un camino angosto y pedregoso donde los vehículos levantaba a su paso una nube de polvo inextinguible. Era el camino recto hacia un camino cruel.

    Tras subir una pequeña cuesta, todo terminó. Cesó el camino terroso, desaparecieron las torturantes piedras y hasta la nube de polvo dejó de atenazarnos la garganta. Teníamos delante una explanada de hierba y la hoz formada por los troncos de dos árboles chamuscados. A través de ella vislumbramos a lo lejos una solitaria casa de madera de tejado verde con unos mugrientos cuernos de bisonte coronando la entrada.
    Apagamos los motores y salimos sigilosamente de los vehículos. Yo avancé unos pasos con el megáfono en la izquierda, la pistola en la derecha y escoltado por los fusiles de mis tres compañeros. De repente, abrió la puerta el viejo. Se puso a liar un cigarrillo sentado sobre un viejo tronco a pocos metros de nosotros. Nos lanzó una mirada fulgurante, como una centella y percibí el fugaz magnetismo del hombre entregado a sí mismo. Después de una calada y un soberbio escupitajo, se decidió a romper el silencio:

    • Caminan como lobos hambrientos, amigos. Deben de haber oteado una buena pieza. -había chulería en su voz.
    • Una pieza legendaria, señor...¿señor? -respondí mientras tiraba al suelo el inútil megáfono. 
    • Ahorrémonos presentaciones, ustedes ya conocerán mi seudónimo. En realidad lo conocen muchos. Lleva mucho tiempo en demasiadas bocas. El misántropo desconectado ¡Qué pesadez de mote! 
    • No debe ser fácil ser un mito viviente. 
    • Hasta hace un momento era un mito solitario y feliz, pero ustedes me han atrapado. Esto les va a hacer famosos en sus redes sociales. No todos los días se atrapa a un hombre que no usa smartphone, ni tiene ni cuenta ni correo en Internet. -sonaba sarcástico.
    • Puede seguir con su vida y su misantropía si le place, pero tenemos que tenerlo localizado y debe aceptar entrar en el sistema. Aunque sea de forma pasiva. 
    • ¿Pasiva? No me haga reír, todos son pasivos en el sistema. Menos los que enriquecen con él. --era ya contundente.
    • No vamos a discutirlo, piense lo que quiera, pero es necesario que acepte estar comunicado con sus semejantes. 
    • No tengo semejantes. Estoy fuera del rebaño. Soy un tipo libre y autosuficiente -soltó orgulloso.
    • Venga, sabe de sobra que eso ya no está permitido. Acepte este smartphone, cree una cuenta y lo dejaremos tranquilo. No nos obligue a usar la fuerza o llevarlo a un lugar donde no va a estar nada cómodo. 
    • ¿A dónde me llevarían? 
    • A Villa Rabia, por supuesto. Si estuviera conectado sabría que nos llaman, los cazainsociables de Villa Rabia. Lamentablemente, usted no es el único misántropo que no quiere estar conectado. 
    • ¿Hay otros? -dijo con cierta alarma.
    • Cientos como usted y tenemos que atraparlos uno a uno, como hacen los laceros con los perros vagabundos. 
    • ¿Y en esa villa están todos juntos?- se le notaba preocupado.
    • Todos juntos, uniformados de gris y viviendo en sana comunidad como en un convento, un  cuartel o un internado. Cada uno con su número bien visible en la pechera, porque al raparles el pelo son difíciles de identificar. Si queremos reeducarlos adecuadamente para ser útiles a la sociedad hay que saber quien es cada cual. 
    • No me acaba de convencer ese sitio -repuso en tono muy nervioso 
    • Coja este smartphone, abra una cuenta de correo y lo dejaremos en paz. 
    • Está bien. ¿Al menos tendrá WhatsApp y Wikipedia para estar informado? 
    • Por supuesto, no le quepa duda. 

    Al retirarnos a los coches, les rogué a mis compañeros que bajasen sus fusiles de juguete ya que no eran necesarios. Tampoco pude esconderles mis dudas. 

    • Tengo la impresión de que esta campaña de venta es un poco violenta.