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Cosmos interruptus

 Con sonrisa impúdica, el Dr. Krapp contemplaba en la sala de proyecciones cómo su héroe se iba al futuro atravesando un agujero de gusano.  Unos golpes secos e imperiosos en la puerta de entrada le sacaron de su somnoliento hechizo. La realidad, esa mala pécora, volvía a él y, mentalmente, con su acendrado pesimismo, valoró si podría tratarse de uno de esos desahucios exprés de la policía, quizás porque algún despiadado fondo buitre asaltaviejas hubiera comprado su morada. Lo descartó al momento: la carroña rica estaba en las urbes y no era fácil que esos miserables tuvieran interés en un castillo escondido en los Alpes italianos. Pero, ¿quién sabe? Quizás pensasen que su fortaleza podría ser un Shangri-La para guiris forrados. Tras comprobar en la pantalla que solo se trataba de Fiz Arou , un Krapp desganado abrió la puerta apretando un botón. La entrada del detective fue impetuosa, digna de un toro Miura , y el doctor insinuó un gesto de defensa al ver que el otro le apu...

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