03 junio 2021

Traer en jaque al jeque

Bien mirado ser un emir del Golfo  no es tan estupendo como muchos se creen. Es cierto que puedes comprarlo todo y el jeque Ali Alá Alibombah lo sabía bien cuando inició las obras en Carai, ya que siendo un fervoroso amante de Las Mil y Una Noches quería convertir la capital en una nueva Bagdad,  digna del califa Harún-Al- Rashid, pero en el siglo XXI. Aquello supuso una inversión monetaria considerable, tanto en infraestructuras como en traer talento occidental del máximo nivel, pero al menos cuenta con una población de amedrentados trabajadores asiáticos -indios, pakistaníes, filipinos etc.- y con el petróleo y gas natural que siguen fluyendo en el árido desierto. Ni siquiera el cambio climático y la obligatoriedad de sustitución de los combustibles fósiles le causan demasiados disgustos. No tiene nada que temer, ha diversificado las inversiones y muchas de ellas están ahora enfocadas hacia las energías emergentes, las industrias tecnológicas o los bienes inmuebles.  Al final los viejos beduinos serán vengados de la colonización occidental sin necesidad de alfanjes. La reconquista será limpia, con petrodólares o petroeuros,  sin guerras santas, ni violencia desmedida. ¿Y sin embargo?

 Mientras tanto, el príncipe heredero no le ha ido a la zaga. Está comprando equipos de fútbol europeos de primer nivel  con testaferros dando la cara por él y se divierte viendo como las aficiones enfrentadas se pelean en las calles, en las redes sociales o en la prensa a cuenta de una final de Liga, de Copa o incluso de la Champions League, sin saber que ambos equipos tienen el mismo dueño. Sí,  al príncipe heredero le van mucho esos juegos divertidos, pero a Ali Alá Alibombah, su padre, el emir actual de Carai, le falta su entusiasmo.

Luego están los caprichos de Zaina, la favorita de sus siete mujeres, con su empeño en competir en las casas internacionales de subastas comprando cuadros de los artistas más reconocidos.  A ella, hija del desierto, le da igual un grabado de Durero que un Hockney, un Filippo Lippi que un Basquiat, un Van Eyck que un Gerhard Richter. Le gusta pujar y le chiflan los precios altos. Viviendo en un país que algunos consideran autocrático y medieval, tiene un gusto muy democrático o quizás es que no tiene ninguno, pero quiere parecerse a la baronesa Thyssen. Aun así, Ali Alá Alibombah, tampoco disfruta con las adquisiciones artísticas de Zaina

Bien mirado ser un emir del Golfo no es tan estupendo como muchos se creen. Ni su ciudad soñada digna de las Mil y Una Noches, ni los juegos monopolísticos/futbolísticos de su hijo, ni los afanes pictóricos de su favorita, son capaces de colmar los sueños de Ali Alá Alibombah que abandonaría todo y estaría contento, con una alfombra voladora y una lámpara con genio dentro.

20 mayo 2021

Revelaciones patológicas de un expatito feo

  •  Puede creerme, Doctor Krapp, mi vida es como una ría contaminada en la que mis blancas alas chapotean  sobre el fango. Estoy perdiendo la esperanza de que algún día se depure. No sé si usted puede sacarme de esta ciénaga inmunda.
  • ¿Ha intentado hablar con su familia?
  • ¿Con mi familia adoptiva? Lo he intentado pero me rechazan. En Navidad, cuando cerraron la Escuela de Formación Profesional de Cisnes llamé a Mama Pato para pasar unos días con ellos y me dijo que mis hermanastros no lo permitirían. Si antes mi delito era ser un friki patoso y feo ahora les reconcomería la envidia viéndome hecho un pimpollo desmesurado y resultón. Luego me dijo que Papa Pato todavía le reprochaba que fuera tan cegata como para incubar un huevo de cisne.
  • ¿Tan distintos son?
  • Mire esta foto:
  • El de la izquierda es de cisne, el de la derecha de pato.
  • No se parecen en nada. ¿Cree que Mama Pato tenía intenciones ocultas al incubar un huevo como el suyo?
  • No lo sé, quizás estaba abierta a nuevas experiencias con otros anseriformes, la vida de pato puede ser tremendamente pantanosa. Sin embargo, Mama Pato no recuerda nada, pero tampoco se queda corta de vuelo, acusa a Papa Pato de ser un patán despatarrado que disfruta coqueteando con pretenciosas pavas.
  • ¿Con pavas nada menos?
  • Sí, le acusa de andar detrás de la primera faisánida que se le pone a tiro. Como se pasan todo el día desplegando sus plumitas de colores, en plan pasarela de moda, dejan patidifusos a  muchos machos patéticos.
  • Pero es que los pavos de los que está hablando son también machos, las hembras son más discretas.
  • ¿Lo ve? Papa Pato es un metepatas.
  • ¿Y no cabe la posibilidad de que  a él le gusten sabiendo lo que son?
  • Doctor Krapp, déjelo, vengo a que me ayude a resolver mis propias patologías mentales, no a conocer las tendencias sexuales de mi aborrecible padrastro.
  • ¿Cómo se siente en la escuela?
  • En la escuela me desprecian por mi educación patuna. Los cisnes son arrogantes y creídos. Nunca seré como ellos. 
  • Nunca será como ellos porque biológicamente usted nació pato. Desde pequeño se veía como cisne porque no le gustaba ser uno más de la bandada de patos y su familia le  rechazaba por sentirse diferente, no por feo.
  • ¿Qué soy entonces, Doctor Krapp?
  • Muchas cosas en un solo cuerpo. No es importante. La identidad única es un engaño.
  • Doctor Krapp, no puedo procesar en mi mente esa sentencia tan lapidaria.
  • La identidad solo es una forma arbitraria de definirnos. Somos plurales y multiformes, pero es más cómodo subrayar un rasgo, ponerle un nombre y pensar que somos parte de un grupo definido por ese rasgo.
  • ¿Y ahora que hago?
  • Viva consigo mismo sabiendo el valor efímero y voluble de las etiquetas. Al hacerlo, limpiará su charca interior, pero por si acaso alejase también de la contaminación de las exteriores, que dan mucho asco.

06 mayo 2021

Ya nadie teme a un caballero barroco

Aquella mañana decidió ponerse su traje invisible de caballero barroco antes de salir al trabajo. Al llegar al portal, se encontró con el vecino del segundo en el preciso momento en que era regañado por su hijo de seis años. El niño no quería ir al colegio y las constantes súplicas de su padre hablándole del trastorno emocional que le estaba causando,  solo desencadenaban la furia del pequeño sádico.
  • Póngalo en su sitio. Demuéstrele quien tiene la autoridad ¿No se da cuenta de que siendo tan blando solo conseguirá crear un déspota cruel y caprichoso? 
  • Métase en su vida y déjeme criar a mi hijo en paz. Parece mentira que todavía existan personas que defiendan el paternalismo represor. 
  • En buena hora quedéis, señor. Disculpad si mis palabras no mitigan la impotencia que veo en vuestra faz, anegada de lágrimas.
Salió del portal haciendo un gesto con el sombrero invisible y llegó a la parada en el preciso momento en que entraba el autobús. Una señora gruesa muy mayor se disponía a subir cuando un grupo de mozalbetes de instituto la empujaron a un lado, se abalanzaron sobre los escalones y entraron corriendo en el vehículo. Él ayudó a entrar a la mujer y tras pasar su tarjeta en la máquina se fue directo a por los chicos. 
  • ¿Pero qué clase de malandrines sois? Estuvisteis a punto de arrollar a esa señora sin disculparos y ahora ponéis los pies encima de los asientos vacíos para que nadie se siente. 
  • ¿Qué dice este tío? 
  • Debe estar trastornado. 
  • Cállate y no jodas, mamón.
  • Idiota. 
  • Puto imbécil.
Antes de que el bus reiniciase la marcha un coro de angelicales insultos acompañado de risas despectivas lo rodeo por todas partes. Abrumado, se dirigió al conductor.
  • Haga algo, regañe a esos malhechores.
  • ¿Está de coña? No soy policía, ya tengo bastante con el tráfico como para meterme en los follones de los pasajeros. Además solo son unos chavales.
  • Es intolerable tanta insolidaridad, tanta impune bravuconería. ¿Dónde ha quedado el antiguo honor? Déjeme salir de este antro infernal.

El bus arrancó en el preciso momento en que bajaba los últimos escalones de la escalerilla lo que le hizo trastabillar y caer de rodillas sobre la acera. Oyó las risas juveniles y pudo percibir de refilón el corte de mangas del conductor.
Se levantó dignamente del suelo, ajustó sus gafas y se recolocó su traje de caballero barroco. Sabía que podría haber usado su magnífica espada contra aquellos truhanes con acné, pero se consoló pensando que su vileza no era digna de consideración para un esforzado caballero barroco.
 

Llegó tarde al trabajo y fue llamado al despacho del jefe. 

  • El cliente tenía prisa y como no venías tuve que pasarle el proyecto a tu joven ayudante que se encargará de todo.
  • No hay para qué conmigo amenazas, que yo no soy hombre que robo ni mato a nadie: a cada uno mate su ventura, o Dios, que le hizo.
  • ¿Qué dices? No te entiendo.
  • Joder, jefe, llevaba mucho tiempo detrás de esa cuenta y ahora tú vas y se lo das a un muchacho inexperto. 
  • Parece mentira, no te conozco ¿es que no quieres dar oportunidades a los jóvenes? ¿Ni siquiera a tu propio ayudante? Te creía más solidario y participativo, un auténtico caballero de la vieja escuela.
  • No dije nada de eso, era una cuestión de mérito obtener ese trabajo y me siento defraudado.
Dio un portazo y se dirigió al aseo. Se miró al espejo, hizo una reverencia y se despidió de su imagen soñada: 
  • Adiós, caballero barroco. Ha sido un privilegio conocerte y compartir unas horas contigo, pero hay que aceptarlo, este no es tu sitio. 
    Sintió un vacío en el cuerpo. Luego le pareció escuchar el lejano sonido de un duelo de espadas y el galope de caballos alejándose.

    22 abril 2021

    Enanos enfadados, ciudades sin alma

    La conspiración taladradora me había hecho su víctima a una hora indecorosa para un detective trasnochador. Por eso, aquel mediodía, sentí un vil placer  cuando desde la ventana observé a un grupo agitado de  obreros intentando cerrar un surtidor de agua nacido tras agujerear en sitio indebido.  Seguro que hay máquinas silenciosas que podrían hacer el trabajo sin causar el ruido y estropicio de esas perforadoras herrumbrosas. Calzadas reversibles de quita y pon. Aceras de fibra de carbono o grafeno con unos enganches en cada tramo para separar las piezas del puzzle. Luego hay que meter lo que haya que meter: tubos de agua, gas, cable, cualquier mierda falsamente necesaria y luego cerrar. Todo más cómodo y sencillo. Y no me hagáis reír con el asunto ese de que se perderían puestos de trabajo. ¿Desde cuándo la humanidad ha renunciado a  unas pulgadas de confort por miedo a sacrificar unos miles de puestos de trabajo?

    Resumiendo, estaba asomado en plena ensoñación mística cuando de repente flotó ante mí una larga pluma negra con dos enanos encima. El de delante tenía un casco lila, cazadora de cuero, camisa a rayas y un pantalón añil fosforescente. El de atrás con gorro de gnomo atado al cuello, era mi viejo amigo Gfunderkaltstesick conocido mundanamente como Xan das Covas, perpetuo portavoz de la Kaskarilleira Interior. Pude reconocerlos a ambos, pero no pude dejar de ser mordaz:

    • Vaya, pensaba que en la Amazonía aparte de furgos ya tenían drones para repartir paquetes.
    • Menos coñas, detective, que está la cosa muy jodida allá abajo -repuso el joven extravagante.
    • Déjalo, Krotchlkhliesick, es su forma de defenderse del mundo - soltó el viejo Xan antes de ponerse de pie sobre la pluma y saltar sobre el alféizar de mi ventana de la que me aparté a tiempo.- Yo soy el paquete.

    El conductor plumífero nos soltó un "ata logo", apretó los lados de la pluma como si fuesen los lomos de un caballo y salió cagando leches en vuelo vertical y  esquivando a una gaviota libidinosa que veía la posibilidad de aumentar la diversidad de su ya amplio menú.

    Xan saltó sobre la alfombra de la sala y me soltó un precavido:

    • ¿Sigues sin mascotas, supongo?
    • Claro, no corres peligro.
    • Hazme un té que tenemos que hablar.

    Cuando volví con la infusión, él ya había sacado una minúscula taza de su macuto enano. Al terminar, lo noté más tranquilo pero con un gesto de impaciencia entre las cejas.

    • Mira, Fiz, si he llegado hasta aquí en pleno día es porque estamos muy preocupados y queremos hablar con las autoridades. La situación se ha vuelto intolerable con las malditas obras.
    • Y tan malditas. Muchas son innecesarias o están en sitios inoportunos, pero dan la impresión de actividad, de que se hacen cosas y eso les permitirá sacar partido en las elecciones. No importa lo que se hace, importa dar la impresión de que sí se hace.
    • Pero tú sabes que los enanos somos los encargados de  guardar el  tesoro de la ciudad en nuestras cuevas subterráneas. Si siguen cavando impunemente, si siguen urbanizando hasta el último metro disponible, tendremos que abandonarlo y  largarnos. Kaskarilleira se convertirá en una ciudad sin esencia, otra ciudad muerta que parece viva.
    • Nunca supe en qué consiste ese tesoro que decís guardar. 
    • No puedo darte detalles por el secreto profesional, pero entiende que no tienen por qué ser objetos tasables y de valor para los humanos. Quizás unas lágrimas derramadas en una derrota, unas gotas de sudor en el viejo asedio, una sonrisa de plenitud tras una victoria decisiva, hasta una carta de amor convertida en bola de papel atrancada dentro de una alcantarilla. Los gobernantes deben ser sensibles a esos asuntos.
    • Los mandamases solo piensan en lo concreto, no están para cuestiones poéticas. Tus argumentos no les convencerán para ser más cuidadosos o frenar las obras.
    • Muchas de las asociaciones a las que les reparten el dinero tampoco hacen nada concreto y a veces no tienen ni afiliados.
    • Pero están en nómina y vosotros no. Además levantaríais suspicacias si salierais del armario. Las asociaciones os verían como competencia desleal, los racistas y xenófobos tendrían un objetivo contra el que luchar y llamándoos "enanos" puede que alguna gente se sintiera ofendida. Ahora hay mucha gente con ganas de ofenderse.
    • Nosotros sí que estamos ofendidos. Mierda.
    Estaba realmente cabreado. Se dirigió a la ventana sacó un silbato dorado del macuto y tocó tres veces. A los pocos segundos llegó Krotchlkhliesick montado en su pluma. Mi amigo, el bondadoso  Xan das Covas, no pudo evitar soltarme un sonoro "Que os jodan" antes de hacerme la higa y salir en estampida.

     (Capítulo 57 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)

    08 abril 2021

    Los cazainsociables de Villa Rabia

    Condujimos los dos Chevrolet Suburban por aquel deteriorado paisaje del Este de Misisipi. El Cinturón Negro está constituido por una interminable sucesión de praderas desoladas, punteadas aquí y allá por alguna cabaña sórdida o algún lejano rancho de pretencioso estilo colonial. Tierras pobres en el estado más pobre. Cinco millas atrás nos habíamos desviado por un camino angosto y pedregoso donde los vehículos levantaba a su paso una nube de polvo inextinguible. Era el camino recto hacia un camino cruel.

    Tras subir una pequeña cuesta, todo terminó. Cesó el camino terroso, desaparecieron las torturantes piedras y hasta la nube de polvo dejó de atenazarnos la garganta. Teníamos delante una explanada de hierba y la hoz formada por los troncos de dos árboles chamuscados. A través de ella vislumbramos a lo lejos una solitaria casa de madera de tejado verde con unos mugrientos cuernos de bisonte coronando la entrada.
    Apagamos los motores y salimos sigilosamente de los vehículos. Yo avancé unos pasos con el megáfono en la izquierda, la pistola en la derecha y escoltado por los fusiles de mis tres compañeros. De repente, abrió la puerta el viejo. Se puso a liar un cigarrillo sentado sobre un viejo tronco a pocos metros de nosotros. Nos lanzó una mirada fulgurante, como una centella y percibí el fugaz magnetismo del hombre entregado a sí mismo. Después de una calada y un soberbio escupitajo, se decidió a romper el silencio:

    • Caminan como lobos hambrientos, amigos. Deben de haber oteado una buena pieza. -había chulería en su voz.
    • Una pieza legendaria, señor...¿señor? -respondí mientras tiraba al suelo el inútil megáfono. 
    • Ahorrémonos presentaciones, ustedes ya conocerán mi seudónimo. En realidad lo conocen muchos. Lleva mucho tiempo en demasiadas bocas. El misántropo desconectado ¡Qué pesadez de mote! 
    • No debe ser fácil ser un mito viviente. 
    • Hasta hace un momento era un mito solitario y feliz, pero ustedes me han atrapado. Esto les va a hacer famosos en sus redes sociales. No todos los días se atrapa a un hombre que no usa smartphone, ni tiene ni cuenta ni correo en Internet. -sonaba sarcástico.
    • Puede seguir con su vida y su misantropía si le place, pero tenemos que tenerlo localizado y debe aceptar entrar en el sistema. Aunque sea de forma pasiva. 
    • ¿Pasiva? No me haga reír, todos son pasivos en el sistema. Menos los que enriquecen con él. --era ya contundente.
    • No vamos a discutirlo, piense lo que quiera, pero es necesario que acepte estar comunicado con sus semejantes. 
    • No tengo semejantes. Estoy fuera del rebaño. Soy un tipo libre y autosuficiente -soltó orgulloso.
    • Venga, sabe de sobra que eso ya no está permitido. Acepte este smartphone, cree una cuenta y lo dejaremos tranquilo. No nos obligue a usar la fuerza o llevarlo a un lugar donde no va a estar nada cómodo. 
    • ¿A dónde me llevarían? 
    • A Villa Rabia, por supuesto. Si estuviera conectado sabría que nos llaman, los cazainsociables de Villa Rabia. Lamentablemente, usted no es el único misántropo que no quiere estar conectado. 
    • ¿Hay otros? -dijo con cierta alarma.
    • Cientos como usted y tenemos que atraparlos uno a uno, como hacen los laceros con los perros vagabundos. 
    • ¿Y en esa villa están todos juntos?- se le notaba preocupado.
    • Todos juntos, uniformados de gris y viviendo en sana comunidad como en un convento, un  cuartel o un internado. Cada uno con su número bien visible en la pechera, porque al raparles el pelo son difíciles de identificar. Si queremos reeducarlos adecuadamente para ser útiles a la sociedad hay que saber quien es cada cual. 
    • No me acaba de convencer ese sitio -repuso en tono muy nervioso 
    • Coja este smartphone, abra una cuenta de correo y lo dejaremos en paz. 
    • Está bien. ¿Al menos tendrá WhatsApp y Wikipedia para estar informado? 
    • Por supuesto, no le quepa duda. 

    Al retirarnos a los coches, les rogué a mis compañeros que bajasen sus fusiles de juguete ya que no eran necesarios. Tampoco pude esconderles mis dudas. 

    • Tengo la impresión de que esta campaña de venta es un poco violenta.

    25 marzo 2021

    El duende decano y un pontífice romano


    El viejo papa estaba inquieto, las pruebas clandestinas de ADN y del Carbono14 eran concluyentes: los restos guardados en la tumba de Santiago Apóstol  eran de una mujer. 

    • ¿No son del hippie?
    • ¿El hippie, Santo Padre? -su secretario estaba perplejo.
    • Prisciliano, el hereje ese. Con su secta, sus repugnantes orgías y la igualdad de sexos. Toda esa porquería obscena.
    • No, Santo Padre, los restos encontrados y expuestos son de una mujer joven.
    • Eso no quiere decir que originalmente no fueran de Santiago. Fue un hecho milagroso encontrarlos después de nueve siglos y luego tras esconderlos de los piratas en el XVI que volvieran a aparecer en el XIX.

    Cuando se marchó el secretario, no me pude contener. 

    • Venga, papa, que son muchos años con esas paparruchas grotescas.
    • Maldito duende, ¿cuántas veces te he dicho que no vengas a mis audiencias privadas? Vuelve a tu inmundo escondrijo y no te metas en asuntos de los mayores. 
    • ¿Acaso de los mayores embusteros, Santo padre?
    No, no el papa que se precipitó hacia mí, no era el  venerable santurrón de las noticias y los reportajes. El viejo extrajo su furia escondida, se levantó de su majestuoso asiento y todo blanco,  se me lanzó blandiendo el primer báculo que encontró a su paso.
    Yo estaba en el alto de la estantería y no temía ser agredido de forma inmediata. Asumí un gesto de cierta chulería saludándole con mi sombrero de copa e hice una mínima genuflexión para evitar que se arrugase mi preciado traje verde.
    • Señor, le recuerdo que soy el Duende Decano del Vaticano y no contribuiría a su buena imagen actual o a su posterior consagración postmortem, que le hiciera daño a un alto funcionario con más de cien quinquenios a sus espaldas.
    El viejo papa se paró en seco, echó las manos a la espalda y cambió su expresión furibunda por una sonrisa maliciosa. 
    • Si eres funcionario puedo sancionarte con una falta muy grave por espiar los secretos vaticanos. Ya sabes que con esas cosas somos muy rígidos en esta institución.
    •  Lo sé, pero usted y la curia saldrían perdiendo y nunca conocerían mi nueva poción mágica.
    • ¿Me vas a contar uno de tus habituales embustes? Suelta de una vez tu nueva sandez, no me hagas perder todo el santo día
    • Su santidad, sus días deberían ser siempre santos. - pícaro, le guiñe un ojo
    • Empieza, sabandija.
    • ¿Recuerda aquel personaje de Molière llamado Tartufo? Pues nuestra legión de duendes ha elaborado una receta a base de tartufos blancos, o sea de trufas blancas del Piamonte, más otros productos inconfesables a un papa, que podría conseguir que la gente modifique sus creencias y su comportamiento
    • ¿En nuestro beneficio? ¿Los hará más católicos? -Me preguntó ansioso
    • No, los hará más hipócritas que si lo piensa bien, Santo Padre, viene a ser parecido. Serán más mojigatos y santurrones en lo suyo. Abandonarán el hedonismo y el puro placer les hará sentirse culpables. Serán más abusivos y controladores. Convertirán sus ideas en una farsa devota y vigilaran sin descanso las ideas ajenas. Se volverán rígidos, victimistas y disciplinados. Más amigos de la doctrina que del diálogo. Más amigos de la consigna que del libre pensamiento.
    • Su poción promete, decano - me dijo con su primera sonrisa - Tiene muy buena pinta, nos libraría de la plaga relativista, atea y lujuriosa. No exigiría una Inquisición si cada uno llevase la suya dentro.
     No dije nada. Me limité a disimular mi repugnancia mirando hacia abajo, mientras le dedicaba al papa una nueva reverencia con el sombrero en la mano.
    • Muy bien, duende, hoy  estoy muy satisfecho contigo. Si esto sale adelante, los tuyos tendrán unas prebendas  inimaginables. Podréis comer y beber todo lo que queráis, guardar los tesoros más valiosos e incluso se os permitirá hacer alguna travesura a las gentes de forma discreta, como en los viejos tiempos.
    • ¿Y  respecto al sexo?  
    • ¿Qué pasa con el sexo?
    • Los duendes necesitamos mucho sexo.
    • Maldito seas, decano. No me metas en inmoralidades- me miro en silencio, se rascó la cabeza debajo del gorro papal y soltó un gruñido- De acuerdo.
    • Ok pues terminamos.
    • No, querido duende, antes debes decirme como  distribuiremos ese bebedizo entre la población.
    • En España hay una leyenda sobre como en el franquismo se echaba bromuro en la comida de cuarteles, colegios, prisiones etc. para aplacar la excitación sexual  de los internos. Eso me ha dado una idea, se podría llegar a un acuerdo secreto con las multinacionales de la alimentación para distribuir la poción entre los ingredientes de sus productos elaborados. Hay tantos que nadie se daría cuenta. Llevaría tiempo, pero en unos cuantos años tendríamos tartufos en cada esquina.
    El papa se fue chasqueando los dedos y agitando los pies,  mientras cantaba aquella vieja canción de Roger Miller que aquí te ofrezco. Yo, asqueado de mi propia hipocresía, estuve vomitando un rato.

    11 marzo 2021

    Salvemos al mundo de tanta tontería

    Nunca había tenido una conversación seria con un contenedor de papeles y cartones. Aquella fue la primera, aunque en realidad solo quería desafiar al toque de queda dando un voltio de madrugada hasta la playa del Ozán.

    No llegué hasta allí. Al pasar por delante de la esquina donde se alinean en formación una colorida gama de contenedores, alguien pronunció mi nombre. Miré de soslayo y no vi nada sospechoso. Hice un somero recuento de mis últimas adicciones y descarté cualquier contacto reciente con líquidos alcohólicos de alta graduación o sustancias psicotrópicas. Encendí la linterna del móvil y me fui a por el contenedor de papel con impetuosa ansiedad militante. Por desgracia, en el gesto apresurado y por la poca luz, no me fijé que rebosaba tanto por dentro como por fuera. Lo lamenté cuando me cayeron encima dos o tres cartones y un señor.

    • Joder, señor- le escupí cuando me lo sacudí de mi espalda.
    • Fiz Arou, ¿no me reconoces?- El individuo estaba tirado en el suelo envuelto en una costra de sucio papel viscoso perfectamente sellado y tenía cierta semejanza con un pescado al papillote. Solo se le veían el final de la nariz y la punta de las orejas.
    • No lo sé. Deme una pista.
    • Soy Biter Kasméndez, y capitaneo el buque del misterio desde hace más de 20 años- Mientras hablaba se levantó con aire pomposo, sacudiéndose la mierda de la cara y del pelo.
    • ¿El de la tele?
    • Bueno, el de la tele, el de la radio, el que tiene un programa en Youtube y ha escrito libros y artículos en revistas.
    • Vaya, todo un portento y sin embargo, se ha caído desde una pila de cartones en la zona más cochambrosa y oscura de mi calle. 
    • Digamos que estaba buscando algo que tú tienes y que me resulta imprescindible en estos momentos.
    • ¿Sentido común?
    • No abuses de tu cinismo, sabes perfectamente a que me refiero.
    • Ya, busca mi contenedor de basura transtemporal y por eso estaba hurgando entre los que hay en mi calle. ¿Cómo se enteró de su existencia?
    • Está en el Círculo de los Suicidas Perezosos desde que Krapp lo puso en una entrada del 2014, luego ha aparecido varias veces. Te paso el enlace.
    • No hace falta, ya sé que ese miserable ha publicado asuntos de mi vida que robó de mi diario. Maldito sea. 
    • Por una exclusiva, la gente traiciona hasta a los más cercanos.
    • Respecto a mi contenedor, debería imaginar que nunca lo pondría en plena calle por mucho que en las historias truculentas se diga que la mejor forma de esconder algo es ponerlo  delante de los ojos. Eso sería típico de un farsante como Krapp, pero yo soy serio y lo he guardado en un  sitio bien seguro a salvo de sorpresas.
    • ¿Y si le digo que necesito a usted y a su aparato para una expedición al pasado y poder ver con nuestros propios ojos como la tontería ha infectado a la humanidad? 
    • Me da igual, la humanidad lleva la tontería en su propia naturaleza. Está atrapada en la feria de las vanidades mientras el mundo arde a su alrededor. Aunque en realidad, la Tierra no corre peligro, se librará de nosotros como el perro se sacude las pulgas y empezará de nuevo. 
    • A lo que íbamos, cierto es que la humanidad ha convivido siempre con la tontería, pero el incremento de la misma en las últimas décadas es más que notorio. En la Cosmonave del Misterio hemos averiguado la causa. Todo comenzó con el recrudecimiento de la Guerra Fría en los 80. En Occidente se buscaban armas nuevas y sofisticadas. La caída del Muro de Berlín y de los regímenes tras el Telón de Acero parecía que las iban a hacer innecesarias. Sin embargo,  a principios de los 90 tuvo lugar una reunión ultrasecreta  de los Amos del Cotarro en alguna mansión alpina cercana a la frontera italiana.  Allí se tomó una decisión semejante a la de la Conferencia de Wannsse, ya sabe, donde se decretó la solución final del la cuestión judía.
    • ¿Tan terminante?
    • Bastante terminante. Fue en ella cuando se estableció que la nueva arma a punto de ser probada, apuntase en todas las direcciones en vez de a los países del Este.
    • ¿Qué arma es esa?
    • El VICSENTRI. Un arma de radiación electromagnética para manipular las ondas cerebrales de sus víctimas y hacerlas manejables por parte de los Amos del Cotarro.
    • Conozco a algún Vicente pero a ningún Vicsentri.
    • No se lo tome a coña, es un tema serio. El arma tiene tres componentes básicos, de ahí su nombre: victimismo, sentimentalismo y tribalismo. Concebida originalmente para dividir a los países del Este, se decidió aplicarla de forma universal para que los Amos del Cotarro se sintieran más seguros frente a sus adversarios. 
    • ¿Me está diciendo que lo de ser muy moñas y muy amante de tu tribu y de tu naturaleza ha estado inducido por los de arriba?
    • Vaya, lo has pillado a la primera, Fiz.  Todo el mundo ama lo suyo sobre lo ajeno, pero ahora la cosa se ha desmadrado. Hemos vuelto a la escena de los monos de la Odisea de Kubrick o quizás nunca salimos de allí y el VISENTRI lo acentúa. Divide y vencerás.
    • Eso explicaría por qué  ahora hay tantos conflictos identitarios: patria, sexo, familia, raza, etnia etc... Como si la identidad fuera lo único importante o no tuviera una base económica, social o política detrás. Se privilegia la importancia del ser sobre el estar aunque solo cambiando el estar se mejoran las condiciones del ser.  La esencia sobre la existencia. Somos unos títeres desdichados manejados por oscuros titiriteros.
    • Por eso tenemos que ir a esa reunión ultrasecreta y dar testimonio de lo visto a nuestros contemporáneos.
    • Dar testimonio y actuar, hay que echar abajo sus repugnantes planes.
    • No podemos intervenir, solo podemos ser testigos de lo que idearon.
    • No me vale, si no cambiamos las cosas a sabiendas de que están mal, merecemos el cataclismo que nos aguarda a todos.
    • Pero Fiz no podemos cambiar la historia sin saber lo que eso puede provocar.
    • Para eso no cuente conmigo. Adiós. Feliz conspiración, amigo.

    Me fui muy tranquilo. Cuando llegué a mi piso, hice una llamada al 092 para que recogieran a un individuo que me había abordado agresivamente en la calle en plena pandemia y se hacía pasar por un famoso de la tele.

     

     (Capítulo 56 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)

    26 febrero 2021

    No quiero quedar atrapado en esta historia

    Me quedo adormilado ante las pantallas de contar mentiras y al apagarlas, entresaco un libro grueso de la barricada de ficción que he puesto como parapeto.  No soy ingenuo, sé que la realidad se filtrará insidiosa por cualquier parte, pero hay que matar el tiempo, antes de que el tiempo te mate a ti.

    Se trata de un bestseller de moda. Típica historia criminal con su pareja mixta de policías audaces. Ella, una chica lista con un inabarcable y tortuoso mundo interior. Él, un coloso buenazo y simplón. El nuevo código en boga ha redistribuido viejos roles de género sin plantearse si eran imprescindibles. Hay que vender y no hay nada que venda tanto como el sentido de identidad.
    La historia comienza con  su punto sádico, tras la aparición de los típicos cadáveres vejados, maquillados y colocados de forma estrafalaria por la tortuosa mente criminal de un "serial killer". 

    • ¿Otra truculenta novela nórdica? ¿Otra morbosa secuela de Seven o de El silencio de los corderos? me pregunto en modo cansino. 

    El detective de la historia no es nada espabilado; pero ella, con su mente prodigiosa, va acumulando pistas que prefiere resguardar tras una enigmática sonrisa autosuficiente.

    Llegan mis primeros bufidos. 

    • Esto ya me lo sé de antes.

    Sigue la historia.  En el capítulo tercero han secuestrado a la hija del gran magnate. Pobre chica, en dos o tres episodios es reducida de forma violenta para luego ser arrojada a una lúgubre y húmeda celda donde apenas puede ponerse de pie. Tiene miedo a lo que le puede pasar, pero también a la tenebrosa oscuridad, a su inacabable dolor físico y a esa infame soledad  que no se parece a nada que haya experimentado en su vida de niña rica. Está pasándolo mal, pero yo me aburro y lanzo un bostezo antes de seguir leyendo.

    • ¿O sea que te aburre mi sufrimiento?

    Me estremezco, acabo de leer la frase en un convencional libro de papel, no en una pantalla interactiva.

    • Contéstame, Fiz Arou, ¿te aburre mi sufrimiento?

    Tiro la silla del despacho y corro hasta la mesilla de noche donde guardo la pistola. Pertrechado con ella, llego hasta el libro y apunto con el arma.

    • ¿Quién ha escrito eso?
    • El autor, yo solo soy su personaje.
    • No tiene sentido que un personaje de novela sepa mi nombre.
    • No sé lo que pretende mi autor,  pero sí que tú estás más informado que yo y puedes ayudarme. Pásate por algún otro capítulo y diles a los que me están buscando donde pueden encontrarme. Ayúdame a salir de aquí.
    • ¿Por qué iba hacerlo? No soy el único que te lee
    • Solidaridad entre detectives. Tú eres uno de los más afamados y me estás leyendo desapasionadamente.
    • Pero no puedo intervenir en una obra ajena, no puedo desautorizar a quien te ha hecho. Solo he cogido el libro para leer una historia policiaca, no puedo modificarla a mi gusto.
    • El autor te lo permite desde el momento en que incluye esta conversación en su propio texto.
    • Suponiendo que sea el autor real y no haya otro autor detrás escribiendo sobre todo esto. Quizás sea otro el que escribe sobre ti, sobre tu autor y sobre mí.
    • Me estás dando la razón, si los dos somos personajes de ficción podemos colaborar juntos. Ponte en contacto con los que me buscan en esta historia, porfa.
    • No sé si fiarme de las intenciones de ese posible autor que está detrás del tuyo, también puede ser un personaje de ficción pensado por otro autor anterior y así sucesivamente hasta llegar hasta el último autor de todo. Lo siento, es mucho para mí, no quiero quedar atrapado en esta historia.

    Cierro el libro, me limpio el sudor de la frente, guardo la pistola en su sitio y me prometo empezar a cenar ligero y dejar de leer a Borges durante una buena temporada.

     (Capítulo 55 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)

    11 febrero 2021

    Un youtuber de moda, una rica heredera y un detective sin blanca

    • Detective, quiero que me traiga de vuelta a mi nena. Haga lo que sea necesario, no podré vivir tranquilo sin saber que está a salvo en casa.

    El viejo tenía la cara compungida, sus labios temblaban al hablar y sus ojos se humedecían en el mar de arrugas de su rostro. Era un hombre mayor viviendo su pena. Casi me conmovió. Para evitarlo, recordé  que ese sujeto era el tiburón inmobiliario que había urbanizado aquel espacio verde cerca del mar en el que yo jugaba de pequeño. Ahora, gracias a tipo como él y a una casta política de arribistas corruptos, Kaskarilleira, era apenas sombra de lo que fue.  La bella  ciudad atlántica había sido  maltratada, desmenuzada y convertida, fuera de su zona de paseo, en un gran nicho de cemento y mal gusto. Espantosos barrios crecidos de cualquier manera sin tener en cuenta las irregularidades del terreno. Edificaciones baratas y húmedas para gente del rural que habían llegado buscando nuevas perspectivas y ahora habitaban en calles estrechas y sombrías de las que escapaban a sus aldeas cuando tenían tiempo disponible. Jardines encajados y ridículos, eliminables si había que seguir construyendo; o como alternativa, parques extensos y pocos cuidados en las escasas zonas rústicas a las que no alcanzaba la rapiña especulativa.

    Me rehice. La hija del viejo, a sus casi 40 años, había abandonado los consejos de administración y el picadero que le montó papi, para irse con un youtuber de moda. No, no se fueron a las Islas Vírgenes, ni a las Seychelles, ni a Bora-Bora. Como otros de su calaña, nuestro Romeo, se pasó a Andorra, para seguir en contacto con sus fans y poner a buen recaudo sus caudales. Debía ser un elemento muy entregado a lo suyo, porque pudiendo dar el braguetazo de la década y abandonar la tontuna de ser famosete de temporada, prefirió seguir la suerte de aquel trompetista de Rubén Blades. Cierto, se habían ido a vivir a un nido en las montañas, pero su refugio debía tener más calidad que aquel de la canción de Jorge Sepúlveda o la que conocían los sufridos residentes de los degradados barrios de Kaskarilleira.

    El viejo estaba preocupado, porque el niñato era un bocazas y si comentaba en Internet su hazaña sentimental, podría pasarle algo más serio que los devaneos amorosos de su heredera: ese necesario prestigio social sin el cual se puede evaporar un torrente ingente de acciones en la bolsa.

    Al verme en modo esfinge me acució, deshaciéndose en elogios hacia mi persona. "Fiz Arou, tú eres la única persona confiable en esta ciudad de mierda. El más indicado para sacar a mi hija de las garras de ese pájaro y traerla de vuelta".  

    Continué en modo esfinge. 

    "Sé que no te gusta conducir, pero no tendrás problema, irás hasta allí en avión privado y un coche te llevará hasta cerca de la casa donde se alojan" 

    Viéndolo tan entregado, me permití intervenir con un apunte pedante: "Si no conduzco es por amor a la humanidad. Tengo muy mala leche y prefiero evitar colisiones con mis contemporáneos" 

    "Por eso, por eso. Está todo preparado para que llegues allá y consigas tu objetivo. Cuando vuelvas de la misión tus carencias monetarias serán solo un viejo recuerdo" 

    Me puse enigmático "¿Quién se cree que soy yo?" 

    Y luego contundente."¿Me toma por idiota?" 

    Rematé la jugada: "No soy un huelebraguetas que se mete en la vida amorosa de la gente. Hoy la cosa está muy jodida y es difícil mantener una vida sentimental solvente. Solo faltaría que yo me pusiera en medio de una que intenta salir adelante. Vamos anda" 

    Se puso agresivo y se olvidó del tuteo "¿Entonces por qué ha venido?" 

    Quise ser concluyente: "Piensa que puede perder una hija si va a su bola, yo ya he perdido mi pasado entre su maraña de construcciones abominables. Los que son como usted no han dejado espacio para mis recuerdos. Quiero que lo sepa y se le meta dentro"

    Tras una furiosa palmada, llegaron dos gorilas y me agarraron por los hombros.

    "En cambio yo a usted lo envío fuera"

     Fui arrojado a la calle sin contemplaciones y caí de bruces contra el suelo. Al rodar por el empedrao no fue un beso prolongado lo que dio mi corazón. Aquel no era mi barrio, Gardel.

     

     (Capítulo 54 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)

    28 enero 2021

    Contra los genios del mal y los vacunados jetas

    Estaba estupefacto, los genios del mal habían okupado la torre romana de Kaskarilleira como base para sus tropelías. Allí cada noche, desde la cúpula acristalada e iluminada por la poderosa linterna, el magnate Xoros y el siniestro Gueiss dirigían un ejército de esbirros zombis que vacunaban en la atalaya a los mandamases jetas que saltándose el turno establecido querían recibir cuanto antes la ansiada inyección. 

    La cola era inmensa, llegada de todas partes, y se alargaba a través de la estrecha escalera de caracol de 234 escalones. Formaban grupos de quince personas que tras ser vacunadas, bajaban a la rotonda interior esperando que subieran otras quince. Así sucesivamente. Todas estrechamente vigiladas. Todas enmascaradas debajo de sus mascarillas de máxima protección. Todas creyéndose importantes e imprescindibles. Con demasiados argumentos de mierda para justificar su descaro. Abajo, sus chóferes, asistentes y guardaespaldas les esperaban cerca de sus vehículos para llevarlos raudos a sus privilegiados destinos.

    Yo, Fiz Arou, sabía la verdad y tenía que hacer algo. Xoros y Gueiss eran individuos maléficos que estaban introduciendo microdrones en el corriente sanguíneo de los incautos gerifaltes para ser manipulados y teledirigidos. No tenía dudas sobre la condición ventajista de estos miserables, pero aunque merecieran pasarlo putas por su desvergüenza, me preocupaba el daño que le podían hacer al resto de la gente siendo vasallos de los genios del mal. No era bueno que esos descerebrados con mando sirvieran a tan peligrosos amos. 

    El doctor Krapp con su habitual displicencia, me ofreció una solución."Este es un aerosol con un poderoso agente químico. Si no fueras un rudo detective te diría su composición, pero dada tu natural ignorancia, ¿de qué serviría? Quédate con que lo he llamado N.M.C. Con eso te basta" "No me basta, ¿dígame que significan esas siglas?" "Está bien, capullo, te lo diré. Significan No me Molan las Conspiranoias. ¿Te lo deletreo?" "Vale, déjelo así" "Llevarás una canana como si fueras un revolucionario mexicano y en cada compartimento un espray para usarlo cuando se vayan agotando los otros."  "¿Cuándo empiezo?" "Esta misma noche. Será a partir de las 12 cuando los tipos que ya recibieron la primera dosis, recibirán la segunda y definitiva" "¿Algo más?" "Sí, no la cagues".

    Lo que pasó luego lo recuerdo entre brumas. No sé como llegué hasta la explanada de la torre tras liquidar a golpe de flissshhh al grupo de zombis que vigilaban el entorno. Yo era ya una pesadilla en movimiento que azotaba la noche. Al llegar con un aerosol enhiesto en cada mano a la zona donde estaban los asistentes y guardaespaldas, hubo espantada. Los gritos, los motores arrancando, las carreras a campo a través. En pocos minutos volvió la calma y yo me dirigí sin precipitarme a mi destino final. Recuerdo que subí la escalera de caracol con cierta tranquilidad, apartando a unos y a otros. Un alcalde me quiso golpear con su bastón de mando y le di un trompazo poco doloroso. Un obispo con clergyman me lanzó un rosario y lo esquivé sin problemas. Llegué arriba, lancé una patada a la mesa de líquidos y agujas, aparté a cuatro pacientes y esparcí mi matarratas contra media docena de zombis con el éxito previsto. Sabía que los dos genios del mal se habían refugiado en el cuarto del farero e hice el gesto de sacar los dos últimos aerosoles de la canana para abrir la puerta y rematar la faena. Sin embargo, mi brazo no llegó a su destino. Tropezó con el vaso con agua de la mesilla que acabó volcado en el suelo.  El mudo despertador  y el libro de comics fueron testigos de la caída de su compañero de mesa y de mi torpeza. Montando la bronca habitual, pasaba por la calle el camión de la basura. Sentí que me podían recoger con ella.

     (Capítulo 53 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)

    15 enero 2021

    Cuando un trumpazo no acaba en trompazo

    • He recibido una orden internacional de busca y captura contra usted, señor Fiz Arou. Al parecer las autoridades norteamericanas lo consideran uno de los posibles instigadores del asalto al Capitolio.
    • Eso es absurdo, señor juez, no me he movido de Kaskarilleira desde que empezó el confinamiento. 
    • Dígame la verdad, ¿colabora o ha colaborado con el trumpismo o tiene negocios turbios con el afamado personaje?
    • Señor juez, no vivo en un rancho de Kentucky, en un apartamento en Park Avenue o en una mansión en Beverly Hills. Sobrevivo en un piso destartalado y ruinoso en la calle Ozán, lugar sombrío y con mala fama de mi amada ciudad atlántica.
    • Pero usted es el responsable de haber traído del pasado, ocho neanderthales en su contenedor de basura transtemporal. Tenemos su declaración anterior en este documento.
    • Señor juez, yo salvé a aquellos neanderthales de la extinción de su raza. Intenté encontrarles una actividad productiva con escaso éxito y ante mi fracaso los entregué a las autoridades. Nunca imaginé que los recluirían de forma indigna en un parque natural. Grave error, siendo nómadas, no se sentían a gusto con las restricciones perimetrales, tanto del parque como de la Covid, y tomaron las de Villadiego.
    • ¿Y cómo fueron desde Villadiego, provincia de Burgos hasta Washington, distrito federal, señor Arou?
    • Lo de Villadiego es una expresión muy antigua de la lengua castellana, señor juez, debería conocerla. Ignoro como se marcharon hasta allende los mares, aunque me lo imagino.
    • ¿Qué se imagina?
    • Pienso que los trumpistas eran los cavernícolas más a mano después de que los nuestros salieron malparados cuando se atrevieron a desconfiar de la españolidad de mis chicos. (Otra vez, y sin querer ser pesado, te recomiendo la entrada de marras
    • Usted manifestó en su declaración anterior, que en el mitin a donde los llevó los llamaron "extranjeros de mierda y perroflautas".
    • Exactamente, señor juez. Para tener tan poca vista recibieron mucha tunda.
    • ¿Y por qué los americanos no fueron tan escrupulosos siendo de la misma ideología?
    • Ya sabe como son ellos para esas cosas, si hay que dar espectáculo fichan a cualquiera que lo garantice. Como promesas europeas para la NBA. 
    • Puede ser. El FBI nos ha informado de que sus neanderthales, fueron embarcados en un jet privado por un conocido conspirador norteamericano de extrema derecha, pasaron tres semanas de adaptación en un rancho de Nebraska donde aprendieron tácticas de rodeo, uso del rifle, lazo etc... para finalmente ser enviados a la capital federal formando parte de una de esas aguerridas y patrióticas milicias. Nadie se percibió de su ancestral condición.
    • ¿Le sorprende? No destacaban entre esa gente. Esos pirados ultras hablan de la decadencia de la civilización blanca, pero están contaminados por el mestizaje racial, la libertad sexual y no conciben la vida sin sus aparatitos tecnológicos, su comida vegana o su brunch del mediodía. En tiempos de Hitler acabarían en un campo de concentración por decadentes y pervertidos.
    •  Pues sus neanderthales se lo pasaron en grande. Hay vídeos en que aparecen con gorras y botes de beisbol dando golpes a diestro y siniestro. Un delirio. Llevaban cazadoras sin manga, camisetas a colores y pantalones ajustados.
    •  No he visto nada de eso.
    •  Han sido censurados por el Servicio Secreto Americano por temor de que se pensase que eran los Bigfoots y hubiese otra revuelta. Allí la gente es muy crédula y los neanderthales les son muy lejanos, prefieren sus monstruos domésticos.
    • ¿Pero si los han detenido tendrán que informar a la opinión pública?
    •  Se han escapado. Se cree que han sido reclutados por un grupo de Ángeles del Infierno y no se les ha vuelto a ver el pelo.
    • Los moteros estarán encantados de tener gente tan cañera dentro. Ahora mismo veo a mis chicos del pasado recorriendo las grandes praderas del Medio Oeste en sus satinadas choppers, con el viento en la cara y sin miedo a los trompazos de los mamuts.   

     

    (Capítulo 52 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)