25 marzo 2021

El duende decano y un pontífice romano


El viejo papa estaba inquieto, las pruebas clandestinas de ADN y del Carbono14 eran concluyentes: los restos guardados en la tumba de Santiago Apóstol  eran de una mujer. 

  • ¿No son del hippie?
  • ¿El hippie, Santo Padre? -su secretario estaba perplejo.
  • Prisciliano, el hereje ese. Con su secta, sus repugnantes orgías y la igualdad de sexos. Toda esa porquería obscena.
  • No, Santo Padre, los restos encontrados y expuestos son de una mujer joven.
  • Eso no quiere decir que originalmente no fueran de Santiago. Fue un hecho milagroso encontrarlos después de nueve siglos y luego tras esconderlos de los piratas en el XVI que volvieran a aparecer en el XIX.

Cuando se marchó el secretario, no me pude contener. 

  • Venga, papa, que son muchos años con esas paparruchas grotescas.
  • Maldito duende, ¿cuántas veces te he dicho que no vengas a mis audiencias privadas? Vuelve a tu inmundo escondrijo y no te metas en asuntos de los mayores. 
  • ¿Acaso de los mayores embusteros, Santo padre?
No, no el papa que se precipitó hacia mí, no era el  venerable santurrón de las noticias y los reportajes. El viejo extrajo su furia escondida, se levantó de su majestuoso asiento y todo blanco,  se me lanzó blandiendo el primer báculo que encontró a su paso.
Yo estaba en el alto de la estantería y no temía ser agredido de forma inmediata. Asumí un gesto de cierta chulería saludándole con mi sombrero de copa e hice una mínima genuflexión para evitar que se arrugase mi preciado traje verde.
  • Señor, le recuerdo que soy el Duende Decano del Vaticano y no contribuiría a su buena imagen actual o a su posterior consagración postmortem, que le hiciera daño a un alto funcionario con más de cien quinquenios a sus espaldas.
El viejo papa se paró en seco, echó las manos a la espalda y cambió su expresión furibunda por una sonrisa maliciosa. 
  • Si eres funcionario puedo sancionarte con una falta muy grave por espiar los secretos vaticanos. Ya sabes que con esas cosas somos muy rígidos en esta institución.
  •  Lo sé, pero usted y la curia saldrían perdiendo y nunca conocerían mi nueva poción mágica.
  • ¿Me vas a contar uno de tus habituales embustes? Suelta de una vez tu nueva sandez, no me hagas perder todo el santo día
  • Su santidad, sus días deberían ser siempre santos. - pícaro, le guiñe un ojo
  • Empieza, sabandija.
  • ¿Recuerda aquel personaje de Molière llamado Tartufo? Pues nuestra legión de duendes ha elaborado una receta a base de tartufos blancos, o sea de trufas blancas del Piamonte, más otros productos inconfesables a un papa, que podría conseguir que la gente modifique sus creencias y su comportamiento
  • ¿En nuestro beneficio? ¿Los hará más católicos? -Me preguntó ansioso
  • No, los hará más hipócritas que si lo piensa bien, Santo Padre, viene a ser parecido. Serán más mojigatos y santurrones en lo suyo. Abandonarán el hedonismo y el puro placer les hará sentirse culpables. Serán más abusivos y controladores. Convertirán sus ideas en una farsa devota y vigilaran sin descanso las ideas ajenas. Se volverán rígidos, victimistas y disciplinados. Más amigos de la doctrina que del diálogo. Más amigos de la consigna que del libre pensamiento.
  • Su poción promete, decano - me dijo con su primera sonrisa - Tiene muy buena pinta, nos libraría de la plaga relativista, atea y lujuriosa. No exigiría una Inquisición si cada uno llevase la suya dentro.
 No dije nada. Me limité a disimular mi repugnancia mirando hacia abajo, mientras le dedicaba al papa una nueva reverencia con el sombrero en la mano.
  • Muy bien, duende, hoy  estoy muy satisfecho contigo. Si esto sale adelante, los tuyos tendrán unas prebendas  inimaginables. Podréis comer y beber todo lo que queráis, guardar los tesoros más valiosos e incluso se os permitirá hacer alguna travesura a las gentes de forma discreta, como en los viejos tiempos.
  • ¿Y  respecto al sexo?  
  • ¿Qué pasa con el sexo?
  • Los duendes necesitamos mucho sexo.
  • Maldito seas, decano. No me metas en inmoralidades- me miro en silencio, se rascó la cabeza debajo del gorro papal y soltó un gruñido- De acuerdo.
  • Ok pues terminamos.
  • No, querido duende, antes debes decirme como  distribuiremos ese bebedizo entre la población.
  • En España hay una leyenda sobre como en el franquismo se echaba bromuro en la comida de cuarteles, colegios, prisiones etc. para aplacar la excitación sexual  de los internos. Eso me ha dado una idea, se podría llegar a un acuerdo secreto con las multinacionales de la alimentación para distribuir la poción entre los ingredientes de sus productos elaborados. Hay tantos que nadie se daría cuenta. Llevaría tiempo, pero en unos cuantos años tendríamos tartufos en cada esquina.
El papa se fue chasqueando los dedos y agitando los pies,  mientras cantaba aquella vieja canción de Roger Miller que aquí te ofrezco. Yo, asqueado de mi propia hipocresía, estuve vomitando un rato.

11 marzo 2021

Salvemos al mundo de tanta tontería

Nunca había tenido una conversación seria con un contenedor de papeles y cartones. Aquella fue la primera, aunque en realidad solo quería desafiar al toque de queda dando un voltio de madrugada hasta la playa del Ozán.

No llegué hasta allí. Al pasar por delante de la esquina donde se alinean en formación una colorida gama de contenedores, alguien pronunció mi nombre. Miré de soslayo y no vi nada sospechoso. Hice un somero recuento de mis últimas adicciones y descarté cualquier contacto reciente con líquidos alcohólicos de alta graduación o sustancias psicotrópicas. Encendí la linterna del móvil y me fui a por el contenedor de papel con impetuosa ansiedad militante. Por desgracia, en el gesto apresurado y por la poca luz, no me fijé que rebosaba tanto por dentro como por fuera. Lo lamenté cuando me cayeron encima dos o tres cartones y un señor.

  • Joder, señor- le escupí cuando me lo sacudí de mi espalda.
  • Fiz Arou, ¿no me reconoces?- El individuo estaba tirado en el suelo envuelto en una costra de sucio papel viscoso perfectamente sellado y tenía cierta semejanza con un pescado al papillote. Solo se le veían el final de la nariz y la punta de las orejas.
  • No lo sé. Deme una pista.
  • Soy Biter Kasméndez, y capitaneo el buque del misterio desde hace más de 20 años- Mientras hablaba se levantó con aire pomposo, sacudiéndose la mierda de la cara y del pelo.
  • ¿El de la tele?
  • Bueno, el de la tele, el de la radio, el que tiene un programa en Youtube y ha escrito libros y artículos en revistas.
  • Vaya, todo un portento y sin embargo, se ha caído desde una pila de cartones en la zona más cochambrosa y oscura de mi calle. 
  • Digamos que estaba buscando algo que tú tienes y que me resulta imprescindible en estos momentos.
  • ¿Sentido común?
  • No abuses de tu cinismo, sabes perfectamente a que me refiero.
  • Ya, busca mi contenedor de basura transtemporal y por eso estaba hurgando entre los que hay en mi calle. ¿Cómo se enteró de su existencia?
  • Está en el Círculo de los Suicidas Perezosos desde que Krapp lo puso en una entrada del 2014, luego ha aparecido varias veces. Te paso el enlace.
  • No hace falta, ya sé que ese miserable ha publicado asuntos de mi vida que robó de mi diario. Maldito sea. 
  • Por una exclusiva, la gente traiciona hasta a los más cercanos.
  • Respecto a mi contenedor, debería imaginar que nunca lo pondría en plena calle por mucho que en las historias truculentas se diga que la mejor forma de esconder algo es ponerlo  delante de los ojos. Eso sería típico de un farsante como Krapp, pero yo soy serio y lo he guardado en un  sitio bien seguro a salvo de sorpresas.
  • ¿Y si le digo que necesito a usted y a su aparato para una expedición al pasado y poder ver con nuestros propios ojos como la tontería ha infectado a la humanidad? 
  • Me da igual, la humanidad lleva la tontería en su propia naturaleza. Está atrapada en la feria de las vanidades mientras el mundo arde a su alrededor. Aunque en realidad, la Tierra no corre peligro, se librará de nosotros como el perro se sacude las pulgas y empezará de nuevo. 
  • A lo que íbamos, cierto es que la humanidad ha convivido siempre con la tontería, pero el incremento de la misma en las últimas décadas es más que notorio. En la Cosmonave del Misterio hemos averiguado la causa. Todo comenzó con el recrudecimiento de la Guerra Fría en los 80. En Occidente se buscaban armas nuevas y sofisticadas. La caída del Muro de Berlín y de los regímenes tras el Telón de Acero parecía que las iban a hacer innecesarias. Sin embargo,  a principios de los 90 tuvo lugar una reunión ultrasecreta  de los Amos del Cotarro en alguna mansión alpina cercana a la frontera italiana.  Allí se tomó una decisión semejante a la de la Conferencia de Wannsse, ya sabe, donde se decretó la solución final del la cuestión judía.
  • ¿Tan terminante?
  • Bastante terminante. Fue en ella cuando se estableció que la nueva arma a punto de ser probada, apuntase en todas las direcciones en vez de a los países del Este.
  • ¿Qué arma es esa?
  • El VICSENTRI. Un arma de radiación electromagnética para manipular las ondas cerebrales de sus víctimas y hacerlas manejables por parte de los Amos del Cotarro.
  • Conozco a algún Vicente pero a ningún Vicsentri.
  • No se lo tome a coña, es un tema serio. El arma tiene tres componentes básicos, de ahí su nombre: victimismo, sentimentalismo y tribalismo. Concebida originalmente para dividir a los países del Este, se decidió aplicarla de forma universal para que los Amos del Cotarro se sintieran más seguros frente a sus adversarios. 
  • ¿Me está diciendo que lo de ser muy moñas y muy amante de tu tribu y de tu naturaleza ha estado inducido por los de arriba?
  • Vaya, lo has pillado a la primera, Fiz.  Todo el mundo ama lo suyo sobre lo ajeno, pero ahora la cosa se ha desmadrado. Hemos vuelto a la escena de los monos de la Odisea de Kubrick o quizás nunca salimos de allí y el VISENTRI lo acentúa. Divide y vencerás.
  • Eso explicaría por qué  ahora hay tantos conflictos identitarios: patria, sexo, familia, raza, etnia etc... Como si la identidad fuera lo único importante o no tuviera una base económica, social o política detrás. Se privilegia la importancia del ser sobre el estar aunque solo cambiando el estar se mejoran las condiciones del ser.  La esencia sobre la existencia. Somos unos títeres desdichados manejados por oscuros titiriteros.
  • Por eso tenemos que ir a esa reunión ultrasecreta y dar testimonio de lo visto a nuestros contemporáneos.
  • Dar testimonio y actuar, hay que echar abajo sus repugnantes planes.
  • No podemos intervenir, solo podemos ser testigos de lo que idearon.
  • No me vale, si no cambiamos las cosas a sabiendas de que están mal, merecemos el cataclismo que nos aguarda a todos.
  • Pero Fiz no podemos cambiar la historia sin saber lo que eso puede provocar.
  • Para eso no cuente conmigo. Adiós. Feliz conspiración, amigo.

Me fui muy tranquilo. Cuando llegué a mi piso, hice una llamada al 092 para que recogieran a un individuo que me había abordado agresivamente en la calle en plena pandemia y se hacía pasar por un famoso de la tele.

 

 (Capítulo 56 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)