15 noviembre 2019

Ocho Neanderthales en el contenedor de basura

  • ¿Usted es Fiz Arou, detective privado en Kaskarilleira?
  • Sí, señor juez.
  • ¿Y al parecer dispone de un contenedor de basura con unas características muy especiales.
  • Sí, señor juez, el contenedor me permite trasladarme a cualquier punto del espacio/tiempo.
  • Un arma muy poderosa por lo que veo ¿Cómo funciona?
  • Pues dirigiéndome a la pantalla por el asistente de voz, dándole una fecha o un lugar y si no dispongo de esos datos, colocando un objeto en el escáner que le acompaña.
  • ¿Entonces  si coloca un objeto en el escáner, consigue que el contenedor se ponga en modo sabueso y le lleve directamente al lugar y al tiempo de donde procede?
  • Correcto, señor juez.
  • ¿Y por eso robó una mandíbula de neanderthal en el Museo de Antropología?
  • Sí señor, era imprescindible hacerlo si quería localizar en el pasado a los últimos de su especie. Esa mandíbula representa a los neanderthales de datación más moderna.
  • ¿Por qué un detective como usted dedicado a temas más profanos se arriesgó a rescatar a una raza humanoide extinguida hace tanto tiempo? 
  • La verdad es que quedé muy impresionado tras ver un documental en Canal de Historia. Si ya es raro que hagan un programa sin hablar de Hitler o la Segunda Guerra Mundial, imagínese cuando vi uno en  que se contaba la triste suerte de esa pobre gente ninguneada por los sapiens. Lo que hicieron nuestros antepasados no tiene nombre.
  • ¿Y para solucionar la cosa, se montó en el contenedor con su mandíbula, se fue 35.000 años atrás, localizó una familia de neanderthales en el Peñón de Gibraltar  y se las trajo al siglo XXI?
  • Sí, básicamente fue así, aunque en realidad solo me remonté 32.513 años. 
  • ¿Y le fue fácil convencerlos de que se subieran al contenedor?
  • Use una vieja táctica del cuento de los Hermanos Grimm.
  • Explíquese
  • Ya sabe lo del flautista de Hamelín cuando atrajo a los niños. Como no toco ningún instrumento, llevé unos altavoces los coloqué a la entrada del contenedor y con la tablet les puse este tema de Mancini que creí que me podría ayudar en mis propósitos. Es de Hatari! una película de Howard Hawks muy bonita.
  • ¿No le parece que es una falta de respeto tratar a nuestros ancestros como si fueran elefantes?
  • El fin justifica los medios, señor juez. Eran los últimos ejemplares de esa especie y merecía la pena el descaro. No hubo dificultades, entraron los 8 neanderthales por un portillo lateral y pronto se durmieron. Estaba preparado todo con sumo cuidado y los gases anestésicos eran muy poderosos. Desde la cabina dirigí toda la maniobra.
  • Es sorprendente la capacidad que tiene ese contenedor de basura transtemporal, admiro su ingenio.
  • Gracias, señor juez, soy hombre de recursos. Por eso había estudiado un abanico de posibilidades para darles un futuro a mis chicos al llegar al siglo XXI. Vivo en un piso destartalado en la calle del Ozán, cerca de la playa y no hay sitio ni pasta para tanta familia.
  • ¿Había varias opciones, entonces?
  • Sí, primero pensé en llevarles a una concentración de moteros heavies al norte de Kaskarilleira, pero era muy caro comprar 8 motos, 8 trajes de cuero, 8 cascos y encima siendo tan rudos enseñarles a conducir esos aparatos con la pericia de unos Ángeles del Infierno. Otra opción era llevarlos a un festival de música celta, por eso de que los celtas eran también prehistóricos, pero temimos que siendo los actuales muy sapiens y algo hippies, nuestros chicos se liasen a mamporrazos tras fumarse el primer canuto. Solo nos quedaba una tercera opción.
  • Por la que usted está aquí como imputado.
  • Sí, era la más previsible pero me costó decidirme. Incluso les visité por si tenían reparos en que gente no habitual fuese al mitin. Me preguntaron si eran españoles, les dije que más que nadie. Me preguntaron si no serían infiltrados de la dictadura progre y les garanticé que eran genuinamente cavernícolas. Para convencerlos del todo, les aseguré que tenían cierta curiosa semejanza con su líder invicto. Me dieron el "Ok", mejor dicho, me dijeron "Chócala" y salí contento.
  • Y cuando fueron, se armó la marimorena.
  • Un descontrol, se me fue de las manos. Cuando llegaron al mitin, los allí presentes viendo a unos tipos tan raros pensaron que eran inmigrantes africanos disfrazados de Picapiedra que venían a boicotear el acto. Empezaron a chillar llamándoles "extranjeros de mierda y perroflautas" y ellos viendo la hostilidad general, porque son arcaicos pero no tontos, empezaron a repartir estopa. El gigantón salió de la carpa a ritmo de marcha en retirada, al pijo se le pusieron los pelos de la barba y la cabeza como escarpias que hasta parecía un erizo y escapó en cuclillas, su mujer, al menos, sacó un crucifijo apuntando a los neanderthales por si eran espíritus del Maligno, luego le dio un vahído y se desvaneció muy digna. 
  • ¿Y el líder?
  • El líder se escondió detrás de la mesa presidencial y viendo que por su parecido podrían ser unas parientes desconocidos de visita,  les ofreció su mano cordial. Lamentablemente los chicos no entendieron ese gesto amistoso y salió malparado.
  • ¿Y usted, Fiz  Arou, que estaba haciendo en ese momento?
  • Yo en mi esquina pensaba, que si reverencias demasiado el pasado, éste puede revolverse y darte un trompazo. 

(Capítulo 51 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)