09 mayo 2017

¿Quién nos salvará de los figurones?

Nadie quiere decirlo. Nadie tiene el valor de expresarlo con la suficiente claridad. Es como si hubiese un miedo soterrado a manifestarse con franqueza en un tema de tanta enjundia.
Un tema que se convierte en plaga bíblica en campos y ciudades. Pequeñas villas y pueblos grandes. Ciudades durmientes de heroico pasado y urbes medianas con pretensiones de grandeza futura. 

También es propio  de grandes ciudades, pero su efecto pernicioso se diluye ante la necesidad de mantener el pellejo a buen recaudo en un entorno hostil y malsano.
Me estoy refiriendo a la dañina plaga de los figurones. Seres fastidiosos formada por hordas de engolados ciudadanos en busca de reconocimiento ajeno sin reparar en medios y fines. 
Los hay inofensivos, esos que se reúnen en manada a la media tarde en lugares concurridos para cazar incautos e inocularles el veneno de sus conocimientos mundanos. Saberes adquiridos con la única finalidad de atosigar a sus víctimas, atraparlas en su pegajosa red de nimiedades y reducirlas a condición subhumana.
  • ¿Cómo es posible no conocer a fulanito de tal, no haber comido en el restaurante cual, no haber viajado allá o no haber visto nunca aquel otro? 
  • ¿Cómo es posible no pensar lo que hay que pensar, no decir lo que hay que decir, no sentir lo que hay que sentir?
Luego están los otros, los figurones mayores, protagonistas indecentes en todos los eventos de postín. Empeñados en arrimarse en donde bulle el mundo, no porque les importe un carajo que se agite - por ellos como si explota - si no porque son polillas narcotizadas por la brillantez de luces ajenas a las que se arriman con vocación suicida. 
Una cohorte indecente de pelotas, arribistas, mayordomos, groupies,  seminaristas, bufones, activistas, artificieros, consejeros, profesores y gente de mal vivir apostada allí donde el poder se asoma o donde puede asomarse. Pertinaces y  camaleónicos saben camuflarse entre la gente decente - entre los buenos profesionales o los verdaderos entusiastas de ésto y aquello -  y luego cuesta un mundo descubrir su hueca condición mutante.  Su vacía y artificiosa condición.  

Sí, amigos,  la de los figurones es una pandemia universal que la OMS - inventora de tantos males según dicten las farmacéuticas - no ha querido identificar  a pesar de corroer todo el tejido social.
Puede que la entronización de cocinillas con firma, teóricos de la nada, novelistas rancios,  tertulianos viscosos, cortesanas de luxe, periodistas mercenarios, costureros engreídos, presentadores matones,  asesinos de toros y demás ralea obedezca a un equivocado plan de reclutamiento por parte de nuestros gobernantes para tenernos entretenidos. Si es así que lo dejen. Experimenten con otras cosas. Uno no sé divierte cuando le dan a elegir entre el asco y el tedio.

Lo importante es saber si podremos salvarnos.
De si tendremos el coraje suficiente para hacerles frente.
De si podremos sobrevivir a estos ladrones de cuerpos, a estos ladrones de almas, sabiendo que conviven con nosotros, que son como nosotros y que están al acecho de nuestra más leve debilidad.
¡Intentémoslo al menos! 
Os invito pues a crear conmigo  un Comite de Damnificados por las Insidias de los Figurones que establecerá estrategias de lucha para defendernos de su maquinaciones y nos  llevará, sin ningún género de duda, a un amanecer de confianza y libertad.
Yo, por mi parte, no pondré reparos en capitanear la lucha.

25 abril 2017

Revoluciones, canciones, flores y sonrisas

    
Han pasado muchos años pero es necesario seguir recordando aquella hermosa jornada. 
Aunque parezca que no hemos avanzado y que la pantomima siguió su curso inasequible cuarenta y tantos años después.
Es cierto que los explotadores han sustituido sus apolillados uniformes por trajes de mejor paño.
Sus viejas miradas afiladas y soberbias se han engrosados en sus rostros por las sutilezas de la cocina de diseño
No, no sé escuchan las groseras órdenes de antaño que acuartelaban bellas palabras.
Ahora todo es telemático y suena aséptico, pulido, pasteurizado. Como de colmena metalizada en las honduras del bosque.
¿Pero quién  se acoraza detrás de los nuevas ofertas, de los nuevos cacharros casi siempre, que nos prometen eterna felicidad?

Si alguien piensa que no hay motivos para retomar aquella estela iniciada por las capitanes de abril se merece lo que le pase.

Si alguien piensa que puede seguir viviendo desterrado en su aislada torre de marfil será porque siendo ciego, sordo y mudo también es idiota.

Definitivamente idiota.

Este es un homenaje sin importancia a ese maravilloso pueblo portugués que una vez entendió que las revoluciones también se pueden hacer con canciones, flores y sonrisas. Con claveles y libertad.

Las revoluciones que nos gustan, esas que aunque a veces nos defrauden, podemos decir de ellas aquello de...

 
Quando eu finalmente eu quis saber
Se ainda vale a pena tanto crer
Eu olhei para ti
Então eu entendi
É um lindo sonho para viver
Quando toda a gente assim quiser.

10 abril 2017

Alas sobre mi ciudad


Cansado de ser una escoria de la sociedad decidí convertirme en ángel.

Lo primero fue comprarme unas alas y aproveché una buena oferta en Amazon. Eran de plumas negras de 80x60 cm. y tenían unas agarraderas de cuero. Por fuera estaban revestidas de material plástico para protegerlas de la humedad. En el paquete también se incluía una antología con textos de Paulo Coelho, Jorge Bucay, Jodorowsky, Eduard Punset y otros adalides del pensamiento chorras. Iba a quemar el libro, como hubiera hecho mi colega Pepe Carvalho, pero en el último momento decidí darle una segunda oportunidad como cuña debajo de mi renqueante mesa camilla.
En  la hora mágica en que se apagan los televisores y una torrentera de agua corre por los cañerías; estaba yo, Fiz Arou, detective amargo de la dulce Kaskarilleira, subido a una silla al lado del ventanal del salón esperando la llegada del gesto valiente que me permitiera lanzarme al infinito.
No llegó, ni en ese día ni en los dos siguientes y en el tercero hubo tormenta. En el cuarto me fui de fiesta y en el quinto tenía una resaca de mil diablos. En el sexto me tragué media botella de Havana Club 7 y al subirme a la silla tambaleante con el ventanal abierto tropecé y caí al vacío desde mi sexto piso.

No me acababa de convencer la idea de aterrizar en el suelo usando como tren de aterrizaje mi frágil aunque bella nariz; por lo cual, a la altura del 3º, empecé a menear las plumas con la misma ansiedad con que la gallina mueve las suyas al ver aparecer a un zorro desde lo alto del gallinero.

Amor eterno a Jeff Bezos, el capo amazónico, sus alas me salvaron el pellejo al permitirme girar en redondo y lanzarme a los cielos. Convertido en cohete de fiesta aún tuve tiempo de oír a un borracho que desde la puerta de un mesón me gritaba:
  • ¿Onde vas, langrán, ou queres comerte o mundo?  
No quería comerme el mundo. Me conformaba con dar un planeo de gaviota por la afamada noche de Kaskarilleira.
"Se tivera que escoller nos sei que escollería, se entrar en Kaskarilleira de noite ou entrar no ceo de día" escribió el poeta y yo desde allá arriba, quería comprobarlo a riesgo de pillar un trancazo del carajo por la ventolera y el frío que venían del mar.
Hacia el mar me fuí. Allí estaba el puerto con su vergonzosa valla separando territorios y robando a la ciudad el latido del océano que le había dado vida. Un robo ignominioso que podría ser letal si los miserables burócratas que dirigían el tinglado llevaban a cabo sus proyectos privatizadores para financiar un innecesario puerto lejano.
Había que tomar medidas. La primera como ángel debería ser muy diabólica.  En el manual de uso que acompañaba a las plumas también se decía que multiplicaba las fuerzas del usuario hasta 10 veces más.
Tenía que constatarlo. Sobrevolé sobre la entrada metálica del puerto, la agarré con todas mi fuerzas y tiré. Tiré hasta que salí despedido con aquella enorme reja en las manos.
A la mierda con ella, me dije. Atravesé la bahía como un bólido nocturno de mala leche y llegué justamente ante el edificio donde gobernaban los gerifaltes malotes del puerto.
Fue una buen caída, el tejado sufrió el impacto y se resquebrajó con un horrible crujido. Salí pitando para casa. Baje a tierra y pillé un taxi. No fuera a ser que me pillaran y me trataran como a esos individuos lamentables que escriben tweets, hacen chistes, editan carteles y cometen otras barbaridades delictivas.
Kaskarilleira brillaba bajo la luna y la luz del faro legendario iluminó el retorno a mi nido.

(Este es el capítulo 36 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)

24 marzo 2017

Tus papás te aman

Al niño le gusta hacer el mono en el pasillo de su casa. Sus papás, tan modernos, lo han enviado a un curso de expresión corporal.

El niño, ahora inexpresivo, hace redobles golpeando con sus manos una caja de cartón. Sus papás, siempre diligentes, lo han matriculado en el Conservatorio.

El niño odia el solfeo, pero corre y da saltos por el parque. Sus papás, bien dispuestos, lo han inscrito en el club de atletismo.

El niño agotado, solo quiere pintarrajear hojas de papel con su caja de colores. Sus papás, siempre atentos, le obligan a ir a clases de plástica.

El niño ya no pinta nada, está quieto y tiene miedo de moverse. Sus papás, muy preocupados, lo llevan al psicólogo.

 (Lo escribí en el 2008, pero tenía interés en publicarlo de nuevo con ligeros retoques, porque todo va a peor)

10 marzo 2017

El final de las dudas

Tenía que hacerlo. 
Debía esconder mi última duda en el lugar más impenetrable de mi mente para ponerla a salvo de los militantes de la Verdad Absoluta.
Tiempos oscuros.

Disputaron el poder en dos bandos supuestamente enfrentados pero era mentira, el Partido de los Verídicos y el Partido de los Auténticos se pusieron de acuerdo para gobernar en coalición y erradicar juntos los “cuestionamientos individualistas peligrosos”.
El decreto gubernamental fue concluyente: en el plazo de un mes los ciudadanos tendrían que desprenderse de sus dudas perniciosas.  

Miembros del "Comite Local para el Exterminio de Dudas Tóxicas, Maniáticas y Obsesivas" (CLEDTOMANO) habían colocado en las calles contenedores de color zafiro, para que los ciudadanos se desprendieran de sus incertidumbres inadecuadas. La sede del Cuerpo Oficial de Sacerdotes Calibradores de Dudas (COSCADA), se abarrotó con inmensas filas de ciudadanos ansiosos de que les informaran si sus incógnitas eran tóxicas o livianas, amenazadoras o amigables, pasajeras o permanentes.
Nadie pensó que algo tan nimio causaría tanto dolor. 
La población  se  despidió de sus dudas como si las enviaran a la guerra. Estallaba el llanto en los ojos de los más ariscos y la tristeza danzaba sobre la muchedumbre.
Yo también me fui desprendiendo de las mías, pero cuando llegue a la última, titubeé. Por entonces empezaba a correr el rumor de que enormes camiones nocturnos transportaban nuestras dudas a siniestros campos de exterminio.
Me dio pena aquella última duda tan pequeña y vulnerable. Me había sido fiel durante muchos años y seguía tan fresca y lozana como el primer día.
Ahora sigue conmigo. Tierna, íntima y clandestina.
La alimento con lo que puedo y sé que le entregaría mi alma si me la pidiese.

No puedo dejar que desfallezca. Es cuestión de vida o muerte.
Mientras ella viva, viviré yo.

24 febrero 2017

Exquisitas amistades

(Recuperando una vieja entrada)

Vas al mercado, compras una merluza y le pides al vendedor que te la limpie. De algún remoto rincón de su delantal blanco surge un enorme cuchillo que con inusitada pericia se hunde en el lomo del pescado. Una hendidura longitudinal e inapelable en la que él puede introducir sus dedos gordos y sacarlos ensangrentados con las vísceras del pez. Ya limpio, el vendedor se dispone a cortarle la cabeza.
  • No, espere. Quiero verle los ojos antes de que lo decapite.
El hombre lleva treinta y cinco años limpiando pescado pero nunca ha oído nada semejante. 
  • Si quiere se la dejo entera.
  • De acuerdo, me la llevo así.
¿Cómo le vas a decir al  sorprendido pescadero que esa exquisito pez se ha atrevido a lanzarte un guiño de complicidad poco antes de perder sus vísceras? 
Llegas a tu casa nervioso, entras en la cocina y despejas la mesa. 
A duras penas  logras desenvolver el paquete. 
En el armario coges un plato grande de loza y colocas la merluza encima. 
Te alejas de la mesa para tomar las debidas distancias. 
Respiras hondo y tiemblas. Te contienes durante un rato,  pero al final no puedes evitar hacer la trascendental pregunta que martillea en tu cabeza.
  • ¿Nos conocemos de algo? 

09 febrero 2017

¿Qué se nos ha perdido en los anillos de Saturno?

Señor y señora Trump, son ahora las 9 de la mañana en el 725 de la Quinta Avenida, a la altura de Midtown de Manhattan en la ciudad de Nueva York. Estamos en la nave estelar Trumpetín 739 volando sobre el sexto anillo del planeta Saturno a 5000 km. por segundo, rumbo al International Satellite Donald J, Trump al que llegaremos en cuatro horas. Les rogamos que no se muevan de sus fundas protectoras hasta que termine su proceso de descrionización. Mientras tanto les amenizaremos su descongelación con imágenes y música variada.
Les habló Panchito 304, ordenador central de la nave, asistente personal y cuate del alma.




  • Melania, reacciona, lo has oído igual que como yo. ¡Nuestro ordenador central es un pinche guey mexicano cometacos! 
  • No sé, Donnie, cariño, si tu lo dices. A mí lo que me preocupa es si después de esta experiencia tan desagradable, mantendré la calidad de mi cutis de rosa. Ya sabes que dicen que las cosas congeladas no tienen la misma calidad que las frescas. 
  •  Mel, tú no eres una cosa y además recuerdo haber leído en en el Reader's Digest que nuestros cuerpos no pueden sentir el paso del tiempo si están congelados. Es algo relacionado con la Teoría de la Relatividad de aquel tipo despeinado de melena blanca y con cara de vicioso. ¿Cómo se llamaba? 
  • No recuerdo, Donnie, ya sabes que esas cosas sesudas no se me dan nada bien.

  •  Donnie, ¿sigues ahí, en la funda? 
  • Claro, nena, ¿dónde iba a estar si no? 
  • Ay Donnie, no hablo mexicano pero creo que esté robot se está pitorreando de nosotros con esa música y esos monstruos de película. Deberías hacer algo, tú fuiste presidente y deberían tenerte cierto respeto. 
  • Melania, te recuerdo que esta nave nos las dejo dejó Vlady para escapar de nuestros compatriotas cuando las cosas se pusieron feas y no podemos elegir. Recuerda como nos metió prisa cuando vino a despedirnos a Boikonu. 
  • Es terrible, hemos escapado de la Tierra como escapaban de México esos espaldas mojadas a los que tanto odiabas. ¿Dónde quedo aquel poderoso Donald J. Trump que hacía temblar al mundo entero y que logró seducirme?

  • ¡Fui grande, Mel!! ¡¡Fui el más grande!! Gané unas elecciones teniendo al establishment y todos los medios en contra. Derroté a esa casta pusilánime y fondona llena de frikis de Silicon Valley, maricas de terciopelo, negros proxenetas y pijos de Wall Street. 
  • Y luego lo perdiste todo por querer ser incluso más macho que tu amigo Putin. Al final él nos salvó, si no fuera por ese cara de rata hubiéramos acabado colgados por los pies como aquel calvo italiano facha y su chica. ¡Sí, tuviste que hacerte el macho y la cagaste muchacho! 
  • ¡¡Déjate de sandeces!! 
  • Sí, sandeces. La única sandez es que estamos en un viaje al quinto infierno teniendo que soportar a un ordenador chicano y cabrón que no deja de torturarnos con sus vídeos de mierda. ¡Haz algo, coño!  
  • Pero cariño, vamos a un satélite que lleva mi nombre, ese no es puede ser el quinto infierno. 
  • Un puto planeta perdido y desértico en el último anillo de Saturno, y con la grata compañía de cuarenta robots enloquecidos. ¿Ese es el futuro que me ofreces? ¿Con quién voy a hacer negocios? ¿Con quién voy a tomar el té? ¿Cómo me entero de los últimos cotilleos de Nueva York?¿En que tienda voy a comprarme el último grito en alta costura o el último descapotable de alta gama? No te lo perdonaré nunca, Donnie, no te lo perdonaré jamás.
  • ¿Vas a seguir reprochándome cosas todo lo que resta de viaje, Melania?
  • Sí, esa es mi intención. Me jodiste y ahora te voy a joder yo a ti.
  • Pancho...
  • Panchito 304, señor.
  • Congela de nuevo a mi mujer que es muy bruja.
  • Ni caso, Pancho...
  • Panchito 304, señora.
  • Debes congélarle a él, recuerda las barbaridades que dijo y quiso hacer con los mexicanos.
  • Lo siento, señores, pero debo congelarlos a los dos hasta que lleguemos a destino que se están poniendo muy pesados. No quiero ser arrogante, dada mi condición robótica y cortés, pero sirva este canción de advertencia sobre lo que podría llegar a hacer con ustedes si siguen tan cargantes.