17 octubre 2014

Cuando las corporaciones nos robaron la Tierra

Los últimos descubrimientos arqueológicos nos permiten afirmar que hasta bien avanzado el siglo XXI no se alcanzó el objetivo anhelado de la paz mundial. Fue en la llamada Era de las Corporaciones, momento en el que las grandes firmas económicas transnacionales decidieron tomar el control directo de la política mundial sin someterse a la intermediación de los políticos de turno. Con anterioridad, la clase gubernamental había terminado por convertirse en simple ejecutora de los intereses de las grandes compañías de las que recibía alternativamente sobornos, chantajes o prebendas.


La toma del poder no fue traumática. Durante cien años la población había sido adiestrada en los valores del capitalismo convirtiéndolo en la única creencia fiable en un mundo convulso tras dos guerras mundiales, la división en bloques o el pillaje para la obtención de materias primas y la expansión de los mercados. Fue el propio capitalismo el que engendró su falsa antítesis anticapitalista. El ideal socialista se transformó en puro capitalismo de Estado en los países bautizados como comunistas o mero ajuste cosmético en las socialdemocracias occidentales. Capitalismo individualista frente a capitalismo de Estado, pero siempre el capitalismo como único dios verdadero al que sacrificar cualquier otra creencia. Si en un bloque, el consumismo se desarrolló gracias a la manipulación publicitaria en los medios de comunicación que crecieron y se desarrollaron gracias al impulso de las corporaciones; en el otro, una burocracia voraz y criminal se apropió de los modos de producción alegando representar la voluntad del pueblo y la nación. La nación empresa, la nación poder, la nación bandera, la nación como sueño fantasioso donde supuestamente se diluyen los valores individuales en pos de un bien ulterior que traerá la felicidad a los nuestros. Sin duda, las viejas fantasías patrióticas decimonónicas, empapadas de romanticismo, fueron un instrumento idóneo para las grandes corporaciones. Mientras la gente y sus inútiles dirigentes se desgastaba en absurdas contiendas territoriales, los verdaderos dueños del cotarro alcanzaban su ansiado poderío mundial. 

El avance del poder corporativo propició cambios sustanciales en los modelos educativos promoviéndose actitudes competitivas y narcisistas que fueron arrinconando los valores éticos que habían forjado el desarrollo del ser humano desde que decidió civilizarse. El pensamiento autista, ensimismado y paranoico -que ya se había desbocado en las políticas territorialistas- provocó en los individuos una quiebra de tal magnitud que las enfermedades mentales y los suicidios se convirtieron en pandemia irresoluble por todo el planeta. Los propios profesionales de la salud mental actuaron como cómplices y verdugos de esta situación con su insistencia en integrar a los sujetos díscolos en una normalidad igualadora. El escapismo, la frivolización y el consumismo abusivo eran fuente de ingresos para los bolsillos de los especuladores e ineficaz paliativo para la angustia y malestar de los ciudadanos. En un momento cualquiera, de un día cualquiera, de un año cualquiera, todo terminó reventando en mil pedazos...
Tras el inevitable sacrificio de millones de vidas humanas, las corporaciones privadas se ofrecieron como garantía de la vuelta a la normalidad. Asumieron el poder absoluto y se repartieron amistosamente el planeta en diferentes áreas de dominación. Como por ensalmo, se desvanecieron las guerras, las luchas y los conflictos, pero nadie le dio excesiva importancia al cambio. La población ya sólo conocía el autoengaño y siguió malviviendo en un mundo estremecedor.

09 octubre 2014

Un chivo para su alivio (versión 2014)

¡NO PAGUE SUS FRACASOS CON SUS SUBORDINADOS!
¡NO HAGA RECAER LA CULPA SOBRE SUS PACIENTES!
¡NO CARGUE LAS TINTAS CONTRA SUS VOTANTES!

¡NO SE LA JUEGUE MÁS!

ELIJA EL CHIVO EXPIATORIO QUE MAS SE AJUSTE A SUS NECESIDADES ENTRE NUESTRA AMPLIA Y SELECTA GAMA: 

CAPITÁN GRIEGO DEL PETROLERO "PRESTIGE"  
ETA: EL CHIVO QUE NUNCA FALLA
 
MAQUINISTA DEL ACCIDENTE EN EL METRO DE VALENCIA
MAQUINISTA DEL TREN ALVIA ACCIDENTADO EN SANTIAGO
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O SU PERRO ASESINADO ...POR SI ACASO
 

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¡¡¡NO ENCONTRARÁ NADA IGUAL!!!
 

PORQUE SIN DUDA USTED NECESITA UN CHIVO PARA SU ALIVIO.

28 septiembre 2014

Disputado voto en el poblado chabolista

Mel y Ton estaban inquietos aquella mañana. En sus tres meses de voluntariado nunca les había tocado visitar un poblado chabolista pero La Verdad debía llegar incluso a los rincones más desfavorecidos. Contemplaron desde arriba aquella acumulación de precarias y abigarradas viviendas fabricadas con tablas de madera, plástico y uralita. Estaban tan juntas, que más parecían caravanas de colonos convertídas en improvisadas barricadas para defenderse de las acometidas de los indios
¿Quiénes eran los indios para aquellos habitantes del mismísimo infierno?
 Mel y Ton miraron a todas partes esperando encontrar algo peculiar y autóctono en aquella poblada desolación. No lo había. Podrían estar en una villa miseria de Buenos Aires, en una favela en Río, en un bidonville de Dakar o en un shanty town en Karachi. Respiraron a fondo y bajaron por un camino de tierra seco en aquel otoño primerizo y llegaron hasta la primera casa. Oyeron chillidos de niño, ruidos de cacharros y una ronca voz femenina pidiendo silencio. Ton golpeó la puerta con los nudillos y junto con su compañera, se puso a esperar la respuesta visiblemente ansioso. La mujer gorda que les abrió la puerta quizás fuera joven, pero no aparentaba menos de 60 años en sus rasgos gastados y sombríos. Más allá del umbral, detrás de ella, un niño jugueteaba medio desnudo en el suelo de tierra.
  • ¿Qué quieren? ¿Son los del Banco de Alimentos? Ya tengo a mi hijo trabajando en el súper de repartidor. Espero que con lo que gana tengamos para comer todos. Tengo seis hijos y estoy sola, pero nos arreglaremos muy bien. Seguro.
  • No, no somos del Banco de Alimentos. 
  • Ah entonces serán de la asociación esa de la parroquia. Gracias pero no necesitamos nada como les he dicho. Mi hijo trabaja desde hace un mes y no estamos necesitados. 
  • No, no somos de ninguna parroquia. En realidad estamos yendo por las casas para...
  • ¿No serán inspectores escolares o de la Asistencia Social?. Mis niños van todos los días al colegio y la que está hoy aquí es porque tenía algo de fiebre y tosió durante la noche. 
  • No, señora no. Venimos por otra cuestión. Estamos recorriendo las casas para pedir el voto favorable en el referéndum por la independencia. ¿Suponemos que estará enterada?
  • Algo me suena, pero me da igual. Los que quieren la independencia son los mismos que están gobernando ahora y en ningún momento hemos dejado de ser pobres como ratas. En cambio ese señor que estuvo tantos años...
  • Las cosas cambiarán si gobernamos desde aquí mismo. Al no tener que repartir nuestra riqueza con otros territorios con menos recursos, podremos dedicar una mejor atención a los nuestros. Sus hijos tendrán buenas oportunidades para estudiar y habrá sanidad asequible para todos.
  • Claro, ...y comeremos todos perdices. Ese es el cuento de la lechera y lo saben. Además le digo una cosa, mi hijo trae todo el dinero a casa y lo junta con lo poco que sacan sus hermanos vendiendo cartones. Gana mucho más pero no le importa repartirlo con su familia, con sus hermanos y su madre. Somos su familia, joder, él tiene trabajo y ellos no,  pero podría ser al revés y le gustaría que le hicieran a él lo que él hace ahora por los suyos. ¿Por qué los políticos no piensan  que pertenecemos todos a una misma familia y  dejan de dar la matraca con sus países, banderitas y mandangas?  Todos somos distintos pero todos somos iguales. No sé si me entienden.
  • Vale, no la vamos a convencer, está claro. 
  • Y aunque me convencieran, tampoco podría votar.
  • ¿Es extranjera? Aquí tienen tarjeta sanitaria hasta los inmigrantes sin papeles.
  • No soy extranjera, pero tampoco estoy empadronada. Los de este poblado somos errantes. Hoy estamos aquí, mañana allá.
  • ¿Entonces por qué nos hace perder el tiempo miserablemente?
  • Porque me gusta escuchar las cosas bonitas que sueñan otros. Aunque solo sea un sueño imposible y pare ellos solos, los que creen que tienen futuro. Es todo tan triste aquí en las chabolas.

18 septiembre 2014

Cuando se rebela el Toro de la Vega


Algo no había funcionado bien en su última reencarnación. ¿O quizás era la primera y por eso le extrañaba tanto? Sea como sea, mantenía los recuerdos de su anterior vida humana aunque ahora fuera un hermoso toro bravo corriendo libre por la dehesa. 
Dicen que los elegidos recuerdan todas sus vidas pasadas, pero él había degenerado de humano a bóvido y ese descenso del karma no debía ser habitual entre los predestinados al nirvana. 
Más bien el suyo era un karma cabrón que se choteaba de su antigua condición de taurófilo militante convirtiéndolo en un hermoso retinto, semicareto, bragado y astifino, comedor insaciable de pasto y paseante chulesco entre la manada que lo tenía por líder; por mandón, como dicen los mayorales. Había costado lo suyo llegar allí tras superar tan insoportables pruebas y si lo había conseguido era atribuible tanto a su propia fortaleza como a aquella malicia humana que todavía conservaba en su mente. 
A los seis meses destete, afortunadamente por las buenas, no hubo que echar alquitrán a los pezones de su madre para conseguirlo. Un momento triste que se convertía en agónico cuando llegaba el salvaje herraje sobre la piel y el corte transversal en las orejas, marca de la casa. Luego la separación de las hembras. La falsa independencia. El buscarse la vida luchando día a día, hora a hora por la supremacía con otros añojos y erales 
A los dos años la tienta, donde para probar su bravura fue acorralado, humillado, maltratado y finalmente torturado por un seboso picador. Aguantó siete pullazos brutales y demostró ser un animal noble, o sea bobo, apto para el engaño y digno de ser toreado en una plaza importante. La cacareada vida feliz del toro de lidia es un horroroso camino por la supervivencia entre hermanos a los que debes doblegar y someter si no quieres a su vez ser doblegado y sometido. Los débiles, los que se rinden, los que ya no pueden más, son violados y arrinconados por el resto de la manada. Sangre, dolor y muerte sin espectáculo que lo ennoblezca.
Dos días atrás fue apartado del resto y pensó que al fin sus males tendrían curación. Quince minutos de trance en el ruedo y a otra cosa mariposa. Seguro que hay vidas menos gloriosas pero más vivibles. Al menos en su caso todo sería rápido y breve.  Casi estaba alegre y calmado hasta que esta mañana se enteró del alcance de su tragedia: lo han destinado a ser el nuevo Toro de La Vega. Se lo oyó a los mayorales  mientras lo miraban desde sus caballos con cara compungida. 
No, no puede ser. Tiene que evitarlo. Por eso se dirige trotando a ese cuatreño zaino que tanto envidia su puesto y siempre lo mira con cara de odio. Sabe que el aspirante se siente orgulloso de sus astas afiladas, mejor dejarle que hagan su trabajo. Ya es tiempo de morir.   

10 septiembre 2014

Así revientes, Antonio

(Retomando una entrada del 2007)
Así revientes, Antonio.
Tú sigue cagándote de miedo en esa parada de las afueras tan oscura que en cualquier momento te puede aparecer por ir un colgado echando las babas y te rebana el cuello como quien rebana un bollo de pan y te deja tirado en un charco de sangre que manchará la tapicería del coche aunque a ti penitas, que estarás muerto y el puto patrón ya no te podrá echar la bronca por haber manchado con sangre -tu sangre, Antonio- la jodida tapicería del taxi. Que se acabe la vida de una puta vez, maldita sea tu suerte de asalariado del taxi tragando madrugadas, mientras la parienta como una marquesa, marquesa del carajo, sigue tirada en la cama soñando con algún galán de cine que la saque de las tristezas de la vida y de la compañía de un marido ignorante, cabrón y machista que ignora las sutilezas y le huele el aliento.
Así revientes, Antonio.
Muere asfixiado por el tráfico, las obras, los municipales que no se enteran, las motos de los repartidores, los autobuses urbanos, los buses escolares. Como en el que iba tu chiquillo, Antonio. Ahora tendría 7 años y sería semejante a esos otros que hacen como que juegan pero no juegan que están delante las mamás y no está bien que les confundan con los pequeñitos de primero y segundo tan inconscientes en sus niñerías.
 Así revientes, Antonio.
 Te gusta el fútbol pero no puedes verlo. Cuando juegan el miércoles, tienes trabajo doble llevando y trayendo a la gente al estadio mientras ruge la multitud adentro y afuera, en los bares atestados. Ni siquiera por la tele, Antonio. Y luego llega el fin de semana y tienes que ir al pueblo para visitar a la familia de la mujer y ayudar a recoger las patatas en la huerta, o poner buena cara cuando tu suegra, mal rayo la parta, te da el consabido pan de centeno y la verdura de todas las visitas. Con lo bien que estarías levantándote tarde, leyendo el periódico en un parque o dando una vuelta por el Paseo Marítimo ahora que estamos en primavera y el domingo por la mañana no tendrías que morir asfixiado por el tráfico, las obras, los municipales que no se enteran, las motos de los repartidores, los autobuses urbanos, los buses escolares. 
Imagina, que imaginar es barato: un rape a la cazuela, un café con su aguardiente de hierbas y luego ir al estadio a ver el partido. A la salida unas cañas con los amigos, para llegar a tu casa, ya de noche, un poco más contento de lo habitual. Pero no, Antonio, no, eso no es lo tuyo. Tú tienes que estar los domingos con esa parentela de la aldea que te miran con aire de superioridad porque tienen diez vacas y doce ferrados de tierra. Callados, resignados, sumisos y siempre hablando de lo mismo: 
¿Xa pensáchedes que imos facer coas terras que deixou a avoa? 
Pois contan que a Martiña deixouna preñada un camioneiro e os pais non queren saber nada da condenada. 
Que sí que non, que na capital vivides moi ben e non  coñecedes os padecementos da xente do campo
Así revientes, Antonio
 Tu mujer se levanta a las nueve y va a aprender a nadar a la piscina municipal y luego queda con las brujas esas que pasan el tiempo hablando, siempre mal, de sus hombres o comentando cosas del nuevo novio de Belén Esteban. La partida de cartas, la visita diaria al Centro Comercial, por la tarde el curso de yoga en la Asociación de Vecinos y tú siempre en el mismo taxi que ni siquiera es tuyo y con las mismas camisas que todas las noches echas sudadas en la lavadora luego de morir asfixiado todo el día por el tráfico, las obras, los municipales que no se enteran, las motos de los repartidores, los autobuses urbanos, los buses escolares. 
Sí, Antonio, sí, el niño era un renacuajo de ojos enormes. Con ellos estaba aprendiendo a conocer el mundo y tú lo paseabas orgulloso en su coche, suyo de verdad no como tu taxi, mientras las cotillas del barrio te paraban para hacerle carantoñas 
Qué hermosura de niño, como se parece a su padre. 
¿Qué dices? si tiene los ojos de su madre. 
Es lindo de verdad, me recuerda a su abuelo que en paz descanse.
Pronto descansó el niño, Antonio, y las mismas cotillas del barrio hacían pucheros en el velatorio tal como si aquel pequeño ataúd tuviera poder suficiente como para ablandar sus duros corazones hipócritas. No hubo perdón y no hay olvido. Día a día desde aquel día, tu mujer no hace otra cosa que señalarte: el niño estaba contigo, en tu taxi que no es tuyo y quedó allí tirado en la cuneta mientras tú, Antonio, sigues vivo. 
Por eso, después de todo, Antonio, no te va tan mal cuando aún puedes seguir muriéndote asfixiado por el tráfico, las obras, los municipales que no se enteran, las motos de los repartidores, los autobuses urbanos, los buses escolares...

Así revientes, Antonio
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Aviso a los que me habéis dejado comentarios en mi penúltimo texto del Círculo de los Suicidas Perezosos, El País de las Juergas Sin Fin y al que ahora podéis acceder desde este enlace. 
Ayer metí la pata y en vez de un borrador eliminé la entrada. Afortunadamente la tenía abierta en una ventana y pude recuperar el texto. Voy a intentar copiar y pegar los comentarios perdidos a partir de los emails que han ido llegando. 
Lamento mi torpeza y os pido perdón por ello.

29 agosto 2014

El País de las Juergas Sin Fin


 (Se me ha ido la mano y me he cargado esta entrada en el menú de blogger  junto con vuestros maravillosos comentarios. Afortunadamente la tenía abierta en otra ventana y ésto es lo que he podido recuperar. Os pido perdón a todos por mi torpeza)

"Este país no se parecía a ningún otro país del mundo". Su población, al parecer, estaba compuesta fundamentalmente por tipos aguerridos en tiempo de vacaciones. Luego se enteraron de que cuando llegaba el verano los comerciantes, señores del sitio, encerraban a los aguafiestas en covachas bajo tierra y solo los sacaban a airear cuando caía la primera hoja de otoño y el último turista cogía el último autobús para el aeropuerto.
"¡En las calles había una alegría, un estrépito y un vocerío como para volverse loco!"
Bandas de intrépidos juerguistas por todas partes. Unos corrían  por callejones cerrados delante de toros que morirían esa tarde entre el regocijo alcohólico generalizado. Otros preferían encerrarse en una plaza, vaciar un montón de camiones repletos de tomates y lanzárselos unos a otros hasta  convertir aquello en un insoportable espectáculo bermellón. En la playa, mientras unos curaban su resaca tirados sobre la arena; otros en el puerto, se subían al palo mayor grasiento de una pequeña embarcación pesquera para intentar coger un pato moribundo atado en la cima. Risas y felicidad por todas partes. En la pequeña isla del río donde llegaban las pequeñas barcas festivas engalanadas de flores todo acababa como el rosario de la aurora: manchados de vino y orines, sucios de comida no digerida y medio ahogados en lo que ya parecía un simple cementerio de truchas.  Los más campestres corrían a caballo  detrás de un toro bravo para que el más valiente le metiera una lanza en el mismísimo corazón y disfrutaran todos. Por las noches a los  mismos astados -siempre había algún toro al que humillar en el País de las Juergas Sin Fin- se les colocaba dos bolas de fuego en los cuernos y se les hacía correr por las calles ante las burlas de la bien protegida muchedumbre. Después de tanto jolgorio organizado y tradicional, llegaba el momento para el descontrol más actual. En la playa se organizaban rave parties que duraban días: música electrónica atronadora, alcohol y drogas de diseño para seguir en pie mientras el cuerpo lo permitiese. Los más tontos se desmadraban demasiado, creían que les crecían alas en los sobacos y se lanzaban desde las terrazas de sus habitaciones sobre las piscinas de los hoteles. Los resultados no siempre eran los previstos, por eso siempre había una ambulancia cerca y una manguera para retirar cuerpos y limpiar el pavimento.… 

"En resumidas cuentas, era tal el pandemónium, tal el griterío, tal el bullicio endiablado que había que meterse algodón en los oídos para no quedar sordos.
Pinocho, Lucignolo y los otros muchachos, apenas pusieron un pie en la ciudad se lanzaron enseguida en medio de aquella baraúnda, y en pocos minutos, como es fácil imaginar, se hicieron amigos de todos los que allí había ¿Quién podía estar más feliz y más contento que ellos" en aquel incesante botellón? 

Pasaron las horas, los días y dos semanas. Tiempo terminado, había que volver a casa. Pinocho, al levantarse aquella mañana,  se tocó las orejas y no las vio diferentes. Fue al espejo del baño y comprobó que estaba como siempre: no tenía patas, no tenía rabo y aunque su voz estaba algo ronca después de tanta fiesta, tampoco sonaba a rebuzno. No, no tenía la fiebre del burro, ni era propiamente un burro tal como había soñado aquella última noche. ¿Entonces por qué se sentía así?
El hombrecillo fue a buscar a los dos amigos para llevarlos en autobús al aeropuerto y Pinocho siguió removiéndose inquieto en su asiento. La ansiedad se lo comía vivo ¿Se convertiría en un burro ahora o ya cuando llegase a la terminal? Bajó temblando, se dirigió al mostrador  de la compañía aérea tocándose de forma compulsiva orejas y el culo  y gestionó el asunto del asiento y el equipaje temblando. Sudaba la gota gorda al pasar el puesto de control y tuvo que ir tres veces al cuarto de baño antes de la llamada para acceder al avión.
  • ¿Le pasa algo, señor?
  • No, nada gracias. Es que estoy algo mareado esta mañana.
La azafata lo miro con sonrisa picarona y le susurró en un tono inesperadamente familiar.
  • ¿Quiere algo para la resaca?
Solo se sintió tranquilo cuando el avión alcanzó las nubes más altas. Lejos, muy lejos del País de las Juergas Sin Fin.
Hasta el año que viene, claro.


(Con la inestimable colaboración "entre comillas" de Carlo Collodi y sus Aventuras de Pinocho, capítulos XXXI y XXXII)

17 agosto 2014

Poderosos en La Nada

21 horas, 37 minutos: 
El carismático líder juvenil del Frente Nacional acaba su discurso apelando una vez más a la insigne doncella de Orleans como símbolo y modelo para la juventud francesa no contaminada por sangre extranjera. Tras un gesto triunfal en dirección a un público entregado, va a soltar su frase final, su colofón. 
  • Patr..Patr... 
Se atraganta, se queda pálido y finalmente cae como un pesado saco de cemento. Los miembros del estrado, junto con los musculosos y malencarados miembros del Servicio de Seguridad, corren hacia el atril. Una de las candidatas electorales chilla ante aquel espanto, el resto queda demudado por el horror. El líder ha desaparecido y en su lugar hay efectivamente un pesado saco atado con un cordel. Cortan la cuerda con una navaja y al abrirlo se encuentran con una desagradable sorpresa: está llena de excrementos, de mierda. 
23 horas, 46 minutos: 
El emir del Golfo vuelve de una opípara cena que le han obsequiado en la embajada española un grupo de empresarios agradecidos tras la concesión a su consorcio del tren de alta velocidad. Está feliz, un sueño de su infancia se hará realidad, dispondrá de un tren solo para él y sus acompañantes ocasionales, las chicas claro, que atravesará las áridas dunas a una velocidad nunca vista y le dejará al mismo pie de su paradisíaca residencia de verano. Está cansado, quiere irse a dormir, pero antes tiene que pasar por el engorroso trámite de firmar cuatro sentencias de muerte. Se trata de los dirigentes de los trabajadores indios que se sublevaron en las obras para el Mundial de Fútbol alegando que vivían en condiciones de esclavitud. Se ríe consigo mismo ante tan tonto y perugrullesco argumento. “¿Qué esperaban? ¿Qué los tratasen como a futbolistas de élite?”. Coge su pluma de oro con incrustaciones de lapislázuli y se dispone a firmar. No puede, sufre una fuerte conmoción que le agita como un simún a una palmera y cae al suelo formando un hermoso montón de suave arena del desierto. 
3 horas, 5 minutos de la madrugada: 
El viejo político nacionalista se debate en un sueño intranquilo y agitado. Se ve en su viejo despacho de presidente hablando por teléfono, tramitando asuntos políticos y financieros pero siente que algo le escuece a la altura de los ojos. Intenta atender a todos sus asuntos pero no puede y acaba desesperándose  mientras se rasga la cara con los dedos sucios de pintura negra. En ese momento se despierta en su cama y tras unos segundos de estupor recobra la tranquilidad perdida. Se sabe a salvo en su hermoso refugio montañoso. Tiene sed y tras levantarse baja silenciosamente la rústica escalera de piedra. Abre el frigorífico, saca una jarra de agua y coge un vaso del estante. Tras llenarlo, pretende bebérselo de un trago, pero sufre una convulsión tremenda. Horrorizado contempla como su cuerpo se pone rígido, se inmoviliza y en escasos 10 segundos se convierte en una estatua de piedra caliza. Luego llegan los coloristas retoques finales en la nueva escultura transfigurada como personaje malvado de dibujos animados. Queda de pie en medio de la cocina, con un gorro azul de conductor de locomotora, una máscara negra en los ojos y un extraño traje rojo con un número de 6 cifras en un cartel blanco. En la mano el vaso se ha convertido en un saca de dinero con la divisa de dólar bien visible. Allá dentro, en la oquedad de la la piedra, el corazón del viejo político, todavía palpitante, se muestra satisfecho. 
  • Al menos tendré una estatua en Eurodisney