Sí, por favor, ponme otra vez esa tan emotiva de mi funeral.
Señor Yo, si me permite la sugerencia, no debería ver tanto esa cinta. Ya se la he proyectado cinco veces esta semana.
A ver si nos ponemos de acuerdo. Tú eres el de abajo ¿no? Mi inconsciente, mi Ello. En cambio yo soy el de arriba, el que da las órdenes y por lo tanto el que decide. Y he decidido que quiero ver imágenes de mi funeral.
Señor, ese no es su funeral auténtico. Solo una fantasía para proporcionarle alivio.
No seas tan respondón y dime: ¿acaso no me merezco un funeral en condiciones?
No es cuestión de merecerlo, es que esa fantasía no se ajusta a la realidad, a su realidad. Esas multitudes agolpadas a las puertas del tanatorio como si se tratase de un concierto de Justin Bieber. Esa legión de elegantes mujeres con vestidos y velos negros que se adelantan al resto y que luego de abrazar a los deudos, se sientan al pie del catafalco para sollozar crispadas y aturdidas por su inmerecida muerte. Esa cohorte de cadillacs camino del cementerio. Convénzase, usted no es Rodolfo Valentino.
No, no lo soy pero es una escena bella. ¿Además que locura es ésta en el que el inconsciente le informa al Yo sobre lo que es bueno o malo? Para sancionar mi conducta ya cuento con el Superyó. A él es a quien tengo que dar explicaciones y el que debe juzgarme.
No me haga reír, su Superyó está por ahí con una resaca de mil diablos tras emborracharse con un montón de teorías. Como sabe demasiado, ahora duda de todo y prefiere encerrarse en si mismo antes que juzgar a los demás. Por tanto, dado que él está fuera de juego y usted es un irresponsable: yo, el inconsciente, debo asumir la capitanía de este barco.
¿O sea que se trata de un motín en toda regla?
Claro, solo yo estoy en disposición de manejarlo para que pueda traspasar los escollos y evitar que se vaya a pique.
Eres un poco petulante ¿verdad?
Me da igual lo que piense de mí, señor Yo. Esa película que quiere ver es falsa y morbosa. Uno solo se recrea en esas cosas cuando se siente solo, cuando tiene miedo de que nadie se acuerde de él, cuando considera que su vida es perfectamente inútil y prescindible para el resto de la humanidad o cuando piensa que detrás de él no va a dejar ningún poso. Eso en lo que tanto insistía Josemaría Escrivá de Balaguer en Camino.
¿Escrivá de Balaguer? No te habrás hecho del Opus a mis espaldas. No me digas que te has convertido en un Ello santurrón y mojigato.
No, puede estar tranquilo. Reconozco que a veces me gustaría mandarlo al carajo y largarme por ahí hasta encontrar un Yo con sólidos principios, cualquier cosa antes que seguir soportando a un nihilista cínico, obsesivo y descerebrado. Lo malo es que no tengo opción, mi destino es el suyo.
Dos hombres y un destino con Paul Newman y Robert Redford, está excesivamente mitificada pero no es mala película. Me quedo con la dichosa canción y ese memorable final. Si quieres puedes ponerla más tarde, pero antes debes proyectar la de mi precioso funeral.
Pensé que le había convencido.
Hasta ahí podríamos llegar. Un hombre prudente no se debe dejar seducir por las trampas del inconsciente.
¿Quieres poner esa película de una puñetera vez, por favor?
La ciudad está revuelta como nunca. Se han suspendido las clases y los estudiantes toman las calles. Hay ganas de rebelión y de fiesta. De fiesta y rebelión. Lo cierto es que no hay residencias públicas suficientes y la adormecida ciudad del Apóstol -endogámica, aldeana y santurrona- se despereza para poder contener a los hijos del baby boom que en crecientes oleadas amenazan con rebasar sus diques. En apenas 20 años se construye una horripilante zona nueva que duplica el tamaño de la histórica, la fotografiada, la reconocible. Son calles mal trazadas, con edificios hechos de prisa y usando materiales de la peor calidad. Da igual, lo que importa es el negocio y el negocio en Santiago son los estudiantes ...aunque se les desprecie. En la vetusta ciudad, la fiebre del oro es ahora la fiebre del piso y vecinos, emigrantes retornados o gente del entorno rural procuran comprar alguno para sacar unos cuartos. Hay para todos, incluso para los más pudientes. La vieja casta, asotanada o doctoral, también mete el cazo y los compran a pares. Son viviendas pequeñas, feas, con paredes que parecen de papel, amuebladas de cualquier manera e increíblemente húmedas en la más húmeda de las ciudades. No importan los daños que dejen los "niñatos" a fin de curso, alquilándolos a grupos de estudiantes -cuatro, cinco, seis etc..- como si fueran de lujo y subiendo anualmente las cuotas de cinco en cinco mil pesetas cualquier gasto puede ser amortizado. Verdaderamente hay cansancio y ganas de jolgorio. Hay cansancio de la vieja política militante y de la represión política que no ha cesado con la muerte del dictador. Las eternas luchas por alcanzar las cimas de la teorización revolucionaria entre Mocos (Movimiento Comunista), Peixes (Partido Comunista), Troskos (Liga Comunista Revolucionaria), nacionalistas (Unión do Pobo Galego y ERGA) y todos lo grupos a la izquierda de la izquierda marxista: Larga Marcha, PCE(R) -del que saldría el GRAPO- etc.. es un territorio encriptado y abrumador solo apto para iniciados y aspirantes a la amistad en grupo. Como en el mayo parisino la revuelta pilla a la militancia en fuera de juego. Más de uno repasa ansiosamente los textos de Marx, Lenin, Mao, el omnipresente Gramsci y hasta el catecismo de Marta Hanecker para calibrar la naturaleza de aquella revuelta y saber si es legítima o no. Si es uno de esos simulacros de la pequeña burguesía para mixtificar la dinámica revolucionaria o es un verdadero conflicto de clases. Mientras los concienciados dilucidan la cuestión, aquello se pone en marcha gracias a gente que navega al margen. Desde jóvenes profesores no numerarios con ganas de protagonismo a simples estudiantes del común. También se suman un montón de tribus de variado pelaje: ácratas, autónomos, nihilistas, folklóricos, rockeros y hasta proveedores de narcóticos acompañados de sus fieles consumidores. Manifestaciones con barricadas. Cristaleras de inmobiliarias y bancos que caen cuando llega la noche. Clases espontáneas en la plazas históricas. Proclamación de un rector alternativo vestido tal cual, pero con una inequívoca pinta de lechón común. A saber quien se lo zampó luego. Banquetes gratuitos en los restaurantes con aviso de que la factura se le pase a la superioridad académica. Invasión de supermercados (lo siento Sánchez Gordillo lo tuyo tiene precedentes) Toma nocturna de calles. Mesas con sustancias legales e ilegales al pie de los portales. Caceroladas, bolsas de agua y música. Música, bolsas de agua y cacerolas rasgando el aire. Alimentando los recuerdos.
Y casi al amanecer la policía cerrando la calle con sus furgones. Focos alumbrando las fachadas. Suenan disparos. La gente no se atreve a asomarse. Pisadas rápidas. Sonido de botas y chillidos. Es necesario mirar: ¡¡¡Se los están llevando, agarrados por los pelos!!! Locura e intensidad. Desquiciamiento vitalista hasta el éxtasis final. Se acabó la barbarie ¿pero hay otra cosa? Sí, 34 años de normalidad y vasallaje. Se cierra el telón.
Señora Canciller. Señor Presidente. Ilustres invitados: A la princesa y a mi nos hace especial ilusión
venir hoy a conocer y participar en la inauguración de este gran complejo. Y nos atrae e interesa especialmente por la importancia y el impacto que va a tener para
nuestro futuro. Además, creo que es un magnífico ejemplo de lo que debemos acometer en muchos ámbitos para favorecer nuestro desarrollo y poder superar la actual coyuntura de crisis. Este es un proyecto que reúne inversión nacional e internacional -gracias señora Merkel por su desinteresada contribución- que es pura
innovación tecnológica puntera y que ha supuesto la colaboración entre empresas
privadas e instituciones públicas. Como ven, no se han escatimado medios aunque somos conscientes de que nada de ello tendría sentido sin la inestimable colaboración de nuestros ciudadanos. Es a ellos a quien va dirigido este centro. Son ellos los beneficiarios al contar con un espacio público abierto y gratuito, equipado y seguro, donde llevar a cabo sus más importantes determinaciones sin miedo al fracaso. Un motivo de orgullo más para todos nosotros. ¿No es ésta una fórmula que
merece explorarse para aplicarla o adaptarla a muchas otras necesidades
que tenemos en la difícil situación actual?
Pensamos que así es y por ello, la princesa y yo, agradecemos la
invitación para estar hoy en este acto de inauguración y
ser testigos con todos ustedes de este centro que ofrecerá perdurables soluciones para la vida y la convivencia de las personas. Muchísimas felicidades a los que han hecho realidad un organismo de tanta envergadura, complejidad y
visión de futuro. Tras haber tenido la oportunidad de visitar estas maravillosas instalaciones, solo puedo daros las gracias a todos por vuestro trabajo,
por vuestro empuje y por vuestra perseverancia. Mi
enhorabuena a sus impulsores. Les animo de corazón a
que continúen su labor y culminen con el mayor éxito este proyecto que
merece todo nuestro apoyo y reconocimiento. Queda inaugurado el primer Suicidatorio para Uso Público del territorio español. Muchas gracias a todos.
De verdad, no sé porque la invisibilidad tiene tan buena prensa. No lo entiendo. Les ponen delante el book de fotos de cualquier babosa pandilla de superhéroes y la peña busca compulsivamente al tipo que, a narices, debe tener el don de marras.
¿Éste?
No, éste es el que tiene una lengua que se estira como un chicle y con la que convierte en herrumbre a cualquier ser vivo que toque.
Entonces esta señorita.
Para nada, ésta es la Mujer Pico de Oro. De su boca, en constante movimiento, emanan fluidos en forma de palabras capaces de narcotizar a una manada de elefantes furiosos del Serengeti.
Es cierto, por la boca muere el pez ¿pero dónde está el invisible entonces?
En ninguna parte, no hay nadie que se haga invisible.
¿Querrás decir que siendo invisible no se le puede ver?
Quiero decir que aquí no hay ninguno que tenga esa facultad.
¿Y tú a éstos les llamas superhéroes? ¡Venga hombre!
No hay nada que hacer, la gente está emperrada en ver ventajas a la invisibilidad y les importa un carajo sus pavorosas consecuencias. ¿Es que acaso no han leído a H.G. Wells? ¿Es que ignoran la suerte de aquel necio engreído de Griffin enloquecido ante la prodigiosa impunidad que le ofrecía su descubrimiento?
Tiernos tímidos que con vuestras mejillas vais dando color al entorno. Lascivos voyeurs que conocéis como nadie el valor de una mirada. Insaciables cotillas siempre alimentando el fuego de la sospecha. Insignificantes robagallinas sobrepasados por la infamante notoriedad de los bandoleros de guante blanco. ¿Por qué os complacéis tanto ante la idea de una hipotética opacidad? ¿Por qué anheláis permanecer ocultos, velados al resto? ¿Acaso no sois conscientes de que la vida misma no es más que el tortuoso camino que lleva desde la corporeidad absoluta hasta la invisibilidad y la nada? Pensadlo bien y os daréis cuenta: somos más cuando menos somos. Es el feto rey en el seno de su madre y mientras crece, disfruta de las ventajas de su nueva e insultante perceptibilidad sin interferencias ajenas. Lamentablemente todo es pasajero y cuando su cuerpo se hace definitivo es expulsado del paraíso en forma abrupta y soez. También el niño es el rey de su casa y gira su familia alrededor de su órbita, pero otro desdichado día lo empaquetan hacia el destierro y tiene que aprender a renacer buscando su sitio entre los otros monarcas en guardería o escuela. La existencia humana es, sin duda, un proceso de disolución. Nos creemos el mito de la juventud perpetua y luego, cuando ha pasado, transitamos por el resto de la vida haciendo cabriolas para que los demás sepan que estamos ahí. Para que no ocurra lo inevitable: que ya no gustamos, que ya nadie nos mira, que ya nadie nos oye, que ya nadie nos ama. Y si aún así, erre que erre, pretendéis ser invisibles, lo tenéis bien fácil: renunciad al trabajo, perded la cabeza o abandonad la vida. No os quepa la menor duda, gozareis de la más impenetrable y gozosa invisibilidad. Lo percibo, lo veo.
Noticias de nuestro(a) corresponsal en la guerra de sexos. ¿Cómo va la lucha intrépido(a) y sagaz reportero(a)?
Dura y encarnizada, popular y distinguido(a) presentador(a) del telediario de turno. Las huestes femeninas han penetrado a fondo en lugares claves dentro del territorio enemigo. El ejercito masculino parece estar en plena retirada y a la defensiva.
¿Parece?
Sí, algunos(as) conspicuos(as) observadores(as) militares no se fían de tal repliegue. Según ellos(as), todo podría obedecer a una táctica masculina para debilitar a las mujeres. Comentan que ellas, al ocupar más territorio y diversificar sus acciones, reducen su capacidad de maniobra y estarían en situación de debilidad en caso de que el machismo solapado decidiera lanzar una última y taimada contraofensiva.
Escueto resumen, intrépido(a) y sagaz reportero(a)
Gracias, popular y distinguido(a) presentador(a) del telediario de turno.
Y bien, Juanillo, ¿estás feliz con nuestro reencuentro clandestino?
Estoy feliz pero preocupado. No sé si mi maltrecho cuerpo monárquico sabrá responder a tus siempre exigentes expectativas.
No te minusvalores, Boboncito. Lo que no puedas realizar con tu majestad de antaño lo puedes suplir con tu experiencia de hogaño.
Querida mía. Mi princesita teutona. Mi dulce tetona. Incluso en las familias de rancio y acrisolado abolengo como la mía, los milagros escasean. Resumiendo, después de mis últimas cirugías estoy muy perjudicado.
Venga ya, Bobonzuelo. No me mientas. Seguro que el generador de príncipes y valedor de dinastías sigue en su puesto vigía. A poco que lo predispongan, volverá a alzar la bandera y lanzarse al ataque. Menudo es él.
De menudo nada, monada, que sigue siendo del tamaño acostumbrado a pesar del deterioro de su comandante. Recuerda que está regado con sangre real de la mejor cosecha.
Pues nada, pongámonos manos a la obra.
Para el carro, agente, antes quiero hacerte alguna pregunta.
Dispara, Alteza, pero recuerda que no soy un elefante.
A ver, mis pajaritos me han comentado que estás trabajando mucho para el gobierno y que te estás agenciando lindas comisiones. No me estarás comprometiendo.
Pero, Bobonchi, querido, bien sabes que nunca haría nada que te pudiera perjudicar. La cosa es sencilla, el presidente me ha pedido que interceda en la compra de determinado producto relativamente valioso.
¿Y te necesita a ti para ello?
Claro, ha deducido con razón que si me manejo tan bien entre esos morenazos ricachones del Golfo puedo hacer lo mismo en cuestiones más peculiares.
¿Cómo de peculiares ?
Mucho. ¿Sabes a como se cotiza el kilogramo de cordura en el mercado internacional de valores?
Ni idea, yo lo único que sé es follar y estrechar manos, pero me imagino que tal como está el panorama andará por las nubes.
Pues sí, es cierto y como tu presidente aparte de estirado es previsor, ha decidido apropiarse de todas las remesas que andan circulando por ahí. Esta por ejemplo, pertenece a un malvado país asiático empeñado en una guerra eterna con su vecino del sur.
Ah ya ¿y han puesto en venta la cordura?
¿Para qué la necesitan si ya tienen la bomba atómica? Además solo comercializan la de sus sufridos ciudadanos. La del niño gordito con cara de queso, la de su feliz parejita y el resto de altos jerarcas del régimen está a buen recaudo en algún paraíso fiscal.
¿En Chipre, quizás?
¿Crees que son tontos?
No lo entiendo, no entiendo ese afán acaparador que le ha entrado al presidente. Es cierto que siempre ha dado mucho el coñazo con eso del sentido común y la cordura, pero pensaba que era para dar a entender que sus adversarios eran irresponsables e idealistas. Un tipo capaz de liquidar todas las conquistas sociales de las últimas décadas es al mismo tiempo es un filántropo escondido y previsor. Sorpresas te da la vida
Pero Boboncín ¿acaso crees que acumula ingentes toneladas de cordura en abandonadas instalaciones militares para entregárselos a los ciudadanos de este país?
¿No es así?
Pues no, Boboncito, en realidad lo que pretende es canjearselo a las autoridades económicas internacionales, la Troika y todo esa mandanga, cuando las cosas se pongan todavía más crudas. Como allí escasea ese bien considera que a cambio de algunos quintales puedan sentirse inclinados a ser benévolos y quizás condonar la deuda de este país donde tú te enseñoreas, al menos en la pura teoría.
Pobre iluso, más valdría que utilizase la cordura en beneficio propio en vez de entregársela al enemigo exterior.
Tú nunca las has usado y no te ha ido tan mal, Soberano mío.
Para lo que he tenido que hacer tampoco ha sido muy necesaria.
Demuestrame entonces de lo que eres capaz, no creo que se te ha olvidado en la mesa de operaciones.
Voy a ello, pero no esperes acrobacias. No sé si sabré estar a tu altura, Alteza Serenísima.
Si, Bobonbín, seguro que lo conseguirás. Es lo único en lo que no has tropezado nunca.
El ruido mueve al mundo. No me refiero a ese ruido que apabulla nuestros pabellones auditivos un día sí y otro también y que en realidad solo es un elemento más del ruido genérico e insidioso en el que transcurren nuestras vidas. Hablo del ruido como espectáculo, como escenografía. El ruido de las apariencias, de las imágenes. El ruido que mistifica, aturde, asombra y somete. El ruido que los grandes gallitos de la historia han usado a destajo para afianzarse en el palo del gallinero y cacarear a sus amedrantadas gallinas. El ruido que explica las pirámides de Egipto, los zigurats mesopotámicos, los templos griegos o los arcos de triunfo romanos. El ruido que hacía aún más serviles a aquellos pobres campesinos medievales que cuando salían de sus misérrimas chozas se abrumaban ante el espectáculo del poder. El poder convertido en arte y piedra: castillos e iglesias, palacios y catedrales. El poder que ha estado siempre asociado al espectáculo, al ruido. Y la religión lo ha entendido como nadie. La religión que es en si misma pura espiritualidad ruidosa. ¿Cómo no sentirse impactado por esa río rojo de cardenales entrando en ese arca fabulosa y sin igual, llamada Capilla Sixtina, para elegir un nuevo Papa? ¿Cómo no abrumarse ante esos miles y miles de musulmanes dando vueltas y vueltas alrededor de la kaaba? ¿Cómo no extasiarse ante la serena majestuosidad de los templos budistas? El cine, el teatro, el circo, los Juegos Olímpicos, los desfiles militares o patrióticos etc..Todos los que han intentado magnetizado la mente humana con objeto de encauzarla hacia una emoción común y han intentado proyectar el sentimiento individual en pos de una emotividad colectiva se han inspirado en ese prodigioso invento llamado religión. ¿Alguien piensa que el cristianismo se difundió gracias a las enseñanzas de aquel hijo de carpintero nacido en Galilea? Suena bonito pero no es cierto. En realidad si triunfó fue por una pura cuestión de marketing. Si llegó hasta nosotros fue gracias a un mago de las relaciones públicas que antepuso el ruido a las nueces. Saulo de Tarso más conocido como Pablo, fue el Steve Jobs, el Bill Gates, el Amancio Ortega de aquella religión triunfante. El que convirtió aquellas mesiánicas ideas hijas del desierto, en un producto universalmente aceptable para la cultura grecorromana en boga. Pablo es el creador del gran ruido cristiano. El mentor de la pompa y el boato. El auténtico padre del cristianismo. ¿Qué hubiera sido de la iglesia, en sus diferentes variantes y cismas, si hubiera seguido las enseñanzas de Jesús en vez del manual de instrucciones del hombre de Tarso? La respuesta es simple: habría fracasado silenciosamente. Nunca hubo lugar para una iglesia de los pobres, de los humillados de la tierra, de los ofendidos. Nunca hubo lugar para una espiritualidad íntima y personal sin desafiar los límites de la religión. Las nueces de la espiritualidad individual nunca han podido acallar el ruido religioso y menos cuando ese ruido se ha ido convertido en un verdadero estruendo ceremonioso y arcaico. Pero es bello y nos impresiona. Es lo que se pretende y quizás también lo que se merece nuestra sumisa condición humana.