06 octubre 2019

Cuando la Gran Pulpo se adueñó de la Facultad

A las 11:15 minutos de la mañana, el bar de la Facultad es un heterogéneo batiburrillo donde las diferentes castas parecen practicar un benéfico mestizaje. Pero es pura apariencia, debajo de un supuesto espacio sin rangos, hay una sutil maraña de relaciones que cualquier observador medianamente atento podría descubrir en análisis somero.
Angelita estaba preparada para el ajuste de cuentas. Contó hasta tres, pegó un respingo y abrió la puerta de cristal de doble hoja. La mitad de las mesas estaban ocupadas por los bulliciosos alumnos de grado. En las tres mesas alrededor del patio y  lejos de la chusma sin título, los estudiantes de máster componían un grupo singular y afectado. Detrás, un conjunto multicolor de bibliotecarias, informáticos y administrativos, charlaban indiferentes alrededor de las mesas restantes.
En la barra estaban los profesores en diversas órbitas departamentales que solo se rozaban en las esquinas. En algunas, el tamaño era mayor, casi siempre relacionado con la deferencia espacial exigida por el profesor preeminente. Ninguno de ellos -ni el catedrático endiosado, ni el visitante laureado, ni el emérito entrometido, ni el agregado maniobrero- tenían necesidad de dirigirse a los atareados camareros para pedir sus consumiciones o la tapa que no llegaba.  Esas eran labores asistenciales propias del profesorado subalterno.
Angelita se fue directa hacia el grupo más numeroso, en el centro mismo del mostrador, donde La Rancia se explayaba en alguna cuestión incuestionable, rodeada como siempre de su legión de acólitas y acólitos. Fue un amago de contacto, ya que tras pasar de largo, se instaló en una esquina. Sin embargo, el efecto estaba conseguido, al unísono, el colectivo departamental  le lanzó la mirada envenenada que esperaba. Ella permaneció pausada, pidió un cortado y les miro de soslayo con gesto displicente.
En el grupo había ebullición y una chica corpulenta,  tras señalarse agitadamente a si misma con el dedo, solicitó algo a La Rancia que se lo concedió con  gesto mayestático de la barbilla. La chica levantó los hombros, para demostrar sus poderes y se acercó amenazadora a Angelita.
  • Aquí no pintas nada. En esta Facultad no te queremos ni a ti ni a tus ideas estrambóticas.
  • Hay que ver lo que me manda, La Rancia, su última adquisición en el mercado de lacayos. No vas mal encaminada, si te lo curras bien quizás te consiga algún chollo para ampliar estudios en alguna universidad extranjera. Podrías vivir del cuento una temporada. Ella sabe como estimular el servilismo interesado.
  • No te consiento que me hables así.
Hizo un gesto de levantar el brazo izquierdo pero fue interceptado en el aire. La Rancia le cogió el brazo, la apartó a un lado y se enfrentó a Angelita.
  • Vaya, la matrona en persona. Es todo un honor que te acerques a mí a pesar de estar tan atareada. Hagamos recuento: estás organizando varios másters; diriges tu propio instituto de estudios indisciplinares; escribes, o firmas más bien, cientos de artículos teóricos mientras  asesoras a toda clase de organismos sobre lo que hay que hacer, lo que hay que decir o lo que hay que pensar. No es poco, pero es que además, eres la invitada más cotizada en muchas tertulias y seminarios de moda y recibes premios a tutiplén por tu trayectoria intachable. Es cierto que tu equipo de siervos te quita el trabajo más penoso pero aun así, chica, lo tuyo es el no va más. Lo que no acabo de entender es porque sigues en esta universidad de mierda pudiendo hacerlo en donde se cuecen las cosas.
  • Es que aquí es tierra de pulpos y yo soy la... Gran Pulpo.

La mujer a la que apodaban La Rancia giró si misma a una velocidad de vértigo y se convirtió en un fugaz torbellino. Camareros, estudiantes, postgrados, profesores y personal administrativo y de servicios escaparon de allí como si no hubiera un mañana. En cambio Angelita permaneció impávida, pegada a la taza de su café cortado.
Cuando cesó el ciclón, La Rancia estaba armada con unos poderosos tentáculos y una mirada viscosa.
  • Bravo, me encantan los efectos especiales - soltó Angelita con apenas un suspiro- Siempre se habló de tus múltiples agarraderas, pero nunca pensé que fueran tan literales.
  • Nadie resiste a una gran pulpo. Ni tan siquiera tú, piltrafa especulativa que me cuestionas.
Uno de los tentáculos acarició el cuello de Angelita longitudinalmente
  • Quería arreglar estas cosas en plan teórico como sería lógico en el ámbito académico, pero veo que tendré que deconstruirte de forma más drástica.
El segundo torbellino del día en el bar de la Facultad fue menos prolongado pero igualmente inquietante.
Cuando cesó, Angelita se había convertida en una superpulpeira en toda regla. Las enormes tijeras que aparecieron en su mano hicieron el resto...
Aquella misma tarde hubo una improvisada fiesta del pulpo en los jardines del campus. Lamentablemente, la afamada catedrática no pudo asistir, estaba cogiendo un avión hacia la gran metrópolis donde se cuecen las cosas ...pero luego no se usan tijeras.
Cuando Angelita volvió a casa y me contó la historia mientras me regaba en mi maceta, no pude menos que exclamar una vez más:
  • Mi poderosa Angelita.
(Otra historia de Angelita en este enlace)

14 comentarios:

  1. Es curioso, la descripción y descripciona de este molusco cefalópodo octopodiforme o molusca cefalópoda octopodiforma puede encontrar cierta semejanza en casi todas las organizaciones y organizacionas humanos y humanas.
    Gente con el atrevimiento no ya de dar su opinión y opiniona, sino de hablar ex catedra, y como buen apostol y apostola del pensamiento bueno, excomulgar a todo aquel critico o critica que le contraríe. SE parecen, salvando las distancias, a la Inquisición, todos los que no son partidarios suyos son enemigos y deben ser eliminados. No es la construcción de cosas los que les mueve, solo la capacidad de imponer su razonamiento (si lo hubiera) y para imponer lo que ellos mismos no saben "vender" solo les queda la imposición por la fuerza, el insulto o la mentira.

    Un saludo

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    1. Efectivamente, se da en todas partes y crean un apostolado eficaz y a veces muy poderoso. Son personas influyentes, ahora se les llama influencers, que dominan determinados reinos de taifas con un poder tremendo. La universidad es un lugar muy representativo porque es muy endógena y el personal debe ser la fiel repesentación de quien lo dirige. Curiosa la universidad, es una institución que en muchos sitios vive bajo un régimen semifeudal a pesar de representar el gran centro para la sabiduría y la ciencia.

      Saludos

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  2. ¿Cuándo cerrarán esos antros de ponzoña y dolor en que se han convertido las universidades?

    De seguro estaríamos mucho mejor sin ellos. Al menos sin autodestruirnos por conseguir un título de grado o posgrado, o post-posgrado

    Saludos,

    J.

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    1. Personalmente y creo que conozco bastante bien el tema, las universidades son una excrecenica del pasado en pleno siglo XXI por lo menos por la forma de funcionar de muchas.
      Saludos
      DK

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  3. Con razón no suelo tomar café en mi Facultad...

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    1. La cafetería de la esquina siempre permite más posibilidades y conoces a más gente.

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  4. Queramos o no, nuestra imaginación comienza a rebuscar en la memoria para asociar a La Rancia con algún personaje conocido. Y salen unos cuantos, aunque no consigamos ponerle una cara concreta.

    Pero sí, estamos en el mundo de las Rancias (y los Rancios). Aunque por una vez no podremos echarle la culpa a los tiempos que vivimos, porque este tipo de individuos (as) ha existido siempre. Es como la caspa, una molestia intemporal.

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    1. Es lógico asociar a un personaje conocido con La Rancia pero en este caso caben muchas posibilidades de ambos sexos.
      Gente influyente y poderosa que tiene mucho poder aunque a veces está oculto para la mayoría que solo ven en ellos un referente intelectual.

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  5. Cierto: pueden encontrarse rancios de todos los pelajes y en muy variados ámbitos. Personajillos que –muchas veces- consiguieron llegar a ser autoridad en algo sin merecerlo, y que mantienen el poder que detentan utilizando serviles lacayos simbióticos.

    Me duele especialmente cuando el Rancio de turno arraiga sus tentáculos en espacios ideológicos que respeto, y donde antes personas mucho más valiosas y valientes se rompieron los cuernos por unos ideales admirables, para que ahora el usurpador haga mal uso de ellos.

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    1. Los rancios/as contaminan el espacio que ocupan antes de ocuparlo. Malas hierbas que crecen por el descuido de aquellos que deberían preocuparse por mantener limpio el terreno. Lo malo es que se asientan del tal modo que impiden que las personas valiosas tengan algún acomodo.

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  6. ¡Y lo que nos espera en este mes, doctor! La Rancia no dialoga, monologa. Es curioso que intentando identificar al alter ego real, me salen unas cuantas-cuantos que parecen estar subidos siempre en un púlpito. Regañándonos por no apreciar lo superguay que es su discurso.
    Y es que habría que pedirles a estos pulpos rancios que al menos no salgan enfadados de casa, que no por mucho vocear se convence más temprano. Un abrazo, doctor!!

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    1. Cuando hice la entrada no pensé mucho en políticos pero se podría aplicar el símil. Además hay políticos que trasladan a la esfera pública su anterior vida académica y no me refiero a los resultados teóricos y prácticos de su actividad, estoy pensando más bien en las estructuras que ellos crean y reproducen.
      ¿Recuerdas algún político de izquierdas o de derechas que haya dicho alguna vez algo sobre reformar el sistema universitario en profundidad?
      Supongo que ese enfado tiene que ver con las tragaderas pasadas y la incapcidad para mejorar las cosas.
      Un abrazo, David.

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  7. Así que la crema de la intelectualidad acabó siendo pulpo a feira. La vanidad humana y la endogamia universitaria creo que tendrán que ver en el asunto. En lo poco que me muevo por esos ambientes veo que es un mundillo muy cerrado, y hasta los alumnos meten presión. Supongo que es otro sector que necesitaría un cambio, pero a saber cuándo le meterán mano.

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    1. La crema de la intelectualidad no reside en al universidad. Recuerda que en el siglo XIX la verdadera crema de la intelectualidad tuvo que inventarse una cosa llamada el Instituto Libre de Enseñanza porque se cargaron la libertad de cátedra en la Restauración si iba contra los dogmas de la fe.
      Claro que hay muchísimos sectores estupendos con un trabajo encomiable pero sus estructuras son antiguas y fomentan la endogamia, el sectarismo y la corrupción.
      Lamentablemente muchos de los líderes políticos proceden de ese ambiente y algún día esperan volver o sea que olvídate de que haya una verdadera intención de renovar tal medieval institución.

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