23 noviembre 2010

El pedestal de los canallas


Pulsó la tecla hasta borrar la última mancha de sangre que había en el monitor. Ceremonioso, depositó en la mesa el puñal ritual que se había colocado en la boca. Por último, se limpió las pinturas de guerrero amazónico con un paño húmedo y bajó del pedestal de los canallas.
Entró en su recinto privado. Su joven yo estaba espatarrado en el sofá con los pies encima de la mesa y tomándose uno de sus latas de cerveza.

  • ¿Otra vez aquí? ¿Vienes a machacarme de nuevo recordándome lo que fui? 
  • ¿Sabes? Me encanta lo de las latas de cerveza con anillita. Será una de las pocas cosas que echaré de menos cuando vuelva a los 70. Respecto a lo otro, te recuerdo que quien me has traído has sido tú. Tú me has llamado y sólo tú me puedes haces volver.
  • No es tan fácil, te has apropiado impunemente de mi mente y no pareces dispuesto a darme reposo.
  • ¿Acaso eres consciente de la clase de bicho en que te has convertido? Había que verte hace un momento en el pedestal de los canallas mientras escribías ufano dando lecciones de autenticidad como un iluminado predicador medieval.  
  • Vivimos en una sociedad remilgada e hipócrita donde todo está protegido por una capa de paternalismo autocomplaciente y ridículo. Nos obligan a seguir una falsa ética en la que nadie cree. Quien se sale del redil es condenado sin remedio y recibe toda clase de epítetos: fascista, machista, racista, xenófobo y hasta pederasta.
  • Y por supuesto te consideras por encima de todos ellos. Te subes ahí arriba y te lanzas a escribir sobre la necesaria vuelta a los viejos tiempos, cuando cada uno ocupaba su lugar y sabía hasta donde podía llegar. ¿Cómo puedes tener tan poca memoria? Cuando tú eras yo, luchaste con rabia contra ese orden perdido que ahora añoras. 
  • Son otros los tiempos y sigo siendo un rebelde contra lo establecido.
  • Mentira, de sobras sabes que las cosas no han cambiado tanto, sólo las formas. Eres un descreído. No es el idealismo lo que te mueve, si no la sensación de poder. Necesitas ese poder que te proporciona la admiración ajena, aunque se trate de una pandilla de reaccionarios resentidos por la pérdida de sus ancestrales privilegios. Todos esos a los que en mis tiempos hubieras despreciado sin más contemplaciones.
  • Bueno, basta de monsergas. Ahora dime a que has venido.
  • Necesito algo de pasta para montar una obra de teatro con mis camaradas. Queremos representar a Brecht.
  • ¿Brecht, esa antigualla? Lo siento pero solo te puedo ofrecer euros.
  • No te preocupes. Conozco a un tipo que vive en el no-tiempo después de comerse un tripi. Seguro que tiene cambio.
  • ¿Algo más?
  • No nada más, que te vaya bien viejo facha.
  • Adiós juventud perdida y por favor, no me chantajees tanto.

24 comentarios:

  1. Suele pasar que a los rebeldes los domestica el sistema.
    Muy buen texto.
    Un abrazo, Doc.

    ResponderEliminar
  2. Buena alegoría. Enfrentarse al espejo de vez en cuando, daría resultados parecidos al de este texto. Pero, por si acaso, en prevención de males mayores, no solemos hacerlo. Y no siempre lo que el espejo nos dijese sería correcto (nuestro "yo" joven no tiene porqué estar siempre en lo cierto), pero quizá a muchos les diese vergüenza reconocer, ante esa efervescencia de la edad pasada, en qué se han convertido. O nos hemos convertido...

    ResponderEliminar
  3. Ahí está siempre el fantasma de lo que fuimos comparándose con lo que somos, para echarnos en cara lo que deseábamos ser y la parte del camino donde nos quedamos.

    Magnífico texto, amigo Krapp. Te felicito.

    Besos y abrazos.

    ResponderEliminar
  4. ¿De verdad que na había latas de cerveza con anilla en los 70?
    Es terrorífico, pero con el tiempo casi todos nos vamos convirtiendo en alguna clase de bicho repelente.
    Hasta el mirarnos en el espejo retrovisor, puede ser un acto de autocomplacencia.
    Hay mucho cañalla en su pedestal
    Saludos Krapp

    ResponderEliminar
  5. Aunque parezca mentira, es difícil hablar con uno mismo sin llevarse la contraria.
    Más, cuando una de nuestras interlocutoras partes, es el joven yo.

    ResponderEliminar
  6. No le digas eso a nuestro personaje, Tor. Él piensa que sigue siendo un antisistema como antes.

    Cada momento tiene su verdad, Paseante. Ese espejo, si existe, solo puede reflejar lo que hay delante de él en ese momento. Al igual que decía Heráclito que no se puede entrar dos veces en el mismo río ya que ha cambiado, los seres humanos vamos cambiando y con nosotros la verdad que nos acompaña.

    ResponderEliminar
  7. Gracias, Cristal. No olvidemos que es que él que somos ahora el que hace los reproches por aquello que no hemos llegado a ser. Besos

    No, creo que no, Doc. Asi como las latas de cerveza aparecieron en los 60, lo de la anillita es muy reciente y procede de los 80. Mirarnos en el espejo retrovisor todavía nos hace sentirnos más bichos, no es nada recomendable. Saludos.

    No siempre, Tesa, hay un montón de gente que no tiene esos dilemas morales consigo mismo. La introspección no es asunto de mayorías, creo.

    ResponderEliminar
  8. Pues yo creo que he mejorado con los años, la verdad.
    A mí esa madurez que tanto repele a la versión joven del protagonista, creo que me ha aportado lo que me faltaba, porque en muchos aspectos sigo pensando y actuando igual que hace 20 ó 30 años, pero en otros he evolucionado a mejor....
    Creo que ese examen de conciencia deben hacérselo los que han cambiado de forma radical con el paso del tiempo. Los que no son ni la sombra de lo que eran... Aunque bueno, a veces viene bien darse un repasito, por si acaso hay que recular, aunque sea incómodo.

    Un beso, Krapps

    ResponderEliminar
  9. Tengo buen recuerdo de mi pasado y el tiempo ha ido aliviando los nubarrones de las circunstancias más lejanas. Sin embargo no tengo nostalgias y aunque Aladino me regalase un billete de regreso, lo rechazaría rotundamente. Y eso que el presente no es para tirar cohetes...
    Saludos, Dr.

    ResponderEliminar
  10. Que complicado dilema has planteado Doctor,lograr ajustar las cuentas del que no supo hacerla sin corromperse con el que se corrompió. Más aporta luz a el porqué se llegan a otorgar patrocinios hacia quienes llegan a recordarles un pasado con búsquedas de mayor integridad.

    ResponderEliminar
  11. ¿Tú crees que tu yo antiguo vería con buenos ojos a la persona que eres hoy, Novicia? Creo que si es así es para felicitarte, para mucha gente la vida es un camino de renuncias, como una forma de rebajarse a la realidad. Es cierto que ganas en experiencia, pero a veces tienes la sensación de que la sabiduría adquirida no compensa la pérdida de la inocencia y la ilusión.
    Besos

    ResponderEliminar
  12. Lo mejor con el pasado es verlo con cierta distancia e ironía, Luis ya que le muy ladino apela siempre a nuestras emociones primigenias y si no estamos preparados nos da donde más nos duele.

    Una buena interpretación, Carlos El pasado chantajea al presente al que ve corrupto, pero al hacerlo, al ser financiado por el presente, incorpora a su propia pureza la semilla que terminará por corromperlo.

    ResponderEliminar
  13. Krapps, sigo siendo inocente, te lo aseguro. Y soy capaz de ilusionarme por infinidad de cosas, las mismas de antes y las nuevas que voy conociendo... Sí, puedes felicitarme :D
    Respecto a las renuncias, creo que es algo contínuo, que renunciamos a cosas desde el mismísimo principio de nuestra vida, la única diferencia es que entonces, cuando eras consciente de que debías renunciar a algo, suponía un trauma porque no lo comprendías, y hoy sabes que es algo ineludible....
    No sé. Yo lo veo así.

    Un beso

    ResponderEliminar
  14. Diríamos entonces que la vida es una especie de streap-tease involuntario. Salimos con el equipo puesto y la vida nos lo va arrebatando pieza a pieza. Si es así y no dudo que lo sea, la ilusión quizás sea pura sugestión. Una necesidad de sobrevivir al despojo con lo que aún tenemos a mano y que también perderemos.

    ResponderEliminar
  15. Desde el punto de vista pesimista, así sería, Krapps.
    Desde un punto de vista más positivo, la vida es un camino del que podemos ir disfrutando y podemos ir soltando lastre, prejuicios, cargas para quedarnos con lo básico, que para mí es lo más importante. Ser capaz de vivir (que no subsistir) con lo realmente importante, es para mí lo esencial. Lo superfluo me sobra. Lo cojo, lo disfruto en la medida de lo que puedo, pero si tengo que soltarlo no me preocupa en absoluto. Hoy por hoy tengo claras mis prioridades y a esas no voy a renunciar jamás.
    Me he ido del tema, verdad? Me pasa mucho....

    ResponderEliminar
  16. Yo quisiera estar de acuerdo con tu planteamiento positivo, Novicia pero no puedo dejar de tener una visión más determinista de las cosas.
    No somos nosotros los que tenemos capacidad para elegir, ya que la vida es indiferente a nuestra voluntad. La propia existencia nos va marcando el territorio por el que nos podemos mover y a medida que pasa el tiempo el espacio es más reducido. Aunque intentemos disfrutarlo al máximo no nos podemos librar de la idea de que nuestras horas están contadas.
    No, no te has ido de la entrada; detrás de todo tema ese otro que apenas comprendemos y al que llamamos tiempo.

    ResponderEliminar
  17. Es verdad que la vida nos determina mucho, Krapp, sobre todo nuestros inicios son totalmente moldeables y nos creemos todo a pie juntillas. Es después, con el paso de los años cuando podemos desprendernos de algunas cosas y elegir. No me cambiaría por la Angie de 20, ni por la de 30, me quedo con la de cuarenta y tantos que es con la que convivo. No siempre me llevo bien con ella y a veces tampoco la entiendo. Pero sí creo firmemente en la capacidad de cada persona de cambiar muchas cosas de sí mismo, lo creo profundamente, pero solo eres capaz de hacerlo si crees en ello.

    ResponderEliminar
  18. Pues a mi me gusta la gente que procura ser siempre moldeable y no se encasilla en principios de los que luego no puede salir. Estoy contigo, Angie en que el mejor momento es el que estamos viviendo o el que queda por vivir ya que solo podemos actuar y en el presente. El pasado solo es un espejismo.

    ResponderEliminar
  19. La ética se la marca cada uno, todos somos responsables de lo que hacemos y en una medida muy grande cómplices de los malos actos. Es muy bonito, responsabilizar a las instituciones de lo que pasa. Cuando a una mujer le pegan y nosotros miramos a otro lado somos CÓMPLICES.
    Vivimos en una sociedad remilgada e hipócrita, que gran verdad....
    Somos políticamente correctos y algunas veces da asco...

    ResponderEliminar
  20. Por cierto alguien ha enlazado una entrada mía a esta...

    ResponderEliminar
  21. Estamos asistiendo a una intromisión cada vez más clara del Estado en los asuntos particulares, Temujin un papel que antes correspondía a la Iglesia y que el liberalismo decimonónico atacó con saña. Este proteccionismo parte de la idea de que el ciudadano no se puede valer por si mismo y que el Estado benefactor es quien va a arreglar sus problemas.

    ResponderEliminar
  22. Basicamente, creo que nos toman por gilipollas, con perdon de la expresion y algunos estan empeñados en serlo, que es lo grave... Un saludo

    ResponderEliminar
  23. Enfrentarse al espejo, no siempre resulta fácil y el presente pesa, a veces, como una losa... pero aún así, yo no volvería atrás ni para tomar impulso... No, sin saber lo que sé ahora...
    Pero supongo que cada uno, lo vive a su modo.
    Excelente texto, Doctor.

    ResponderEliminar
  24. Yo creo que más que gilipollas nos toman por críos que no saben valerse por si mismos, Un saludo

    Gracias, . Por supuesto que es una temeridad pensar que el pasado es mejor que el presente sabiendo lo que sabemos pero a veces viene bien colocarlo delante nuestra para que nos otorgue ciertas lecciones de humildad.

    ResponderEliminar