27 abril 2015

Allí, cuando se inventó el amor

  • No os agitéis, Arnaut, si os he mandado llamar es porque quedé muy sorprendida al escuchar vuestra última cántiga de anoche. ¿Es obra vuestra? 
  • Majestad, espero no haberos molestado con mi atrevimiento. Yo no quería... 
  • Tranquilizaos y dejad de temblar como junco de pantano. Es curiosidad y no enfado la que me mueve a traeros a mi presencia. Contestad pues: ¿sois trovador o un simple juglar interpretando cantares ajenos?
  • Mi Reina y Señora, compongo yo mismo mis trovas y canciones. Me hago responsable de sus letras y solo os ruego un poco de vuestra infinita misericordia si mi miserable obra ha ofendido a  vuestra grandeza.
  • Dejaros de lindezas y remordimientos. Vayamos al grano que no tengo mucho tiempo para tratar con vates asustadizos.
  • Observé en vuestra pieza, que convertisteis los himnos y cántigas en loor y gloria de Nuestra Santa Madre la Virgen María en canciones dedicadas a una mujer a la que llamáis la amada. ¿La amada? ¿Quién es esa amada por la que tenéis tanto respeto y a la que os sometéis en cuerpo y alma?
  • Mi Reina, esa amada es solo producto de mi desvalida mollera. He pensado que sería bueno crear un personaje ideal que se convirtiera en el destinatario de nuestros empeños y acciones. Alguien que justificara nuestros esfuerzos, dichas y desdichas. Una persona, la amada,  a quien ofrecer el vasallaje de nuestros afectos. Una persona que al entregar el fruto de nuestros trabajos y sufrimientos nos redimiese con su compasión y benevolencia.
  • ¿ Y no es vale con la clemencia cristiana que otorgan nuestros sacerdotes? Juglar, no os entiendo. Estáis ahí, amedrentado en mi presencia, pero en cambio no os preocupa ser audaz y destemido en vuestras composiciones.
  • Señora, en mi voluntad no está... 
  • Callad de una vez y dejadme seguir hablando. Es curioso lo que vuestro ingenio ha producido. Un cantar en el que no basta el amor a Dios; no basta el amor debido a monarcas y señores y tampoco el cariño hacia parientes y amigos. Tenéis el valor de elevar el amor lascivo, el amor carnal, a la altura del resto de afectos dándole una vestimenta noble y cortesana. Nunca se había visto cosa igual.
  • Majestad, si es vuestra voluntad, quemaré mis escritos y nunca más se hablará del tema. Tenéis mi palabra.
  • Juglar, yo sí que os quemaré vivo si no seguís escribiendo esa clase de obras. Vuestro invento es sublime, y aunque peligroso, sumamente tentador. Seré vuestra mecenas y también la de todos aquellos que se atrevan a prolongar tan novedoso atrevimiento. Aventuro éxito y futuro en estas composiciones. Lo que me preocupa es si vuestra nueva concepción cambiará el mundo. Hasta ahora la distinción estaba clara: el deseo sexual para un lado y los afectos para el otro. Con el mestizaje de ambas cosas se creará confusión en las mentes, pero será divertido dejar a nuestros descendientes una invención de tan embrollada naturaleza. Allá se las compongan ellos.
  • Mi Reina, mientras la institución del matrimonio esté a salvo no hay nada que temer.
  • ¿Y que tiene que ver el matrimonio en todo ésto, Arnaut? Desde que el mundo es mundo, a ningún loco se la ha ocurrido mezclar matrimonio y amor. ¿ O también pensáis revolucionar esa disposición de la naturaleza?
  • No, claro que no, Majestad, perdonad mi locura. La justifica este estado de júbilo y agitación que me produce saber que puedo contar con vuestro apoyo y consideración en  mi aventura poética. ¿Cómo podría agradeceros vuestra infinita generosidad?  
  • Solo hay un forma que me pueda complacer: seguid escribiendo y enseñad este nuevo estilo cortesano al resto de trovadores de este reino. Será un juego peligroso pero sumamente entretenido. Quizás incluso nos haga famosos: a vos como creador y a mi como protectora y señora vuestra. ¿No lo veis ya en vuestra mente? Millares y millares de personas en generaciones futuras, convulsas y anhelantes, buscando la razón de un sentimiento que no logran comprenden:
    "¿Es esto amor? ¿Quizás pura pasión desmedida? ¿Es acaso grosero deseo lujurioso?"

15 abril 2015

Mendigando afectos

    Primer amigo:
  • ¿Cómo estás? 
  • Jodido. He perdido el curro y no sé como voy a pagar la pensión de alimentos de mis hijos cuando se me acabe la prestación por desempleo. 
  • No sabía que te habías separado 
  • Sí, mi mujer se ha largado a vivir con su jefecillo de la oficina. El típico tontolaba trajeado que te mira de arriba abajo. Desde que leyó 50 sombras de Grey ha cambiado su modelo de príncipe azul. 
  • Nunca lo hubiera imaginado, era una chica tan ... tan de nuestro rollo. Bueno ¿y en que te puedo ayudar?
  • En nada. Quería charlar un rato sin más. Contarte mis cosas, que tú me cuentes las tuyas. Intercambiar alegrías y desdichas. 
  • Mira, yo soy muy malo para dar consejos y no sé que decir en estos casos. Además no deberías preocuparte tanto por ti mismo, quizás eres un poco egoísta. Hay gente que lo está pasando mucho peor. Hazte como yo de tres o cuatro ONGs y despreocupate un poco de lo que tienes cerca.
  • Ya te he dicho que no ando bien de dinero y quizás pronto no tenga ingresos. 
  • Ahora que lo dices también soy socio de un comedor social. Si las cosas se te pone muy crudas puedes ir allí. Sin complejos. 
  • ¿A trabajar?
  • No, a comer. No pienses que solo hay mendigos mugrientos, también hay gente normal como tú o yo que lo está pasando putas. 
  • Ufff , vale, vale, te tengo que dejar creo...creo que me están llamando por el móvil.
  • ¿Tan pronto? 
  • Sí, sí. Adiós. 
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    Segundo amigo:
  • Me alegro de saber de ti, pensaba que estabas desaparecido en combate. 
  • Si ésto es un combate no apuestes por mí, estoy derrotado de antemano. No se si sabes lo que me está pasando: lo del paro, lo de mi mujer... 
  • Sí  ya sé que estás en una mala racha pero quiero que sepas que no eres el único. Si yo te contara lo mío.
  • Dispara  pues.
  • El director que no deja de tocarme los cojones porque sabe que yo valgo mucho más que él y pretende mantenerme relegado sine die. Luego estoy metido en muchas historias de aquí para allá. Yendo a actividades con la  gente del barrio, en dos otros asociaciones, cursos, viajes y encima me he echado novia. Hay que espabilar, eh. Si no te mueves nadie se va a mover por ti. 
  • Sí, siempre te has movido mucho y has estado muy buen dispuesto para cualquier actividad. 
  • Si lo dices tú por algo será, que eres buen psicólogo. Mi  nueva pareja dice que soy la hostia pero es muy exagerada, ya sabes en una relación nueva... Entre todos me mimáis demasiado. Como sigáis halagándome tanto me lo voy a creer. Jejeje. Me sobrevalorais.  También de vez en cuando meto la pata. Anoche sin ir más lejos...
Cinco minutos más tarde 
  • Pues ya te digo, la tipa aquella no sabía con quien estaba hablando. Puede que yo sea inteligente pero también tengo un carácter muy jodido si llega el caso. Tú lo sabes de sobra. ¿No es así?
  • Sí, tienes mucha personalidad y mucho carácter.
  • Como me conoces, cabrón. Jejeje
Diez minutos mas tarde.
  • Al final yo tenía razón y lo acabaron reconociendo, pero a mí me la suda. Ya sabes que por mucho que la gente habla bien de mí no se me han subido nunca los humos a la cabeza.
  • Noooo, jamás. Nunca se me hubiera ocurrido que eso te pudiera pasar a ti.
  • ¿Ves? tienes que frenarme, al final siempre acabamos hablando de lo mío y nos olvidamos de lo tuyo. Dime, ¿que tal llevas el mogollón que te ha caído encima?
  • Pues...
  • Perdona, ¿has visto que hora es? Se me hace tarde y debo salir pitando a la calle. Tengo una tarde que ni te imaginas. Mejor lo dejamos para otro día ¿vale? Me encanta hablar contigo. Joder, eres un consejero de puta madre. El mejor. Un colega como hay pocos. Chao
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    Tercer amigo
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  • Un jodido masoquista eso es lo que eres. ¿Cómo se te ocurre irle llorando a la gente con tus penas y agobios? 
  • No me eches la bronca, tío, ya vale. 
  • Es que no se puede ser más capullo. A ver si nos enteramos de como funcionan las cosas de una puñetera vez. ¿Tú no vas en el Metro todos los días? 
  • Sí, claro. 
  • Y no te has fijado que siempre aparece un tipo o una tipa que entre estación y estación echa la parrafada sobre sus males y problemas para que le sueltes unas monedas. 
  • Ya.
  • ¿Y cómo reacciona la gente? Unos se concentran en el periódico o en el libro que están leyendo, otros miran al techo, al vacío o por la ventanilla, que ya me dirás que se ve desde una ventanilla en un túnel de vagón de metro. Ni Dios les hace caso. 
  • Pero eso es porque la gente no quiere soltar un céntimo. 
  • Y porque están hartos de historias truculentas por muy reales que pudieran ser. Cuando has oído un montón de historias tristes todas suenan igual. Tus amigos tampoco necesitan historias tristes, ya tienen bastante con las propias. Dales esperanzas,  dales humor y no malos rollos. Aunque luego sueltes una lagrimita por en medio.
  •  Quizás sea un buen consejo.
  •  Pues claro que es un buen consejo pero no te lo regalo así porque sí, que soy un poco rata. Jejeje. A cambio de mi ayuda tendrás que dejarme el coche todo el fin de semana que tengo el mío en el taller y cita con una chica.
  • No me fastidies.
  • ¿Cómo que no me fastidies? ¿A ti que más te da?  Estás deprimido, sin pasta y no deja de ser un peligro que salgas a la carretera en esas condiciones. No se te vayan a cruzar los cables y decidas tomar una medida extrema. Te conozco, bacalao, que eres muy pirao.
  • Cabrón.
  • Y encima un ingrato. Deberías de darte con un canto en los dientes por tener un amigo como yo. De los de verdad. No todo el mundo puede decir lo mismo.
  • 06 abril 2015

    Un escarmiento para la arpía (2 de 2)


    (Kaskarilleira Existencial 32)
     

    (Obvio: Final de la entrada anterior)
    • Ya hemos llegado. Mire por la pantalla aunque no verá mucho, estamos en una lúgubre y húmeda mazmorra de principios del siglo XIX. En 1815, por lo tanto hace 200 años.
    • Es usted un desalmado ¿Por qué me ha traído a un lugar tan espantoso? ¿Me quiere abandonar aquí? 
    • Esa sería una idea que complacería a sus correligionarios políticos, les da muchos disgustos con esa tontuna de que es un verso suelto. Mis intenciones son otras. Solo quiero que conozca al hombre que gime en ese fétido camastro. Está dolorido de las palizas y aunque se imagina lo peor, todavía no sabe que dentro de dos horas vendrán a por él, lo vestirán con una ridícula levita verde, lo llevaran atado hasta una barca y desde este castillo de San Antón, lo trasladarán a tierra firme. Luego lo montarán en un burro con el que recorrerá media ciudad hasta el patíbulo, donde será ahorcado. Tiene 27 años y le llaman el Marquesito.
    • Me resulta familiar esa historia.
    • Lo de Marquesito no se lo digo por fraternidad nobiliaria, Condesa. Era el nombre que le daban, porque para aglutinar a los combatientes se hizo pasar por sobrino del célebre Marqués de La Romana. Le suena porque es Juan Díaz Porlier y hasta su degradación era mariscal de campo. Con 17 años participó con su tío en la Batalla de Trafalgar. Como luego de aquel desastre no quedaban ni barcos, se pasó a tierra y se convirtió en un héroe de la Guerra de la Independencia en la zona norte. Tras la derrota del ejercito regular en Gamonal, fue de los primeros militares que valoró la importancia de las guerrillas y formó tropas, juntando militares y civiles, que no dieron tregua a los franceses hasta el final de la guerra. En fin, se había ilusionado con la Constitución de Cádiz y le costó caro cuando volvió el rey felón.
    • Ya recuerdo, creo que fue desterrado por Fernando VII y se sublevó en ese año.
    • El 18 y 19 de septiembre. Hoy, 3 de octubre, será ajusticiado al amanecer.
    • ¿Y que tengo yo que ver con él?
    • Es obvio. Usted se dice liberal y él es tan liberal que va a morir por ello. Compadézcase. Dígale algo que le anime en sus horas postreras. Cuéntele que viene del futuro para decirle que su muerte tendrá sentido. Que viene de un tiempo en que los que se autodenominan liberales tendrán el poder, serán el poder y lo defenderán contra los antisistemas como él.
    • Está usted loco. Los tiempos cambian. Él era un liberal revolucionario y nosotros tenemos otros objetivos.
    • Cierto. Mientras él defendía  que había que extender el poder al pueblo frente al absolutismo, ustedes prefieren quedárselo en exclusiva y que no corra por ahí al tun tun. Pobre, Porlier, morir para tan poco.
    • Mire,  deje esa cháchara populista. Yo admiro a ese hombre y me gustaría darle una palmada en la espalda diciéndole que soy su camarada del siglo XXI. Me encantaría hablarle de eso y de otras cosas para animarle, pero claro, no he venido preparada. Llevo tacones y seguro que se me rompen entre esas losas puntiagudas del suelo de la celda. Y a saber como se me pondría perdido el vestido de noche en un lugar tan sucio. Debería haberme avisado antes de secuestrarme, me hubiera traído otra ropa y puesto en situación.