04 julio 2012

La felicidad por un kilo de fruta

Rebosante de contento abrió aquella mañana su puesto de frutas en la esquina exterior de la plaza de abastos. Albaricoques, melocotones, tomates, kiwis, naranjas, toda clase de verduras y la caja con las cerezas picotas, reinas de la temporada. 
Pero hoy había algo más. Una oferta especial que lo convertiría en rico y famoso. Y eso que se había comprometido a regalarlo gratis por cada compra. 
Se le acercó un cura atildado y circunspecto.
  • Sepa, reverendo, que con cada compra de fruta que supere el kilo recibirá gratuitamente algunos gramos del contenido de este estuche.
  • ¿De que se trata, hijo mío?
  • Pizcas de felicidad recogidas grano a grano en los lugares más jubilosos del mundo.
  • ¿Pero usted por quién me toma, frutero?  ¿Se cree que soy un miserable drogadicto? Ha tenido suerte con encontrarse conmigo, si no llamo a los guardias es porque lo conozco desde antiguo y no le deseo ningún mal.  Abandone ese nauseabundo narcotráfico y póngase en paz con Dios.
  • Pero, padre, no es droga, es felicidad en estado puro. De verdad. Tal como se lo digo. Extraida de...
  • Deje de decir insensateces, frutero. La única felicidad que importa la alcanzaremos cuando lleguemos a la vida eterna y para ello debemos seguir fielmente los mandatos de Dios Nuestro Señor.
  • Señora, usted parece más razonable que el señor cura ¿no le interesa esta oferta exclusiva?
  •  Quite, quite, no me venga con esas cosas. Soy una dama y las de mi clase tenemos la suficiente categoría como para comprar productos exclusivos. ¿Se cree que voy a aceptar algo gratis y al alcance de cualquiera? A saber cuanta gente ha manoseado ya ese producto. Entérese, frutero, yo no soy de la chusma.
  • Pues el otro día cuando me pidió fiado.
  • Olvídeme, frutero. ¿quien se ha creído que soy, una pelandusca?
  • Usted amigo, parece un joven moderno ¿ne le interesa nuestro producto estrella de hoy? Es gratis y puede ser suyo por la compra de un kilo de fruta.
  • ¿La fruta es de aquí, no? 
  • Sí, claro.
  • ¿Y en cambio esa felicidad viene de fuera? 
  • Pues sí, de muchos sitios.
  • No es nuestra, entonces. ¿Así contribuye usted a la economía productiva de nuestro país? ¿Fomentando productos extranjeros? No me extrañaría nada que incluso hubiera sido cultivada en tierras de la potencia opresora que tiene sometido a nuestro pueblo. ¿Es  acaso usted un cipayo, un cómplice del enemigo, frutero?
  • Señor profesor, como me gusta verlo por aquí. Todos saben que es un hombre sabio pero que no rehuye el sentido común. Una persona respetada y respetable.  Abierto a cualquier novedad sin por ello desdeñar las lecciones del pasado. ¿Qué le parece mi oferta del día?  Unos gramitos de felicidad por una compra de nada.
  • Pues me parece una mierda, si quiera que le diga ¿Cómo puede tener las narices de ofrecerme tal cosa con lo que está cayendo? ¿No se da cuenta, frutero,  que esa felicidad que regala está manipulada por aquellos que quieren  mantenernos como títeres sumisos de sus repugnantes intereses? Es una felicidad engañosa, una felicidad adulterada para mantenernos calmados y que no les demos guerra. Ellos piensan que si somos felices dejaremos de denunciar sus delitos. Pero no lo podemos permitir. ¡Tire inmediatamente ese estuche! ¡Tírelo si no quiere ser como ellos! 
  • Solo es un poco de felicidad para compartir, no creo que que le haga daño a nadie.
  • ¡Tírela!
  • Ya está. Vaya día. Mañana, mejor, regalo melones.

30 comentarios:

  1. Lo curioso del relato es que en la exposición parece que se enfrentan las actitudes de los que se niegan al ofrecimiento, contra el que regala esa hipotética felicidad de la que no sabemos nada, pero, unos tienen sus argumentos, buenos o malos, los compartimos o no, pero ¿y el otro?, el generoso, ¿qué felicidad me ofrece?, no la sabemos, se queda en el aire, solo sabemos que está utilizando una táctica de marketing y en resumidas cuentas los demás quedamos como unos desagradecidos.

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    1. Está muy bien ese enfoque de la historia, Rafa, al abrirla a otras visiones posibles. Unos tienen argumentos y el "vendedor-regalador" apenas tiene alguno. Además no sabemos quien le ha ofrecido entregar ese regalo. No sabemos quien es el donante que se esconde detrás de él.
      Aparentemente pudiera parecer que el frutero es el benefactor y los demás unos tipos orgullosos y despreciativos ¿pero es así en realidad?

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  2. En el mundo en que vivimos solo valoramos lo que cuesta dinero. Lo demás es despreciable...

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    1. Exacto, Luis, lo que es gratis siempre es sospechoso de ser falso o de baja calidad.

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  3. No será que la palabra esta se nos hace extraña ya que vivimos en una burbuja y, nadie piensa que la necesita o, al contrario que ya estamos inmunizados y nos estamos embruteciendo.Y solo nos valen las metas y lo demas son sensiblerias imnecesarias.

    Un saludo Dr.

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    1. Quizás sea de esas que se ha gastado demasiado después de ser usada una y otra vez sin mucho sentido. Pobres metas si no tiene como objetivo llegar la felicidad. Como decía el Preámbulo a la Declaración de Independencia Americana:
      "Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad..."
      ¿Por qué nos hemos olvidado de la búsqueda de la felicidad?

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  4. Todos los vendedores vendemos felicidad.
    Si quitas felicidad y pones "ganar la Eurocopa", pudiera tener alguna semejanza en las contestaciones, la mía (gracias a Fortuna o a Krapp) es la del profesor. Entiendolo de esta forma, acepto la critica y he reflexionado sobre ello.. ¿porque no voy a dar disfrutar de un magnifico fútbol y sentirme bien?, no es anatema, es justo y es moral. Pero me imagino que la cosa va por barrios y en cada uno las interpretaciones por los mismos hechos son diferentes.
    Yo se si he acertado o me he hecho una .... mental...

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    1. Quise decir "no se si he acertado..."

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    2. Es cierto que se vende felicidad materializada en los objetos y lo peor del caso es que la gente cree que son los objetos lo que les proporciona la felicidad cuando es la luz y el deseo que nosotros ponemos en ellos.
      No te sientas demasiado aludido por el personaje del profesor, podría ser cualquier y yo mismo he pensado y actuado así en muchas ocasiones. Tu reflexión te honra porque demuestra una vez más esa enorme capacidad para extraer lucidez de cada tema.

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  5. La felicidad era efímera, pero felicidad al fin y al cabo. No hay que rechazarls, venga de donde venga (incluso del fútbol ;D). Pero jode un poco que sólo esa felicidad movilice a los que el resto del tiempo sufren.
    Besos, y enhorabuena por la copa! Feliz? Me alegro.

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    1. Incluso al fútbol, Nuria. Pero esa efímera felicidad revela la necesidad de las personas de trascender como una losa los problemas a los que estamos sometidos y encontrar nuevos espacios para el júbilo y la diversión. Pasado mañana empiezan los Sanfermines que siendo una fiesta que no me agrada demasiado también es un espacio de liberación. Movilizan a mucha gente y muchos por ello no son insensibles a lo que está pasando.
      Besos

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  6. Estoy segura que has acertado TEMU... lo otro , no lo sé:-)

    Lo que sé es que cada día me da más la impresión, que nos estamos estupidizando a marchas agigantadas, ponemos tantos “peros” a todo, tanta reticencia, condición, duda y sospecha que nos quedamos sin disfrutar de nada, por bueno que sea. Como los americanos, que por escrúpulos sanitarios pasan del Jabugo 5J y se quedan con el jamón york:-)

    Mi abuelo siempre decía “ a caballo regalado no le mires el diente” pero es que ahora, suponemos que todo caballo lleva trampa, o es poco caballo o vete a saber qué me contagia el caballo...si la felicidad te la da el fútbol o el baloncesto, perfecto... si te la da una sinfonía o un riff de guitarra, perfecto... una partida de mus o de ajedrez, perfecto.

    Cada uno que busque, porque aun sin comprar fruta, la vida guarda muchas miguitas de felicidad... quien se quede sin probarla es... tonto perdido:-)


    Un beso grande Dr e boas noites.

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    1. Esa es una de las ideas que quería expresar con ese texto, María. Aunque en principio no es malo sospechar sobre algunas formas fáciles de felicidad nos hemos vuelto demasiado desconfiados, demasiado cerrados ante aquello que nos es ajeno. Cerrados en nuestras colmenas, cada vez desconfiamos más de lo que viene de fuera. Nuestro ego, siento recurrir a ese señor otra vez, se apodera de nuestras vidas y nos convierte en seres débiles y vulnerables y por lo tanto en perpetuo estado de defensa frente a aquello que nos saque de nuestras casillas habituales. La felicidad requiere alguna forma de desprendimiento de uno mismo y cada vez nos cuesta más despojarnos de nuestra coraza.
      Bicos e Bos días

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  7. Krapp enhorabuena por la recuperación del Códice Calixtino, que se me olvidaba..

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    1. Gracias, ahora a ver si lo ponen a buen recaudo y al mismo tiempo lo más accesible posible.

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  8. Vivimos en un mundo de desconfianza.
    Estos personajes que nos traes es una muestra de un amplio abanico social, y que al final la psique no es tan diferente.
    La felicidad es algo tan personal que cada uno la busca en lo mas insospechado….¡ah que hablamos de fútbol! Pues si, fueron 90 minutos de éxtasis.

    Pd. Tengo una compañera de trabajo que se llama Felicidad, la muy tonta quieren que la llamen Feli, desde hoy la llamare por su nombre Felicidad (que bonito nombre)

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    1. Vivimos en un mundo donde la felicidad es sospechosa. Los seres que afirman ser felices son considerados por el resto como idiotas, mentirosos o infantiles. La infelicidad tiene prestigio. La amargura tiene prestigio. El dolor tiene prestigio ya que significa que eres algo, que eres alguien, que has vivido y que tus cicatrices justifican tus acciones.
      Llámala Felicidad para que no la confundan con Felisa aunque el significado sea el mismo.
      Tremendo disparate.

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  9. Una droga. Un producto al alcance de cualquiera. Un producto extranjero. Un placebo.
    Hay dos grupos de pensamiento: el primero y el último intuyen las bondades del producto, pero ambos lo rechazan en una escala de pensamiento gradual. El primero (reaccionario) piensa simplemente en un hecho alucinógeno -ilegal y contrario a Dios-; el segundo (revolucionario), puede que dé por sentado el hecho ilegal pero va más allá, al razonamiento de los de su clase: la droga es el enemigo que el Poder ha creado para debilitar la lucha del pueblo.
    En cuanto a los otros dos, son tal vez devotos de las filosofías que emanan la reacción y la revolución de los anteriores: tal vez la señora enjoyada esté presente en las misas del señor cura, tal vez el patriótico objetor sea discípulo del elevado revolucionario. En conjunto cuatro cantamañanas.
    Quién sabe. Tal vez eso de la felicidad sea contrarrevolucionario y ateo a la vez, alucinógeno y aburguesante. Pero si a estos cuatro no les atrae, es buena señal.

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    1. Vaya análisis estructural del texto te has largado, Rick. Y la verdad es que es tal cual, aunque no haya habido ninguna intención por mi parte de hacerlo tan simétrico.
      La felicidad como otras muchas cosas aparentemente muy importantes admite cualquier clase de calificativos. Para unos una cosa, para otros la contraria. Incluso esos cuatro conciben alguna forma de felicidad o de posible felicidad.
      Lo malo es cuando admitimos nuestra propia felicidad, como no puede ser de otra manera, y rechazamos la felicidad ajena o que viene de fuera. Entonces surge el conflicto o el rechazo, como en la historia de arriba.

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  10. Yo creo que la felicidad no es una droga, ni un producto de la chusma, ni algo ajeno - o sea no se puede cultivar fuera- ni puede ser engañosa, manipulable ni alterable.

    Creo que el frutero debería regalar melones a los clientes que han pasado por su tienda, a ver si a alguno se le endulza el carácter, porque la felicidad fundamentalmente procede de dentro y lo difícil es mantener un mínimo de felicidad interior con todo lo que nos afecta el exterior, siempre intentando modificarnos en determinada dirección.

    No existe la felicidad, sino instantes de felicidad, reconocibles a través del conocimiento de la infelicidad.

    Me encanta la fruta y los melones me apasionan pero lo que llama la atención es que todos ellos la negaron sin intentar probarla, cada uno con sus prejuicios muy bien puestos y colocándose por encima del pobre frutero, que no dará argumentos pero lo ofrece generosamente. Igual aquí el único con las cosas claras es el frutero, que lo ofrece porque lo conoce, mal comerciante sería si no conoce el producto que regala.

    Besos, Dr. Krapp.

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    1. Quizás la gente no esté familiarizada con la felicidad y le pase como aquel superviviente de una catástrofe que pedía a su Dios que le salvase y vino un vecino a ayudarle y no le hizo caso porque se encomendaba a la protección de su Dios y luego vino un cartero y le dijo lo mismo y también a un policía que acertó a pasar por allí. Murió aquel hombre y al llegar al cielo le reprochó a su Dios que le hubiera abandonado y éste le contestó sorprendido: ¿Pero si te envié a un vecino, a un cartero y hasta un policía para ayudarte y tú los rechazaste?
      Estamos demasiado apegados a nuestros prejuicios y a nuestras defensas. A veces la felicidad, o los instantes de felicidad como dices, pasa por nuestro lado y no nos damos ni cuenta.
      El frutero se fía de su producto aunque sea regalado y por lo tanto no tenga precio.
      Besos

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  11. La gente desconfía de todo aquello que se le ofrece gratis. Y la gente sabe que la felicidad no se regala, se consigue. Entonces, es normal que la gente piense que aquí hay gato encerrado.

    Un saludo.

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    1. La gente sabe y piensa demasiadas cosas pero es incapaz de saber y pensar sobre la felicidad porque no está al alcance del intelecto o la memoria. La felicidad tiene más que ver con los poros de la piel que con un montón de células grises con anhelos hegemónicos.

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  12. Es un regalo y estamos con la mosca detrás de la oreja; además, con lo que estamos pasando, solucionando problemas cada día, creemos que hasta podemos vivir sin felicidad.
    Cosa de la vida, en un día nublado y amenazante de lluvia me acaban de regalar un rayito de sol, estoy agradecida y por supuesto lo he aceptado, como no!

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    1. Nadie soluciona ningún problema. Parece que lo hacemos pero solo demoramos el momento de enfrentarnos a él. No me refiero a los problemas del día a día si no los que se esconden tras las múltiples máscaras con las que se disfraza la realidad. Vivir sin felicidad es solo sobrevivir.
      Ha llegado aquí ese rayo, no hay que desaprovecharlo.

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  13. A mí me han dicho que todavía quedan algunos adultos felices por ahí, en alguna parte.
    Seguro que le compran a tu frutero.

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    1. Mi frutero no vendía felicidad, solo intentaba regalarla. Me temo que ahora prefiere los melones. Un buen melón es un buen regalo y cunde mucho.

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    2. Lo que pasa es que elegir un buen melón conlleva un gran riesgo. Hay que ser todo un experto...

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  14. Por cierto que mi hermana habría podido escribir metáfora parecida a tu post, insiste hasta la saciedad que la iglesia siempre cercenará cualquier atisbo feliz, con tal de seguir manteniendo ese poder oscuro suyo.

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    1. Estoy de acuerdo con tu hermana. Cualquier iglesia o religión aspira a tener poder regulatorio sobre nuestras emociones y sentimientos. Es un reparto itripartito: todo lo exterior para el Cesar, todo lo de dentro para la Iglesia y lo que tenemos en los bolsillos para el Capital.

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