16 marzo 2009

Sobre la falacia llamada envidia nacional


Se inventan un frase hecha: "La envidia es el pecado nacional" con su variante modernilla "La envidia es el deporte nacional" y nos condenan a oír semejante ordinariez saliendo de la boca de un ejercito de descerebrados hasta el final de los tiempos.
Afortunadamente siempre hay voces que recusan el casticismo. En 1980, Rafael Sánchez Ferlosio, siempre en la vanguardia de la disidencia cultural, publica un artículo titulado El mito de la envidia. En él dice entre otras lindezas:
"Pero yo no voy a indicar más que una cosa: el multitudinario coro de los que se dispondrían a rebatirme, asegurando que hay envidiosos sin fin, está exclusivamente compuesto de puros envidiados; no hay un sólo envidioso ni por casualidad"
Y sigue más adelante:
"Y si acaso alguna vez he podido llegar ocasionalmente a sospechar en alguien un sentimiento de envidia hacia un tercero, el dato es desde luego infinitamente insuficiente para justificar la inmensa pléyade de envidiados que sin callar un solo instante entona el indecente salmo de sus lamentaciones" (...)
Los envidiosos de España no son más que un mito, una fantasía de los envidiados; de modo que la envidia no es en absoluto el pecado nacional. O, mejor dicho, en cierta manera puede decirse que sigue siéndolo, porque si hay envidiados, aun no habiendo envidiosos, es forzoso admitir que de algún modo sigue habiendo envidia: la que ellos padecen como víctimas o reciben como destinatarios; no envidia emitida sino recibida, no envidia como acción de un envidiante, sino envidia como pasión de un envidiado"
En el documental La silla de Fernando de David Trueba en el que el genial e irascible Fernando Fernán Gómez se somete, a una larga y fantástica entrevista poco antes de su muerte, éste dice:
"El pecado nacional no es la envidia, sino el desprecio; o mejor dicho, el desprecio de la excelencia. Quien desprecia no desearía escribir las 1.200 páginas del Quijote, quien desprecia es el que dice: “Pues, chico, yo he leído 30 páginas del Quijote y no es para tanto”.
Es mi humilde y poco ilustre opinión, no hay suficientes personas, excepto los más fanáticos, que estén tan motivados como para desear convertirse en grandullones de 2,15 y asumir los problemas de espacio y peso que eso les ocasionaría. Tampoco hay muchos individuos dispuestos a transformarse en momias para conducir en posición mortuoria un vehículo a 200 kilómetros hora por un circuito que no deja de dar vueltas y vueltas y más vueltas. Incluso pocos estarían dispuestos a quemarse al sol en una sartén infernal jugando al tenis durante cuatro o cinco horas mientras cada uno de tus gestos es observado por una decena de cámaras y cientos de millones de individuos detrás de una pantalla.
¿La fama, el glamour, el dinero a cambio de la pérdida de tu anonimato y de poder llevar una vida sosegada? No, no hay envidia a las capacidades de los triunfadores, sólo a su éxito. Al éxito lanzado de forma descarnada al resto de humanos corrientes gracias a la pompa insoportable e insensata que le dan los medios.
En el fondo, cada una de esas imágenes de triunfadores es un pequeño escarnio a la conciencia individual de cada uno, que hace lo que puede intentando sobrevivir en un mundo injusto. Saber que alguien puede hacer lo que le gusta y hacerlo bien, lleva aparejado la conciencia del propio fracaso o la falacia quimérica de querer repetir lo que solo ellos han podido hacer.
Es justo y sano que la gente reaccione y quiera derribar a sus mitos. O los humanizamos, hay que conoce al dedillo sus errores y fracasos, o los destruimos. No podemos concebir que ellos puedan lograr metas que nosotros no podemos alcanzar. Un humano corriente no puede admitir la existencia de un humano de otra especie superior.
¿Es eso envidia? ¿Es desprecio, como decía Fernán Gómez?
Quizás los españoles sean un pueblo lo suficientemente viejo e inteligente para saber que los seres "gloriosos" tienen que pagar un precio por querer salirse del molde, y los "gloriosos" necesitan la confirmación de su gloria a través de la supuesta envidia y si acaso, el supuesto desprecio de sus semejantes.

17 comentarios:

  1. Qué pena que el que valga tenga que salirse del molde y ser pagado con desprecio. Esto no es de pueblo viejo.

    ResponderEliminar
  2. Ja...tú porque no sabes los problemas que ocasiona medir 1,52m y pesar 44 kilos.

    "Saber que alguien puede hacer lo que le gusta y hacerlo bien, lleva aparejado la conciencia del propio fracaso o la falacia quimérica de querer repetir lo que solo ellos han podido hacer"...eso es desprecio por sí mismo, es no reconocer que alguna capacidad
    tenemos y podemos desarrollar, es sólo ver un aspecto de la persona que envidiamos...sabemos de sus fracasos? del costo de su éxito?...pero es como tú dices, no se envidia la capacidad, el esfuerzo sino el éxito, no importa si tenerlo fue producto de romperse el alma (creo que ése no se envidia) o de haber estado en el lugar indicado en el momento justo (creo que ése sí).
    Pero claro, ahí entraríamos en la discusión de qué es el éxito para cada uno y cuánto está dispuesto a dar por él.

    Mira no sabía eso del "pecado nacional"

    Cronista, envidio como has expresado tu "humilde y poco ilustre opinión".

    Saludos

    ResponderEliminar
  3. La verdadera envidia se pasea entre nosotros invisible y densa en un deseo irrefrenable que nos atenaza las entrañas; Y no es de nadie que salga en los medios ni de ningún "joven airoso" Ese sentimiento es hacia alguien anónimo, demasiado igual a nosotros como para permitirle vicisitudes diferentes a las nuestras.

    Todo lo demás es el mundo superfluo.

    ResponderEliminar
  4. Hola Cronista libertino, soy nueva para ti, parece que tienes malas pulgas pero ¿me dejas comentar? Sigo a Mara y Cuyá, existe la tendencia a fijarse en el resultado final, en el éxito y no en el duro proceso que en la mayoría de las ocasiones conduce a él. Existe otro éxito de tipo granhermano y operacióntriunfo, ese vende mucho más y no hay que esforzarse todos los días, no hay comparación.
    No se estila en nuestro país el prestar atención, ni valorar, ni canalizar adecuadamente las capacidades y habilidades personales con lo que talento e inteligencia se pierden a raudales y el que se sale del molde es considerado raro.
    Me ha encantado la afirmación “los seres gloriosos tienen que pagar un precio por querer salir del molde y necesitan la confirmación de su gloria a través de la supuesta envidia y si acaso, el supuesto desprecio de sus semejantes” O sea esto es como decir que cuando te lanzan dardos envenenados no es ni más ni menos que admiración disfrazada de envidia con el propósito de hacerte dudar tu valía ante la incapacidad de alcanzar tu altura? ¿Voy bien Croni?

    ResponderEliminar
  5. Creo que esto va en contra mía, no me ha gustado ni un pelo Doctor, que lo sepa.

    ResponderEliminar
  6. En este país se sigue considerando pecado todo lo "vergonzoso" que pase del ombligo para abajo... Lo que se piense, lo que se sienta es mal menor.
    No sé si es el deporte nacional o no, lo que tengo claro es que es un sentimiento lejos del peligro de extinción, pero lo que yo llamo envidia insana es la tendencia que tenemos aquí no a querer lo bueno del vecino para uno mismo, sino a desear el mal para el que tenemos al lado y que vemos superior en lo que sea....

    ResponderEliminar
  7. No sabes la envidia que me da tu capacidad de análisis y de exposición de este tema.
    :)

    Me ha gustado mucho este post.

    ResponderEliminar
  8. Quizás, Valentín, ese desprecio sea una prueba de fuego que deben asumir los no moldeables para demostrar efectivamente que no son un fraude.

    Mara y Cuyá, una de las características más terribles de la sociedad actual es la incapacidad del ser humano por descubrir sus propias potencialidades y no ser una sumiso adorador de las ajenas. Vivimos una vida por encargo. Nos acostumbramos a una vida gris e insatisfactoria y dejamos que las emociones importantes las vivan otros, reales o ficticios, en nuestro nombre:en la literatura, el deporte, el cine, los videojuegos etc... Los seres completos viven su propia vida y no se limitan a disfrutar contemplando las realizaciones de los otros.
    Lo de la envidia como pecado nacional es una frase hecha muy habitual en estos pagos. Algo semejante a lo de la arrogancia que se le aplica a los argentinos.

    Creo que has dado en el clavo, Corsario, la verdadera envidia es con los que considerándolos iguales a nosotros mismos tienen algo que nosotros deseamos. Pero eso no es la envidia que sienten, pobrecitos ellos, esos poderosos señores envidiados.

    ResponderEliminar
  9. Exacto, Angie, esa es la posible idea que ya avanza Rafael Sánchez Ferlosio cuando viene a decir que quizás haya más envidiados que envidiosos.
    Es lógico pensar que los envidiables no envidiados tienen envidia de los envidiables envidiados y puedan llegar hasta autogestionarse con la idea de que efectivamente les envidian aunque aparenten no hacerlo. Todo es una maraña infernal bastante pringosa... Ughhhh.
    ¿Doctor? ¿Es que la Reina Maritoñi acostumbrada a gente de alto copete necesita tipos estirados y no se puede dirigir a este humilde polemista directamente?
    Novicia eres realmente libidinosa pero sabes lo que dices;) Suena a perogrullo pero ¿desear el mal de un vecino es igual que envidiarlo?. No, yo creo que eso es un proceso más radical, un segundo paso, que habría que calificar como odio, ensañamiento, etc..
    Muchísimas gracias, Tesa, yo también envidio tus excelentes microrelatos

    ResponderEliminar
  10. Cronista, igual lo he expresado mal. No es exactamente desear su mal en el sentido literal... Es más bien que si tu no puedes tenerlo, pues deseas que él tampoco lo tenga...

    Sí, suelo saber lo que digo. Y sí, soy libidinosa ;)

    ResponderEliminar
  11. Creeme Novicia, nos movemos en el territorio de los matices. La envidia en principio, es desear un bien que tiene otra persona que ya lo tiene y tú no. El sentimiento de "si no es para mi no es para nadie" creo que es de otro tipo más relacionado con la ambición y la justificación de los propios méritos ante los demás.

    ResponderEliminar
  12. No sé, la verdad. Yo si me he topado con gente así y sin embargo no tienen el perfil del "ambicioso" por excelencia... Yo creo que es simplemente ser mala persona.

    Buen finde Cronista (K)(K)
    Por aquí hacemos puente, así que tendré un fin de semana largo y parece que el tiempo va a acompañar....

    Un beso

    ResponderEliminar
  13. Que suerte, Novicia, yo si que te tengo cochina envidia aunque solo por lo del puente. Nosotros también tenemos una temperatura maravillosa para pasear por la playa mirando el mar.
    Pásalo bien.

    ResponderEliminar
  14. Interesante y sugerente propuesta y estupendos comentarios. Enhorabuena a todos.
    También quiero aportar un fragmento de algo que tengo escrito por ahí sin mas pretensiones que participar en la tarea de sumar matices a los ya expuestos:

    La envidia suele definirse como la tristeza por el bien ajeno; un sentimiento desagradable que se produce al percibir en otro algo que se desea y que dificulta el desarrollo del que lo sufre y sus relaciones con los demás. Se mezclan emociones de naturaleza contradictoria, como por ejemplo, el deseo de tener lo que otro tiene, la admiración por lo que otro ha conseguido, el dolor por no tenerlo, la indignación por considerar injusta la diferencia que se observa o la incertidumbre por no entender a qué se deben las diferencias que producen la envidia. El envidioso, más que malvado, es un pobre desdichado. También es un insolidario porque piensa que la persona envidiada no merece lo que tiene.

    La envidia se produce casi siempre hacia personas muy cercanas. Lo que puedan tener personas desconocidas y distantes nos importa un bledo. Entre los valores más envidiados suelen encontrarse el prestigio, el reconocimiento, el estatus laboral, el dinero, el poder y las cuestiones materiales.

    Como el problema de la envidia es bastante común, algunos hablan de la “envidia sana” para autojustificarse. No hay envidias malas y envidias buenas. Todas son expresión de una conflictividad personal. Todas expresan inaceptación de las propias limitaciones. Por eso se dice que el envidioso tiene un evidente complejo de inferioridad al no aceptarse a sí mismo con las propias circunstancias.

    A veces se confunden los términos. Cuando uno piensa: ”Quiero ser tan buen escritor como Cervantes” no expresa envidia sino deseo de emularle y expresión de una evidente admiración.

    ResponderEliminar
  15. Excelente texto, Luis Antonio.
    Tampoco sé si ese sentimiento ante el beneficio ajeno es o no es tristeza, me inclinaría por algo más ambiguo como la desazón, la inquietud que provoca un bien que consideramos que no está en las mejores manos, las nuestras.
    Estoy muy de acuerdo en que la envidia siempre es con algo semejante a nosotros mismos. Lo que sabemos que es inalcanzable nos produce admiración, veneración o desde otro punto de vista rechazo y rebeldía por la relevancia que se les da a logros conseguidos por otros, pero en ningún caso nos provoca esa desazón que comentaba al principio, ese un sentimiento completamente diferente a mi modo de ver.
    Lo de la continua alusión a la envidia como pecado nacional daría para otra clase de comentarios posibles. Saludos

    ResponderEliminar
  16. Para mí el verdadero pecado nacional es la soberbia. La soberbia de los envidiados sin envidiosos. La soberbia de creerse a uno mismo único e insustituible.

    Lo de la envidia es un espejismo creado por los medios de comunicación, que buscan "Casos y Cosas" con los que alimentar las charlas de peluquería.

    La soberbia en cambio impedirá reconocer al "exitoso" las miserias y esclavitudes del éxito. Por ello nadie se baja de la palestra por propia voluntad. Mas bien hay que echarlo, sea el juez o sea la vergüenza, que de todos modos aguantan hasta límites insostenibles.

    A un miedoso compulsivo como yo, el ataque de envidia se le pasa pronto: solo de pensar en los peligros del éxito...

    ResponderEliminar
  17. Estupenda reflexión, Rrrío, ese desprecio, esa envidia de los necesitados de envidia para ser reconocidos nace justamente de ese sentimiento. En el fondo todos ellos, los "grandes" nos están diciendo:
    "Tú imbécil debes envidiarme por haber llegado hasta aquí"
    Esa gente basa su éxito en aquello que comentaba aquel torero que se acostó con Ava Gardner, lo importante no es hacerlo si no contárselo a los demás. Lo importante no es llegar arriba, lo importante es que lo sepan y se sienten frustrados y te envidien, los que nunca llegarán.

    ResponderEliminar