23 julio 2008

Magia en domingo


Según Don MacLean en su celebérrimo American Pie, la música falleció un 3 de febrero de 1959 en accidente de coche. Si eso fuera así, habría que decir que resucitó de nuevo, de forma mágica e imperecedera, el domingo 25 de junio de 1961 en un club situado en un rincón oscuro del Village neoyorkino.

Culpables de ello fueron tres personajes no excesivamente singulares. Un pianista yonki con pinta de profesor universitario -alto, encorvado, con gafas de carey- llamado Bill Evans, que cuando tocaba su instrumento parecía que entraba en trance místico; un contrabajista, Scott LaFaro, que con apenas 25 años ya era reconocido por todos los grandes que porfiaban por tenerlo en sus combos y finalmente el fiel y vivaz batería del primero, Paul Motian.

El trío se reunió en el gran templo del jazz, el Village Vanguard, y después de una jornada intensiva -dos sesiones de mañana y tres de tarde- entregaron al mundo la que para muchos es la mejor grabación de jazz en directo de todos los tiempos.
28 temas portentosos para un grupo irrepetible. Sólo diez días más tarde, Scott LaFaro , el joven y excepcional contrabajista, fallecía en accidente de tráfico tras volver del Festival de Newport. De los tres discos que dan cuenta de estas grabaciones, destaca el primero Sunday at the Village Vanguard donde se eligieron temas que destacaban las cualidades del malogrado contrabajista. Los posteriores son Waltz for Debby -que lleva el título del tema más famoso en la carrera de Bill Evans- y More From the Vanguard.

Se ha hablado mucho del despliegue de talento en aquella sesiones históricas. Una auténtica revolución musical en el que el piano de Bill Evans parece tener vida propia por la cantidad de emociones que puede suscitar en quien lo escucha. El contrabajo de Scott LaFaro, tampoco se conforma con su habitual labor de acompañante rítmico y tiene la oportunidad de actuar como solista creando un diálogo insólito con el teclado. Por su parte, la batería de Paul Motian, prescinde de toda su artillería pesada y se conforma con un minimalismo expresivo valiéndose de platillos y escobillas, que más que tocar, parece que retoca las piezas en una cadencia subyugante.

Al fondo se oyen voces, incluso risas, y las copas resuenan como si quisieran forman parte de esta grabación, aportando un aire de espontaneidad a un momento trascendente. Y queda el silencio, un silencio que es la gran estrella invitada en esta celebración de la música. Un silencio que da relieve a los maravillosos acordes impresionistas de Bill Evans, al frenesí incansable de Scott LaFaro y al exquisito sentido del swing de Paul Motian.
Han pasado 47 años y casi cada día, a cualquier hora, escucho esta música que siempre derrama historias nuevas en mis oídos y me hace sentir que en la vida después de todo, sólo la belleza, la belleza emocionante, tiene algo de sentido.

6 comentarios:

  1. Igual que con las anteriores recomendaciones, tomo nota de ésta y me apresto a conseguirla como sea...En su día le daré mi opinión, pero la muestra de YouTube me ha seducido. Gracias por hacer pedagogía de la buena música, Doc.

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  2. Le seducirá y le emocionará todo lo que hay ahí dentro, Luis Antonio. Es un cofre lleno de preciosas esencias bien dispuestas para quien quiera degustarlas sin prejuicios.

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  3. Auténtica magia de grandes genios.Magia en domingo y en el resto de los días de la semana.

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  4. Yo también tomo nota, pero tengo la mula tan cargada la pobre que voy a tener que poner(me) de Kaza o algo así... ;-)

    Y para que veas, Doc, no hago ningún comentario sobre American Pie porque la has traido a colación tan bien que hasta me callo y rindo honores ;-)

    Saludos a todos.

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  5. Gracias ilustre colega, Vitamorte.
    Fauve, no le recomiendo que se ponga de Kazaa que ya no existe o más bien han hecho que deje de existir.
    A American Pie le pasa como a todo: el uso abusivo que se hizo de ella así como su duración interminable le quita cierto valor, pero la letra es magnífica. Ayer mismo Ramón Trecet en lo que parece casi una despedida después de 40 años dedicados a la mejor radio musical la puso como despedida:
    I can’t remember if I cried
    When I read about his widowed bride,
    But something touched me deep inside
    The day the music died.

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  6. Sí, pero ya sabes lo que opino de la música: si se basa en la letra, ya no es música sino literatura (o Poesía, o lo que sea), y no hace falta que me la canten de forma que no me gusta.
    Claro que el hecho de que no me guste no significa ni deja de significar que sea buena... según Omaha (Luis, ¡terminé la frase!).

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