31 julio 2007

A mis soledades voy, de mis soledades vengo


Michelangelo Antonioni

(1912-2007)
El eclipse (1962)

Una cita de amor a la que nadie acude.

30 julio 2007

26 julio 2007

El Guirigay


  • Mira, cariño, en primer lugar queremos que sepas que éste no es un tribunal. Si te hemos traído aquí, es para aconsejarte sobre lo que entendemos debe ser una actitud sana y responsable por parte de un miembro de la comunidad gay. El Guirigay, que como sabes son las siglas de Guías para la Reconstrucción de la Identidad Gay, está formado por gente que sólo pretende enseñar el camino correcto a personas de nuestro colectivo que están confundidas y ofuscadas sin saber hacia donde tirar. Ese me temo que es tu caso, cielo. 
  • Yo no he hecho nada. 
  • ¿Cómo que no has hecho nada, maricón? ¿Acaso no estás todos los putos días en la entrada del Eroski del Barrio Alto con un cartelito apoyado en dos tetrabriks vacíos de vino donde dice: "Estoy en el paro. Soy gai. Mas bale pedir que rovar. Dadme una limosnita por el amor de dios"? ¿Dónde aprendiste a escribir, julandrón de mierda? 
  • Martona, lo de la ortografía es lo de menos y por favor, relájate que cuando te pones en plan arrebatador no hay quien te aguante. Hagamos las cosas de otra manera. 
  • Eres un blandengue, Giorgio. Este tipo necesita jarabe de palo. 
  • Yo no he hecho nada. Sólo soy un mendigo gay.
  • Un mendigo gay, un mendigo gay. ¿Cómo que eres un mendigo gay? El certificado de gay lo damos nosotros. Sólo eres maricón, sin más. 
  • No seas ordinaria, Martona. Y tú entiéndelo, cariño. Nuestra comunidad tiene que mantener el estatus que tanto nos ha costado conseguir. Los gays tenemos que ser cultos, limpios, educados, simpáticos y sobre todo con mucho glamour. Tenemos que tener profesiones hermosas: decoradores, diseñadores de moda, escaparatistas, estilistas, cocineros. Nuestros pisos, apartamentos y lofts deben ser cálidos, luminosos y cómodos. Vivimos en barrios agradables y antiguos, en casas viejas hermosamente restauradas... 
  • Despues de hacer que se largasen sus tradicionales residentes. Es decir, expulsando a un montón de viejos carcamales que afeaban el entorno. 
  • ¡Qué mala eres Martona! Exagerada, nos va a coger tirria ya verás. Sigamos. Nuestra comunidad es desenfadada y abierta. Tenemos mucho tiempo libre y por eso nos gusta reunirnos en fiestas y celebraciones donde damos rienda suelta a nuestro sentido lúdico de la vida, tal como se nos exige nuestra condición gay. Somos muy acogedores y no tenemos prejuicios, por eso los heterosexuales cultos, progresistas y con ganas de marcha adoran venir a nuestros cafés, restaurantes y pubs para imbuirse de nuestra ambiente chic y sofisticado. En nuestro way of life, un mendigo gay sin las debidas condiciones de limpieza, educación y estilo es inconcebible; una contradicción en sí misma y daría lugar a toda clase de murmuraciones por parte de la conspiración homofóbica que quiere aprovechar la menor oportunidad para lanzarse contra nuestra yugular. 
  • Hablando en plata o cambias el cartel o te cambiamos nosotros a ti. 
  • ¿Qué quieren? No pienso cambiar de actividad. Estoy muy dotado para ella. Soy mendigo vocacional. 
  • Tranquilo, puedes dedicarte a lo mismo, pero con ciertas variaciones. Queremos que te vengas a nuestro barrio y hagas los que estás haciendo, pero de una forma diferente. Será como un happening en la puerta de los sitios con más charme.Te daremos un sueldo mensual, comida, alojamiento y una comisión sobre lo que saques con las limosnas. 
  • ¿Pero cuidado con engañarnos, ¿eh? 
  • Incluso hemos hablado con Montevecchio, el célebre diseñador y ya ha decidido como irás vestido. Ha diseñado unos harapos de lo más sugerentes con un toque picassiano de la época azul que vas a ser la envidia de todos tus colegas y hasta portada en la revista Zero. 
  • Y el letrero te lo va a hacer un cartelista de prestigio. Vete preparando, tienes diez segundos para decirnos que sí...

22 julio 2007

El alcalde



El cuerpo reposando blando sobre el majestuoso e historiado sillón. Las manos cruzadas placidamente entre el estómago y el vientre. Una mirada beatífica y profunda incluso cuando por dentro sólo hay sitio para el odio o el desdén. Era un excelente observador y eso le había permitido aprender de las buenas maneras exhibidas por las autoridades eclesiásticas que visitaban la alcaldía. No, no era un beato como decían sus enemigos; en realidad de la Iglesia admiraba, sobre todo, su sentido de la pompa, de la majestad y esa capacidad de imponerse sobre la ruda fealdad de las cosas. Los representantes del clero, los de cierta jerarquía, no contaminados por el contacto mezquino de las masas, eran un ejemplo viviente de por qué la institución católica había sobrevivido y mejorado después de toda clase de contingencias. Frente a lo que pensaban muchos, los cismas, la reforma, las guerra de religión o el laicismo contemporáneo habían servido para limpiarla de excrecencias, purificarla y hacerla más perfecta a sus ojos.

¿Quién lo diría, no? un representante de la vieja izquierda laica diciendo esas palabras. Pero su vida siempre había sido ir contracorriente. Y era consciente de que ese grado de libertad sólo se le permitía por el enorme poder que había adquirido. Sin embargo, también sentía como a veces las dudas entraban como un tsunami en su cerebro, y entonces su único parapeto era aquella frase que todas las mañanas soltaba como una salmodia al entrar en su despacho: "si mi padre me viera aquí".

Su padre había muerto relativamente joven. Era uno de aquellos derrotados de la guerra civil, militante de una importante organización juvenil de izquierdas, que después de sufrir mil penurias había conseguido empleo de contable en una consignataria de barcos. Un tipo corriente que sólo huía de sus frustracciones jugando al dominó con sus amigos en la Sociedad de Recreo. Un día llegó cansado, se sentó en un sofá y allí se quedó. Tieso, sin molestar a nadie según tenía por costumbre y con una sonrisa bailándole en los labios. Aquella extraña sonrisa...

Por aquel entonces, él apenas había acabado la carrera y no hacía ni tres meses que entrara de pasante en un despacho familiar de abogados. En la universidad no había tenido inquietudes políticas o por lo menos militancia concreta. Era la primera persona que había estudiado una carrera en su familia y como buen hijo de clase trabajadora, aún pensaba que esas cuestiones solo eran buenas para los estudiantes con parientes influyentes, dispuestos a ayudarlos cuando inevitablemente dieran con sus huesos en la cárcel. Era el duro final de los años 60.

Aquel despacho era un lugar estancado en alguna esquina del tiempo.
El patriarca era un viejo falangista de primera o segunda hora, que fuera gobernador civil en los años 40 y aún se veía con posibilidades de llegar a alcalde a poco que desapareciera de la escena la que él denominaba la clericalla del Opus. El hijo mayor, un señorito fatuo y perdonavidas, pasaba el día contando sus batallitas nocturnas con el alcohol y las mujeres en las boites de moda. El más pequeño, por su parte, siendo tan sólo dos años mayor que él, había gastaba medio patrimonio familiar en coches de carrera, Porsches sobre todo, que seguramente terminarían despedazados en algún circuíto urbano de los que proliferaban al llegar el verano. Él, hijo de un humilde contable, llegó a sentir asco de aquella gente. No podía esperar nada de su altivez, de su clasismo, de su ceguera ética pero tampoco de sus asuntos y negocios que llenaban el despacho de un aire fétido y envenenado.

El asco le llevó a la política. Un partido pequeño, con más historia que realidad, acogió a aquella nueva promesa con los brazos abiertos. Eran muy pocos y tras la muerte del dictador, fue relativamente fácil dar el gran salto al liderazgo local y regional. En el camino hubo que dejar fuera de juego a unos cuantos viejos infelices, algún camarada de juventud de su propio padre, que pensaban que sus cuarenta años de exilio y represión exigían algún tipo de recompensa política. Sus compañeros en Madrid, tan jóvenes y sin escrúpulos como él mismo, hicieron el trabajo sucio que él apoyó sin dudar. Nadie volvió a oir hablar de aquellos pobres luchadores legendarios y él se atrincheró con sus huestes en el feudo conquistado. Hubo un fracaso importante por exceso de ambición y eso le ayudó a reflexionar. Todos le veían de ministro o director general pero él prefirió la alcaldía de su ciudad. Sabía que ahí estaba el poder en su forma más acabada. En todo momento las repercusiones de sus actos se podían contemplar simplemente bajando a la calle, entrando en contacto con la gente sencilla y sin tener que sufrir las intermediaciones a las que están sometidos otros cargos de más aparente relevancia. Reelegido una y otra vez, amado y odiado hasta la náusea, quizás pronto su nombre bautice a una gran avenida o a un parque en las afueras de esa ciudad pretenciosa pero vulgar que le vio nacer. En la ciudad en la que muchos años atrás, un hombre insignificante murió de repente con una sonrisa en la boca. Una sonrisa que desde siempre persigue a su hijo, su poderoso e importantísimo hijo, incapaz de poderla entender.


19 julio 2007

Transacciones demoníacas

-¿Y bien?

-Pues mire, hemos estudiado detenidamente su curriculum y lamentamos decirle que no estamos especialmente interesados. Sin rodeos: es usted muy poquita cosa. No escribe, no pinta, no canta, no realiza obras sociales, no sabe actuar, no cocina, no domina tan siquiera el noble arte de la danza. ¿Qué sabe usted hacer bien?

-Sólo estudiar. No he hecho otra cosa desde que se me cayeron los dientes de leche. Primero la EGB, luego el BUP, el COU, la carrera y desde hace 15 años las oposiciones. Bueno, también he tenido cuatro contratos como interino pero incluso entonces no dejaba de estudiar para conseguir un plaza fija y arreglar mi futuro

-Arreglar su futuro, arreglar su futuro. Su futuro es la muerte y su presente es su corta vida humana que se le escapa de entre los dedos por preparar el futuro.
Por cierto, estará conmigo que su vida amorosa es una auténtica birria, tampoco en ese terreno tiene nada que ofrecernos. Hacía tiempo que en este negociado no nos encontrábamos con algo tan soso y vulgar.

-Claro, ¿de que se extraña? He antepuesto mi vida profesional, mejor dicho mi futura vida profesional, a mi vida sentimental.

-Y aún así todavía no ha aprobado nada.

-Es cierto. A pesar de todo el tiempo que he dedicado a empollar, todavía nadie me ha dicho ni pío. En pleno examen y contemplando a la interminable tropa de mis competidores, se me va el alma a los pies, me da un nosequé y lo tengo que dejar.

-Por eso ha acudido a nosotros. Para dejar su alma en buenas manos y no olvidarla en cualquier parte.

-Sí, por eso mismo. Sólo ustedes pueden remediar mi angustia y zozobra.

-¿Y esta seguro de lo que quiere? ¿Seguro que quiere vender su alma en este Negociado de Transacciones Diabólicas a cambio de ser empleado público con plaza fija?

-Por supuesto y si no puedo venderla, por lo menos arrendarla. No conozco a ningún fijo del que pueda garantizar al cien por cien que no haya hipotecado su alma para estar donde está.

-Pero, amigo mio, ...¡¡usted tiene muy poco que ofrecer!!

-¡Si no pido nada del otro mundo! Cualquier idiota puede conseguir lo que pretendo.

-Menos usted.

-No soy exigente, me conformo con cualquier cosa. No me caerían los anillos si tengo que trabajar de subalterno.

-Todos ustedes piden lo mismo y a cambio nos ofrecen vidas grises e insustanciales. ¡¡Tenemos cientos y cientos de solicitudes como la suya en nuestros archivos!! Por eso nuestro jefe, el Doctor Mefistófeles, ha decidido convocarlos a una prueba selectiva que se realizará, si Satanás quiere, el próximo día 13...
¡¿Oiga, oiga!! ¿A donde va? ¡¡No se marche!!
Se ha largado.
Realmente no hay como una diabólica amenaza, para ahuyentar a los espíritus funcionariales timoratos. ¡¡¡Ninguno sería capaz de cumplir compromisos comerciales a largo plazo!!!




15 julio 2007

Incluso aunque lo peor sea cierto

"Incluso aunque lo peor sea cierto, ¿qué pasa si no existe Dios y nosotros sólo vivimos una vez y se acabó? ¿No te interesa? ¿No te interesa esa experiencia? Entonces me dije: ¡qué diablos! No todo es malo. Y pensé para mis adentros: ¿por qué no dejo de destrozar mi vida buscando respuestas que jamás voy a encontrar y me dedico a disfrutarla mientras dure? Y después, después ¡quién sabe! Quiero decir: quizá existe algo, nadie lo sabe seguro. Ya sé que la palabra quizá es un perchero muy débil en el que colgar toda una vida, pero es lo único que tenemos. Luego me acomodé en la butaca y realmente empecé a pasarlo bien."
(Woody Allen / Hannah y sus hermanas / 1986)

14 julio 2007

Y ahora, una Guinness refrescante



(Chin-chin, Silvia)
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The Star of the County Down

In Banbridge Town near the County Down
One morning last July,
Down a boreen green came a sweet colleen,
And she smiled as she passed me by.

She looked so sweet, from her two bare feet
To the sheen of her nut-brown hair.
Such a coaxing elf, sure I shook myself
For to see I was really there.

From Bantry Bay down to Derry Quay,
And from Galway to Dublin Town,
No maid I've seen like the brown colleen
That I met in the County Down.


As she onward sped, sure I scratched my head,
And I looked with a feeling rare.
And I says, says I, to a passer-by,
"Who's the maid with the nut-brown hair?"

He smiled at me, and he said, said he,
"She's the gem of Ireland's crown,
Young Rosie McCann from the banks of the Bann,
She's the Star of the County Down."

Chorus

I've traveled a bit but was never smit
Since my roving career began.
But fair and square, I surrendered there
To the charms of Rose McCann.

I'd a heart to let, and no tenant yet
Had I met in a shawl or gown.
But in she went, and I asked no rent
From the Star of the County Down.

Chorus

At the harvest fair, she'll be surely there,
So I'll dress in my Sunday clothes,
With my shoes shone bright and my hat cocked right
For a smile from my nut-brown rose.

No pipe I'll smoke, no horse I'll yoke,
'Til my plough is a rust-colored brown,
'Til a smiling bride by my own fireside
Sits the Star of the County Down.

Chorus

13 julio 2007

Maldita la gracia, Chet


Maldita la gracia, Chet
Maldita la gracia de convertirse en leyenda trágica para que se publiquen biografías...

se hagan documentales...
y para que pronto, un actor cualquiera, pueda interpretar tu vida en el cine y ser aspirante a un Oscar.
Maldita suerte nacer guapo y ser blanco. Tú bien sabes que se prefiere a los blancos para las leyendas trágicas y fotogénicas.
Maldita suerte tener una voz maravillosamente dulce y tocar la trompeta como un ángel del Apocalipsis.
Maldita sensibilidad.
Maldita heroína.
Maldita cocaína .
Malditos maderos de media Europa que te metieron en el trullo y luego te expulsaron como un perro por ser drogadicto famoso.
Malditos matones bastardos que cobraron su deuda reventándote la cara a golpes para que no pudieras seguir tocando la trompeta con la que eras como un ángel del Apocalipsis.
Maldita tu resurrección de entre los muertos.
Maldita otra vez la fama.
Maldito el círculo sin fin.
Maldita la ventana.
Maldita la muerte, al fin.

06 julio 2007

Terapias nihilistas



-Nada doctor. He seguido todos los tratamientos que usted me ha indicado, pero sigo igual.-¿Leyó a Cioran como le indiqué?-Sí, doctor, y me resultan terriblemente enternecedores sus aforismos. ¿Se acuerda cuando dice aquello de: "La gente me produce asco, tengo asco hasta de mí mismo. Deseo una destrucción completa de todo lo humano, incluidos ellos e incluido yo, ya que no soy especial ni mejor que ellos"? pues mire, nada más leerlo quería salir a la calle para abrazar a mis semejantes. Estoy preocupado ¿y si acabo convirtiéndome en un hippie?-No hay peligro. El hippismo, siendo una dolencia de mucha gravedad, sólo se da en casos muy raros. Usted no está en peligro inmediato. Por cierto, ¿Celine que tal?
-Celine bien, gracias. El viaje al fin de la noche, me resulta una lectura placentera.

-¿Sólo placentera? -Sí, fíjese que cuando leí la cita esa de " El amor es el infinito puesto a la altura de los caniches" Decidí comprarme uno.-¿Un qué? -Un caniche, claro
-También le recomendé la lectura de Schopenhauer o de Kierkegaard.-Mire, a mi El mundo como voluntad y representación me resulta una lectura muy poco ligera. El autor es demasiado alemán, usted ya me entiende. Si le soy sincero sólo pasé del primer capítulo. Respecto al danés tiene una angustia demasiado angustiosa para mi gusto. Se ve que es clérigo y también que estaba muy resentido por culpa de aquella mujer que se resistió a sus encantos existencialistas.-¿Será inutil entonces que le hable de Heidegger o Sartre?-Más bien. El primero era un nazi recalcitrante. El segundo... ¿qué ideología tenía el segundo? Decía que era comunista-maoista y no se cuanta cosas más, pero para mi que su máxima felicidad era lo encantado que estaba por haberse conocido, y eso que era el tipo más feo que parió el siglo XX.
-Amigo, lo suyo no tiene buena cara. Además de lo dicho sé que ha visto "La Naranja mecánica, Senderos de Gloria, Johnny cogió su fusil, Espartaco, La Jauría Humana, La Jungla de Asfalto, Grupo Salvaje, Perros de paja, La Invasión de los Ladrones de Cuerpos, etc... y no ha habido mejoría alguna. Sólo se me ocurre una única terapia posible sin tener que recurrir a la cirugía radical.-Dígame usted, doctor. La seguiré por muy traumática y dolorosa que sea.-Bien: a partir de ahora seguirá sin pestañear la programación de tarde de las cadenas privadas de TV. De lunes a viernes y sin excusa.-¡¡¡Doctor, por favor, eso no!!! ¡¡¡Doctorrrr!!! ¡¡¡No me joda!!!

05 julio 2007

Así revientes, Antonio



Así revientes, Antonio.
Tú, cagándote de miedo en esa parada de las afueras tan oscura que en cualquier momento te aparece por detrás un drogata con mono y cuchillo de cocina, te rebana el cuello como hogaza de pan y se acaba todo. Se cierra el talón de una puta vez, maldita sea tu suerte de asalariado del taxi tragando madrugadas, mientras la parienta como una marquesa, marquesa del carajo, sigue tirada en la cama soñando con algún galán de cine que la saque de las tristezas de la vida.
Asfixiado con el tráfico, las obras, los municipales que no se enteran, las motos de los repartidores, los autobuses urbanos, los buses escolares. En uno de ellos podría ir tu chiquillo. Ahora tendría 7 años, Antonio, y sería semejante a esos otros que hacen como que juegan pero no juegan que están delante las mamás y no está bien que les confundan con los pequeñitos de primero y segundo tan inconscientes en sus niñerías.
Te gusta el fútbol, Antonio. Tu equipo está jugando bien pero tú no puedes ir a verlo. Cuando juegan el miércoles, tienes trabajo doble llevando y trayendo a la gente al estadio mientras ruge la multitud adentro y afuera, en los bares atestados. Ni siquiera ver la tele, Antonio. Y luego llega el fin de semana y tienes que ir al pueblo para visitar a la familia de la mujer y ayudar a recoger las patatas en la huerta, o poner buena cara cuando tu suegra, mal rayo la parta, te da el consabido pan de centeno y el queso de todas las visitas. Con lo bien que estarías levantándote tarde, leyendo el periódico en un parque o dando una vuelta por el Paseo Marítimo ahora que estamos en primavera y el domingo por la mañana no tienes que sufrir asfixiado con el tráfico, las obras, los municipales que no se enteran, las motos de los repartidores, los autobuses urbanos, los buses escolares. Imagina, que imaginar es barato: un rape a la cazuela, un café con su aguardiente de hierbas y luego ir al estadio a ver el partido. A la salida, unas cañas con los amigos para entrar en tu casa, ya de noche, un poco más contento de lo habitual. Pero no, Antonio, no, eso no es lo tuyo. Tú tienes que estar con esos tarugos da aldea que te miran con aire de superioridad porque tienen cuatro vacas y doce ferrados de tierra. Callados, resignados, sumisos y siempre hablando de lo mismo:
¿Ya pensasteis que vamos a hacer con las fincas que dejó la abuela? Pues dicen que a la Martina la dejó embarazada un camionero y los padres no quieren saber nada de ella. Que sí que no, que en la capital vivís muy bien y no conocéis los padecimientos de la gente del campo”.
Así revientes, Antonio.
Tu mujer se levanta a las nueve y va a aprender a nadar a la piscina municipal y luego queda con las brujas esas que pasan el tiempo hablando, siempre mal, de sus hombres o comentando cosas del nuevo novio de Anita Obregón. La partida de cartas, la visita diaria al Centro Comercial, por la tarde el curso de yoga en la Asociación de Vecinos y tú siempre en el mismo taxi que ni siquiera es tuyo y con las mismas camisas que todas las noches echas sudadas en la lavadora luego de asfixiarte todo el día con el tráfico, las obras, los municipales que no se enteran, las motos de los repartidores, los autobuses urbanos, los buses escolares.
Sí, Antonio, sí, el niño era un alfiler de ojos enormes. Con ellos estaba aprendiendo a conocer el mundo y tú lo paseabas orgulloso en su coche, suyo de verdad no como tu taxi, mientras las cotillas del barrio te paraban para hacerle carantoñas “Qué hermosura de niño, como se parece a su padre. ¿Qué dices? si tiene los ojos de su madre. Es lindo de verdad, me recuerda a su abuelo que en paz descanse” Pronto descansó el niño, Antonio, y las mismas cotillas del barrio hacían pucheros en el velatorio tal como si aquel pequeño ataúd tuviera poder suficiente como para ablandar sus duros corazones de piedra. No hubo perdón. No hay olvido. Día a día desde aquel día, tu mujer no hace otra cosa que señalarte: el niño estaba contigo, en tu taxi que no es tuyo y quedó allí tirado en la cuneta mientras tú, Antonio, sigues vivo.
Por eso, después de todo, Antonio, no te va tan mal cuando aún puedes seguir asfixiándote con el tráfico, las obras, los municipales que no se enteran, las motos de los repartidores, los autobuses urbanos, los buses escolares.
Así revientes, Antonio.

02 julio 2007

El viejo león sigue rugiendo

...Y mientras ruja nos sentiremos todos un poco mejor. El león de Belfast tiene claves que incluso los que lo admiramos con pasión nos cuesta descifrar. Y sin embargo, cada uno de sus temas son como mordiscos en las entrañas por los que puede entrar la luz exterior. Frases y palabras repetidas cien veces, como plegarias lanzadas desde muy adentro que tienen la facultad de conmovernos de una forma radical . No se nos exije demasiado, sólo que nos dejemos llevar por la fuerza atronadora de su voz única. A través de la voz y las canciones de George Ivan Morrison, simplemente Van Morrison, podemos entender el valor de la palabra como generadora de emociones no necesariamente vinculadas a un contenido. Una palabra que siendo la misma, cada vez suena y nos llega a nosotros, de forma diferente. Algo poderoso que sólo entienden plenamente los magos, los amantes de las viejas escrituras sagradas, algunos actores que huyen del método, mis colegas africanos y los viejos profetas manipuladores de multitudes.

Van Morrison dijo una vez que cada uno de sus discos eran como cartas que mandaba a casa para que tuvieran noticias suyas. ¿Qué nos cuenta de si mismo y de su vida en esta canción aparentemente alegre pero gravidamente melancólica? A los amantes de los contenidos aquí les dejo la letra, el chamán se queda con otra cosa.

Moondance

Well it's a marvelous night for a moondance

With the stars up above in your eyes
A fantabulous night to make romance
'Neath the cover of October skies
And all the leaves on the trees are falling
To the sound of the breezes that blow
And I'm trying to please to the calling
Of your heart-strings that play soft and low
You know the night's magic
Seems to whisper and hush
And all the soft moonlight
Seems to shine in your blush...

Can I just have one a' more moondance with you, my love?
Can I just make some more romance with a' you, my love?

Well I wanna make love to you tonight
I can't wait till the morning has come
And I know now the time is just right
And straight into my arms you will run
And when you come my heart will be waiting
To make sure that you're never alone
There and then all my dreams will come true dear
There and then I will make you my own
And every time I touch you, you just tremble inside
And I know how much you want me that, you can't hide...

Can I just have one more moondance with you, my love?
Can I just make some more romance with you, my love?

Well it's a marvelous night for a moondance
With the stars up above in your eyes
A fantabulous night to make romance
'Neath the cover of October skies
And all the leaves on the trees are falling
To the sound of the breezes that blow
And I'm trying to please to the calling
Of your heart-strings that play soft and low
You know the night's magic
Seems to whisper and hush
And all the soft moonlight
Seems to shine in your blush...

One more moondance with you
In the moonlight
On a magic night
la, la, la, la, there's a moonlight
On a magic night
Can't I just have one more dance
With you my love?
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