Por amor a Nebraska 7

El juez del condado Wells Groom amaba los trabajos bien hechos, pero siendo torpe para las manualidades, se había dedicado a la ley sin perder su amor por la obra acabada. Amasaba las leyes, las moldeaba a su voluntad, las seducía porque conocía sus caprichos, y luego convertía sus resoluciones en pequeñas obras de arte que, aunque raramente gustasen, a él lo dejaban plenamente satisfecho.

Siete hombres esposados. Cuatro moteros y tres tipos morenos vestidos con monos negros y pinta extranjera. Al parecer, eran los guardaespaldas y mecánicos del jovencito trajeado de la primera fila. Un árabe. El clásico hijo del desierto que se había encaprichado con ser piloto de Fórmula Uno. Un niñato arrogante porque papá tenía un pozo debajo de los pies que daba mucho dinero. Pero no en su juzgado. 

Casi  todos los esposados tenían hematomas visibles en la cara y uno de los moteros una larga rasgadura de arma blanca en el brazo tatuado. Una pelea brutal y mortal si alguien no hubiese llamado a la policia. Y todo por una silla. Por llevarse una silla.

  • Traigan la silla
Entró chirriando, montada en un carrito y arrastrada por dos alguaciles. Venía tapada con una tela. El primer alguacil hizo el gesto para quitarle el velo, pero el juez, alterado bajó rápidamente del estrado y soltó un:
  • Déjeme a mí.
Al destaparla y ver aquel objeto, creado para matar, se ruborizó emocionado y se echó las manos a la boca.
  • Es... es divina. No vi nunca cosa igual. ¿El creador sigue en el hospital?
  • Sí, está con su ayudante, un extranjero -se le acercó el sheriff Lomax.
  • Demasiados extranjeros.
  • Quiere continuar la obra del maestro y seguir fabricando sillas. 
  • Eso está mejor ¿Y tendrá compradores? No creo que sea un negocio en racha.
  • Está negociando con los árabes que son dados a estos caprichos y cuenta con el apoyo financiero de la banda de los moteros yuppies.
  • ¿Todo resuelto, entonces?
  •  Todo resuelto, juez, no hay daños ni perjuicios, ni demandas pendientes en este caso.
  • La silla me la quedo yo en custodia. Es decir... el juzgado.No creo que nadie se atreva a discrepar o tendremos que ser algo más severos.
Atardecía cuando salieron del hospital. Xan arrastraba la silla de ruedas del viejo mientras asentía a las explicaciones repetitivas de cómo fabricar otro asiento de matar perfecto. 
Apareció ella.
  • ¿Lea?
  • Xan, sí soy yo.
La hija del capo de Nueva Jersey se apretó en un largo abrazo con el galaíco emigrado.
  • ¿Pero..pero que has hecho?
  • Lo he abandonado todo para estar contigo. Alguien me llamó y me dijo donde estabas. He recorrido 2000 kilómetros para llegar a ti.
  • Señores, estoy en una silla de ruedas por culpa de una silla eléctrica. Tengan la bondad de llevarme a mi casa y luego tendrán tiempo de sobra para contarse  sus cositas -el tono colérico de Dale Dunne era muy convincente. 
Ocho minutos más tarde la furgoneta volvía a casa. 

En la alta noche, Wells Groom acariciaba la silla como buscando compañía.
  • Nunca confíes en un objeto que todo el mundo quiere, pero nadie sabe por qué.
No hubo respuesta. Fuera, solo se oía a un borracho desafinando.




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Comentarios

  1. El alma de los objetos, ¿de dónde sale?, se quedan, quizás, con algo sus creadores... Xan necesitaba alguien que lo rescatase, espero que puedan sacarlo a flote...

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    1. Los objetos o tienen alma o solo son trastos y por supuesto, cuando son creados de forma artesanal, tienen un valor que trasciende y que va desde el creador a aquel que los posee. En algunos casos, determinados objetos están imbuidos además del poder que les otorga quien los desea de forma ferviente y eso los convierte casi en objetos mágicos.
      Saldrá a flote, es hombre de mar.

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  2. Pues no sé. Hematomas visibles, larga rasgadura ... pinta mal, yo de ese Juez del Condado avisaba al Señor Conde.

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    1. Imagínate que bien funcionarían las Urgencias de los hospitales con una cuadrilla de Condes Draculas a mano para los accidentados.

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  3. Después de leer este cantar y sus verdades: queda bien claro las intenciones de el juez...umm.
    Xan ,por lo menos después del desencadenante,ella le ha llegado en el momento preciso...
    Siempre sale escaldado el que más se lo curra.
    A ver qué queda todo este desaguisado.
    Un abrazo y un aplauso por estos buenos momentos

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    1. Quizás las intenciones del juez no sean excesivamente pecaminosas, todos conocemos a gente que hace compras compulsivas no porque les interese lo que compran sino por el deseo de poseer lo comprado.
      Un abrazo grande y gracias.

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  4. "Nunca confíes" es, por lejos, el mejor consejo que he recibido en mi vida.

    Saludos,
    J.

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    1. Esa frase junto con otra que decía mi padre:
      "No las hagas, no las temas"
      Son de los mejores consejos que también yo he recibido.
      Saludos

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  5. Eso es amor a primera vista; lo del juez y la silla, digo. Y lo de la buena de Lea, aunque no tan a primera vista, igual también. O a lo mejor es un capricho nada más, vaya usted a saber...

    Muy bueno el nuevo cantar de gesta ese que has escrito. Le sienta bien el gallego, como al anterior.

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    1. ¿Crees que la silla le corresponde al tamaño de su amor? Suelen ser bastantes ariscas y prometen mucho aunque a veces son amigables y alivian bastante.
      Lamentablemente no tengo experiencias con sillas eléctricas y apenas conozco esas que generan masajes.
      Gracias por lo del del cantar. El gallego es un idioma para cantares y romances porque es muy cadencioso y musical.

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  6. En el caso del juez, la silla podría entrar en el epígrafe de aperos de trabajo, es normal que quede bajo su protección, que luego hace falta freír a un malo y todo son prisas por falta del material requerido

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    1. Ya, ya aunque los jueces se creen poderosos e invulnerables, véase lo que hay por aquí, estas cosas sangrientas suelen delegarlas en el personal de las cárceles, las fuerzas de orden público y en esa venerable institución de los verdugos. Ese glorioso Pepe Isbert en la película de Berlanga.

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  7. Ja, ja, ja, muy bueno ese detalle de "Estoy en una silla de ruedas por culpa de una silla eléctrica". Todo queda en una silla. De silla en silla. :))

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    1. De silla en silla, una reflexión redundante por si alguien no lo pilla. A veces me pongo pedagógico de más.

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  8. Me ha gustado el derrotero que lleva tu cuento. Ese sheriff fetichista que se queda con la silla. Y Lea, que viene a "ponerle sabor al caldo" como decimos acá. Un capítulo que entretiene y que te deja deseando saber más. Acá seguimos. Abrazo fuerte.

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    1. Gracias, Ana.
      Uno está influido por muchas historias del viejo western y del western contemporáneo y me gusta hacer caldos con muchos sabores diferentes. También por aquí conocemos esa frase. Quizás el próximo capítulo tenga una deriva imprevista o esa es la intención.
      Un abrazo fuerte para ti.

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  9. Un objeto fetiche que, finalmente, tiene dueño. La silla misteriosa es un fino hilo conductor que une a todos, por el momento. Lea, parece la nota caprichosa de la historia. Veremos en qué queda.
    Me gusta, me gusta este perspicaz guión.
    Un abrazo, Krapp

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    1. Hoy mismo he continuado esa historia, querida Marisa. Creo que el giro puede ser interesante y he incorporado a un viejo personaje del blog que nació por el 2008.
      Gracias por tu confianza.
      Un gran abrazo.

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