Soñador de imperios
El libro sagrado. El mito fundacional. El hombre destinado a la gloria desde una humilde cuna.
¿Hijo de marineros? En realidad, su padre había sido un afamado "percebeiro", en ocasiones furtivo, que había tenido suerte y amasado un gran capital capitaneando a un grupo de audaces dispuestos a ir donde las olas no perdonan. Con el tiempo, aquel hombre se hizo armador y desde alguna instancia difusa se le animó a participar junto a su cuadrilla en negocios de importación de los que conviene no hablar.
Xan era torpe para los asuntos del mar. Intentó varias veces ir a coger percebes y casi siempre hubo que recogerlo a él para no ser arrollado por las olas feroces. En la última ocasión, le salvó por los pelos un helicóptero de la Cruz Roja.
El padre sacó conclusiones. Decidió que estudiase la carrera de comercio para que le pudiera ayudar en asuntos de logística en sus negocios públicos y privados. Un año académico intrascendente dio paso a un verano de prácticas penosas. Su impericia estuvo a punto de provocar la captura de un importante alijo de tabaco.
Volviendo de fiesta, ya a principios de septiembre, encontró sus maletas en la puerta, un billete de avión encima y una nota escueta sobre la mesa del hall:
“Vete a Nueva York. Busca a nuestros parientes. Aquí tienes la dirección.
Cuídate, neno.”



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