Escapado, enchufado, enredado
Corría como alma que lleva el diablo y, en su carrera, chocó contra una mujer que cayó de bruces al suelo mientras se le desparramaban la pasta recién comprada, el jarrete de ternera para el osobuco y una botella de Lambrusco.
—Mamma mía… me he cargado a una mamma. No hay quien me salve —soltó bajito mientras se lanzaba de cabeza hacia la boca del metro de Canal Street.
Durante un suspiro, la afamada indiferencia de los neoyorquinos quedó en entredicho después de que aquella furia a dos patas bajó al andén y dejó temblando el aire al subir al vagón. Los ciudadanos que abarrotaban el tren apartaron la mirada del móvil, sorprendidos tras la intromisión, y volvieron a bajar la cabeza.
Apoyado en la parte trasera del coche, a Xan le dio por rumiar sobre su puñetera manía de montarse estúpidas películas en la cabeza sin argumento ni presupuesto que las sostuvieran. Bobo neurótico.
Llegó a su estación y siguió rumiando hasta llegar a su pensión, a tres manzanas. Saludó a la encargada, subió a su cuchitril rumiando, bajó con la maleta rumiando y, tras pagar la cuenta, se fue sin mirar atrás, rumiando.
Destino: New Jersey. El papel que llevaba en la mano, el que le había dado su padre, se lo confirmaba.
El tío abuelo, Theo Touzins, antes Teodoro Touciño, llevaba semanas esperándolo desde que recibiera la carta de su sobrino, el padre del descarriado.
De edad avanzada y viudo desde hacía años, seguía al frente del negocio tras descartar a unos vástagos incapaces de dar un palo al agua más allá de algún esporádico negocio turbio. Curiosamente, la única aportación de aquellos inútiles eran las malas compañías: sus contactos en los bajos fondos permitían que la empresa siguiera a flote. Xan era de la familia, quizás fuera la esperanza blanca para el negocio. Se ilusionó.
Todo fue bien. El chico aprendía rápido, el viejo estaba contento, la empresa prosperaba. Los vanos intentos de sus primos para hacerlo cómplice de su mala vida no tuvieron éxito. Xan estaba avisado y conocía los peligros. Ellos no se lo perdonaron.
Aquella tarde soleada, tío y sobrino estaban en la puerta y a punto de cerrar el negocio tras un pesado día de trabajo. Entonces llegó un Lincoln negro frenando delante de ellos. Una mano grande y peluda salió por la ventanilla y señaló a Xan.
- You. Get in.
Misma hora, mismo coche, otro mes.
- Menuda potra el tío.
- Potra, mis cojones. Iba blanco cuando lo subieron al coche. Pensaba que lo despachaban.
- No queríamos llegar tan lejos. Solo asustarlo.
- Él se asustó cuando le dijeron lo de hacer un trabajito para esa peña.
- Charlie me dijo, cuando hablamos, que le tuvo que espabilar a cachetes, para que no se les cayera dentro.
- Lo dejaron como un bulto delante de la casa, para solucionar lo del apagón.
- Y le abrió la hija.
- Lea.
- Y todo a media luz.
- A media luz los dos.
- Romance criminal.
- La cosa se puso seria.
- Al viejo no le hizo ni puta gracia.
- Pero tampoco se lo cargó. La niña se puso rabiosa.
- Lo mandó lejos.
- A Hollywood.
- Con negocio eléctrico.
- El nuestro.
- Y nosotros aquí, de pringados.
-SUEÑO DE IMPERIOS-
Lo ya visto





a veces en la vida es mejor ir dando tumbos esperando que todo salga bien porque, total, si todo va a salir mal, el menos lo haces más descansado.
ResponderEliminarAunque si yo hubiese agredido a una mama no me habría quedado en el mismo continente, eso seguro.
Interesante teoría, pero quizás la esperanza siempre tiene forma de trampa y mejor romper con ella tirando para adelante hasta donde nos lleve el destino.
EliminarXan, va de lío en lío. Y de ciudad en ciudad. Apunta maneras y eso que no lo hace a posta. Me ha encantado como describes todo. De película.
ResponderEliminarUn abrazo
Muchas gracias, Marisa.
EliminarLlegar a la cumbre debe costar lo suyo, entre torpezas, miserias o desmesuras, y me temo que incluso en tiempos tan escépticos como los actuales, tendemos a idealizar las hazañas de los que llaman triunfadores.
El que mal anda mal acaba, a no ser que lo salve el grelos power
ResponderEliminarLo has pillado, el grelo power es una forma salvadora de poder.
EliminarDe costa a costa en un pispás. A este hombre la ruta 66 se le va a quedar pequeña. De todos modos va teniendo suerte, debe de ser cierto que unos nacen con estrella y otros estrellados.
ResponderEliminarYa sabes que con los aviones ahora todo es más rápido y los de la Beat Generation están algo de capa caída, mejor de cazadora caída. Lo de nacer con estrella o estrellado, siempre me pareció algo determinista y niega el venturoso azar de las cosas o el curro de cada cual para intentar que funcionen en su beneficio.
EliminarHola, doctor. Parece que la vida, aunque le da unos sustazos a Xan, también lo protege de alguna manera. Ahora se libró de esos primos malintencionados. Veremos cómo le va en la siguiente aventura. Abrazos.
ResponderEliminarCalifornia con su clima cálido y acogedor, según dicen, seguro que le ofrece alguna nueva peripecia. Es difícil llegar y triunfar y en estos tiempos más, si no vives o no tienes un amigo en Silicon Valley, en el mismo estado pero muy al norte.
EliminarSaludos y abrazos, Ana.
Yo creo que la estrella que guía los actos de Xan, es la misma o parecida a la que tiene cierto inspector de la Sûreté francesa. Esos tipos son imbatibles e incluso pueden volverte loco, ja, ja, ja.
ResponderEliminarEs interesante compararlo con Clouseau, aunque personalmente yo estoy mas enganchado desde hace siglos a un tal Comisario Maigret del que creo que leí todas sus novelas, lo cual no tiene mucho merito, cada una te la lees en una tarde.
Eliminar