26 enero 2017

Un cuerpo para hoy

El gomoso mayordomo entra en el gabinete con indolente desenvoltura y se dirige al atril que ocupa el centro de la habitación desnuda. En la parte superior, bajo una vitrina de cristal, brilla una lámpara dorada. Extrae un mínimo plumero retráctil de su elegante chaqué y le da tres toques suaves al  luminoso objeto.
Un resplandor, un relámpago de luz, un fulgor inmenso se adueña de la habitación y se corporiza en una figura humana vestida con un viejo camisón a rayas y un gorro de dormir.
  • Señor, es el momento de buscar un cuerpo adecuado para el día de hoy.
  • Aaugggh, Hortensio - se despereza el aparecido- espero que hayas pensado en algo que me alivie del entumecimiento de ahí dentro. No sé que me pasa últimamente, debo haber ganado peso o quizás que me estoy haciendo viejo.
  • Yo creo que el señor debería hacer algo de ejercicio y no comer en exceso cuando se pone el cuerpo de marqués y le invitan a esos banquetes de alto copete. Por eso he pensado en la conveniencia de probar otras posibilidades menos petulantes.
  • ¡Qué miedo! Conociéndote me puedo esperar cualquier cosa loca y extravagante.
  • Señor, nunca haría nada que fuera en menoscabo de su linajuda condición pero creo que le vendría bien probar otros aires quizás más plebeyos pero muy reconstituyentes.
  • Hortensio, te temo.
  • No me tema, señor, le he traído para que lo pruebe un precioso cuerpo de dinámico activista.
  • Por favor, Hortensio,  ¿acaso pretendes que me transforme en un espantoso comunista barbudo, con ushanka en la cabeza, cara demacrada, mirada cejijunta, mal afeitado y con perversas intenciones homicidas?
  • Señor, lamento decirle que está usted un poco desfasado y demasiado influido por las mentiras de la vieja prensa reaccionaria. Si aquello existió alguna vez ya ha desaparecido. Los activistas de hoy en día son de otra manera y están en otras causas.
  • ¿Entonces ya no se predica y promueve la revuelta social contra la explotación de los poderosos?
  • No tanto, ahora lo que importa es la reivindicación de la identidad de cada uno. Tu país, tu género, tu raza, tu sexualidad, tu forma de alimentarte, tu amor a los animales etc...
  • En mi condición actual, tengo muy poca identidad disponible, cualquiera me vale.
  • Tampoco correría peligro, señor. No correría peligro de ser fusilado por mucho que le consideren un escuchimizado oligarca descendiente de un afamado linaje de orondos oligarcas depredadores. Las revoluciones han cambiado mucho y tampoco la clase obrera se siente representada por la burguesía ilustrada que antes le apoyaba. La de ahora esté demasiado ensimismada con sus discursos teóricos, su culturalismo y la pluralidad de sus luchas.
  • ¿Pero quién representa a los de abajo?
  • El populismo fascista pretende llevarlos a su redil. No es que sea una ideología muy racional y humanitaria pero tiene claros sus objetivos: hacer pensar a los penúltimos que los últimos son culpables de todo. Sobre todo si son pobres, extranjeros y de otras religiones y razas.
  • Como en los años 30.
  • Sí, como en los años 30.
  • Me consuela saber que los de mi clase no corremos peligro, se me quita un peso de encima y eso que no tengo peso desde que soy una pura esencia embutida en una lámpara.
  • Al menos algo quedó de usted después de aquel terrible incendio provocado por usted mismo.
  • Aquel seguro de la casa era una oportunidad para resarcirme de mis fracasos. En fin, se me fue la mano  y fracasé de nuevo. Ahora mismo haría de tripas corazón si aún tuviera tripas y corazón.
  • Señor, ahora tendrá mucha actividad en su nuevo cuerpo de activista. Asambleas, manifestaciones, desahucios, sentadas, conferencias, reuniones informativas, tweets y mensajes en facebook, reparto de propaganda... Va a tener que acostumbrarse a un ritmo frenético, Señor Habe Krem.
  • No seas alarmista, Hortensio ¿o acaso crees que no se llevar con estilo el pañuelo palestino?

09 enero 2017

El sapo en la rama (Cuarta historia de Pega y Pica)

Ahí estaba, como un marqués, justo en medio de la rama en que las urracas Pega y Pica contemplaban día a día las contingencias del bosque. Ahí estaba, con su buche bien inflado en pleno atardecer, despreocupado de su suerte en un territorio hostil e inaudito. 
  • Oye, sapo, ¿qué haces en nuestra rama? No es tu sitio. 
  • Ni tu hora. 
El sapo movió sus pupilas hacia sus glándulas parótidas, con la misma delicadeza y lentitud con que el brutal pistolero acaricia su revólver poco antes del anunciado tiroteo. 
  • Soy el rey de la charca, mis aspiraciones allí abajo están colmadas. He venido hasta aquí buscando nuevas perspectivas de futuro. ¿Molesto? 
  • Depende, todavía no lo hemos decidido, ¿verdad, Pica
  • No, todavía no lo hemos decidido, Pega
  • En todo caso no es corriente ver a un sapo subido a un árbol. ¿Cómo has llegado hasta aquí? No tienes alas, no tienes plumas y tu salto es grotesco incluso comparado con el de tus primas, las ranas. 
  • Cierto, pero tengo don de gentes. Mi croar es un canto tan bello, que no solo entusiasma a las hembras de mi especie, que se pelean por complacerme, también encandila a otros animales de buen oído. Todos prefiere verme como aliado antes que como enemigo, dado mi talento natural para la negociación ¿y por qué no decirlo? para la conspiración y la intriga. Soy un intrigante de mucho cuidado, estoy muy bien informado y a todos les conviene estar a bien conmigo. Por lo tanto, tiene cierta lógica que algún pajarillo se haya ofrecido amablemente a ejercer de taxista para subirme a estas alturas. 
  • Pues yo tenía entendido que algunos pajarracos se pirran por tus higadillos. 
  • Una pobre ilusión de la libido. Si intentasen algo, su fracaso estaría asegurado. Soy un sapo indómito, me revuelvo con velocidad fulgurante ante cualquier agresión y mis parótidas son mortíferas. Pobres córvidos, mi veneno es demasiado letal para sus intereses alimenticios. 
El sapo volvió a hinchar su buche con expresión ampulosa. 
  • ¿Cual es tu objetivo ahora que estás en nuestra rama? ¿Pretendes apartarnos de ella? 
  • No, por favor, hay sitio para los tres. Mis informadores me han dicho que aquí tenéis una atalaya magnífica para ver las miserias del mundo y yo creo que puedo ser un buen compañero de análisis e interpretación. No me negareis que no me he ganado a pulso un puesto junto a vosotras, mis queridas urracas. 
  • ¿Habías visto alguien así antes, Pega
  • No, no había visto nada igual, Pica. Debe ser culpa de la insalubridad de las charcas. 
  • Tenemos entonces dos opciones, ¿pata o pico? 
  • Pico es lo mas ajustado dado lo que larga este sapo. 
  • Pues dale con el pico y mándalo de nuevo a su reino húmedo e infecto.
  •  Adiós rey de la charca, peligroso intrigante y gran conspirador.
  •  Adiós indómito sapo, saco de veneno, enemigo letal. 
 (El resto de historias de Pega y Pica en este enlace)