04 octubre 2017

De tapas por los anillos de Saturno


En mi búsqueda de Egonia 2.0 recalé en la afamada Manolo's Tavern situada en un pequeño asteroide dentro de los anillos exteriores de Saturno. El dueño siendo un pretencioso gañán parlanchín de Belinda, un alargado y casi desconocido satélite de Urano, insistía con enojosa insistencia en que era el lejano descendiente de un fulano llamado Manolo que tenía un bareto de tapas en algún lejano lugar de la madre Tierra
  • ¿Lejano lugar? ¿Tu antepasado no será oriundo de Kaskarilleira como yo? Allí hacemos unas tortillas de puta madre.
  • Nunca oí hablar de Kaskarilleira, ¿está cerca de Nebraska?
Resistí la tentación de darle un buen mamporro en la boca a aquel mamarracho y le pedí que me pusiera un pincho de tortilla, la especialidad de la casa.
Horripilante. ¿Con qué estaba hecho aquel mejunje espantoso? ¿ Eran patatas aquellos pedazos de materia gris? ¿La yema de huevo es verde en aquellos confines solares? Si queréis comer de forma decente, ni se os ocurra traspasar la frontera espacio/tiempo. Estáis avisados
Hice de tripas corazón y empecé a darle palique a aquel sujeto desagradable que decía llamarse Manolo 23.Q. La taberna, al parecer, era el sitio obligado para todo lo que se cocía en los anillos de Saturno excepto para su repugnante tortilla. 
  • ¿Vienen por aquí muchos egonios?
  • ¿Estás de coña? Todo el mundo sabe que esos tipos decidieron desconectarse del resto del universo tras montar Egonia 2.0
  • Sí, pero seguro que hay algún nostálgico de los viejos tiempos y se vendrá de escondidas por aquí a tomarse algo.
  • Pero si se cansaron de decir a todo el mundo que eran los más grandes, los más listos, los más guapos y que se bastaban a si mismos con sus propias cosas.
El tipo me miró con cara de guasa o al menos así me pareció cuando giró sus ojos de rata 180 grados y movió las antenas naranjas que le subían por las orejas.  Me puse algo chulo.
  • Esas son palabras para la galería, para que te respeten los tuyos y no te jodan la vida por pensar diferente. Luego cada uno en su cabeza tiene sus tentaciones y sus necesidades. Tampoco yo quiero joderte la vida y como soy buena gente te ofrezco dos opciones: o te callas y te frío esa cara de roedor famélico con mi revolver desintegrador con el que te estoy apuntando desde el interior de mi chupa de cuero, o me sueltas lo que sabes y te paso la receta de tortilla que hacía mi madre con la que aumentarás la clientela de tu chiringo cochambroso y hacer que vengan a tu tasca hasta guiris que viven más allá de la órbita de Jupiter.  
  • ¿De Jupiter?
  • De Jupiter, mismo, neno. 
  • Vale, fíjate en aquella esquina. ¿Ves ese tipo compungido que se come su tortilla llorando y bebe a sorbos una taza con algo que ha hecho el mismo y llama carajillo? 
  • Lo veo
  • Pues es un egonio que añora los viejos tiempos, cutres y terribles, en que su pueblo creyéndose mejor se consideraba víctima de la incomprensión de sus vecinos y por lo tanto estaban en perpetuo choque con ellos. ¿ Y sabes lo que me ha dicho?
  • ¿Qué te ha dicho?
  • Qué entonces todo era más divertido. Ahora en Egonia 2.0 la vida no tiene alicientes. Ya no tienen con quien compararse y sentirse mejores. No tienen con quien presumir para demostrar su poderío. Todo lo que ocurre allí se ha vuelto previsible, gris, aburrido y conformista.  No hay ya diferencias con nadie, ni competitividad. Cualquier cosa es la misma cosa. Todo parece estancado e interminable. 
  • Menudo marrón.
  • Por eso se viene aquí. A recordar aquellos maravilloso tiempos de opresión, cuando los egonios convivían con aquella chusma de la que se sentían víctimas y a la que despreciaban. En el fondo no sois tan diferentes ellos y vosotros.
  • ¿Por qué?
  • También piensa que mis pinchos de tortilla son una mierda.

(Capítulo 39 de Kaskarilleira Existencial.  

15 septiembre 2017

Somos antisistema, Mami

  • Te hemos visto en el YouTube, cariño.
  • ¿He salido, Mami? 
  • Si, cielo. Tu padre y yo te reconocimos por la ropa cuando estabas al lado de aquel autobús quemado. Por cierto, ¿lo quemaste tú? 
  • Yo y otros colegas de nuestro grupo. Date cuenta que era un autobús de turistas y nos dio mucho trabajo convencer a los guiris de que se fueran. Llevábamos un bidón de gasolina y cogimos unos trapos viejos de un contenedor. Cuando estalló parecía un auténtico infierno. ¡Fue genial! 
  • Seguro que lo pasasteis bien y eso lo que importa, cielo.
  •  Mami, la verdad es que tengo algo de miedo ¿tú crees que me pueden enchironar? 
  •  ¿Enchironar?
  • Meternos en la cárcel
  • No te preocupes, corazón, no se atreverán contigo siendo quien eres y viniendo de donde vienes.
  • ¿Ni siquiera por haber asaltado el restaurante el otro día y haber echado esputos sobre la sopa de los clientes? 
  • Lo verán como una chiquillada, seguro. Nadie, con un poco de sentido común, puede querer encerrar a un montón de jóvenes guapos, sanos y universitarios. 
  • Somos antisistema, Mami, no les caemos bien.  Estamos contra los valores burgueses que ellos representan y la oligarquía nos considera muy peligrosos.
  • Pero cielo, tu padre y yo somos parte de esa oligarquía y no te consideramos peligroso.
  • Mami, soy tu hijo y tienes que defenderme, soy el futuro de la familia.
  • Pero no olvides que somos unos padres liberales y pensamos que debes divertirte a tu manera. Eres joven, buen estudiante y generoso. Todos lo que aprendas te ayudará en el futuro cuando te hagas cargo de mayores responsabilidades. No eres uno de esos alborotadores pendencieros que andan por ahí. Por esa regla de tres y  si nos pusiéramos estrictos, la mitad de la juventud estaría en la cárcel. 
  • ¿Pero Valentina me contó que en su país los que hacen algo parecido acaban condenados a largas penas de cárcel e incluso son asesinados por los paramilitares? 
  •  ¡Qué no te venga la chacha con sus monsergas! Aquello es el Tercer Mundo y son muy brutos. La miseria corrompe la mente y te hace cometer toda clase de barbaridades. Hay sicarios que asesinan solo porque les gusta apretar el gatillo. Es normal que el gobierno intervenga y los ponga en su sitio. A veces hay que ser muy duro con cierta gentuza.
  • ¿Entonces nosotros no somos gentuza, Mami?  
  • Cariño, por favor, lo vuestro es diferente. Lo que hacéis es porque  sois chicos rebeldes con ideales puros. Es un rodaje para curtirse frente a las tempestades de la vida adulta.
  • Y además nos divertimos mucho. 
  • Encima os divertís, eso es lo importante. Ninguna justicia, que se pretende tal, trataría de igual manera, a unos tipos mafiosos y sanguinarios habitantes del quinto infierno, que a unos chiquillos iconoclastas pero sensibles que solo quieren una oportunidad para demostrar lo que valen aprovechando que tienen mucha adrenalina que soltar.

20 julio 2017

Detective de viaje por Saturno

 Diario de navegación del detective privado Fiz Arou a bordo de su contenedor de basura transtemporal 

Cansado de las penurias del pasado y del papanatismo del presente, he decidido darme un garbeo por el futuro. El panel indicador me dice que estamos llegando a la fecha estelar 2131.07.20 y que estoy dando vueltas como una peonza alrededor de los anillos de Saturno a la busca y captura de Egonia 2.0.
Sí, ya sé que vuestros conocimientos de futurología son realmente lamentable y yo no tengo vocación de profesor.  Lo resumiré en pocas palabras: Egonia 2.0 es el satélite de Saturno al que se trasladaron los egonios cuando se marcharon de la Tierra.
La cuestión es que se les habían subido los humos a la cabeza convirtiéndose en un pueblo orgulloso y petulante. Se creían los mejores porque impusieron sus modas y su estilo de vida al resto de sus congéneres humanos. Supieron colonizar las mentes ajenas sin necesidad de usar armas y prescindieron de la habitual cascada de sangre. 
Eran épocas de comunicaciones primitivas pero tuvieron éxito. Lograron construir una red psicológica que  manejaba a su libre capricho al resto de la humanidad por encima de instituciones represivas o representativas,  supranacionales o comarcales, gubernamentales u opositoras, industriales, sindicales, agrícolas o financieras etc... 
Era un poder discreto, versátil, cultureta, muy liviano y enormemente vigoroso a pesar de su elegante ligereza.
Pero llegó la decadencia. Las redes informáticas, la tecnología y los nuevas tácticas persuasivas del marketing y la publicidad fueron arrinconando la psicología individual en beneficio de la grosera y redundante psicología de masas que nos devolvió al pensamiento primitivo. Dura experiencia para los altivos y engreídos egonios que se sintieron rechazados por aquellos mismos que con anterioridad les entregarían cuerpo y alma por un poco de atención. 
Se volvieron paranoicos. 
Se plegaron sobre si mismos encerrándose en su vieja carcasa territorial. 
Convirtieron su presente en un mero eco de un heroico pasado glorificado hasta niveles imposibles. 
Suspicaces hasta el límite, rechazaron todo contacto con el mundo exterior y escapando del hoy se limitaron a regurgitar, una y otra vez, las viejas lecciones del ayer. 
La situación de malestar fue en progresivo aumento y en algunos sectores empezó a cuajar una idea extrema: hacerse con un satélite saturniano y abandonar la Tierra para no tener que seguir soportando las vilezas y mezquindades de una humanidad abyecta.
Llegadas las elecciones, triunfaron los partidarios del exilio frente a la facción proterrícola. Unilateralmente y sin consultar a la otra parte, el grupo vencedor inició los trámites para el gran éxodo. En tres años comenzó el laborioso traslado al satélite, adecuadamente acondicionado, y en cinco más el asentamiento llegó a su fin. La vieja Egonia terrestre quedó abandonada a su suerte, poblada por un montón de ancianos atolondrados que se resistían a dejar atrás sus raíces y por sectores minoritarios ultraterrícolas, en su mayor parte servidumbre inmigrante, que se sintió liberada.
En la colonia saturniana se celebró la gran fiesta de inauguración territorial  y la sorpresa llegó al final. Fue entonces cuando los habitantes de Egonia 2.0 desconectaron todos los sistemas de comunicación que les unían al resto del Universo. 

El Gran Apagón Egonio consiguió lo que querían: hacerlos libres e independientes de una santa vez.
No se ha vuelto a saber de ellos. Hasta que yo los localice, claro.


(Capítulo 38 de Kaskarilleira Existencial.  

05 julio 2017

Donde los tomates serán libres

Es aburrida la vida en la tomatera, por eso los tomates aprovechan sus largas jornadas al sol para contarse historias de esperanza y redención. Las hay muy hermosas, pero la que todos quieren escuchar es aquella que cuenta la vuelta a la mata del tomate andarín.
Se relame de gusto el gordo tomate maduro, colgado en la parte alta de la tercera rama, mientras se dispone a contar una vez más la historia que ya todos conocen:
 "Hubo un tiempo en que los tomates vivíamos en la incertidumbre sobre nuestro futuro. Estábamos asustados porque no sabíamos que ocurría cuando éramos arrancados de la rama o caíamos a tierra ya maduros. Nos parecía el final de todo. Una vida despreciable y triste. Por eso muchos se suicidaban antes de tiempo. Renunciaban a la vida, preferían mantenerse verdes y no llegaban a madurar. 
Sin embargo un suceso lo cambió todo. Es la aventura de un tomate que luego de haber sido arrancado volvió con nosotros. Contó que se cayó de la cesta en que lo habían colocado y llegó rodando hasta la tomatera. Era un tomate maduro y espabilado, estaba en la parte más alta del canasto y antes de caer pudo ver cosas que a cualquier otro le pasarían desapercibidas. 
Lo que más le llamó la atención era que los tomates eran liberados de sus ramas, acariciados por sus benefactores y luego colocados en un plato como si fueran seres excepcionales. Fue un momento de pura revelación y antes de caerse al suelo por el impacto de un objeto, entendió que había encontrado la respuesta a la gran pregunta. 
Había un futuro de libertad para los tomates. 
Un lugar blanco, pulido y frío donde los tomates al fin serian libres y no esclavos en sus ramas. 
Cuando llegó a la tomatera le contó la buena nueva a sus congéneres y ellos a su vez se lo fueron transmitiendo a los nuevos tomates generación tras generación. Así hasta hoy. 
Por eso nos ponemos tan contentos cuando nos arrancan. Por eso queremos estar bien gordos y ponernos rojos cuanto antes. El agua y el sol nos dará la libertad. ¿Verdad?"
"Verdad" respondieron a coro todos los tomates de la vecindad.


23 junio 2017

El triunfo de los benditos

    Nadie sabe el motivo. 
    Nadie se puede explicar como seres perfectos viviendo en un mundo perfecto, decidieron  bajar a la tierra para enfangarse habitando entre nosotros, prisioneros en la caverna platónica. 
    Nadie entiende a los Benditos.
    ¿Serán acaso descendientes de aquel grupo de plumíferos engreídos expulsados de las instancias celestiales cuando el
    Divino Hacedor decidió hacer limpieza? 
    No lo sé, los que yo conozco más bien suelen presumir de su condición laica y no parecen bien dispuestos hacia las zarandajas "divinidosas". 
    Por preferir seguro que prefieren acogerse a la estirpe de
    Prometeo,  aquel pícaro ladrón capaz de desafiar a Zeus convirtiéndolo en un patético tuercebotas tras arrebatarle el fuego divino delante de sus propios morros. Ese fuego que luego el granuja repartió dadivosamente entre nuestra precaria comunidad terrícola.
    Prometéicos o caídos, el hecho cierto es que  los
    Benditos se han acostumbrado a nuestras costumbres.  Se han mimetizado de tal manera, que solo una mirada atenta y especializada puede descubrir que  aunque comen, duermen, follan, chacharean y mueren como nosotros, son radicalmente de otra especie.
    Sé que a estas alturas muchos os estaréis mordiendo las uñas, ansiosos por saber si pertenecéis o no a esta raza extraterrestre y huir así de vuestra repelente condición humana. 
    Olvidaros del tema, los
    Benditos llevan implícito el conocimiento de su propia naturaleza y de los que son sus iguales.  Por lo tanto, no os extrañe verlos siempre tan orgullosos, tan seguros de si mismos.
    Ellos son y se sienten perfectos. Tienen ideas perfectas. Y su inapelable perfección les induce a pensar y actuar en cada momento de la forma más adecuada y plausible.
    Mientras que tú eres un lamentable fracaso de la evolución y vives apegado a una realidad que te condiciona haciéndote vulnerable y estúpido, los
    Benditos están siempre como unas pascuas, como recién salidos de una ducha larga y reconfortante, con una recetita a mano que dará una condescendiente respuesta a  tus necesidades, angustias y caprichos.
    Lo cierto es que tus vacilaciones te ponen en evidencia y si tuvieras dos dedos de frente deberías imitar a los benditos para no quedar como un necio patán, un chisgarabís dubitativo e inconsciente y por tanto justo merecedor del rechazo, el desprecio y  la majestuosa indiferencia de semejantes seres superiores.
    Sí, amigos, no penséis nunca que la hostilidad de los
    Benditos es fruto de su altivez, de su orgullo, de su clasismo, de su falta de sentido práctico o de su indomable soberbia. Lo que ocurre es que su excelencia os coloca a vosotros en vuestro verdadera madriguera, la que os corresponde como aborígenes terrícolas infectados de piojosas flaquezas humanas. 
    Marcan las distancias sí, pero porque  ellos proceden del mundo de las ideas puras, de las ideas sin mácula, y vosotros no dejáis de ser unos pobres pelagatos, esclavos de vuestras emociones primarias y de la repugnante realidad a la que adoráis tanto que os hace olvidar que el paraíso está en donde moran las bellas teorías imposibles. 

    Ellos hablan de Libertad, de Belleza, de Justicia y vosotros solo sabéis balbucear conceptos inconexos y ridículos que son el único fruto que puede producir vuestra adocenada vida mediocre.
    Es evidente que para esta élite, selecta y clarividente, la mayoría sobramos y les gustaría prescindir de nosotros en sus íntimos anhelos.
    Pero nos necesitan. 
    Nos necesitan para que hagamos bulto y seamos su auditorio de aplaudidores.
    Para  que nuestras limitaciones contrasten con su prodigalidad. 
    Para que nuestras sombras hagan resplandecer su luz. 
    Para poder seguir reconociéndose entre ellos. Haciendo grupo. 
    Formando una piña inasequible y pura que contrasta vivamente con  nuestra despreciable impureza humana. 
    ¿Te has enterado, pringado?

    07 junio 2017

    Tierra de fantasmas

    Kaskarilleira es tierra de fantasmas. Algunos con chicha, otros despojados de todo carnadura.

    Están los fantasmas de "toda la vida", herederos de viejos fantasmas. Los que aún sobreviven presumiendo de sus polvorientos y linajudos álbumes familiares o de sus apellidos compuestos. Muchos de ellos no eran hijos de nadie hasta que azularon su sangre aprovechándose de la notoriedad de sus antepasados,  aquellos ilustres y heroicos deportistas practicantes del tiro mortal al sindicalista asustado, a la costurera rebelde o al maestro tembloroso que se agarraba los pantalones sin cinturón para no perder la dignidad en su hora postrera.
    Estos fantasmas ya tienen nietos y en verano les gusta apreciar lo que han crecido cuando los ven bañarse en la piscina de la finca - así le llaman para no llamarle chalet - que los abuelitos regalaron a sus papás cuando éstos heredaron el bufete, el estudio, la gestoría o el señorío del apellido. Fantasmas abuelos que gastan las tardes de invierno en partidas de billar o de cartas bien resguardados dentro de esa mole grotesca y monstruosa que llaman casino, construido gracias al pelotazo inmobiliario de un juez corrupto.
    Al llegar la noche, a la hora de los vinos en el bar de siempre, los más osados recuerdan con nostalgia viendo a la nueva juventud barbada, sus viejas andanzas matoniles contra rojeras y melenudos en los tiempos ingratos en que falleció el Caudillo.
    No comprenden que ha pasado desde entonces. No comprenden porqué su tiempo es solo recuerdo y porqué Kaskarilleira ya no es su ciudad.
    No comprenden porqué una pandilla de impresentables indecorosos a los que no conocen de nada se ha adueñado de la ciudad que siempre consideraron suya. Patalean y se quejan, montan barullo desganado en ciertas celebraciones en decadencia y se quejan  sin cesar de lo humano y lo divino.
    Cierto es que cuentan con algún escribano amigo de pluma remilgada defendiendo los viejos valores desde el diario más reaccionario, ese que vive de viejas suscripciones que la gente se olvidó de cancelar. El rancio periódico es un baluarte para defender su malestar, ya que les ofrece esa clase de hostilidad desorbitada que no puede disimular - tras el supuesto cariz ideológico - que la cosa va de pasta, es decir, de no recibir pasta municipal para mantener el tinglado ruinoso.
    Y sin embargo nada parece suficiente para su congoja, por eso un grupo de ellos crearon una comisión y me visitaron en mi mugriento despacho de detective.
    • Arou, queremos  que nos deje su contenedor transtemporal para viajar al pasado.
    Flipé. Ya era una pasada que aquella gentuza pija hubiera llegado hasta mi covacha, pero que encima me pidieran que les dejara viajar en mi asqueroso contenedor de basura (*)a cambio de todo un pastizal  de euros, me pareció la leche.
    • ¿Y qué se les ha perdido a ustedes en el pasado?
    • Queremos instalarnos en él. Colonizarlo. El presente es una mierda.
    • Bueno, pues vale.
    Dos días mas tarde se fueron en manada no sin pelearse para conseguir hasta el último rincón disponible del codiciado contenedor. Un viaje sin retorno, de eso me encargué yo. 
    Hoy me sobra el dinero y diría que desde que se fueron se disfruta de un aire menos viciado en esta ventosa y algo pretenciosa ciudad atlántica en la que reposa mi sombra.

    (*): Haced clic aquí si queréis recordar las características de mi cachivache.
    (Capítulo 37 de Kaskarilleira Existencial.  

    24 mayo 2017

    Vivir de rodillas

    ¿O sea que te han dicho que vivir de rodillas es degradarse?
    ¡Qué sabrán ellos! ¿Acaso nos quejamos?
     Los que mandan deben tener buenas razones para obligarnos a adoptar tal postura y nosotros lo que debemos hacer es obedecer sin pretender entenderles, sus buenas razones tendrán. En vez de patalear como idiotas llorando por los derechos perdidos deberíamos disfrutar de la situación y sacarle todo el provecho posible.
    Por ejemplo, ahora hay más igualdad, ya que en esa posición las diferencias de altura son menos relevantes.
    Es cierto que no poder conducir nos fastidia un poco, pero a cambio tenemos menos contaminación ambiental. Ahora por ejemplo, los transportes públicos apenas son necesarios; nos costaría un mundo llegar a ellos y la gente siempre prefiere quedarse en casa cuidando de la familia y de las plantas, que vienen a ser lo mismo.
    Hacemos muy poco deporte, debemos reconocerlo. Un poco de natación - hemos inventado un estilo nuevo pero implica cierto riesgo de ahogamiento -, alguna partida de ajedrez, las cartas, el parchís, el dominó. Sin embargo es un alivio habernos librado del forofismo que siendo la salsa de las viejas competiciones generaba muchas broncas entre la gente.
    De hecho, si hubiera conflictos importantes, la cosa se pondría complicada. Somos occidentales civilizados y hemos descartado el sistema de resolver nuestras disputas a garrotazos en plan Goya. Tampoco podemos correr para escapar, ni tomar carrerilla para acometer a nuestros rivales. Solo nos queda hablar y hablar y hablar hasta que alguien se queda roque, dormido sobre la alfombra. En nuestro mundo triunfa siempre el parlanchín, el que tiene más pico, pero eso también pasaba antes cuando vivíamos erguidos.
    ¿Qué hacemos cuando alguien se sobrepasa? Muy fácil, le obligamos a estar a cuatro patas. ¿Crees que no es mucho castigo? Se ve que no sabes lo que jode esa pequeña diferencia cuando vives entre gente arrodillada pero que puede mover las manos.
    Ahora con esta recobrada lentitud hemos vuelto a disfrutar de la naturaleza, de los paisajes y de eso que llaman los cursis “las pequeñas cosas”. Somos más prósperos, tenemos menos dinero y menos posibilidades para gastarlo. Nos hemos librado de las grandes palabras, de los grandes conceptos y tenemos una única ilusión: volver a estar erguidos algún día.
    Si lo piensas bien nuestros benefactores fueron justos con nosotros: o nos dejaban sin nada  permaneciendo de pié o manteníamos nuestros pequeños privilegios estando de rodillas. No había elección. 
    Al principio fue un poco bochornoso, es verdad, pero ahora todo va sobre ruedas y si nos sabemos comportar han dicho que serán generosos. Quizás  nos devuelvan los zapatos y nos quiten las cadenas que aprietan nuestros tobillos.
    Estamos aliviados. Hemos conservado nuestro estatus porque seguimos siendo humanos. 
    Casi te diría que somos unos privilegiados. 
    ¿Verdad que somos unos privilegiados?

    09 mayo 2017

    ¿Quién nos salvará de los figurones?

    Nadie quiere decirlo. Nadie tiene el valor de expresarlo con la suficiente claridad. Es como si hubiese un miedo soterrado a manifestarse con franqueza en un tema de tanta enjundia.
    Un tema que se convierte en plaga bíblica en campos y ciudades. Pequeñas villas y pueblos grandes. Ciudades durmientes de heroico pasado y urbes medianas con pretensiones de grandeza futura. 

    También es propio  de grandes ciudades, pero su efecto pernicioso se diluye ante la necesidad de mantener el pellejo a buen recaudo en un entorno hostil y malsano.
    Me estoy refiriendo a la dañina plaga de los figurones. Seres fastidiosos formada por hordas de engolados ciudadanos en busca de reconocimiento ajeno sin reparar en medios y fines. 
    Los hay inofensivos, esos que se reúnen en manada a la media tarde en lugares concurridos para cazar incautos e inocularles el veneno de sus conocimientos mundanos. Saberes adquiridos con la única finalidad de atosigar a sus víctimas, atraparlas en su pegajosa red de nimiedades y reducirlas a condición subhumana.
    • ¿Cómo es posible no conocer a fulanito de tal, no haber comido en el restaurante cual, no haber viajado allá o no haber visto nunca aquel otro? 
    • ¿Cómo es posible no pensar lo que hay que pensar, no decir lo que hay que decir, no sentir lo que hay que sentir?
    Luego están los otros, los figurones mayores, protagonistas indecentes en todos los eventos de postín. Empeñados en arrimarse en donde bulle el mundo, no porque les importe un carajo que se agite - por ellos como si explota - si no porque son polillas narcotizadas por la brillantez de luces ajenas a las que se arriman con vocación suicida. 
    Una cohorte indecente de pelotas, arribistas, mayordomos, groupies,  seminaristas, bufones, activistas, artificieros, consejeros, profesores y gente de mal vivir apostada allí donde el poder se asoma o donde puede asomarse. Pertinaces y  camaleónicos saben camuflarse entre la gente decente - entre los buenos profesionales o los verdaderos entusiastas de ésto y aquello -  y luego cuesta un mundo descubrir su hueca condición mutante.  Su vacía y artificiosa condición.  

    Sí, amigos,  la de los figurones es una pandemia universal que la OMS - inventora de tantos males según dicten las farmacéuticas - no ha querido identificar  a pesar de corroer todo el tejido social.
    Puede que la entronización de cocinillas con firma, teóricos de la nada, novelistas rancios,  tertulianos viscosos, cortesanas de luxe, periodistas mercenarios, costureros engreídos, presentadores matones,  asesinos de toros y demás ralea obedezca a un equivocado plan de reclutamiento por parte de nuestros gobernantes para tenernos entretenidos. Si es así que lo dejen. Experimenten con otras cosas. Uno no sé divierte cuando le dan a elegir entre el asco y el tedio.

    Lo importante es saber si podremos salvarnos.
    De si tendremos el coraje suficiente para hacerles frente.
    De si podremos sobrevivir a estos ladrones de cuerpos, a estos ladrones de almas, sabiendo que conviven con nosotros, que son como nosotros y que están al acecho de nuestra más leve debilidad.
    ¡Intentémoslo al menos! 
    Os invito pues a crear conmigo  un Comite de Damnificados por las Insidias de los Figurones que establecerá estrategias de lucha para defendernos de su maquinaciones y nos  llevará, sin ningún género de duda, a un amanecer de confianza y libertad.
    Yo, por mi parte, no pondré reparos en capitanear la lucha.

    25 abril 2017

    Revoluciones, canciones, flores y sonrisas

        
    Han pasado muchos años pero es necesario seguir recordando aquella hermosa jornada. 
    Aunque parezca que no hemos avanzado y que la pantomima siguió su curso inasequible cuarenta y tantos años después.
    Es cierto que los explotadores han sustituido sus apolillados uniformes por trajes de mejor paño.
    Sus viejas miradas afiladas y soberbias se han engrosados en sus rostros por las sutilezas de la cocina de diseño
    No, no sé escuchan las groseras órdenes de antaño que acuartelaban bellas palabras.
    Ahora todo es telemático y suena aséptico, pulido, pasteurizado. Como de colmena metalizada en las honduras del bosque.
    ¿Pero quién  se acoraza detrás de los nuevas ofertas, de los nuevos cacharros casi siempre, que nos prometen eterna felicidad?

    Si alguien piensa que no hay motivos para retomar aquella estela iniciada por las capitanes de abril se merece lo que le pase.

    Si alguien piensa que puede seguir viviendo desterrado en su aislada torre de marfil será porque siendo ciego, sordo y mudo también es idiota.

    Definitivamente idiota.

    Este es un homenaje sin importancia a ese maravilloso pueblo portugués que una vez entendió que las revoluciones también se pueden hacer con canciones, flores y sonrisas. Con claveles y libertad.

    Las revoluciones que nos gustan, esas que aunque a veces nos defrauden, podemos decir de ellas aquello de...

     
    Quando eu finalmente eu quis saber
    Se ainda vale a pena tanto crer
    Eu olhei para ti
    Então eu entendi
    É um lindo sonho para viver
    Quando toda a gente assim quiser.

    10 abril 2017

    Alas sobre mi ciudad


    Cansado de ser una escoria de la sociedad decidí convertirme en ángel.

    Lo primero fue comprarme unas alas y aproveché una buena oferta en Amazon. Eran de plumas negras de 80x60 cm. y tenían unas agarraderas de cuero. Por fuera estaban revestidas de material plástico para protegerlas de la humedad. En el paquete también se incluía una antología con textos de Paulo Coelho, Jorge Bucay, Jodorowsky, Eduard Punset y otros adalides del pensamiento chorras. Iba a quemar el libro, como hubiera hecho mi colega Pepe Carvalho, pero en el último momento decidí darle una segunda oportunidad como cuña debajo de mi renqueante mesa camilla.
    En  la hora mágica en que se apagan los televisores y una torrentera de agua corre por los cañerías; estaba yo, Fiz Arou, detective amargo de la dulce Kaskarilleira, subido a una silla al lado del ventanal del salón esperando la llegada del gesto valiente que me permitiera lanzarme al infinito.
    No llegó, ni en ese día ni en los dos siguientes y en el tercero hubo tormenta. En el cuarto me fui de fiesta y en el quinto tenía una resaca de mil diablos. En el sexto me tragué media botella de Havana Club 7 y al subirme a la silla tambaleante con el ventanal abierto tropecé y caí al vacío desde mi sexto piso.

    No me acababa de convencer la idea de aterrizar en el suelo usando como tren de aterrizaje mi frágil aunque bella nariz; por lo cual, a la altura del 3º, empecé a menear las plumas con la misma ansiedad con que la gallina mueve las suyas al ver aparecer a un zorro desde lo alto del gallinero.

    Amor eterno a Jeff Bezos, el capo amazónico, sus alas me salvaron el pellejo al permitirme girar en redondo y lanzarme a los cielos. Convertido en cohete de fiesta aún tuve tiempo de oír a un borracho que desde la puerta de un mesón me gritaba:
    • ¿Onde vas, langrán, ou queres comerte o mundo?  
    No quería comerme el mundo. Me conformaba con dar un planeo de gaviota por la afamada noche de Kaskarilleira.
    "Se tivera que escoller nos sei que escollería, se entrar en Kaskarilleira de noite ou entrar no ceo de día" escribió el poeta y yo desde allá arriba, quería comprobarlo a riesgo de pillar un trancazo del carajo por la ventolera y el frío que venían del mar.
    Hacia el mar me fuí. Allí estaba el puerto con su vergonzosa valla separando territorios y robando a la ciudad el latido del océano que le había dado vida. Un robo ignominioso que podría ser letal si los miserables burócratas que dirigían el tinglado llevaban a cabo sus proyectos privatizadores para financiar un innecesario puerto lejano.
    Había que tomar medidas. La primera como ángel debería ser muy diabólica.  En el manual de uso que acompañaba a las plumas también se decía que multiplicaba las fuerzas del usuario hasta 10 veces más.
    Tenía que constatarlo. Sobrevolé sobre la entrada metálica del puerto, la agarré con todas mi fuerzas y tiré. Tiré hasta que salí despedido con aquella enorme reja en las manos.
    A la mierda con ella, me dije. Atravesé la bahía como un bólido nocturno de mala leche y llegué justamente ante el edificio donde gobernaban los gerifaltes malotes del puerto.
    Fue una buen caída, el tejado sufrió el impacto y se resquebrajó con un horrible crujido. Salí pitando para casa. Baje a tierra y pillé un taxi. No fuera a ser que me pillaran y me trataran como a esos individuos lamentables que escriben tweets, hacen chistes, editan carteles y cometen otras barbaridades delictivas.
    Kaskarilleira brillaba bajo la luna y la luz del faro legendario iluminó el retorno a mi nido.

    (Este es el capítulo 36 de Kaskarilleira Existencial. Aquí están sus otras historias)

    24 marzo 2017

    Tus papás te aman

    Al niño le gusta hacer el mono en el pasillo de su casa. Sus papás, tan modernos, lo han enviado a un curso de expresión corporal.

    El niño, ahora inexpresivo, hace redobles golpeando con sus manos una caja de cartón. Sus papás, siempre diligentes, lo han matriculado en el Conservatorio.

    El niño odia el solfeo, pero corre y da saltos por el parque. Sus papás, bien dispuestos, lo han inscrito en el club de atletismo.

    El niño agotado, solo quiere pintarrajear hojas de papel con su caja de colores. Sus papás, siempre atentos, le obligan a ir a clases de plástica.

    El niño ya no pinta nada, está quieto y tiene miedo de moverse. Sus papás, muy preocupados, lo llevan al psicólogo.

     (Lo escribí en el 2008, pero tenía interés en publicarlo de nuevo con ligeros retoques, porque todo va a peor)

    10 marzo 2017

    El final de las dudas

    Tenía que hacerlo. 
    Debía esconder mi última duda en el lugar más impenetrable de mi mente para ponerla a salvo de los militantes de la Verdad Absoluta.
    Tiempos oscuros.

    Disputaron el poder en dos bandos supuestamente enfrentados pero era mentira, el Partido de los Verídicos y el Partido de los Auténticos se pusieron de acuerdo para gobernar en coalición y erradicar juntos los “cuestionamientos individualistas peligrosos”.
    El decreto gubernamental fue concluyente: en el plazo de un mes los ciudadanos tendrían que desprenderse de sus dudas perniciosas.  

    Miembros del "Comite Local para el Exterminio de Dudas Tóxicas, Maniáticas y Obsesivas" (CLEDTOMANO) habían colocado en las calles contenedores de color zafiro, para que los ciudadanos se desprendieran de sus incertidumbres inadecuadas. La sede del Cuerpo Oficial de Sacerdotes Calibradores de Dudas (COSCADA), se abarrotó con inmensas filas de ciudadanos ansiosos de que les informaran si sus incógnitas eran tóxicas o livianas, amenazadoras o amigables, pasajeras o permanentes.
    Nadie pensó que algo tan nimio causaría tanto dolor. 
    La población  se  despidió de sus dudas como si las enviaran a la guerra. Estallaba el llanto en los ojos de los más ariscos y la tristeza danzaba sobre la muchedumbre.
    Yo también me fui desprendiendo de las mías, pero cuando llegue a la última, titubeé. Por entonces empezaba a correr el rumor de que enormes camiones nocturnos transportaban nuestras dudas a siniestros campos de exterminio.
    Me dio pena aquella última duda tan pequeña y vulnerable. Me había sido fiel durante muchos años y seguía tan fresca y lozana como el primer día.
    Ahora sigue conmigo. Tierna, íntima y clandestina.
    La alimento con lo que puedo y sé que le entregaría mi alma si me la pidiese.

    No puedo dejar que desfallezca. Es cuestión de vida o muerte.
    Mientras ella viva, viviré yo.

    24 febrero 2017

    Exquisitas amistades

    (Recuperando una vieja entrada)

    Vas al mercado, compras una merluza y le pides al vendedor que te la limpie. De algún remoto rincón de su delantal blanco surge un enorme cuchillo que con inusitada pericia se hunde en el lomo del pescado. Una hendidura longitudinal e inapelable en la que él puede introducir sus dedos gordos y sacarlos ensangrentados con las vísceras del pez. Ya limpio, el vendedor se dispone a cortarle la cabeza.
    • No, espere. Quiero verle los ojos antes de que lo decapite.
    El hombre lleva treinta y cinco años limpiando pescado pero nunca ha oído nada semejante. 
    • Si quiere se la dejo entera.
    • De acuerdo, me la llevo así.
    ¿Cómo le vas a decir al  sorprendido pescadero que esa exquisito pez se ha atrevido a lanzarte un guiño de complicidad poco antes de perder sus vísceras? 
    Llegas a tu casa nervioso, entras en la cocina y despejas la mesa. 
    A duras penas  logras desenvolver el paquete. 
    En el armario coges un plato grande de loza y colocas la merluza encima. 
    Te alejas de la mesa para tomar las debidas distancias. 
    Respiras hondo y tiemblas. Te contienes durante un rato,  pero al final no puedes evitar hacer la trascendental pregunta que martillea en tu cabeza.
    • ¿Nos conocemos de algo? 

    09 febrero 2017

    ¿Qué se nos ha perdido en los anillos de Saturno?

    Señor y señora Trump, son ahora las 9 de la mañana en el 725 de la Quinta Avenida, a la altura de Midtown de Manhattan en la ciudad de Nueva York. Estamos en la nave estelar Trumpetín 739 volando sobre el sexto anillo del planeta Saturno a 5000 km. por segundo, rumbo al International Satellite Donald J, Trump al que llegaremos en cuatro horas. Les rogamos que no se muevan de sus fundas protectoras hasta que termine su proceso de descrionización. Mientras tanto les amenizaremos su descongelación con imágenes y música variada.
    Les habló Panchito 304, ordenador central de la nave, asistente personal y cuate del alma.




    • Melania, reacciona, lo has oído igual que como yo. ¡Nuestro ordenador central es un pinche guey mexicano cometacos! 
    • No sé, Donnie, cariño, si tu lo dices. A mí lo que me preocupa es si después de esta experiencia tan desagradable, mantendré la calidad de mi cutis de rosa. Ya sabes que dicen que las cosas congeladas no tienen la misma calidad que las frescas. 
    •  Mel, tú no eres una cosa y además recuerdo haber leído en en el Reader's Digest que nuestros cuerpos no pueden sentir el paso del tiempo si están congelados. Es algo relacionado con la Teoría de la Relatividad de aquel tipo despeinado de melena blanca y con cara de vicioso. ¿Cómo se llamaba? 
    • No recuerdo, Donnie, ya sabes que esas cosas sesudas no se me dan nada bien.

    •  Donnie, ¿sigues ahí, en la funda? 
    • Claro, nena, ¿dónde iba a estar si no? 
    • Ay Donnie, no hablo mexicano pero creo que esté robot se está pitorreando de nosotros con esa música y esos monstruos de película. Deberías hacer algo, tú fuiste presidente y deberían tenerte cierto respeto. 
    • Melania, te recuerdo que esta nave nos las dejo dejó Vlady para escapar de nuestros compatriotas cuando las cosas se pusieron feas y no podemos elegir. Recuerda como nos metió prisa cuando vino a despedirnos a Boikonu. 
    • Es terrible, hemos escapado de la Tierra como escapaban de México esos espaldas mojadas a los que tanto odiabas. ¿Dónde quedo aquel poderoso Donald J. Trump que hacía temblar al mundo entero y que logró seducirme?

    • ¡Fui grande, Mel!! ¡¡Fui el más grande!! Gané unas elecciones teniendo al establishment y todos los medios en contra. Derroté a esa casta pusilánime y fondona llena de frikis de Silicon Valley, maricas de terciopelo, negros proxenetas y pijos de Wall Street. 
    • Y luego lo perdiste todo por querer ser incluso más macho que tu amigo Putin. Al final él nos salvó, si no fuera por ese cara de rata hubiéramos acabado colgados por los pies como aquel calvo italiano facha y su chica. ¡Sí, tuviste que hacerte el macho y la cagaste muchacho! 
    • ¡¡Déjate de sandeces!! 
    • Sí, sandeces. La única sandez es que estamos en un viaje al quinto infierno teniendo que soportar a un ordenador chicano y cabrón que no deja de torturarnos con sus vídeos de mierda. ¡Haz algo, coño!  
    • Pero cariño, vamos a un satélite que lleva mi nombre, ese no es puede ser el quinto infierno. 
    • Un puto planeta perdido y desértico en el último anillo de Saturno, y con la grata compañía de cuarenta robots enloquecidos. ¿Ese es el futuro que me ofreces? ¿Con quién voy a hacer negocios? ¿Con quién voy a tomar el té? ¿Cómo me entero de los últimos cotilleos de Nueva York?¿En que tienda voy a comprarme el último grito en alta costura o el último descapotable de alta gama? No te lo perdonaré nunca, Donnie, no te lo perdonaré jamás.
    • ¿Vas a seguir reprochándome cosas todo lo que resta de viaje, Melania?
    • Sí, esa es mi intención. Me jodiste y ahora te voy a joder yo a ti.
    • Pancho...
    • Panchito 304, señor.
    • Congela de nuevo a mi mujer que es muy bruja.
    • Ni caso, Pancho...
    • Panchito 304, señora.
    • Debes congélarle a él, recuerda las barbaridades que dijo y quiso hacer con los mexicanos.
    • Lo siento, señores, pero debo congelarlos a los dos hasta que lleguemos a destino que se están poniendo muy pesados. No quiero ser arrogante, dada mi condición robótica y cortés, pero sirva este canción de advertencia sobre lo que podría llegar a hacer con ustedes si siguen tan cargantes.

    26 enero 2017

    Un cuerpo para hoy

    El gomoso mayordomo entra en el gabinete con indolente desenvoltura y se dirige al atril que ocupa el centro de la habitación desnuda. En la parte superior, bajo una vitrina de cristal, brilla una lámpara dorada. Extrae un mínimo plumero retráctil de su elegante chaqué y le da tres toques suaves al  luminoso objeto.
    Un resplandor, un relámpago de luz, un fulgor inmenso se adueña de la habitación y se corporiza en una figura humana vestida con un viejo camisón a rayas y un gorro de dormir.
    • Señor, es el momento de buscar un cuerpo adecuado para el día de hoy.
    • Aaugggh, Hortensio - se despereza el aparecido- espero que hayas pensado en algo que me alivie del entumecimiento de ahí dentro. No sé que me pasa últimamente, debo haber ganado peso o quizás que me estoy haciendo viejo.
    • Yo creo que el señor debería hacer algo de ejercicio y no comer en exceso cuando se pone el cuerpo de marqués y le invitan a esos banquetes de alto copete. Por eso he pensado en la conveniencia de probar otras posibilidades menos petulantes.
    • ¡Qué miedo! Conociéndote me puedo esperar cualquier cosa loca y extravagante.
    • Señor, nunca haría nada que fuera en menoscabo de su linajuda condición pero creo que le vendría bien probar otros aires quizás más plebeyos pero muy reconstituyentes.
    • Hortensio, te temo.
    • No me tema, señor, le he traído para que lo pruebe un precioso cuerpo de dinámico activista.
    • Por favor, Hortensio,  ¿acaso pretendes que me transforme en un espantoso comunista barbudo, con ushanka en la cabeza, cara demacrada, mirada cejijunta, mal afeitado y con perversas intenciones homicidas?
    • Señor, lamento decirle que está usted un poco desfasado y demasiado influido por las mentiras de la vieja prensa reaccionaria. Si aquello existió alguna vez ya ha desaparecido. Los activistas de hoy en día son de otra manera y están en otras causas.
    • ¿Entonces ya no se predica y promueve la revuelta social contra la explotación de los poderosos?
    • No tanto, ahora lo que importa es la reivindicación de la identidad de cada uno. Tu país, tu género, tu raza, tu sexualidad, tu forma de alimentarte, tu amor a los animales etc...
    • En mi condición actual, tengo muy poca identidad disponible, cualquiera me vale.
    • Tampoco correría peligro, señor. No correría peligro de ser fusilado por mucho que le consideren un escuchimizado oligarca descendiente de un afamado linaje de orondos oligarcas depredadores. Las revoluciones han cambiado mucho y tampoco la clase obrera se siente representada por la burguesía ilustrada que antes le apoyaba. La de ahora esté demasiado ensimismada con sus discursos teóricos, su culturalismo y la pluralidad de sus luchas.
    • ¿Pero quién representa a los de abajo?
    • El populismo fascista pretende llevarlos a su redil. No es que sea una ideología muy racional y humanitaria pero tiene claros sus objetivos: hacer pensar a los penúltimos que los últimos son culpables de todo. Sobre todo si son pobres, extranjeros y de otras religiones y razas.
    • Como en los años 30.
    • Sí, como en los años 30.
    • Me consuela saber que los de mi clase no corremos peligro, se me quita un peso de encima y eso que no tengo peso desde que soy una pura esencia embutida en una lámpara.
    • Al menos algo quedó de usted después de aquel terrible incendio provocado por usted mismo.
    • Aquel seguro de la casa era una oportunidad para resarcirme de mis fracasos. En fin, se me fue la mano  y fracasé de nuevo. Ahora mismo haría de tripas corazón si aún tuviera tripas y corazón.
    • Señor, ahora tendrá mucha actividad en su nuevo cuerpo de activista. Asambleas, manifestaciones, desahucios, sentadas, conferencias, reuniones informativas, tweets y mensajes en facebook, reparto de propaganda... Va a tener que acostumbrarse a un ritmo frenético, Señor Habe Krem.
    • No seas alarmista, Hortensio ¿o acaso crees que no se llevar con estilo el pañuelo palestino?

    09 enero 2017

    El sapo en la rama (Cuarta historia de Pega y Pica)

    Ahí estaba, como un marqués, justo en medio de la rama en que las urracas Pega y Pica contemplaban día a día las contingencias del bosque. Ahí estaba, con su buche bien inflado en pleno atardecer, despreocupado de su suerte en un territorio hostil e inaudito. 
    • Oye, sapo, ¿qué haces en nuestra rama? No es tu sitio. 
    • Ni tu hora. 
    El sapo movió sus pupilas hacia sus glándulas parótidas, con la misma delicadeza y lentitud con que el brutal pistolero acaricia su revólver poco antes del anunciado tiroteo. 
    • Soy el rey de la charca, mis aspiraciones allí abajo están colmadas. He venido hasta aquí buscando nuevas perspectivas de futuro. ¿Molesto? 
    • Depende, todavía no lo hemos decidido, ¿verdad, Pica
    • No, todavía no lo hemos decidido, Pega
    • En todo caso no es corriente ver a un sapo subido a un árbol. ¿Cómo has llegado hasta aquí? No tienes alas, no tienes plumas y tu salto es grotesco incluso comparado con el de tus primas, las ranas. 
    • Cierto, pero tengo don de gentes. Mi croar es un canto tan bello, que no solo entusiasma a las hembras de mi especie, que se pelean por complacerme, también encandila a otros animales de buen oído. Todos prefiere verme como aliado antes que como enemigo, dado mi talento natural para la negociación ¿y por qué no decirlo? para la conspiración y la intriga. Soy un intrigante de mucho cuidado, estoy muy bien informado y a todos les conviene estar a bien conmigo. Por lo tanto, tiene cierta lógica que algún pajarillo se haya ofrecido amablemente a ejercer de taxista para subirme a estas alturas. 
    • Pues yo tenía entendido que algunos pajarracos se pirran por tus higadillos. 
    • Una pobre ilusión de la libido. Si intentasen algo, su fracaso estaría asegurado. Soy un sapo indómito, me revuelvo con velocidad fulgurante ante cualquier agresión y mis parótidas son mortíferas. Pobres córvidos, mi veneno es demasiado letal para sus intereses alimenticios. 
    El sapo volvió a hinchar su buche con expresión ampulosa. 
    • ¿Cual es tu objetivo ahora que estás en nuestra rama? ¿Pretendes apartarnos de ella? 
    • No, por favor, hay sitio para los tres. Mis informadores me han dicho que aquí tenéis una atalaya magnífica para ver las miserias del mundo y yo creo que puedo ser un buen compañero de análisis e interpretación. No me negareis que no me he ganado a pulso un puesto junto a vosotras, mis queridas urracas. 
    • ¿Habías visto alguien así antes, Pega
    • No, no había visto nada igual, Pica. Debe ser culpa de la insalubridad de las charcas. 
    • Tenemos entonces dos opciones, ¿pata o pico? 
    • Pico es lo mas ajustado dado lo que larga este sapo. 
    • Pues dale con el pico y mándalo de nuevo a su reino húmedo e infecto.
    •  Adiós rey de la charca, peligroso intrigante y gran conspirador.
    •  Adiós indómito sapo, saco de veneno, enemigo letal. 
     (El resto de historias de Pega y Pica en este enlace)