27 septiembre 2016

El consuelo de los aplastados

(Un humilde homenaje al gran dibujante gallego Xaquín Marín y su legendaria serie Cen pés)
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  • Lo del callo nuevo me tiene frito, este noche me aplastaba de tal manera que pensé que iba acabar echando las tripas por la boca.
  • No te quejes tanto, el inconformismo no te llevará a ninguna parte. Debes aceptar tu condición. 
  • Tú todo lo ves muy fácil.
  • No, solo te estoy dando un consejo, acepta de una vez que tu estrujador hace lo que debe y si te lastima alguna razón tendrá para hacerlo.  
  • Menudo consuelo me ofreces. La única razón es que él está ahí arriba y nosotros aquí abajo, machacados.
  • ¿Y te crees que no se cansa? ¿Crees acaso que no está aburrido de vernos siempre debajo? Deberías de estar feliz de que siga confiando en nosotros, sería mucha más fácil buscar gente nueva, dichosa de ser aplastada por alguien como él.
  • No me quiero resignar, prefiero seguir soñando que lejos de aquí hay lugares donde podríamos vivir menos apretados.
  • Utopías, desatinos, delirios de la razón. El secreto de tu infelicidad consiste en no aceptar el mundo tal cual es y querer cosas que no están a tu alcance. Métetelo en la cabeza y sé más sensato, nosotros hemos nacido para estar como estamos.
  • Más sensato, más sensato... Dices lo mismo que nuestro pisoteador  cuando nos quejamos por sentirnos aplastados
  • Y tiene razón. Desde allá arriba ve cosas que no vemos nosotros, nos salva de los peligros y sabe siempre lo que más nos conviene. No tenemos ni idea de lo que ocurre a la intemperie, siempre hemos estado aquí abajo, comprimidos.
  • Podríamos intentar saberlo. Solo es cuestión de dejar de estar aplastados y buscar algo diferente.
  • ¿Buscar algo diferente? Estás aquí, protegido, entre el dedo gordo y el segundo, sin darte cuenta de que eres un privilegiado. Imagínate como se sienten los que viven ahí atrás,  a oscuras, estrujados por el talón y sin saber nada del mundo.

12 septiembre 2016

La cena de los comprometidos

  • En sustancia, considero que la cuestión identitaria está solapando el conflicto de clases sobre la que asienta el sistema. El capitalismo es el primer interesado en que se hable de los derechos de las minorías raciales, de los homosexuales, de los animales, del ecologismo y de tu querida lucha feminista, para poder dispersar las luchas y seguir manteniendo la explotación económica y la opresión política sobre la gente.
  • ¿O sea que crees que la lucha feminista está dirigido desde el sistema? ¿Cómo le puedes echar tanto morro? Entérate, listillo, el capitalismo es un producto del sistema patriarcal de dominación masculina.  Los valores que defiende el capitalismo son valores jerárquicos, violentos y competitivos, como lo son los propios hombres. Toda la historia humana, desde el neolítico, se ha construido sobre la represión de las mujeres y de las emociones que se asocian a ellas. Era necesario apartar a las mujeres de los centros de poder y encerrarlas en sus hogares, vigiladas y humilladas por los sacerdotes, los padres y los maridos. Había miedo a que su intervención cuestionase los valores dominantes. Siempre hubo miedo a las mujeres y se les consideró un obstáculo para el progreso de esta despiadada civilización.
  • ¡Despiadada civilización! Suena tan dramático y es tan falso. Es falso porque más allá de los vaivenes del catecismo feminista,  siempre dispuesto a alcanzar metas más disparatadas en su embriaguez militante, en la realidad diaria del trabajo y de la vida, es cuando las mujeres demostráis que sois mucho más competitivas, despiadadas y crueles que los hombres. Sobre todo entre vosotras mismas.
  • Eres increíble, sueltas los cuatro tópicos al uso y te quedas tan pancho. Esas cuatro chorradas, que no aligerarán tu conciencia de macho decadente, es también producto de esta sociedad patriarcal que habéis creado vosotros.
  • ¿El patriarcado es culpa de que tú te lleves tan mala con tu suegra? Como todas las mujeres que conozco, por cierto.
  • Estás desvariando, cariño. Voy a la cocina para avisar a Adriana  de que ya puede retirar los platos de la cena.
  • ¿Ya volvió del viaje a Brasil?
  •  Sí, me avisó desde el aeropuerto de su llegada hace cosa de tres horas y aproveché para  comentarle que hoy era nuestro aniversario y si estaba con fuerzas para echarnos una mano. Ella  se ofreció amablemente para hacernos esta cena tan especial. Pobre, llegó a su casa casi sin respirar, dejó  las maletas en la puerta y del niño se ha hecho cargo su vecina. Pero es tan dispuesta... 
  • Esperemos que no le dé un patatús con eso del jet lag.
  • No te preocupes, es de una raza fuerte y muy sufrida.
  • ¿Y la familia de allá que tal?
  • Ni idea, apenas pude hablar con ella excepto de como quería la cena. Ahí tienes un ejemplo más de la opresión machista: tu mujer no tiene tiempo para tener una conversación distendida y trivial con su asistenta.