30 abril 2014

La víspera de la batalla final

Cuartel General del Ejercito Modernillo en Lana del Rey
Medianoche antes de la Gran Batalla

El Archimasterchief Franz Ferdinand contempla las posiciones enemigas sobre el enorme plano desplegado en la mesa de su despacho de campaña mientras lanza cortantes preguntas a sus dos lugartenientes, los generales Belle y Sebastian.
  • ¿Entonces se han terminado nuestras reservas de sushi, General Belle
  • Si, señor, éste mediodía hemos acabado con lo que quedaba: el nigiri, el maki, el kapamaki y el hosomaki. Tampoco queda nada de sashimi y algunos hombres, en su desesperación, la han emprendido con el wasabi. Evidentemente han acabado en la enfermería con ardor de estómago.
El Archimasterchief da unos pasos por su tienda, se da un tirón en sus pantalones pitillo color limón podrido, se recoloca sus gafas de sol con montura naranja y lanza una mirada sombría a sus majestuosas zapatillas Converse. En su interior sabe que solo ellas pueden comprenderle.
  • Joder ¿pero qué se han creído? ¿Acaso pensaban que venir a la guerra para luchar contra esos gañanes era como ir a pasar la mañana del sábado mirando libros de diseño en  el F.N.A.C?
  • Señor Archimasterchief, si me permite, le recuerdo que para convencerlos les dijimos que ésto iba a ser como una performance multimedia de alcance global. Un happening que les haría alcanzar fama y prestigio entre sus amistades de las redes sociales.
  • Lógico, la única forma de atraer a esos descerebrados gafapastas era darles algún aliciente extra. A fin de cuentas ésta va a ser una acción artística y encima con mucha sangre. Muy hardcore, vaya
  • Si me permite, Archimasterchief.
  • Diga, General Sebastian.
  • Una de las cosas de las que según nuestros espías, se queja la tropa en privado, es que no ha llegado todavía la remesa semanal de suplementos dominicales y no saben cual es el uniforme más cool para llevar en la batalla de mañana.
  • Sí, es un tema preocupante. Póngase en contacto con el oficial de telecomunicaciones y que manden un mensaje a Snobia, nuestra capital, para saber que es lo que se ha puesto de moda esta semana. Si sigue habiendo protestas entre la soldadesca, haga un escarmiento entre los Emos. Póngales a limpiar letrinas, por ejemplo. Les gusta sufrir. Los descubrirá escondidos detrás de sus inmensos flequillos.
  • Así se hará, mi Archimasterchief.
  • Generales, deben de saber que éste es un momento decisivo y necesitamos que todo los hombres estén motivados en esta batalla final contra la Armada Bucólica. Son enemigos temibles, no les voy a engañar. Se alimentan con todas esas cosas con gusanos que llaman comida orgánica y que extraen sin reparos de sus árboles y huertos.  Son jodidos sí, ya que lo que a nosotros nos mataría al primer golpe de vista a ellos les hace más fuertes. Les huele el aliento y se visten con anchos pantalones de pana, camisas de felpa y pañuelo palestino. Es imposible derrotarlos cuerpo a cuerpo sin ser estrangulados por sus manos callosas y sus uñas llenas de mierda. Debemos mantenerlos alejados, usar nuestra artillería pesada y atronar sus líneas con lo más granado de nuestra música indie. General Sebastian, ¿ha traído la discografía completa de Los Planetas?
  • Sí, señor.
  • Bien, esa es una arma infalible y con resultados contundentes. Respecto al tema de la comida, esta noche, a falta del sushi , que se alimenten con espumas. Con ellas siempre se pueda dar el pego.
  • El otro día algunos dijeron que la espuma caliente de remolacha tenía cierto sabor a rat...quise decir a cierto roedor omnivoro que frecuenta nuestras calles.
  • No se permitirán más insubordinaciones. A partir de ahora, el responsable de cualquier comentario fuera de lugar será castigado con el visionado completo de la filmografía de Paco Martínez Soria, atado de pies, ojos y manos hasta que comiencen la batalla. El resto se irá al catre o si están desvelados, podrán solazarse viendo las maravillosas películas de Jean Luc Godard en su época maoísta o de Apichatpong Weerasethakul. Nada de portátiles, smartphones, ipods, ipads, Facebook o Twitter.
  • ¿Algo más, señor?
  • Sí, recordarles una vez más que mañana en la batalla nuestro modo de vida está en juego y que la alternativa horripilante sería quedar definitivamente sellout y convertirnos en chusma mainstream. Nada más.

23 abril 2014

La pasión formidable entre la bibliotecaria y el incunable

Es el día del libro.
No es algo que me importe demasiado a decir verdad. Mi relación con los libros es a la par que antigua, lasciva, procaz  y algo agitada. No necesita un "sábado, sábadete" para confirmarse o  dar la nota.
Salvando las distancias pasionales, me ocurre algo parecido a lo que narré en este mismo blog sobre el insólito romance de la bibliotecaria Hilaria y el valioso incunable "Memorias del Condestable". Os lo recuerdo por si no lo habéis leído o no os acordáis de tan ardiente diálogo.

  • Nadie antes me había acariciado el lomo con la delicadeza con lo que lo haces tú, mi dulce Hilaria
  • Venga, eres un zalamero... ¿A saber cuantos te han tocado durante los 515 años que has pasado de mano en mano? 
  • En serio, Hilaria. Como tú, nadie. 
  • Eres un un viejo verde muy pillín. Conozco tu historia bibliográfica al dedillo y es difícil que puedas engañarme. ¿Qué me dices de la Marquesa de Carabás? En su tiempo y aún siendo una mujer hermosa, era amante de los libros; como demuestra su muy rica biblioteca en la que tú, incunable mio, ocupabas un lugar privilegiado. 
  • Esa es una leyenda urbana, como decís ahora. En realidad, era una cuasi analfabeta hija de tenderos que compraba libros para presumir y darse el pote, en plan cutre Pompadour, ante sus pedorras amigas dieciochescas. Sus únicos amantes eran los mozos de cuadras con los que se acostaba para excitar el morbo del marqués. 
  • ¿Y el Conde de Villameada? Ese fue tu primer propietario. 
  • Por favor, Hilaria. Ese era un pájaro de mal agüero. Te voy a contar un secreto, pero por favor, no lo publiques en una de esas horrendas revistas de bibliofilia que tanto te gustan. El conde practicaba el vicio nefando con el impresor alemán que me fabricó. Es decir: eran amantes. 
  •  ¡Qué escándalo! ¿Estás seguro? 
  • Y tanto ¿Por qué crees que el conde gastó una fortuna en promover la impresión de un maloliente manuscrito lleno de falsedades escrito por su bisabuelo, un condestable majara y medio salvaje que no rascó bola en su puñetera vida? Pues simple y llanamente, y perdona la ordinariez mi princesa bibliofílica, para follarse al impresor. 
  • Pero de ahí salisteis tus hermanos y tú, mi hermoso pimpollo. Mi lindo tesoro bibliográfico. 
  •  ¡¡Ay Dios!! Cuando me dices esas cosas se me ponen cachondos los caracteres. Las redondas se me hacen cursivas y las mayúsculas amenazan con salirse de la página. Te quiero, Hilaria. Ráptame y huyamos lejos de esta mugrienta biblioteca. Vayamos a un mundo donde nuestro amor no encuentre barreras. 
  • Lo nuestro no tiene solución, incunable de mis entrañas. ¿Qué sería de mí sin mis niños, los libros? A su estudio y análisis he dedicado toda mi vida. He sacrificado emociones, sentimientos e incluso he pospuesto sine die mi volcánica sexualidad. 
  •  Podemos empezar de nuevo. Deja esa morralla libresca y huye conmigo. No te conformes con ser una grasienta y monjil erudita de gafas culo de vaso y piel cerúlea. Dale vía libre a tu fetichismo y sácame de esta gaveta que me mortifica. 
  • Es cierto, tienes razón. Pueda que sea mi última oportunidad de huir al sol y alejarme de estas tenebrosas criptas funerarias. 
  • Sí, Hilaria, sí. Ahí fuera la vida nos espera. Debe existe un lugar donde libros y humanos podamos vivir en febril y ostentosa promiscuidad. 
  • Y si no existe, lo crearemos. Mi amado incunable, mi precioso tesoro bibliográfico.

10 abril 2014

El Gran Manipulador atrapado (K.E.25)

Me llamo Fiz Arou, soy detective privado en Kaskarilleira y me pilláis en el mismo momento en que el Gran Manipulador está lanzando sobre mí su mirada diabólica de demiurgo feo y brutal. Al parecer quiere cortarme en rodajas, como si fuera un chorizo de Cantimpalos, y usarlas luego para recauchutar a los ciborgs políticos que nos gobiernan.  Estoy jodido pero contento, la vida solo es vida en estos momentos de rara intensidad.
  • Ésto no tiene buena pinta -dije con poco convencimiento- Al parecer estoy a su merced y no tengo humana escapatoria.
  • Una apreciación acertada que le honra en su derrota. En unos instantes mis hombres le llevarán al laboratorio para desmenuzarlo. No se preocupe, usarán anestesia y además son muy hábiles con el bisturí. Le garantizo que lo trocearán de forma admirable.
  • Me tranquiliza oírle hablar así, el sadismo no debe estar reñido con la buena educación. Pero antes...- interrumpí la frase hasta que terminó de reírse tras mi absurdo comentario anterior- Pero antes quería pedirle un favor. Tengo aquí algo que deseo enseñarle.
Se puso rígido en el asiento y estiró de forma impúdica toda los músculos de la cara hasta casi revelar la calavera estridente que tenía debajo. Insistí:
  • Es el último favor que le pido, luego estaré a su entera disposición.
  • Sé que no tiene armas, el escáner no apreció nada.
  • ¿Un arma? No me sobrevalore. Se trata de algo insignificante-metí la mano en el bolsillo de la bata y extraje un pequeño dedal que coloqué encima de la palma de la mano derecha- Cuando llegué aquí, era una mínima esquirla metálica invisible para un detector.  Ahora, al humedecerla con mis dedos, ya tiene este tamaño.
  • ¿Trucos de enanos, eh?
  • Nooo, ciencia de enanos. Ustedes los científicos están tan absorbidos con sus propias investigaciones que no son conscientes de los progresos en otras áreas y menos si los realizan individuos minúsculos sin aspiraciones a un Nobel. Si me permite voy a colocarlo en el suelo-así lo hice- Y ahora le echaré encima un pequeño chorro de agua de este vaso que hay en la mesa.
El tipo se quedó quieto mientras yo seguía obrando. Cuando el dedal empezó a crecer, crecer y crecer hasta alcanzar el tamaño de una cabina de teléfono, mi amigo el Manipulador ya estaba descompuesto en su blanca palidez.
  • Voila, conseguido. -Pegué tres golpes en aquella cápsula metálica y apareció el vano de una puerta- ¿Me acompaña?
  • ¿Está de coña, cree que me voy a meter ahí dentro, en su trampa?
  • ¿Tiene miedo? Vaya, creí que se sentía seguro rodeado de decenas de personas de su entera confianza en su fortaleza subterránea a prueba de invasiones. Además su impunidad  está protegido por sus ciborgs políticos ¿No lo recuerda? Como si fuese el mismísimo rey. Anímese, seguro que su acrisolada curiosidad científica no le perdonaría perderse semejante oportunidad.
Sacó un Magnum 500 del cajón del escritorio y me apuntó a la cabeza. 
  • Entre y yo le seguiré. 
La puerta se cerró automáticamente detrás de nosotros y en el momento en que el Manipulador se dio la vuelta para intentar abrirla de nuevo, me eché a correr como un poseso por el túnel oscuro que tenía delante. La deslumbrante luz de los focos y un estruendoso aplauso me acogió en el estudio de televisión. Detrás de mí apareció El Gran Manipulador que aturdido dejó caer el revolver al suelo. Abajo, en el centro del escenario, se oyó la voz del conductor del programa que nos invitó a pasar:
  • Aquí los tenemos, amigos. Por fin han llegado. El primero, Fiz Arou, nuestro audaz y entrañable detective y detrás, algo sorprendido diría yo, el Gran Manipulador de su propio mundo virtual. Ya lo conocéis, se trata en realidad del inquietante y sibilino Dr. Krapp. Es hora de que demos paso a la publicidad.