10 septiembre 2014

Así revientes, Antonio

(Retomando una entrada del 2007)
Así revientes, Antonio.
Tú sigue cagándote de miedo en esa parada de las afueras tan oscura que en cualquier momento te puede aparecer por ir un colgado echando las babas y te rebana el cuello como quien rebana un bollo de pan y te deja tirado en un charco de sangre que manchará la tapicería del coche aunque a ti penitas, que estarás muerto y el puto patrón ya no te podrá echar la bronca por haber manchado con sangre -tu sangre, Antonio- la jodida tapicería del taxi. Que se acabe la vida de una puta vez, maldita sea tu suerte de asalariado del taxi tragando madrugadas, mientras la parienta como una marquesa, marquesa del carajo, sigue tirada en la cama soñando con algún galán de cine que la saque de las tristezas de la vida y de la compañía de un marido ignorante, cabrón y machista que ignora las sutilezas y le huele el aliento.
Así revientes, Antonio.
Muere asfixiado por el tráfico, las obras, los municipales que no se enteran, las motos de los repartidores, los autobuses urbanos, los buses escolares. Como en el que iba tu chiquillo, Antonio. Ahora tendría 7 años y sería semejante a esos otros que hacen como que juegan pero no juegan que están delante las mamás y no está bien que les confundan con los pequeñitos de primero y segundo tan inconscientes en sus niñerías.
 Así revientes, Antonio.
 Te gusta el fútbol pero no puedes verlo. Cuando juegan el miércoles, tienes trabajo doble llevando y trayendo a la gente al estadio mientras ruge la multitud adentro y afuera, en los bares atestados. Ni siquiera por la tele, Antonio. Y luego llega el fin de semana y tienes que ir al pueblo para visitar a la familia de la mujer y ayudar a recoger las patatas en la huerta, o poner buena cara cuando tu suegra, mal rayo la parta, te da el consabido pan de centeno y la verdura de todas las visitas. Con lo bien que estarías levantándote tarde, leyendo el periódico en un parque o dando una vuelta por el Paseo Marítimo ahora que estamos en primavera y el domingo por la mañana no tendrías que morir asfixiado por el tráfico, las obras, los municipales que no se enteran, las motos de los repartidores, los autobuses urbanos, los buses escolares. 
Imagina, que imaginar es barato: un rape a la cazuela, un café con su aguardiente de hierbas y luego ir al estadio a ver el partido. A la salida unas cañas con los amigos, para llegar a tu casa, ya de noche, un poco más contento de lo habitual. Pero no, Antonio, no, eso no es lo tuyo. Tú tienes que estar los domingos con esa parentela de la aldea que te miran con aire de superioridad porque tienen diez vacas y doce ferrados de tierra. Callados, resignados, sumisos y siempre hablando de lo mismo: 
¿Xa pensáchedes que imos facer coas terras que deixou a avoa? 
Pois contan que a Martiña deixouna preñada un camioneiro e os pais non queren saber nada da condenada. 
Que sí que non, que na capital vivides moi ben e non  coñecedes os padecementos da xente do campo
Así revientes, Antonio
 Tu mujer se levanta a las nueve y va a aprender a nadar a la piscina municipal y luego queda con las brujas esas que pasan el tiempo hablando, siempre mal, de sus hombres o comentando cosas del nuevo novio de Belén Esteban. La partida de cartas, la visita diaria al Centro Comercial, por la tarde el curso de yoga en la Asociación de Vecinos y tú siempre en el mismo taxi que ni siquiera es tuyo y con las mismas camisas que todas las noches echas sudadas en la lavadora luego de morir asfixiado todo el día por el tráfico, las obras, los municipales que no se enteran, las motos de los repartidores, los autobuses urbanos, los buses escolares. 
Sí, Antonio, sí, el niño era un renacuajo de ojos enormes. Con ellos estaba aprendiendo a conocer el mundo y tú lo paseabas orgulloso en su coche, suyo de verdad no como tu taxi, mientras las cotillas del barrio te paraban para hacerle carantoñas 
Qué hermosura de niño, como se parece a su padre. 
¿Qué dices? si tiene los ojos de su madre. 
Es lindo de verdad, me recuerda a su abuelo que en paz descanse.
Pronto descansó el niño, Antonio, y las mismas cotillas del barrio hacían pucheros en el velatorio tal como si aquel pequeño ataúd tuviera poder suficiente como para ablandar sus duros corazones hipócritas. No hubo perdón y no hay olvido. Día a día desde aquel día, tu mujer no hace otra cosa que señalarte: el niño estaba contigo, en tu taxi que no es tuyo y quedó allí tirado en la cuneta mientras tú, Antonio, sigues vivo. 
Por eso, después de todo, Antonio, no te va tan mal cuando aún puedes seguir muriéndote asfixiado por el tráfico, las obras, los municipales que no se enteran, las motos de los repartidores, los autobuses urbanos, los buses escolares...

Así revientes, Antonio
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Aviso a los que me habéis dejado comentarios en mi penúltimo texto del Círculo de los Suicidas Perezosos, El País de las Juergas Sin Fin y al que ahora podéis acceder desde este enlace. 
Ayer metí la pata y en vez de un borrador eliminé la entrada. Afortunadamente la tenía abierta en una ventana y pude recuperar el texto. Voy a intentar copiar y pegar los comentarios perdidos a partir de los emails que han ido llegando. 
Lamento mi torpeza y os pido perdón por ello.

27 comentarios:

  1. Cuantos "Antonios" hay en todo el mundo...
    UN retrato que ya es universal. Desgraciadamente.

    abrazos amigo
    carlos

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    1. Hay o debe de haber muchos, Carlos. Sin duda
      Las malas conciencias y las frustraciones personales crecen tan aprisa como las malas hierbas.
      Abrazos

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  2. Vaya carga del pobre tipo. Mejor que aprenda el oficio de palmador y se largue de gira lo más lejos de todo el serpentario que lo rodea.

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    1. ¿Y dejar atrás un pasado que lo justifica aunque lo oprima? Los vínculos emocionales, incluso los más tortuosos, te atan a tu vida presente con más fuerza que el mejor pegamento.

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  3. Ostras Max, muy duro. Pues sí que hay desgraciadamente muchos Antonios que creen que tienen que dar gracias por estar reventados y no es así. La culpabilidad no debería ser tan cabrona. Muy bueno. Por cierto, muy buenos los detalles en todos tus textos de los aspectos más patéticos de la sociedad española. Un abrazo

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    1. El sentido de culpa es un invitado que no solo tiende a quedarse en la vida de las personas, además es exigente y pretende acaparar todo el espacio disponible.
      Muchas gracias por tus palabras.
      Un abrazo

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  4. Vaya, vaya, Doktor... Hoy tiras duro, sin embargo es tan realista que duele. ¿De dónde sacamos que la gente vivimos vidas felices e interesantes? Para encontrar algo de felicidad (no de la ñoña, esa es un invento comercial) hay que rascar tanto, arriesgar tanto buscando esa pizquita de libertad y de criterio propio que muchos optan por dejarse llevar como Antonio y como su mujer.

    Besos!!

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    1. Otro día te cuento si soy una Antonia o una alien :))

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    2. Es un texto antiguo retocado pero la iintención primea era acercarme lo más posible a una hipotética realidad. Dejando de lado la anécdota, todos deberíamos bucear un poco en nuestra propia vida, quizás no seamos tan diferentes como pensamos.
      En algún momento, por una u otra causa, todos hemos sido AntonI@.
      Besos

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  5. iveVives en Miami\????el abogado que tienes daádole propaganda lo conozco
    saludos

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    1. No controlo la publicidad que ponen los de blogger.
      Saludos

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  6. Tu relato me ha espeluznado, me ha desazonado -sería más exacto- por la crudeza de la descripción de la vida de un Antonio cualquiera acechado por la desgracia. Su "realismo sucio" me lleva a pensar que solo el arte es capaz de elevar nuestras vidas por encima de esa fealdad documental que es la realidad de un cúmulo de datos y circunstancias. No me ha conmovido la desdicha de Antonio, ni el dolor de un matrimonio herido por la vida. No, me ha conmocionado su descripción de esos hechos que parecen conformar las vidas comunes si no están rescatadas por el arte en cualquiera de sus variantes. Los hechos de nuestras vidas son realmente triviales, las conversaciones de esos gallegos las conozco bien del terruño gallego que frecuento todos los años, la sordidez de la vida es demoledora. Todo tu relato es descorazonado precisamente por esa aparente incapacidad de relevar al ser humano de su realidad fea. Quizás por eso tenemos el mundo de los sueños en que durante unas horas al día todos somos artistas. Si se hiciera una oníricobiografía de la gente... tal vez tendríamos sorpresas. O no. No sé si los sueños de los que tienen el arte en su espíritu son diferentes de los hombre como Antonio y su mujer. Quisiera pensar que un lapso de tiempo cada jornada, nos convertimos en artistas o artesanos de la imaginación, la única que puede rescatar la vida de su abrumadora trivialidad. Todo esto más acá de la terrible desgracia de Antonio. O más allá. No sé.

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    1. Gracias, Joselu.
      A veces somos muy indulgentes con nosotros mismos y nos interesa pensar que todas las vidas, incluyendo las nuestras, tienen alguna justificación o algún sentido aunque sea como objeto artístico.
      No estoy muy seguro de que las vidas tengan un significado, quizás por eso nos amparamos tras las ficciones que dan respuesta a nuestros interrogantes. Eso del principio, nudo y desenlace tiene más sentido que una vida de la que desconocemos sus claves porque no dejamos de ser meros personajes de una aventura vital diseñada por otros aunque éstos otros habiten en la nada.
      Tenemos sueños y ficciones, relatos en definitiva para evadirnos del acto pesaroso de la existencia.
      Celebro tu optimismo si crees que el arte nos puede salvar.
      Saludos

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  7. Conozco el percal, con taxi o en el paro y sin dinero, conozco la frustacion, la rabia, la ira y la impotencia.
    Hoy he organizado en mi pueblo, unas fabes con almejas a cuatro euros mayores y dos los niños y pongo esos precios para los Antonios de mi pueblo puedan ir y no se sientan ninguneados. Pero ya llegara el dia que los antonios vean la luz, lo del niño , uno que tiene tres , es duro, no es justo que nadie entierre a sus hijos...

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    1. Yo no veo a Antonio y a su mujer como seres especiales o especialmente desafortunados. Solo hay que mirar a nuestro entorno y preguntar a la gente, hay muchos lugares para hacerlo.
      Crees en la gente, Temujin, y se nota. Eso es bueno y saludable. A veces la necesidad de creer no nos salva.

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  8. Durísimo relato. Yo creo que todos somos un poco Antonio, que cargamos a las espaldas con culpas más o menos gordas. Una faena lo del pecado original. El caso es que el tal Antonio, al menos tiene trabajo. Hay muchos otros "Antonios" y "Antonias" que no tienen un taxi que trabajar, ni una casa a la que llegar. Es la desnuda realidad. Cada uno padecemos nuestras miserias y vivimos con ellas.

    Besos

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    1. Sí yo creo que todos somos o tenemos algo de Antonio, llenos de culpabilidades y descontentos de las cosas que nos ha tocado vivir aunque al mismo tiempo excesivamente resignados.
      ¿Tú crees que el trabajo emancipa o quizás en la condición humana está implícito el descontento con la realidad que cada uno le toca vivir?
      Con trabajo o sin trabajo cada uno tiene sus miserias como dices tú y si estás en el paro hay algo a lo que puedes desviar la culpa.
      Besos

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  9. Realismo puro, por suerte o por desgracia. No has hecho la más mínima concesión a la floritura, y eso es de agradecer: de vez en cuando nos viene bien llevar un sopapo en toda la cara: eso es leer una historia de este tipo, recordar que por muy mal que nosotros nos sintamos a veces siempre hay alguien que está mucho peor. Y esto no lo digo como consuelo, sino porque debería servirnos para lamentarnos menos de nuestras propias miserias y enfrentarnos al mundo con un poco más de decisión. Hay muchos Antonios ahí fuera con razones de sobra para reirse de nuestros quejidos.

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    1. Una posibilidad es lo que tú dices:pensar que hay gente que vive peor que nosotros pero otra, también posible, es que todos vivimos realidades parecidas en circunstancias aparentemente diferentes. La vida de cada cual pasa por sucesivos momentos y seguro que tenemos alguno en que podríamos compartir la experiencia del taxista.

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  10. Crudo y duro este relato, estimado Krapp. Conocemos bien estas realidades desde la distancia. Como apunta aquí Angie, hay muchos "Antonios" y "Antonias" en este mundo nuestro. Y así reventamos todos...

    Muchos besos.

    Fer

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    1. Es crudo pero no era mi intención forzar las situaciones para que parecieran peor de lo que pueden ser. Sinceramente me parece una situación real porque si lo piensas bien, todos vivimos en una tragedia suspendida que en cualquier momento puede caer sobre nosotros.
      Besos para ti, Fer

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  11. ¿Sabes lo que de verdad me ha impactado de este descarnado/genial retrato que has hecho de un “nadie” a quien llamas Antonio? La saña, el resentimiento y la rabia que contiene. Realmente increíble lo bien que has dibujado en letras su sentir. .. se palpa esa parte terrible del sufrimiento sordo, ahí en lo profundo.

    Que alguien experimente desde dentro esos sentimientos o que sea objeto de ellos desde fuera me da qué pensar. Que a nadie le sorprenda, los demos por hecho como normales y naturales, mucho más.

    Solo espero que de verdad de verdad no haya muchas personas que vivan su vida de la forma tan terrible como me parece vive y sufre tu Antonio. .. Porque hay vidas terribles, circunstancias horrorosas eso nadie lo duda... ahora bien, la manera en la que cada uno las encara modifica cómo lo siente y vive... por tanto su vida.

    Muchos besos Dr KRAPP... ¿ ya has ido a pasearte por los acantilados? ;))

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    1. La impotencia causa rabia, rencor, odio, desesperación, angustia y muchas cosas más. Hay gente que no ha tenido que pasar por ese trance pero los que han tenido la desgracia de experimentarlo no encuentran fácil consuelo en esa normalidad aparente en la que vivimos.
      Antonio encara las cosas y al encontrar consuelo de alguna manera acepta su realidad. Las ficciones nos han enseñado lo bonito que es romper con todo y darse una nueva oportunidad, pero en el fondo solo son cataplasmas que nos ponemos encima para que las heridas que llevamos dentro no supuren demasiado aunque no nos curen.
      No, estoy huerfáno de acantilados últimamente. Me refiero a los creados por la erosión de las rocas. Los otros...
      Muchos besos, María

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  12. Revienta Antonio...revienta!.Muchas personas, han pasado o pasan por este paso a paso: que no deja de ser una aceptación o resignación.Todos tenemos algo por lo que sentirnos frustrados como Antonio y algunos hemos vivido un duelo: pero no queda otra que seguir como mejor podamos.

    Feliz semana Krapp besos.

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  13. Es cuerto, lo creo. Muchas personas viven circunstancias parecidas a estos personajes a pesar de su aparente radicalidad y no siempre el mantener una situación tan complicada es sinónimo de cobardía.
    Besos, Bertha. Feliz media semana no queda más.

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  14. Buen relato, Supongo que no puede haber carga mayor que la muerte de un hijo. Lo mejor sería que se perdiera para siempre entre el tráfico de la ciudad, pero no tendrá esa suerte.

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    1. Gracias, Chafardero.Diluirse entre la muchedumbre puede ser una buena forma de supervivencia e incluso de suicidio.

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