25 junio 2012

Cita al alba (Kaskarilleira Existencial 17)

En la madrugada de San Juan partí a la búsqueda del Gran Manipulador. Kaskarilleira entera seguía recubierta por una vaporosa capa grasienta con olor a fritanga de sardinas, madera quemada y alcohol. La noche más corta aspiraba a ser eterna para la tropa mohicana y chillona que ocupaba la calle envalentonada por la idea de que la juventud no conocía límites. 
Tenía mi decrépito buga aparcado de cualquier manera en un callejón lateral. Comprobé que nadie le había arrancado el espejo retrovisor, uno de los deportes favoritos de las cantamañanas a los que unas copas de más les hace descubrir insospechadas pulsiones vandálicas. 
Salí de la ciudad y pronto me incorporé a la autovía. Tenía el tiempo justo antes de que el que amanecer entrara en danza. Los enanos me lo dejaron muy claro en el segundo pliego que me hicieron llegar a través del plumífero cartero. La verdad es que esos mequetrefes me habían decepcionado.  Después de la visita nocturna de Xan das Covas me costó un huevo desprenderme de mi rol de detective provinciano y adquirir la personalidad de un aguerrido Espartaco versión Kirk Douglas. Pero pasó el día siguiente y otro más, un tercero y un cuarto sin recibir noticias de la gente menuda. Cogí tal cabreo ante tanta informalidad que se me acabó estrechando mi nuevo hoyuelo en la quijada. Después de cuarenta y tres llamadas por el intercomunicador, obtuve respuesta. Volvió aparecer el enano viejo en la nube amarilla con su estúpida sonrisa risueña. No pude contenerme y salté en tromba con toda mi poderosa chulería kaskarilleira:
  • ¿Qué pasa, chorvo ¿no os furula el percal o qué?
  • Tranquilo, Fiz. Hemos tenido algún que otro problema de logística pero al final se ha resuelto satisfactoriamente. Saldrás a la búsqueda de nuestro enemigo antes de que raye el alba de la mañana de San Juan. Recibirás las instrucciones pertinentes.
Recibí las instrucciones pertinentes y ahora, tras dejar el coche, me dirigía tropezando  por el camino oscuro y siniestro que conducía al viejo castro prerromano de las afueras.  Siguiendo las instrucciones, me senté en el primer círculo de piedra mirando al este. Abajo pasaba un riachuelo lleno de mierda y al otro  lado, entre las rocas de la orilla y los sauces estreñidos, empezaron a hacerse hueco las primeras luces del amanecer.
La descubrí a los pocos segundos. Estaba semidesnuda encima de una roca. Una mujer esbelta con el torso desnudo, un traje escamoso que me dio algo de grima y un peine de oro en la mano con el que le daba duro a sus cabellos largos y dorados. Estaba de perfil, envuelta en la sombra, pero no me costó imaginar que sería uno de esos bomboncitos que desde los cuentos ilustrados pervierten el incipiente erotismo de nuestra infancia.  
  • ¿Por qué no me dijeron esos canijos que tenía cita con un hada? Me lo hubiera tomado con más entusiasmo.
Da igual, la ocasión la pintan calva. Me frote las manos de puro placer y me dirigí hacia ella.
  • ¿Adónde crees que vas, humano? 
Era una voz parecida al que haría una montaña al quebrarse por su mitad. Inmediatamente sentí que una fuerza poderosa me lanzaba varios metros hacia atrás.
  • Bueno, tengo órdenes de...
  • ¡Qué órdenes ni que niño muerto! No intentes a engañar a una hada con más siglos en su espalda que tú pelos en la cabeza. En los últimos siglos los humanos os habéis vuelto demasiado prepotentes y dominantes pero no hay problema pronto recibiréis vuestro merecido. 
Mientras lanzaba denuestos, la tipa seguía peinándose sin apartar la mirada del río.
  • Señora, los enanos me dijeron que aquí habría alguien esperándome para darme algo y solo la he visto a usted. Por lo tanto he deducido que...
  • Ya y al ver que se trataba de una hada desvalida pensaste que a lo mejor pillabas cacho. ¿A que no me equivoco? Solo hay que verte la cara de sinvergüenza y rufián. 
Sonaba lindo en aquella voz cavernaria pero yo no estaba dispuesto a dejarme vencer de forma tan sencilla. 
  • Señora, si fuera un sinvergüenza, los enanos no me hubieran escogido para esta misión trascendental.
  • Esos, de tanto relacionarse con los hombres, se han agilipollado. Mira, capullo, aquí tienes el arma con el que debes combatir el Gran Manipulador. Lárgate. No quiere verte más. Me repeles.
Con un gesto brusco me lanzó un objeto que tenía en el regazo. Aquello trazó una larga parábola en el aire,  pego un bote en mis pies y salto hacia mi cara. Caí hacia atrás con aquel balón en mis manos. Porque se trataba de un balón. Ligero como los de playa y con el dibujo inequívoco de un globo terráqueo. Un mapa mundi como arma. Valiente cosa.

12 junio 2012

Viviendo en el plano teórico

 
Nunca escogió vivir en el plano teórico pero desde muy pequeño fue lo que le enseñaron. Teorías, principios,conceptos, definiciones, etiquetas, teoremas. Fórmulas magistrales que sirven para cualquier cosa. Y si no sirven es culpa de las cosas y no de las fórmulas.  
Terminó por comprender que la realidad era una falacia engañosa e intrincada si no era capaz de superar unos mínimos controles de calidad. Antes había que limpiarla de excrecencias. Liberarla de excepciones. Reconducirla por el camino recto evitando innecesarios rodeos y esas espesuras farragosas que no llevan a ninguna parte y solo generan confusión e incertidumbre. 
La realidad debe ser recta, cabal y luminosa. Como una luz en medio de las nieblas o una autopista que abriese el Amazonas como un puñal.
De esa manera construyó su mundo. Claro y preciso. Sabiendo en todo momento cual camino escoger. Trazando líneas maestras para separar divergencias. Los nuestros a un lado, los contrarios al otro. Yo aquí, en el centro de mi propio universo, y vosotros allá ocupando círculos concéntricos y progresivamente más alejados.
Le fue bien, nunca engañó a nadie. Aunque sus detractores lo acusaran de falta de piedad e incluso de sanguinario.  ¿Falta de piedad por cumplir con su deber? ¿Sanguinario por combatir a sus enemigos desde las aulas, desde la milicia y luego desde el gobierno de su propio país?
¿Por qué hay que pagar un precio por ser consecuente con uno mismo?  ¿Por que tiene que pagarlo él, precisamente él, que siempre se mantuvo firme y nunca se dió tregua a si mismo? 
Sin flaquezas, sin traiciones, sin falsos componendas. Al parecer no había sido suficiente. Ahora estaba allí, sentado en aquel estrado y delante del tribunal internacional que debía juzgarlo por crímenes contra la humanidad.

05 junio 2012

Combatiendo al Gran Manipulador (Kaskarilleira Existencial 16)

Habían pasado varios meses desde mi sorprendente encuentro con los enanos (Ver La vaca que guiña) y casi me había olvidado de ellos, entregado por entonces a los sumarios placeres que me podía ofrecer la sin par Kaskarilleira cuando no tienes ni oficio ni beneficio. Venciendo mi acrisolada misantropía, volvía a mi casa aquella madrugada después de celebrar con una grey desaforada y alcohólica el nuevo ascenso a Primera  del Esportivo. Reconozcámoslo, el equipo de nuestros amores y temblores, se ha convertido en el único elemento capaz de sacudir la secular modorra de mi vieja ciudad, una dama untuosa  y galante que yace con calculada displicencia a orillas del Atlántico. 
Al llegar al portal y antes de sacar el llavero tropecé con un objeto que me interrumpía el paso. Instintivamente intenté lanzar una patada pero una extraña luz procedente del objeto me hizo dar una voltereta en el aire antes de caer de culo en el suelo.

  • ¿Y ésto?
  • Querrá decir y éste. Soy enano y por más señas, varón.
  • No comprendo.
  • Pues vaya intentándolo, no tengo toda la noche. 
Desde abajo podía verlo con más claridad. Se trataba de una figura diminuta con un casco lila en la cabeza. Iba vestido con cazadora de cuero, camisa a rayas y un pantalón color añil  fosforescente. En la mano llevaba una mínima pistolita de plástico color carmesí.
  • ¿Con eso me  ha lanzado al suelo?
  • Pues sí y no se queje. Ha tenido suerte. Podría haberlo dejado ahí tirado como un fiambre hasta que lo viniese a recoger el camión de la basura.
  • No hace falta que se ponga tan agresivo conmigo, usted me interrumpía el paso y era mi derecho...
  • Déjese de monsergas, soy el mensajero de los enanos y quiero acabar con mi trabajo cuanto antes. Le dejo este rollo  -me entregó un rollo de papel dorado- que me ha entregado para usted el Maestro Gfunderkaltstesick. Además debe firmarme el recibo.
  • No tengo bolígrafo.
  • Está bien- el enano fue sacando de la camisa una larguísima pluma de ave de color negro- Vamos Lisistrata, bonita, colabora con el señor.
Al coger la pluma me pareció sentir que tenía un extraño latido, como si tuviese vida propia, pero preferí no darle más vueltas al tema. Demasiadas locuras para una sola noche incluso para un tipo tan bragado como yo. 
Siendo un tipo poderoso no estaba preparado para lo que pasó luego. El enano me dijo "abur", se subió  a la pluma  como si fuese  una Harley y salió volando no sin antes dejarme boquiabierto al dar un tirabuzón en el aire.
Entré en casa y desplegué el rollo encima de la mesa camilla de la sala. Lo abrí y me encontré con un breve texto escrito con enormes letras góticas: 
 HAY QUE COMBATIR AL GRAN MANIPULADOR.
  USE EL INTERCOMUNICADOR ADJUNTO. 
XAN DAS COVAS

  • Eh -farfullé- ¿De qué va ésto?
En ese momento cayó encima de la mesa algo en lo que no había reparado. Parecía una nuez pero al cogerla se abrió en dos partes unidas por un delgado hilo de lino. "¿Será el intercomunicador'"- pensé. "¿Pero como funciona?'" .  Lo mire por delante, por detrás y finalmente lo lancé contra la pared mientras exclamaba:
  • Esos cabrones enanos no me han dejado un puto manual de instrucciones.
No lo necesitaba, tras chocar contra la pared, una nube de color amarillo precedió a la aparición de Xan das Covas. Me miró con ojos risueños y sonrisa de oreja a oreja.
  • Por una vez tu poca paciencia te ha beneficiado. Has encontrado el truco.
  •  No quiero trucos, jefe, prefiero que me diga de que va este mensaje.
  • Antes que nada debes saber que  yo no estoy donde me ves, te hablo desde el corazón de la Anania.
  • Perfecto, son unos magos de la holografía, ¿algo más? 
  • Si te refieres a lo del rollo está claro, hay que neutralizar al Gran Manipulador Él es el culpable de lo que está ocurriendo en el mundo.
  • ¿La crisis, la pobreza en el Tercer Mundo, las guerras, los terremotos, los tsunamis?
  • No, los asuntos naturales tienen sus propias leyes; me refiero a todo aquello que tiene que ver con los hombres.
  • Pues ahí hay material para dar y tomar. ¿Entonces hay un culpable único? ¿El capitalismo? ¿Los mercados? ¿No será Dios? ¿No pretenderá que me enfrente a Dios o al diablo?
  • Ni el capitalismo, ni Dios, ni el diablo. Es alguien diferente. Muy poderoso aunque caprichoso y voluble. Nosotros te ayudaremos, tenemos un acuerdo contigo.
  • ¿Me debo de sentir aliviado? Un pringado de medio pelo rodeado de una recua de enanos haciéndole frente a un ser omnipotente que está puteando a todo la humanidad. Déjeme que me lo tome a risa.
  • Tómate lo a risa  si quieres pero mañana te encaminarás hacia tu objetivo.
  • Venga, no se burle de mí .
  • No me burlo. Mañana será tu día. 
Otra nube de color amarillo y silencio en la sala. Papá Pitufo se había largado, dejándome con el marrón.  Ya nunca volvería a ser un Don Nadie feliz.