17 noviembre 2011

Sherlock Holmes desafía al futuro (II)

  • Holmes, ¿está seguro de saber manejar este condenado artilugio? 
  • Querido doctor, su desconfianza es casi ofensiva. Abandone de una vez sus prejuicios victorianos y déjese llevar por las voluptuosidades del mundo moderno. 
  • ¿Llama voluptuosidades a esta serie interminable de botones en quintuple hilera o quizás se refiere a ese inmenso ventanal de cristal oscuro que sin duda nos traerá más de un disgusto? 
  • Los botones nos permitirán viajar a nuestro destino y el ventanal nos dejará ver lo que tenemos delante sin correr innecesarios peligros. Según las anotaciones del Viajero solo un bala de cañón de inusitada potencia y disparada desde muy cerca podría destruirlo.
  • El Viajero no es una referencia tranquilizante, Holmes. ¿Cómo fiarse de un hombre que nos recibe embozado en un sótano húmedo y lúgubre como éste?  ¿Qué tiene que ocultar y por qué no ha querido acompañarnos?
  • Es un visionario, Watson. Los hombres como él actúan movidos por extrañas intuiciones nacidas de su desenfreno mental. Si quieren ser fieles a si mismos, deben preservarse de las acechanzas de la realidad manteniéndose al margen del mundo; viviendo una vida propia, anónima y solitaria.
  • Hermosa loa, pero poco convincente; la mayoría de ellos son solo carne de frenopático.  ¿Cuando salimos, Holmes?
  • ¡Ya!
El detective tocó una serie de botones y al momento se oyó un ruido ensordecedor que sonó como un trueno en aquella caja metálica del tamaño de un funicular.  Seguidamente nos envolvió una capa de vapor mientras el aparato empezó a temblar de forma ostensible. Nos agarramos al respaldo de nuestros asientos y aguantamos las sacudidas. Fueron uno segundos interminables. Al acabar sudaba copiosamente y tuve que limpiarme mi cara y frente con un pañuelo. En cambio, Holmes, a mi lado, se mantenía impávido. Con la mirada perdida en el infinito mientras la niebla persistía alrededor de nuestro transbordador. Cuando salió de su ensimismamiento, rompió el silencio con un grito de entusiasmo.
  • ¡Ha sido fantástico. Una experiencia irrepetible. Gloriosa!
  • No se emocione tanto, no sabemos lo que nos podemos encontrar ahí fuera. Mejor amartille su revolver, como estoy haciendo con el mío, a la espera de acontecimientos.
  • Oh Watson, está completamente incapacitado para disfrutar de cualquier emoción que cuestione los rígidos principios morales con los que ha sido educado.
  • No me hable de principios morales. Somos dos seres del pasado indefensos en medio de un desconocido futuro seguramente más peligroso y mortífero que el mundo que hemos dejado detrás.
La niebla se fue disipando y ante nosotros surgió de la nada un paisaje singular. Era un alto recinto abovedado, oscuro por arriba  pero iluminado abajo por potentes focos. Pensé en un gran escenario teatral ocupado en su centro por una enorme mesa llena de papeles y por lo que parecían pequeñas maletas abiertas de las que se desprendía una rara fosforescencia. Había una buena cantidad de asientos alrededor de la mesa pero todos estaban vacíos. Menos uno. Allí se sentaba una mujer rubia de cierta edad, algo obesa y vestida con un extraño traje azul oscuro de aire masculino. A pesar de la distancia, pude ver sus ojos penetrantes cuando los dirigió hacia donde nos encontrábamos. Me estremecí en el asiento.

  • ¿Esta seguro de que no corremos peligro, Holmes? Esa mujer nos mira.
  • Tranquilo, Watson, es imposible, no puede vernos. Además mientras no salgamos de la máquina del tiempo estamos protegidos. Solo estamos provisionalmente en el futuro, parte de nuestro cuerpo todavía está en el otro lado. En definitiva, ocupamos dos espacios físicos simultáneos. Para anclarnos aquí tendríamos que salir fuera de la cabina. 
La mujer siguió con su mirada escrutadora durante un rato. De repente, levantó un brazo e hizo un gesto con los dedos. Algo empezó a moverse por el lado derecho. ¿Qué era aquello?
  • Son perros. Enormes perros de caza, Watson.
  • Pues son muchos y su  tamaño no es menor que  aquel terrorífico con el que tuvimos que lidiar en Baskerville Hall. ¡Dios santo, Holmes, éstos también tienen las fauces llenas de sangre!
Mi amigo se frotó las manos y luego me lanzó una sonrisa provocadora.
  • Por fin llegan las emociones fuertes. Las cosas empiezan a tener buena pinta. ¿No está de acuerdo, Watson?
No, no tenía fuerzas para escaparme de aquella enloquecedora pesadilla.

13 comentarios:

  1. Menos mal que el precavido Watson está siempre a la vera de Holmes para tratar de refrenarlo un poco en sus ansias de atrevidas aventuras futuristas: una cosa es lidiar con los malos coetáneos y otra muy distinta enfrentarse a esa futurista mujer rubia de cierta edad, que por su descripción me recuerda tanto a...
    Sí, a esa.

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  2. En un momento de la lectura me he identificado con el Viajero. “Preservarse de las acechanzas de la realidad” me tienta más de una vez últimamente.

    Comprendo que un espíritu osado como el Holmes quiera asomarse al futuro, pero si éste es nuestro presente me temo que echará marcha para atrás. Y la señora rubia obesa con semejante “look” varonil y los perros con las fauces sanguinolentas no resultan muy estimulantes que digamos... Espero que Watson, especie de Sancho Panza, convenza a su jefe de que lo más saludable es poner los pies en polvorosa y regresar a los orígenes... Es lo que haría yo...

    Y tú, ¿amigo Krapp?

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  3. Qué miedo.
    Para enfrentarse a ese futuro hay que ser más que un personaje de novela. Hay que ser un superheroe.

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  4. Muy aventureros estos dos.

    Los perros con las fauces llenas de sangre, esto no pinta bien.
    Seguro que no los ven, verdad?
    Estoy en un sinvivir.

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  5. Deduzco, no se si acertadamente, una cierta similitud de los perros con los hijos de perra financieros. Esos que se alimentan de la miseria de los pueblos, los que especulan con alimentos, los que quieren que retrocedamos a niveles de hace un siglo. El detective debe estar estupefacto, ¿ estará en el pasado o en el futuro?. "Nunca tan pocos hicieron tanto daño" (parafraseando a Churchil y su frase sobre la R.A.F.). Un abrazo

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  6. ¡¡¡Que intrépido siempre Holmes¡¡¡ Menos mal que siempre tiene a Watson como polo a tierra, si no, no creo que hubiera trascendido tanto por muerte prematura.

    Un beso, Krapps.

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  7. Como si nuestra pareja de sagaces detectives no hubiera tenido que enfrentarse antes a conspiraciones maquiavelistas. ¿A fin de cuentas que es el futuro, PASEANTE, más que un presente rezagado?

    No puedo adelantarme a los acontecimientos, yo solo soy un cronista voluntarioso que escribe lo que le dictan desde alguna parte. Pero si te tienta salir de la realidad quizás sea conveniente dejarla atrás de vez en cuando ¿No lo crees así, LUIS?

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  8. Holmes es un superhéroe de la lógica y el razonamiento y muy constante, esperemos que salga bien de tan arriesgada aventura, TESA.

    Vive que es lo importante y luego si te apetece léeme, JOSELA. En la cuestión perruna estos tipos ya tienen una considerable experiencia adquirida. Si Conan Doyle te contara.

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  9. Bueno, unos son perros y otros hijos de tal especie, quizás haya alguna diferencia, TEMUJIN. O quizás no, lo más seguro es que sean todos de la misma camada. Estoy por pensar que en estas cosas de la maldad y el interés pasado, presente y futuro se entrelazan como hermanos siameses. Sería difícil separarlos y saber donde empieza uno y termina otro.

    Es que Holmes era hijo de un tiempo donde parecía que la ciencia y la deducción lo resolvería todo y se veía capaz de cualquier cosa. Ahora somos más escépticos y hasta dudamos de nuestro sentido sentido. Bien hace Rajoy en querer restablecerlo.
    Besos, NOVICIA.

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  10. Hummm, pues me temo que este mundo actual que "padecemos"... es carne de visionarios. Algo que según y como,(y sólo según y como) me da más miedo que una pedrá en un ojo... sobre todo si echamos la vista atrás en política y sociología. Aunque me confieso como admiradora de los cambios "laicos" del tipo Ilustración, que con todos sus defectos y servidumbres, fue un "punto de partida" para hacer este mundo algo más habitable para la mayoría.

    Esperemos pues que haya un Watson (o casi mejor muchos Watson's) que conduzcan con mano firme y sabia este "artilugio" en el que viajamos.... pero muy optimista no estoy yo.

    Eso sí, si los científicos a los que los poderes temporales hacen el caso justillo para que no les estorben... terminan por cambiar este erróneo concepto de "tiempo" que hemos creado con esas tres entelequias de "presente, pasado, futuro..." quizás algo cambiaría de verdad en esta triste dimensión que mal-percibimos... bueh, no me enrollo... que seguro que estás al cabo. Pero por ahí pasan cambios muy importantes para esta humanidad.
    A ver si hay suerte y al tiempo! (Soñar es gratis, chaval, jeje)

    Buena, esta serie, Doctor.

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  11. El científico que logre romper la ecuación formalista del tiempo y convencer a sus congéneres de su verdad cambiará la faz del mundo y hasta será causidivinizado. Mientras tanto seguiremos en manos de visionarios de medio pelo, falsos profetas, políticos manipuladores y esas corporaciones evanescentes que juegan con nosotros, con nuestra vida, como si fuéramos fichas de un Monopoly al que no tenemos acceso.
    Gracias por tus palabras, CRISTAL00K

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  12. ¡Cómo se compenetran estos dos personajes!No saben lo que les espera. Mejor, mucho mejor que no lo sepan.

    Un placer leerlos mientras que me tomo un poleo con un trozo de bizcocho que me ha quedado como un gran bizcocho de soletilla! Estoy tan perdida en la cocina como estos dos en la máquina del tiempo que les ha llevado a nuestro ahora.

    Paso capítulo.

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  13. ¿Mojas el bizcocho en el poleo? ¡Que temeridad! No creo que ni el propio Holmes se atreviera a tanto y conociendo a Watson seguro que le hubiera dado un síncope. Sí, los chicos son tal para cual. Un Quijote esclavo de lucidez y un Sancho atascado en su perplejidad. Con bombín, niebla y coche de caballos.

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