29 junio 2010

Amor correspondido

Esta lista. A punto de entrar en combate, Lourdes Caro mira su cigarrillo mentolado. Debo de ser de las últimas. Se sonríe, le echa una última calada y lo lanza con destreza a la papelera.
Al segundo, las puertas abatibles del vestuario masculino se rinden al impacto súbito de su imponente trasero. Pertrechada con sus armas más mortíferas -fregona, cubo, lejía, detergente y paños de todos los tamaños- entra en el recinto más odioso del Club Social, Recreativo, Deportivo y Cultural El Talón Ramplón.
Un vez más da un traspiés ante aquel repulsivo tufo, mezcla de sudor enfriado, perfume de marca, colonia barata,  desodorante y agua estancada. Han pasado siete horas del cierre de las instalaciones, pero la masa viscosa sigue ahí, delante de sus ojos, dispuesta a arrastrarla a un infierno libidinoso y putrefacto donde será devorada por un enjambre enloquecido de testosteronas asesinas. 
Agarra el palo de la fregona y se pone de puntillas para abrir los dos mínimos ventanucos del techo. La niebla condensada no se desvanece  y Lourdes, atacada por los nervios, empieza a lanzar manotazos a diestro y siniestro. 
¿Y eso?. Cree haber percibido un movimiento. Avanza un metro y se queda petrificada. Hay un tío en bolas al otro lado de ese espejo. No hay duda, un tipo musculoso y tiritante permanece en ese lugar saludando tristemente con la mano izquierda, mientras que con la derecha esconde y sujeta sus partes pudendas.  
  • ¿Que coño hace usted ahí a estas horas? No me gustan los exhibicionistas. Además ¿por qué solo aparece en ese lado del espejo?
  • Per..perdone la incoherencia de la situación. Solo estaba echándome crema y mirándome como me quedaba cuando... 
  • Parece uno de esos metrosexuales de los que habla la gente. Da asco, pelado como un bebé y pasando de los cuarenta. Además está hinchado como un pavo sacado del horno. A saber que potingues y pastillas se mete encima. 
  • Bueno no hago mal a nadie, pero el espejo... 
  • El espejo se lo tragó.  
  • Sí, ¿cómo la ha sabido? Hizo gluppp como un desagüe y me absorbió para dentro. Estaban a punto de cerrar y solo quedaba yo. Nadie se enteró hasta ahora.
  • No se habrá aburrido. Ha tenido tiempo de sobra para seguir contemplándose y el espejo se habrá sentido inmensamente feliz.
  • ¿Qué dice?
  • No sea tonto, hasta un niño puede imaginar que el espejo al verlo todo el tiempo ha pensado que se sentía atraído por él y se ha enamorado a su vez. Al ser un amor correspondido, ha decidido traerlo a su lado. 
  • Eso es un disparate, nunca había oído nada parecido. Haga algo y sáqueme de aquí. 
  • No voy a hacer nada, bastante tiene una con levantarse a las cinco de la mañana para venir a currar. Además tengo la costumbre de no meterme en ajenos amoríos que ya me dan suficientes problemas los míos. Abur.

22 junio 2010

Alumbramiento

ALUMBRAR
1. tr. Llenar de luz y claridad. El Sol alumbra a la Tierra. Esta lámpara alumbra todo el salón. U. t. c. intr. El Sol alumbra. Esta lámpara alumbra bien.
2. tr. Poner luz o luces en algún lugar.
3. tr. Acompañar con luz a alguien.
4. tr. Asistir con luz a un acto religioso, un entierro, etc.
5. tr. Disipar la oscuridad y el error; convertirlos en conocimiento y acierto.
6. tr. Dicho del entendimiento o de cualquier otra facultad: Iluminar, inspirar. U. t. c. prnl.
7. tr. Parir, dar a luz. U. t. c. intr.
8. tr. Registrar, descubrir las aguas subterráneas y sacarlas a la superficie.
9. tr. Agr. Desahogar, desembarazar la vid o cepa de la tierra que se le había arrimado para abrigarla, a fin de que pasada la vendimia pueda introducirse el agua en ella.
10. tr. desus. Dar vista al ciego.
11. tr. desus. Adoctrinar, instruir.
12. tr. desus. Conceder feliz parto; asistir o ayudar a la mujer en el parto.
13. prnl. coloq. embriagarse (‖ perder el dominio de sí por beber en exceso).


18 junio 2010

Ajuste y ayuda al crecimiento

(Toc, toc. Llega la ministra) 
  • ¿Se puede?
  • Adelante, ministra, pase. ¿Nos trae el plan que le solicitamos?
  • Les traigo algo mejor: un T.E.TI.M. Hagan con él lo que quieran.
  • Señorra ministrra, usted se komprrometió a traernos un plan de ajuste que duraría hasta final de siglo, no un…una tetita.
  • No es una tetita, Frau, es un T.E.TI.M. Es decir, un Trabajador Español Tipo Medio. No puedo exprimirlo más, por eso he decidido que lo hagan ustedes mismos. Tal como mejor les parezca.
  • Típikas diskulpas latinas para justificarr inkalificables desidias. Trraiga aquí su kosa.
(Portazo. Habla la Comisión Evaluadora)
  • Krreo que a pesarr de su penosa situación, no son humildes como debíerran. La vida burrguesa les ha puesto gorrdos y fondones. No quieren sacrifikarrse. Han perrdido aquella forrtaleza y rresistencia que tenían cuando llegaban con sus maletas de karttón a nuestros hospitalarios barracones allá en los 60. Una Scheiße.
  • ¿Una que?
  • Una Scheiße. Una mierrda, coño.
(Toc, toc. Entra la ministra)
  • Aquí se lo traigo. T.E.TI.M. , saluda a esos señores que te van a examinar.
  • Señora ministra, creo que antes debería quitarle el bozal y la cadena al cuello. Damos por hecho que está vacunado contra la rabia.
  • Por eso no deben preocuparse. Le hemos inoculado el virus del derrotismo y es de una mansedumbre infinita. 
  • Muy bien, ministra, por fin hacen algo bien. A ver hijo ¿qué es lo que sabes hacer?
  • Sé currar de camarero y construir una pared de ladrillo. En mis ratos libres puede hacer trabajos de oficina.
  • Se lo dije. Está enviciado. No sirrve para nada. Eso lo hace por cinco veces menos de salario cualquierr inmigrante del Terrcer Mundo. Su padrre pudo haberr sido un magnífico operario en alguna fábrrika de Dusseldorf pero él está echado a perrder.
  • T.E.TI.M., lamentablemente estoy de acuerdo con mi colega alemana. No nos sirven tus utilidades, deberás reciclarte para ser competitivo. Quizás eso requiera algún cambio doloroso. Date la vuelta para que te examinemos mejor.
  • Tiene buen  kulo, lástima que  todo lo demás sea tan deplorrable.
  • No, no dejaré que me sodomicen. Hasta ahí podríamos llegar. Señora Ministra, haga algo.
  • ¿Qué puedo hacer, T.E.TI.M.? Es el precio que debemos pagar por vivir por encima de nuestras posibilidades. Ellos deciden.
  • ¿Y tengo que pagarlo yo?
  • Nosotros, como siempre hemos hecho defenderemos tus intereses en la alta política europea. Son civilizados, no te harán excesivo daño. Si no te hubieras endeudado tanto.
  • Ustedes no me avisaron de los peligros.
  • Da igual, es tarde para lamentaciones. Me voy, T.E.TI.M., que tengo un Ecofin. Mucha suerte.
  • No me deje con estas fieras o no los volveré a votar...
(Portazo. Sale la ministra y habla la Comisión)
  • Rrealmente no entiendo tus rretincencias, T.E.TI.M. Queremos que sigas krreciendo y lo harrás de forrma más segura si te aprretamos las klavijas. Te ayudarremos para que puedas estirrarte todo lo que des de sí. Solo así konseguirrás algún día llegarr a serr tan grrande y poderroso como somos nosotrros ahora. En mi país sabemos de antiguo komo trratarr casos como el tuyo. No tienes nada que temerrr.

09 junio 2010

Euroinsomnio

Me desperté en la madrugada y comprobé alarmado que todavía no habían puesto el día en circulación.
¿A qué obedecía aquel retraso?
Mi hoja de ruta era muy clara al respecto: despertarse tras el sueño nocturno supone el inicio del día y la preparación para la jornada siguiente, sea activa o festiva.
Extraña anormalidad. Si no se iniciaba el día tampoco podía ponerme en funcionamiento y cumplir el programa que me hubieran asignado.
Revisé mis biopuertos craneales y comprobé que funcionaban a la perfección. Luego consulté mis FAQ’s mentales y tampoco hallé respuesta a mis preguntas acuciantes.
Incomprensible.
¿Debía levantarme?
¿Debía quedarme en la cama hasta que la Unión Europea me mandase un buropensamiento y decidiera lo que era más conveniente para mí?
No podía aceptar que tan alta institución tuteladora hubiera cometido un mayúsculo error. Seguramente debía de tratarse de algún programa nuevo demasiado complejo y sofisticado para la parte autárquica de mi mente, la única no conectada a la red global. Pronto recibiría una respuesta y hasta entonces debía permanecer en la cama.
Pero ¿qué pensar? Y lo peor ¿hasta dónde estaba autorizado a hacerlo sin romper el frágil equilibrio mental entre el conjunto de los ciudadanos de la Unión?
Nuestros gestores lo habían dicho muy claro: la sostenibilidad de nuestro Estado del Bienestar dependía de la pureza de nuestros pensamientos. Sin embargo creyeron innecesario darnos parámetros al respecto. 

Un ciudadano como debe ser, debe saber siempre como pensar.
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Han pasado muchas horas. No sé cuantas, nadie me ha autorizado a calcularlas. Tampoco nadie me ha autorizado a beber, a comer o a hacer cualquier otra cosa. 

Me siento solo, abandonado y perdido pero no me puedo desesperar. No sé el tipo de consecuencias que podría generar mi angustia. Quizás una bancarrota en Moldavia o una crisis financiera en Creta
Me voy a desmayar y será lo mejor para todos. Desmayado no causaré ningún trastorno. Incluso puedo morir y acabar con todos mis problemas. 
A lo mejor quieren que muera y no me lo quieren decir. 
Debo deducirlo yo. 
Ya se sabe un ciudadano como debe ser, debe saber siempre como pensar.

02 junio 2010

El camino cruel

Conducía mi vieja camioneta Chevrolet por aquel deteriorado paisaje del Este de Misisipi. El Cinturón Negro está constituido por una interminable sucesión de praderas desoladas, punteadas aquí y allá por alguna cabaña sórdida o algún lejano rancho de pretencioso estilo colonial. Tierras pobres en el estado más pobre. Cinco millas atrás me había desviado por un camino angosto y pedregoso donde mi vehículo levantaba a su paso una nube de polvo inextinguible. Era el camino correcto pero era un camino cruel.
Tras subir una pequeña cuesta, todo terminó. Cesó el camino terroso, desaparecieron las torturantes piedras y hasta la nube de polvo dejó de atenazarme la garganta. Tenía delante una explanada de hierba y la hoz formada por los troncos de dos árboles chamuscados. A través de ella vislumbré a lo lejos una solitaria casa de madera con unos mugrientos cuernos de bisonte coronando la entrada.
Apagué el motor, salí de la camioneta y avancé unos pasos. Lo reconocí al momento, allí estaba el viejo. Liaba un cigarrillo sentado sobre un viejo tronco a pocos metros de mí. Me lanzó una mirada fulgurante, como una centella y percibí el fugaz magnetismo del antiguo ídolo de multitudes. Después de una calada y un soberbio escupitajo, se decidió a rompió el silencio:

  • Camina como un cazador, amigo. Debe de haber oteado una buena pieza.
  • La mejor. Una pieza legendaria, señor...¿señor?
  • Ahorrémonos inútiles presentaciones, usted ya conoce mi nombre. En realidad lo conocen todos. Lleva muchos años en demasiadas bocas. ¡Qué pesadez!
  • No debe ser fácil ser un mito viviente.
  • Hasta hace un momento era un mito desaparecido. 33 años desaparecido. Felicidades, me ha atrapado. Esto le va a hacer inmensamente rico y popular. No todos los días se atrapa a un rey muerto.
  • No tengo esos afanes, su secreto quedará a salvo conmigo. Me gustan demasiado sus canciones, no podría hacerle esa faena.
  • ¿Y eso? ¿No va a sacar provecho de su descubrimiento? Deduzco entonces que no es periodista.
  • Deduce bien. Digamos que soy un reponedor. Coloco las cosas en el sitio que realmente les corresponde.
  • ¿Piensa que ese es mi caso?
  • Vayamos a los hechos. Usted es el fundador, o la máxima estrella, de un movimiento musical que ha contribuido a cambiar nuestra sociedad en el último siglo. Su supuesta muerte generó un insólito culto a la personalidad digna de la que se le hizo a los principales santos cristianos. Ha generado un negocio permanente de millones de dólares e incluso ha convertido su fabulosa mansión en un nuevo lugar de peregrinación. Todo una falacia, usted estaba vivo y se refugiaba en este lugar miserable, imagino que huyendo de toda aquella popularidad que le había arruinado salud y vida.
  • Es cierto.
  • Pues bien, yo vengo a poner las cosas en su sitio.
  • ¿Es un sicario? ¿Me va a matar?
  • En efecto - saqué mi Smith and Wesson y le descerrajé dos balas en ambos lados de la frente, allí donde arrancaban sus legendarias patillas.
  • ¿Quién le contrató?- acertó a decir en su agonía
  • No importa ni quién, ni cómo. Disfrute de su situación, ya es inmortal.
Tras enterrarlo, taché su nombre de la lista y arranqué la camioneta de nuevo.