16 diciembre 2010

Sobre la nada nuestra

Tantos y tantos siglos intentando construir una personalidad individual poderosa, asentada y bien definida para que ahora toda una recua de científicos sociales, psiconeurólogos y futurólogos de variado pelaje nos informe de que pronto nos convertiremos en simples nodos individuales dentro de una red global de conocimientos, modos y experiencias. Cada uno de nosotros será una simple neurona en un gran cerebro universal que funcionará al unísono, sin estridencias ni desajustes. Cada uno será una celdita dentro de la gran colmena humana y deberá contribuir con su propia cera y miel a los objetivos globales.
A los defensores de estas teorías se le ponen los ojos como chiribitas al comentar esas cosas. Alguno incluso llega a salivar sin medida pensando en un futuro tan prometedor.
Sin embargo no le dan tanta relevancia al  problema de los disidentes. Es obvio pensar que al igual que ocurre en los cuerpos vivos, los que se nieguen o tengan la insensata idea de elegir su propia camino se verán abocado a sufrir la dura represión de los leucocitos de turno. Ninguna excrecencia, ninguna bacteria, ninguna extraña infección puede ser permitida por los controladores del bien común. 

¿Controladores? ¿De que me suena esta palabra? 
Controlar, dirigir, manejar, manipular. 
Alguien tendrá que controlar este tinglado. Alguien tendrá que hacer de araña. 
Esos chicos de las torres de control lo supieron entender como nadie pero fueron demasiado arrogantes. Demasiado reconocibles. Se les vio demasiado el plumero. Su afán crematístico les hizo precipitarse y como otros apresurados pioneros acabarán en el cadalso.
En cambio están los que controlan las finanzas internacionales, los que controlan las economías de los países, los que pueden acabar con un gobierno, reducirle la pensión a tu padre o dejarte en el paro. 
 Ahora les llaman mercados aunque es un nombre como cualquier otro. En realidad nadie los conoce, nadie los puede conocer.  La red global que hemos construido los solapa, los aparta de nuestra vista, los difumina. Decía el Voltaire más cínico que prefería la dictadura a la democracia ya que en aquella sabías a quien cortarla la cabeza en caso de que el gobierno te fastidiase.  
¿A quién hay que cortarle la cabeza en la red global? ¿Quién es el responsable de este lamentable desaguisado? Ni siquiera esos famosos papeles del Wikileaks nos aclaran las cosas. Es cierto que nuestros gobernantes han perdido el culo por quedar bien con el poderoso imperio, pero ahora sabemos que ni siquiera el propio imperio domina la situación. Hay una especie de espíritu ingrato que se cierne sobre todos, como aquellas lenguas de fuego se cernían por encima de los apóstoles para darles fuerza y sabiduría. A decir verdad, es un espíritu poco santo ya que lo que a ellos les otorgaba el  suyo, el nuestro nos lo quita. Ahora nos sentimos más dependientes, más débiles, menos seguros de nosotros mismos. 
Cada hombre, un nodo. Un nodo que delimita una nada. Entre muchas otros nodos que construirán la gran red de nadas que se extenderá de forma absoluta y definitiva.
Sin historia seremos solo pura biología. Volveremos al paraíso que nos arrebataron. 
A la nada que es nuestra.

30 noviembre 2010

Pausa y reconsideración (Odisea especial IX)

Resumen de lo ya publicado 
(Los capítulos anteriores se pueden ver haciendo clic aquí)
La nave estelar Orzán 739 se dirige al satélite agrario Grelicia, en la órbita de Saturno, llevando consigo al nuevo equipo de gobierno de la colonia. En el proceso de descrionización, el comandante Touriñán tiene una agria polémica con su esposa, Virtudes, más conocida por Virtuditas, y le pide al robot omnisciente que maneja la nave, X.A.N. 04 que la vuelva a crionizar de nuevo.
Cuando la buena señora vuelve a su temperatura habitual, prosiguen las peleas. En realidad, todo es un engaño. Una buena noche la pareja desaparece en una nave nodriza. El propósito de estos Bonnie and Clyde espaciales es llegar por su cuenta a Grelicia y hacerse con el tesoro de Xan Touciño, el legendario fundador de la dinastía galaica que gobierna el Sistema Solar desde que descubrió el greloleo, una fuente de biocombustible de poderes asombrosos. Para su aventura cuentan con el aventurero espacial, Moaña D'Ons a bordo de su nave estelar El Burlador de Hebillas. Precisamente los tres personajes se encuentran en esa nave cuando aparece el Orzán 739 dirigido ahora por la Comandante Ferro, una feminista contundente y radical que  ha decidido acabar de una vez por todas con D'Ons,  al que considera el machista más abyecto de toda la Galaxia. 
Las bolas de chapapote con efecto yo-yo disparados desde el Orzán 739 no producen el efecto esperado.  Moaña toca melodías de autores románticos con su piano de cola, generando alrededor de su nave una neblina púrpura de quarks-encanto. Pronto se desvanece la niebla pero El Burlador de Hebillas se ha convertido en un ojo gigante. Antes de explotar en mil pedazos las bolas de chapapote hacen llorar al ojo. En una de las lágrimas, en realidad una pequeña nave,  van nuestros héroes con la única compañía de una cursi voz en off con afanes de protagonismo. La lágrima  cae en el satélite Indie, donde conocen a un grupo de empalagosos modernos que  ha sobrevivido tras someter a un régimen de semiesclavitud a los fashion victims que decidieron acompañarlos tras su destierro.
En el último capítulo, nuestros protagonistas han robado una nave a los modernos y deciden tomarse un bien merecido descanso en la Manolo's Tavern, un bar de tapas de reconocida fama incluso más allá de los anillos centrales de Saturno. Allí Moaña le abre su corazón  a Virtuditas y le cuenta como se vio obligado a convertirse en aventurero espacial  como obligada terapia ante su morbosa adicción al enamoramiento gratuito. 
Es el momento. Tras el refrigerio y la charla amistosa, nuestros amigos están dispuestos a proseguir su aventura. Dispuestos a afrontar lo que el destino tenga a bien en ofrecerles.

23 noviembre 2010

El pedestal de los canallas


Pulsó la tecla hasta borrar la última mancha de sangre que había en el monitor. Ceremonioso, depositó en la mesa el puñal ritual que se había colocado en la boca. Por último, se limpió las pinturas de guerrero amazónico con un paño húmedo y bajó del pedestal de los canallas.
Entró en su recinto privado. Su joven yo estaba espatarrado en el sofá con los pies encima de la mesa y tomándose uno de sus latas de cerveza.

  • ¿Otra vez aquí? ¿Vienes a machacarme de nuevo recordándome lo que fui? 
  • ¿Sabes? Me encanta lo de las latas de cerveza con anillita. Será una de las pocas cosas que echaré de menos cuando vuelva a los 70. Respecto a lo otro, te recuerdo que quien me has traído has sido tú. Tú me has llamado y sólo tú me puedes haces volver.
  • No es tan fácil, te has apropiado impunemente de mi mente y no pareces dispuesto a darme reposo.
  • ¿Acaso eres consciente de la clase de bicho en que te has convertido? Había que verte hace un momento en el pedestal de los canallas mientras escribías ufano dando lecciones de autenticidad como un iluminado predicador medieval.  
  • Vivimos en una sociedad remilgada e hipócrita donde todo está protegido por una capa de paternalismo autocomplaciente y ridículo. Nos obligan a seguir una falsa ética en la que nadie cree. Quien se sale del redil es condenado sin remedio y recibe toda clase de epítetos: fascista, machista, racista, xenófobo y hasta pederasta.
  • Y por supuesto te consideras por encima de todos ellos. Te subes ahí arriba y te lanzas a escribir sobre la necesaria vuelta a los viejos tiempos, cuando cada uno ocupaba su lugar y sabía hasta donde podía llegar. ¿Cómo puedes tener tan poca memoria? Cuando tú eras yo, luchaste con rabia contra ese orden perdido que ahora añoras. 
  • Son otros los tiempos y sigo siendo un rebelde contra lo establecido.
  • Mentira, de sobras sabes que las cosas no han cambiado tanto, sólo las formas. Eres un descreído. No es el idealismo lo que te mueve, si no la sensación de poder. Necesitas ese poder que te proporciona la admiración ajena, aunque se trate de una pandilla de reaccionarios resentidos por la pérdida de sus ancestrales privilegios. Todos esos a los que en mis tiempos hubieras despreciado sin más contemplaciones.
  • Bueno, basta de monsergas. Ahora dime a que has venido.
  • Necesito algo de pasta para montar una obra de teatro con mis camaradas. Queremos representar a Brecht.
  • ¿Brecht, esa antigualla? Lo siento pero solo te puedo ofrecer euros.
  • No te preocupes. Conozco a un tipo que vive en el no-tiempo después de comerse un tripi. Seguro que tiene cambio.
  • ¿Algo más?
  • No nada más, que te vaya bien viejo facha.
  • Adiós juventud perdida y por favor, no me chantajees tanto.

15 noviembre 2010

Amedrentados


  • Santo Padre, siempre me he preguntado como se manejan las altas dignidades eclesiásticas cuando tienen un apretón y necesitan ir urgentemente al baño en una de esas interminables y multitudinarias celebraciones religiosas
  • Ministro, el Señor, en su infinita misericordia, vela para que nuestros esfinteres permanezcan disciplinadamente católicos y no actúen en esas ocasiones cual facinerosos librepensadores. Esto es algo que su laicismo recalcitrante quizás le impida comprender.
  • Ya, pero cuando irremediablemente hay que ir, debe ser algo complejo despojarse a tiempo de casulla, alba, cíngulo y todo lo demás. 
  • Basta ministro, aunque represente a un país que ha dejado de ser católico, no le permito que entre de forma despiadada en las interioridades vaticanas.
  • España no ha dejado de ser católica. El hecho de que su Santidad no haya convocar tantas multitudes como su antecesor puede tener su explicación en las cualidades melodramáticas del viejo papa.
  • ¿Está diciendo que era un comediante?
  • Estoy diciendo que realizó la clase de interpretación que se requería en aquel momento. Hacía buena pareja con aquel otro actor: Ronald Reagan. Usted, Santidad, es hombre más recatado, más de estudio, más de trabajar en la sombra y solo me recordó a su venerable antecesor cuando tuvo a bien comparar la situación actual con la existente antes de la Guerra Civil.
  • La Iglesia siempre ha tenido que ejercer cierta severidad con el pueblo español para evitar la inclinación natural de éste a la molicie. No nos ha ido tan mal. Hoy con apenas un 20 por ciento de católicos practicantes todavía somos capaces de poner patas arriba a su país y hacer que sus autoridades, las que usted representa, vengan como perritos sumisos a ofrecernos sus respetos.
  • Santo Padre, veo que no nos tiene en muy alta consideración.
  • Los conozco bien. A los españoles todo se les va por la boca. De rebeldes solo tienen la leyenda. Le voy a poner un caso. Usted tienen un estado que se dice laico pero todos los colegios católicos están subvencionados por el Estado y lo mejor: cualquier familia con pretensiones clasistas hace lo que sea para enviar allí a sus hijos. Incluso se realizan falsos empadronamientos o se alegan extrañas enfermedades para poder hacerlo. ¿Cómo explica eso?
  • Mi gobierno se ha propuesto como objetivo eliminar esas anomalías. 
  • Pero no ha hecho nada, como tampoco lo hará ningún otro gobierno que se tilde de progresista y aconfesional. Los tenemos muy pillados, querido ministro. Están amedrantados, como lo han estado siempre.
  • Santidad, sus reflexiones son muy malévolas. 
  • Estos son tiempos malévolos, ministro, y yo quiero, frente a lo que muchos piensan, que la Iglesia esté con los tiempos que nos ha tocado vivir. 
  • Si me permite, Santo Padre, más bien los tiempos se han adaptado a la malevolencia de la Iglesia.
  • Puede. Siempre hemos sido un modelo a imitar. Quizás sea ese el secreto de nuestra supervivencia. Hemos llegado tan lejos.

02 noviembre 2010

Adiós capitán

Aquella mañana decidió ponerse su traje invisible de caballero barroco antes de salir al trabajo.
Nada más bajar al portal, se encontró con el vecino del segundo en el preciso momento en que era regañado por su hijo de seis años. El niño amenazaba a su progenitor porque no quería ir al colegio y las constantes súplicas de su padre hablándole del trastorno emocional que le causaba su actitud no le causaban el menor impacto.
  • Dele unas azotainas, caballero. ¿No se da cuenta que siendo tan blando solo conseguirá crear un energúmeno cruel y caprichoso? 
  • Métase en su vida y déjeme criar a mi hijo como me plazca. Parece mentira que todavía existan personas que defiendan la represión y la violencia. 
  • Con Dios, caballero. 
Salió del portal haciendo un gesto con el sombrero invisible en la mano y llegó a la parada en el preciso momento en que entraba el autobús. Una señora gruesa y mayor se disponía a entrar cuando un grupo de mozalbetes de instituto la empujaron, se abalanzaron sobre las puertas y entraron corriendo en el vehículo. Él ayudó a entrar a la mujer y luego tras pasar su tarjeta se fue directo a por los chicos. 
  • ¿Pero qué clase de animales sois? No respetáis el orden, estuvisteis a punto de arrollar a esa señora sin disculparos y ahora ponéis los pies encima de los asientos vacíos para que nadie se siente. 
  • ¿Qué dice este tío? Debe estar trastornado. Cállate y no jodas, mamón.
Antes de que el bus reiniciase la marcha un coro de insultos y risas despectivas lo rodeo por todas partes. Abrumado se dirigió al conductor.
  • Haga algo, expulse a esos individuos.
  • No soy policía, ya tengo bastante con lo que pasa ahí fuera como para meterme en los follones de los pasajeros.
  • Es intolerable tanta falta de solidaridad y tanta bravuconería. ¿Dónde ha quedado el viejo sentido del honor? Déjeme salir de este antro.
El bus arrancó en el preciso momento en que bajaba los últimos escalones de la escalerilla lo que le hizo trastabillar y caer sobre la acera. Oyó las risas juveniles y pudo percibir el gesto despectivo del conductor.
Se levantó dignamente del suelo, ajustó sus gafas y su traje de caballero barroco. Podría haber usado su magnífica arma con aquellos malandrines insignificantes pero se consoló pensando que su vileza no era digna de un duelo a espada.
Llegó tarde al trabajo y fue llamado al despacho del jefe. 
  • El cliente tenía prisa y como no venías tuve que darle el trabajo a tu compañera.
  • Pero yo llevaba mucho tiempo detrás de él y ahora tu vas y se lo das a esa... a esa. Maldita sea, hubo un tiempo en que las mujeres eran compañeras del hombre y no sus competidoras.
  • ¿Y tú lo añoras?
  • No dije nada de eso.
Dio un portazo y se dirigió a su oficina. Se miro al espejo, hizo una reverencia y se despidió de su imagen reflejada: 
  • Adios, Capitán Gafastristes. Ha sido un honor conocerte y compartir unas horas contigo, pero hay que reconocerlo, éste no es tu sitio. 
    Sintió un vacío en el cuerpo. Luego le pareció escuchar un lejano galope de caballos alejándose.

    25 octubre 2010

    Sobre los que van de craneo

    Miro a todas partes y no dejo de contemplar un horizonte de cabezas desnudas, de cráneos desparejados o de cocorotas enhiestas que atentan al paisaje con sus áridas formas.
    Vale, sobre mal gusto no hay nada escrito, nada legislado. Todo quisqui tiene derecho a hacer de su cabeza un sayo y de su testuz un territorio despejado. Pero a estas alturas de la función ¿alguien me puede decir que tiene de hermosa la más hermosa calva? 

    Hablo de los rapados voluntarios, esos tipos que luego de descubrir que el mundo era redondo decidieron ponérselo por montera de la manera más literal posible: sacrificando su sacrosanta cabellera y convirtiendo su cabeza en un mapa mundi andante. 
    Esa caballera, señoras y señores, que era orgullo de sus madres y que ellos cuidaban con esmero hasta que la nefasta idea entró en sus molleras. 
    Algunos se acogen a la falacia de que la rapadura es una medida de ajuste ante el implacable avance de la alopecia. Renuncian y tiran la toalla. No desean luchar por su pelambre. No recurren a la ayuda de mil potingues o a la de algún injerto para defender sus vellos supervivientes.  
    Creen que deben pasarse al ejército enemigo y que por raparse serán considerados calvos de buena ley. 
    Se equivocan. 
    Como antes se equivocaron los detestables skin heads, los marines violentos, los monjes tenebrosos del medievo o los budistas, los mutantes de laboratorio, los pelados seres del espacio exterior, los sinuosos escribas egipcios o los crueles sátrapas asirios.  
    Señores, un calvo de verdad, un calvo de raza, un calvo militante nunca se hace de un día para otro. Nace de circunstancias naturales. El pelo debe caer por si mismo y poco a poco. Por lo tanto, tampoco me refiero a los que tienen la desgracia de perderlo por tratamientos médicos o shocks traumáticos. 
    Hablo del calvo que accede a su condición plena tras pasar por diferentes etapas. De paje a caballero. Un striptease lento y progresivo que tras múltiples batallas conduce al último rango: la calvicie absoluta. 
    Es un día de gloria el día en el que el último pelo huye asustado ante tanto poderío. El nuevo calvo se convierte entonces en miembro de la Orden Calvonista
    Una Orden formada por lo más granado del género masculino. 
    Seres recios e inconmensurables, forjados en mil batallas. 
    Titanes físicos. 
    Auténticas bombas sexuales. 
    La prodigiosa leyenda sexual de los calvos ha hecho que los rapados de medio pelo, esos falsarios, quieran pertenecer a la Orden sin merecerlo.  
    Lo que no logro entender es como compaginar esta verdad absoluta con la historia de Sansón y Dalida. Estos judíos siempre quieren dar el cante. 
    Será asunto para reflexionar otro día.

    15 octubre 2010

    Alma alternativa (2 de 2) - Kaskarilleira Existencial 10

    Apenas tuve tiempo de reaccionar. Giré bruscamente el volante y me interné en un área de descanso unos cuantos metros. Me paré y saqué  de la guantera la cámara con teleobjetivo. Había buena visibilidad. Extrañamente funcionaban todas las farolas de la autovía y una en concreto apuntaba directamente al coche.
    El Hummer se quedó quieto y con las luces encendidas. Pensé en un gigante sin resuello. Tras tres minutos de inquieta espera se abrió la puerta del conductor. Podría esperar cualquier cosa menos que saliese por ahí un Hércules de más dos metros con uno de esos viejos uniformes de chófer que eran ya anticuados en los años 30. El Frankenstein llevaba un maletín en la mano y decidido se dirigió al otro lado del coche para abrir la puerta de su acompañante.
    "Joder, que cortesía" musité entre dientes.
    Un tipo gordo salió del vehículo. Llevaba un largo abrigo color crema. De los caros. Me pareció percibir que su cabeza estaba coronada por una de esas gorras de rapero con el ala hacia atrás.
    Deprimente mezcolanza.
    El gordo observó el pilar del puente e hizo gestos de medición con la mano. Llegó el chófer y abrió el maletín. Estaba repleto de tubos de spray. El gordo calibró varios entre las manos y finalmente se decidió por uno. Aquel paquidermo era Gangsy. No había duda.
    Me fui acercando por detrás cobijado entre los matorrales y con la cámara en la mano. Intentaba hacer el menor ruido posible. Delante mía, Gangsy estaba empezando a trazar siluetas en el pilar mientras el chófer había vuelto al Hummer.
    Veinte metros. Quince. Apenas diez. En eso pisé una mierda en el suelo que me hizo dar un traspies. Logré mantener el equilibrio, agarrándome a un matojo, pero aquello crujió de forma escandalosa.
    • Pase, Fiz, le estaba esperando.
    El tipo se dio la vuelta y pude ver una vez más el careto repugnante de mi millonetis favorito. Me rasqué la cabeza con perplejidad.
    • No entiendo nada ¿es usted Gangsy? ¿Por qué me ha contratado? 
    • Valoro su inteligencia, no sea simplista. ¿Cuantas personalidades tiene un ser humano? ¡Contésteme! 
    • No tengo ni idea, a mí ya me vale con llevar las mías lo mejor que puedo. 
    • Le felicito, es raro encontrar alguien tan amarrado a la realidad en tiempos tan volubles. Por eso le elegí. Yo no soy así. El autócrata pisacapullos del día tiene un alma alternativa por la noche. 
    • Vaya, como Jekyll y Hyde. 
    • Más o menos. En mi caso Jekyll es la necesidad y Hyde el deseo. Vengo de una saga de cabrones que no podían permitirse la licencia de tener un hijo artista. El heredero de un imperio. Tuve que dejarlo y cuando volví me dio por hacer grafitis. Un pasatiempo sin más. Pero tuve éxito. Sin embargo el mundo no está preparado para un magnate convertido en grafitero. 
    • Hay grafiteros millonarios. 
    • No es lo mismo que ser millonario y convertirse en grafitero. Uno siempre piensa que un grafitero debe ser un jovencito pelanas con acné. Un tipo educado en la calle y echado a perder. Yo no doy el tipo. Por eso he mantenido el anonimato lo cual me ha convertido en leyenda y me ha proporcionado un montón de pasta. Pero falla algo.
    • ¿El qué?
    • Soy kaskarilleiro y por lo tanto vanidoso. Quiero que alguien sepa lo de mi duplicidad. Un testigo independiente y relativamente cuerdo. No uno de mis estúpidos asalariados dispuestos a decir "si, bwana" a todo lo que les pida. Usted guardará mi secreto y encima le premiaré con otros 3000 euros.
    • ¿Y si no quiero hacerlo?
    • Es su derecho. Aunque si lo hace tendrá un montón de problemas para seguir viviendo en nuestra muy amada ciudad. Incluso podría ocurrirle algún irreparable imprevisto. 
    Oí a mis espaldas un chasquido. Al mirar para atrás vi al gorila empuñando un viejo Ak 47 en mi dirección.
    • ¿Dónde tengo que firmar?
    El gordo cabrón se sonrío en mis narices mientras me extendía el cheque. Salí pitando. 
    Malditos buenos negocios.

    30 septiembre 2010

    Alma alternativa (1 de 2) - Kaskarilleira Existencial 9

    He de reconocerlo, la llamada del magnate de la prensa de Kaskarilleira me vino como llovido del cielo. No soy de los que rechazan una invitación de un tipo poderoso y acaudalado cuando mi nivel adquisitivo se acerca al de una mosca Tsé Tsé.
    El millonetis me recibió en lo que modestamente llamaba “su despacho”. Un ático de unos 200 metros cuadrados en forma de bóveda acristalada situada en lo alto de esa torre color caca que domina la ciudad y unos cuantas decenas de kilómetros a la redonda. Siendo el puto amo se lo puede permitir y yo no estaba en condiciones de exigirle nada. Excepto que me pagase por los servicios prestados.
    La conversación fue breve: quería que buscase a Gangsy un graffitero mundialmente famoso porque un grupillo de críticos pedantes lo han convertido en una celebridad. Los mismos papanatas que pasaban indiferentes ante sus pintadas día tras día, ahora se pelean por coger las mejores instantáneas de sus ya emborronados murales. 

    No es arte, es negocio y no el más limpio. 
    Lo curioso de Gangsy es que prefería seguir en el anonimato aunque cobrando sus suculentos royalties a través de sociedades interpuestas. 
    Listo el chico. Las ventajas de la fama sin sus terribles inconvenientes. 
    Mi anfitrión había recibido un soplo de que el artista vivía en nuestra entrañable ciudad. Ahora estaba como loco para pillarlo en plan exclusiva y sacar buenos dividendos de la cosa. Por alguna razón no quería meter en el ajo a sus propios periodistas -rebautizados por él mismo como " esos babosos capullos"- prefiriendo la ayuda de un profesional acreditado. Me sentí importante y decidí pedirle un Potosí cuando se hablase del tema. 300 euros al día estaba bien. Casi me caigo de culo cuando me ofreció 3.000 por una noche única de trabajo.

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    Eran las cuatro y cuarto de la mañana y me sentía entumecido dentro de mi viejo cacharro. Sobre las 10,30 de la noche, había empezado mi vigilancia en aquella árida explanada  donde se cruzaban las carreteras que iban por un lado al polígono industrial y a la urbanización de chalets adosados "Dando el Pego" y por el otro al centro de la ciudad.
    Me había llevado un termo de café y un montón de comida para la espera. Era el hombre más feliz del mundo porque 3.000 euros revoloteaban en mi cabeza dispuestos a dejarse coger al menor descuido. 
    Seis horas más tarde era un alma en pena. 
    "Seré mamón" - me decía mi lado acomodaticio y quejumbroso "¿Qué coño hago aquí a estas horas?" 
    El otro, el intrépido y perdonavidas, replicaba aunque con apático convencimiento 
    "No vuelvas a cagarla una vez más, Fiz. Aguanta más tiempo, puñeta" 
    La que no aguantaba era mi vejiga a punto de estallarme. 
    Salí fuera. 
    Y en eso apareció el monstruo. Un tornado a cuatro ruedas que tapaba todo el carril derecho cercano a la urbanización. Era una masa oscura y ominosa.  En su centro los poderosos faros delanteros  semejaban los ojos de un felino nocturno acechando a una presa.
    "Ese es el Hummer y ahí dentro va quien me salvará del arroyo"
    Me arroje dentro de mi coche mientras el todoterreno pasaba a mi lado removiendo el aire. No fue fácil ponerlo en marcha, el objetivo casi se me escapa. Mis sueños de prosperidad futura fueron el mejor incentivo para no perderle de vista. Apenas lo había logrado cuando inesperadamente el Hummer se paró debajo de un puente de la autovía.

    24 septiembre 2010

    A quien corresponda

    No es tan difícil.
    Solo tuviste que dejarte llevar.
    A medida que fuiste aflojando las ataduras, los razonamientos asumidos y nunca cuestionados mostraron su verdadera naturaleza.
    Eran frágiles. Volátiles.
    Aquello que resultaba trascendente se derrumbó como un castillo de naipes con el primer golpe de viento. Por lo menos en tu caso.
    Tú nunca fuiste un progresista de verdad. Para ti aquello era un club social. Una forma de hacer amigos y sobre todo de ligar. Se supone que las "progres" son más generosas, ¿no?
    Realmente te has vuelto muy atrevido para poder ya decir cosas así. Antes, un pensamiento de esa naturaleza sería una herejía y lo esconderías debajo de tu última capa de racionalidad.
    Ahora todo es más fácil. Solo hay que dejarse llevar.
    Estás acostumbrado. Cuando llegaste a la universidad nadie te hizo exámenes de autenticidad para ingresar en eso que pomposamente llamaban el “compromiso”. Conociste a aquella gente. Fuiste parte de su tinglado lleno de ritos y convenciones. Al final hasta conseguiste trabajo gracias a tus aventuras políticas. Primero las becas. Luego los exámenes a medida. Tiempos gloriosos donde estaba todo por hacer. No había tiempo para contradicciones. Con los tuyos formabais un grupo sólido y compacto donde se compartía trabajo y tiempo libre.
    Más tarde cada uno se empezó a buscar la vida. La familia y todo eso. Sin embargo, vuestros lazos profesionales se estrecharon al llegar gente nueva. Para esos solo miradas desdeñosas y condescendencia.
    Pasó el tiempo y empezaron a cambiar los objetivos. Pocos cargos para tanta gente. Te olvidaron. Después de todo tus desvelos, te dejaron al margen. En la cuneta.
    De esa sensación de despojo viene la necesidad del cambio. Algunos le llaman resentimiento. Dicen que te has vuelto un reaccionario.
    No te conocen.
    Lo único que hiciste fue dejarte llevar. Al hacerlo, llegaste al otro lado.
    Al sitio donde siempre debiste estar.

    16 septiembre 2010

    Asideros contra el vacío

    El Escritor Progresista Latinoamericano acaba su charla y mira complacido a la concurrencia. Predomina el público femenino de mediana edad. Un público entusiasta. El más fiel.
    En la segunda fila, una mujer de pelo blanco aprieta contra su pecho un viejo volumen de su obra más conocida. Está conmovida. Ilusionada.
    En pocos minutos aquella mujer le pedirá un autógrafo con voz trémula. Cuando él estampe su rúbrica, el libro perderá su condición reconocible para pasar a ser otra cosa. Quizás un asidero para no caer al vacío.
    Le encanta escribir para las mujeres. Es algo que cuida mucho desde que se ha vuelto más sofisticado. Más evanescente. Menos dogmático.
    Había que colorear el viejo catecismo antimperialista. Las viejas consignas maniqueas no tienen sentido en el mundo actual. Su idealista público juvenil de antaño son los burgueses dubitativos de edad mediana que ocupan los asientos del auditorio. Hoy reclaman otras cosas. Un cierto feminismo poético está bien. Hablar de la belleza de los desposeídos suena estupendo. Incidir en la ruindad consumista del mundo occidental es un necesario y bello contrapunto.
    El moderador está a punto de abrir el coloquio. Abundarán las preguntas complacientes. Incluso algo babosas. No se librará de alguna impertinencia. Cuba y Chávez, irán en el lote. Fijo.
    Él no es solo una máquina de pensar y de escribir. Tuvo sus dudas. Muchos años atrás se sintió conmovido cuando la Primavera de Praga fue marchitada por los tanques soviéticos. El derrumbe de los países comunistas todavía fue más impactante. Pero aquella no era su causa y aunque sigue dudando, no es lo suficientemente idiota como para vilipendiar a aquellos que le apoyan. A los que han hecho de su viejo texto, nacido de la rabia, un manual de obligada lectura en los centros escolares del país caribeño.
    Tampoco es desagradecido. Chávez ha elogiado públicamente su libro y con su habitual facundia cuartelera se lo regala a cualquier individuo que pase por sus palaciegas estancias bolivarianas.
    Siempre quedan los yanquis. Son enemigos que nunca fallan y él también necesita asideros para no caer al vacío.


    10 septiembre 2010

    Angelitos míos

    Angelitos míos:
    No seré yo el que os reproche vuestros esforzados intentos para convertiros en venerables santones. Es loable que os alejéis de la confortable resignación de la conformista masa común y vayáis en pos de una supuesta espiritualidad perdida. Pero deberías llevar un mapa de situación o un GPS. Es muy largo el camino y hay mucho farsante suelto.
    Quizás el problema esté en que el hombre no es bueno y cuesta aceptarlo. Cuesta aceptar que nuestra especie ha conseguido un lugar privilegiado en el concierto de la vida a base de crímenes, rapiñas y la destrucción sistemática de todo lo que se la ha puesto por delante, incluyendo a otros congéneres.
    El hombre no es bueno pero tiene una cosa que se llama conciencia, una extraña ventosidad de la mente, que genera miedo, frustración y sentido de culpa. La conciencia es una tipa plasta que nos dice en todo momento como deberíamos hacer las cosas. Si le damos mucha cancha, se le va la olla, se vuelve ambiciosa y termina por sacarse el título de arquitecto para construir castillos en el aire diciéndonos que otro mundo es posible a condición de que dejemos de ser lo que somos.

    Aplastar la carne, someter las pasiones, arrastrarnos a un frenesí de oraciones, de palabras repetitivas, de mantras donde uno deja de ser y de vivir. Debemos renunciar a nuestras vísceras, eviscerarnos como las merluzas en la pescadería, para encontrar nuestro espíritu. Es como si a la naranja se le dijera que solo va a ser una verdadera naranja cuando sea exprimida y se convierta en zumo. 
    Me pregunto si el señor espíritu o la señora alma, como prefiráis llamarle, exige tanto sacrificio para decidirse a entrar en escena. ¿No será todo una estafa gigante  para retenernos una vez más debidamente encadenados?
    En todo caso, angelitos míos, comprendo vuestros afanes.  Las viejas creencias religiosas ya no valen. Han engordado. Están fofas y marchitas. Rellenas de vida muerta. De vísceras. Las nuevas vienen de lejos y están del trinque. Casi recién estrenadas. Este aire viciado de Occidente no ha tenido tiempo de contaminarlas. Además un mentón al viento con cierto aire de superioridad, un  gesto austero y elegante y un vocabulario de frases hechas, repetidas lentamente y aprendidas viendo Kung-Fu, hojeando a Lao Tse o leyendo uno de esos manuales budistas de autoayuda siempre tienen más posibilidades de dar el pego. ¿O no?
    Sin más, un afectuoso saludo a mis angelitos.
    Dr.Krapp

    02 septiembre 2010

    Madreterna (Kaskarilleira Existencial 8)

    Cuando entró aquella Venus magnífica, mi lóbrego despacho se redujo a su mínima expresión. Precavido, me agarré a la estantería de la pared del fondo para no ser succionado por sus inconcebibles labios carnosos. Fue desde allí donde le hice una señal para que se sentase en la única silla disponible. Al hacerlo giró impunemente su trasero con grave riesgo para mi nariz, ya parapetada como el resto del cuerpo al otro lado del escritorio.
    • Tiene usted un despacho muy detectivesco -bramó la Náyade con sensualidad letal.
    • Puede tutearme y  si lo desea llamarme Fiz - logré articular tras media docena de sofocos y tres minutos de indecisión.
    • Dime, Fiz, ¿sabes quien soy? Demuéstrame que tu fama de sabueso es real.
    Ahí no me pillaba. Ahí si que no.
    • Eres Afrodita. Eres Helena y Jezabel. Eres Beatriz conduciendo a Dante. Eres la la Viuda Negra y la Diosa Blanca. Eres Astarté y Khali. Eres el deseo y el misterio. Eres la mujer fatal, la princesa de hielo, la vampiresa. Eres Eva. Eres Esa.
    • Bravo-aplaudió con irónico entusiasmo- Bravo por el bravo detective de Kaskarilleira. Un acierto pleno. Y además lo has dicho con mucha soltura. Tienes mucho mérito, Fiz. Otros se acongojarían con solo mirarme. 
    • Estoy acongojado, pero debo ser fiel a mi mismo para mantener mi precario status profesional. Además los mitos, siendo previsibles, sois más inofensivos que los humanos corrientes.
    • Yo quiero sentir lo que sienten esos humanos corrientes a los que te refieres. Y quiero que seas tú el que me proporcione ayuda para conseguirlo.
    Lo dijo con un tono tan enfático y sexy que al momento me sentí como si me encontrase delante de la mismísima Lauren Bacall. Una Lauren Bacall fecunda y divina. Consiguientemente le ofrecí mi mechero de mesa como había visto hacer a Bogart.
    • No entiendo.
    • Es muy fácil, detective, quiero que me consigas una mortal que sepa  instruirme en las emociones que puede experimentar cualquier mujer. Quiero aprender a disfrutar de la vida como disfrutan ellas.
    • ¿A eso le llamas disfrutar? Permíteme que te diga una cosa:  la vida de la mayoría de las mujeres no es ningún chollo. Explotadas. Marginadas. Teniendo que proteger, ayudar y consolar a necios botarates que las desprecian y las traicionan a la menor oportunidad. Incluso cuando pueden dar rienda a sus emociones hay siempre una norma, una costumbre o una religión que les hace sentirse culpables. Ni siquiera pueden vivir a fondo su maternidad: el embarazo es una carga y la lactancia materna un atraso; es así, aunque políticamente se diga otra cosa. 
    • Te veo muy feminista, detective.
    • No soy feminista, solo consecuente con la mierda de mundo que me ha tocado vivir. No quiero hacerme responsable de tu posible desencanto ni de tu ira posterior. No creo que estés preparada para dejar de ser diosa. Ahí arriba las cosas siempre serán más fáciles para ti, una Madreterna.
    • ¿O sea que no quieres llevar mi caso? Tú te lo pierdes, hay placeres divinos que desconoces y que puedo proporcionarte. 
    • Déjame en mi ignorancia y vuélvete a tu mundo maravilloso. Déjame conmigo mismo, con mis imperfecciones. Déjame con mis chicas que no aspiran a ser perfectas. Eso es todo lo que necesito.

    18 agosto 2010

    Estaban avisados y no me hicieron caso

    No me hicieron caso aunque estaban avisados:
     
    El cantante de Los Campesinos! terminó lastimado cuando se tiró al público
     

    Esto fue lo que publiqué aquí mismo el 2 de junio de 2008:
    • No lo entiendo, Hank. No comprendo como esos cabrones me dejaron caer así. 
    • Los tiempos cambian, Jeff. Los fans ya no son como antes. 
    • ¿Pero dejarme caer? Soy su ídolo. Tienen todos mis discos. Muchos han hecho páginas webs contando mi vida y milagros. ¿Por qué se apartaron cuando me lancé sobre ellos en pleno concierto?
    • Pensarían que eras un ovni. En serio, sólo te has roto la cadera, podría haber sido peor. La plataforma del escenario estaba a más de cuatro metros de altura.
    • ¡Cabrones! ¿Dónde está el espíritu del rock?
    • Desengáñate, murió cuando apareció el primer cretino dispuesto a vender su alma para tener un tema superventas en las listas de éxitos. El primer disco de oro mató a tu querido espíritu. Descanse en paz.
    • Déjate de retóricas, Hank. Desde que me representas, buena pasta te han dado a ti mis discos de oro y de platino. El problema sigue siendo el mismo: ¿por qué coño se apartó la gente? A Mick , a Lou o a Iggy nunca le harían eso.
    • Son venerables ancianos, Jeff. Todavía se respeta algo a los abuelos, aunque no te hagas ilusiones, sólo por poco tiempo.
    • ¿Y qué voy a hacer ahora tirado en esta cama y sin poder moverme?
    • Si fueras Dylan te diría que aprovechases e hicieses como él cuando el accidente de moto. Algo así como un disco del sótano. Pero hay un problema, tú no eres Dylan y tu banda no es The Band. Hablando de tus músicos, te informo que están buscando un cantante para sustituirte en la gira mundial.
    • Venga ya, no estoy para bromas, Hank. Mi nombre es el propio nombre del grupo, sería imposible. Sólo puede haber un Jeff Thomas y éste está en su mansión de las Islas Seychelles con la cadera rota.
    • No estoy de bromas, ya han realizado un casting y tienen candidatos. La cosa está chunga: tienes cientos de deudas, no vendes un disco -de hecho ya ni te piratean en Internet- y tu gente se quiere librar de ti. Se reducen las opciones.
    • Y tú ya sabes lo que debo hacer ¿no es verdad, Hank?
    • Me pagas por ello. He pensado que un suicidio o una sobredosis, te vendrían genial. Pasarías a ser leyenda, te pondrías de moda y se volverían a vender tus discos. Tus deudas desaparecerían como por ensalmo. Tranqui, todo sería virtual. Una buena cirugía, un nuevo país, una nueva vida...Te convertirías tu mismo en un nuevo espíritu del rock. ¿A qué te gusta?
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    06 agosto 2010

    La maldición vive arriba (Kaskarilleira Existencial 7)

    Los Montescos tienen a los Capuletos. Superman tiene a la kriptonita. Chávez tiene al "imperialimmo" americano. Yo, más modesto, solo tengo a mi vecino.
    Era hora de tomar una resolución. 

    De poner las cosas claras. 
    De dejarse de inútiles componendas y tirar hacia arriba. 
    Observé por última vez mi arma mortífera y la puse en su estuche. Luego la guardé en el bolsillo trasero del pantalón.
    Llamé a la puerta y salió aquel tipo bajito, fuente fatal de mis desventuras.

    • Hola vecino ¿qué te trae por aquí?
    • Quería pedirte un favor, si eres tan amable como para concedérmelo.
    • Suelta por esa boquita.
    • Creo que es de dominio público que soy detective privado en Kaskarilleira
    • El mejor, sin duda.
    • Gracias. Pues bien en los últimos días estoy metido en un asunto extremadamente complejo y enojoso que me obliga a patear mañana, tarde y noche los más alejados rincones de nuestra entrañable ciudad.
    • ¿Quieres que te ayude? Tengo algunos conocimientos de artes marciales.
    • No, no van por ahí los tiros. Me conformo con algo más sencillo. Simplemente que adelantes tus cotidianas actividades sexuales a una hora más temprana.
    • Pero…
    • Déjame continuar. Esta casa es muy vieja. Sus paredes son finas y transparentes como la piel de los viejos. Se oye todo. Cuando entras borracho y tropiezas con el mueble del recibidor. Cuando abres y cierras las persianas como si se tratase de una guillotina jacobina. Cuando tiras de la cadena del wáter y las cataratas del Niágara se precipitan tuberías abajo. Y sobre todo, cuando pretendes echar la casa abajo a golpe de polvos.
    Tras mis últimas palabras, el tipo se empezó a hinchar como un pavo real. Le había tocado su punto fuerte. El único. Su punto G.
    • Por lo menos reconocerás que mis ocasionales partenaires se lo pasan de puta madre.
    • Si tu lo dices. Chillar chillan un rato, aunque tú lo haces menos atractivo cuando intentas acompañarlas con tus propios alaridos. En fin son tus cosas, pero quiero que me comprendas.
    • Comprendo que estás demasiado estresado y que necesitas un alivio de vez en cuando. Te puedo pasar una de mis chicas para que te eche una mano. ¿Quieres mirar mientras lo hago?
    Imposible seguir razonando con un fulano tan infecto. Uno de esos que solo piensa a través de su miembro. 
    Cayó pesadamente al suelo después de uno de mis exquisitos crochets de derecha. Antes de que se recuperase, saque la jeringuilla del estuche y se la clavé en el cuello. El bromuro alimentaría su arteria carótida y yo por fin podría descubrir si era verdad aquella vieja leyenda urbana sobre sus inapelables efectos.
    Al menos podría pasar una noche tranquila.

    30 julio 2010

    Un dios aburrido y un astro endiosado

    Una vez más el dios único estaba aburrido, algo habitual desde que había abandonado el politeísmo. Era consciente de que no debería quejarse, había alcanzado un estatus realmente envidiable, tan envidiable que hasta había tenido que soportar la insólita rebelión de alguno de sus subordinados, pero echaba de menos las tropelías, insensateces y excentricidades de sus viejos camaradas del Olimpo.
    • No te puedes imaginar lo que es esto, Gaby - le decía a su arcángel favorito. 
    • Los humanos le llaman la soledad del poder- contestaba el solícito discípulo. 
    • ¡Qué sabrán ellos de la soledad del poder! Para soledad la mía. Cuando lo conoces todo y sabes lo que va a pasar hasta en el último rincón del universo. Cuando nada ni nadie te va a sorprender. Cuando el tiempo y el espacio son conceptos sin sentido. Es mucho, Gaby, créeme, Tú por lo menos tienes a los humanos y te diviertes participando en sus nimios asuntos. Por cierto, ¿has hablado con ese argentino? 
    • ¿Con el exfutbolista?. Sí, hemos llegado a un acuerdo. A cambio de haber usado tu mano durante tiempo, jefe, se compromete a deleitarnos con sus habilidades cuando llegue su hora. 
    • ¿Cómo me pude despistar tanto?
    • Es normal, no precisaste usar las manos al tener a tu disposición armas más contundentes. Además yo soy en parte culpable. Desde que me diste la orden de entrevistarme con el tipo, tuve que buscar un disfraz adecuado en la guardarropía celeste y mirar como me quedaba. Luego me  dirigí a la Tierra y comprobé asustado que habían pasado dos décadas humanas aunque en mi percepción no fuera más que un suspiro. Yo de ti le daría un mejor acabado a la cosa esa del tiempo. La cuestión es  que cuando llegué al planeta del futbolista quedaba poco. Se había convertido en un tipo furibundo, impertinente, amargado y si me lo permites algo endiosado.
    • ¿Endiosado?
    • Sí, hasta han creado una iglesia con su nombre. En plan de broma, es verdad, pero el hecho es que existe. 
    • ¿Pero por qué les da por creerse dioses cuando consiguen fama y poderío?
    • No es para incordiar jefe, pero tú siempre dices que están hechos a tu imagen y semejanza.
    • Eres un descarado Gaby, también les he dado libre albedrío.
    • Claro pero cuando tú les das la mano, ellos te cogen el brazo.
    • Déjalo. Lo importante es que la recuperaste sin sacrificar mucho a cambio. Imagino.
    • Bueno, como nada se te escapa sabes que hubo algo que sacrificar. Ese hombre tiene de todo: dinero, poder, fama, devoción popular solo hay una cosa que echa de menos.
    • ¿Costó mucho conseguirla?
    • No, simplemente ciertas mercancías no llegarán al destino previsto y por lo tanto, cambiaron de destinatario. Todo sea por la mano. Tu preciosa mano, jefe.

    13 julio 2010

    La era cefalópoda (Kaskarilleira existencial 6)

    Encontré al pulpo Paul sentado en un rincón de su acuario mientras leía un opúsculo de Schopenhauer. Soy una persona educada y le dije para que había llegado hasta allí en mi balbuciente alemán.
    • Paul, Ich bin gekommen, um Sie von Ihren Entführern zu retten. Du bist eine alte germanische Kopffüßer und Ihre Wachen werden nicht verzeihen Sie erwarteten Rückgangs. Hier wird Ihr Leben ist in Gefahr (=Paul, he venido a rescatarte de tus captores. Eres un cefalópodo anciano y tus carceleros germánicos no perdonarán tu previsible decadencia. Aquí tu vida corre peligro)
    Paul se quitó las gafas y me miró como sólo puede mirarte un pulpo. Luego extendió sus cuatro tentáculos delanteros con los extremos hacia arriba a modo de ofrenda y me empezó a hablar en perfecto aunque algo académico castellano:
    • La vida no es más que un camino que nace y muere en el dolor tras trazar una elipsis inevitablemente fatal. Intentamos escapar pensando que somos libres de elegir, pero es la fuerza motriz de una poderosa Voluntad exterior la que rige nuestros destinos. Frustración tras frustración, al final comprendemos que no podemos escapar. Yo acepto mi destino y sé que no sería mejor si me voy contigo. Además, conozco vuestras peligrosas costumbres gastronómicas.
    • Estás aquí encerrado leyendo a ese filósofo tan deprimente y aceptando de manera sumisa tu injusto sacrificio. Soy Fiz Arou, detective en Kaskarilleira, uno de los lugares en la Tierra donde más se quiere a los pulpos.
    • Querrás decir a los pulpos cocinados, a los pulpos muertos.
    • Quiero decir que teniendo tanto trato carnal con los de tu especie muchos de nosotros  también sabemos valorar vuestras capacidades.
    • Cuéntale esas historias a una de esas horribles matronas que tienen como oficio cocinarnos en hirvientes ollas de cobre hasta que nuestras carnes se ablandan. ¿Sigo? ¿Quieres que te cuente como nos despedazan con sus monstruosas tijeras, nos espolvorean aceite y pimiento picante y nos colocan en platos de madera acompañados de pegajosas patatas? Pero eso ya lo sabes. También sabes que desaparecemos para siempre dentro de vuestras anhelantes fauces humanas, convertido en lo que consideráis un exquisito manjar.
    • ¿No decías que aceptas tu destino? Ese podría ser el tuyo por mucho que prefirieses otra cosa. Nosotros no lo queremos, Paul. Formo parte del  Movimento para la Liberación del Pulpo Común (Ver entrada) y como tal luchamos para libraros de vuestra condición gastronómica y convertiros en especie protegida.
    De repente, Paul pegó un salto el el aire y me agarró el cuello con su ocho inteligentes tentáculos. Su voz sonó malévola.

    • No necesito que me liberes, Fiz, los pulpos nos liberaremos por nosotros mismos. Ya llega la Era cefalópoda de la que yo solo soy un humilde profeta. Sí amigo, está escrito en las viejas sagas nórdicas: algún día aparecerán enormes pulpos, los kraken, que se adueñarán del mundo por sus prodigiosos poderes y su colosal fuerza.
    El pulpo augur me tenía cogido por el cuello y me apretaba más y más hasta casi ahogarme. Miré a izquierda y derecha y finalmente encontré un monumental tomo de "El Mundo como Voluntad y Representación". Tuve que atizarle con él. Era cuestión de vida o muerte. Cuando lo vi allí caído, me dio pena y solo me atreví a musitar:

    • Paul, yo sí creía en ti.

    06 julio 2010

    Gaviotas no patriotas

    Se celebraba el Consejo de Gobierno y el Presidente no dejaba de dar vueltas por el enorme salón. Finalmente se paró delante de su asiento, en la cabecera de la gran mesa ovalada, apoyó sus dos brazos en el respaldo y con voz solemne empezó a hablar:
    • Consejeros:
      Esta mañana, cuando abrí los ventanales de mi dormitorio en este palacio presidencial, me llamó la atención el sonido de las gaviotas. Nada que no sea habitual, pero en aquel momento el fenomenal barullo matutino me hizo recordar un sonido semejante que me  despertaba en las mañanas de verano, cuando veraneaba en aquel pueblo pesquero radicado en la opresiva metrópoli colonial.
      Caballeros, he de decirles que al oír los aullidos de esas tremebundas aves, me he dado cuenta de que ni la mas mínima nota de nuestras gaviotas suena diferente a la que tenía que soportar en aquel pueblo andaluz. Me parece intolerable.
    • Pero Presidente eso es lo normal ¿no? Los animales tienen un lenguaje universal y propio de cada especie.
    • ¿Y por qué tenemos que aceptar esa normalidad? También era normal vivir bajo la tiranía de la potencia extranjera y al fin nos hemos librado de ella.
    • ¿Qué propone, Presidente?
    • Ustedes son los que deben proponer, por algo los he nombrado consejeros de mi gobierno.
    • No sé, quizás podríamos cruzar nuestras gaviotas con otras aves y crear una especie autóctona de nuestro país. Seguramente hasta podríamos conseguir que produjesen sonidos distintos.
    • O que sean mudas, coño. Estoy con el Presidente,  en la actualidad el sonido de las gaviotas atenta contra nuestros derechos nacionales.
    • Calle, Bermúdez, no es necesario que cada diez minutos nos demuestre que es más   nacionalista que nadie solo para que le perdonemos el hecho de haber nacido en Don Benito.  Es obvio que lo de las gaviotas autóctonas podría ser una solución a largo plazo. Contamos con centros de bioingeniería de alto nivel y no menor patriotismo que estarían encantados de ponerse manos a la tarea.  ¿Pero ahora? ¿Qué hacemos ahora? Hemos abolido el idioma opresor aplicando leyes severísimas en todos los estamentos de nuestra sociedad. Sin embargo las gaviotas ...¡son tan inconscientes!
    • Presidente, no podremos evitar que sigan aullando en un idioma que nos recuerde el pasado colonial, pero podemos hacer otra cosa. 
    • Tú dirás.
    • Pintémoslas con los colores de nuestra bandera. Así aunque al escucharlas nos traigan malos recuerdos, al verlas con nuestra enseña pintada en sus cuerpos robusteceremos nuestros espíritu patriótico. De paso, le daremos trabajo a muchos grafiteros y maleantes juveniles que no saben que hacer con sus huesos y se dejan tentar por la idea de la huida hacia territorio enemigo.
    • Magnífica idea consejero. Si los pájaros se dejan pintar, cualquier cosa será posible en nuestro espléndido y patriótico futuro.

    29 junio 2010

    Amor correspondido

    Esta lista. A punto de entrar en combate, Lourdes Caro mira su cigarrillo mentolado. Debo de ser de las últimas. Se sonríe, le echa una última calada y lo lanza con destreza a la papelera.
    Al segundo, las puertas abatibles del vestuario masculino se rinden al impacto súbito de su imponente trasero. Pertrechada con sus armas más mortíferas -fregona, cubo, lejía, detergente y paños de todos los tamaños- entra en el recinto más odioso del Club Social, Recreativo, Deportivo y Cultural El Talón Ramplón.
    Un vez más da un traspiés ante aquel repulsivo tufo, mezcla de sudor enfriado, perfume de marca, colonia barata,  desodorante y agua estancada. Han pasado siete horas del cierre de las instalaciones, pero la masa viscosa sigue ahí, delante de sus ojos, dispuesta a arrastrarla a un infierno libidinoso y putrefacto donde será devorada por un enjambre enloquecido de testosteronas asesinas. 
    Agarra el palo de la fregona y se pone de puntillas para abrir los dos mínimos ventanucos del techo. La niebla condensada no se desvanece  y Lourdes, atacada por los nervios, empieza a lanzar manotazos a diestro y siniestro. 
    ¿Y eso?. Cree haber percibido un movimiento. Avanza un metro y se queda petrificada. Hay un tío en bolas al otro lado de ese espejo. No hay duda, un tipo musculoso y tiritante permanece en ese lugar saludando tristemente con la mano izquierda, mientras que con la derecha esconde y sujeta sus partes pudendas.  
    • ¿Que coño hace usted ahí a estas horas? No me gustan los exhibicionistas. Además ¿por qué solo aparece en ese lado del espejo?
    • Per..perdone la incoherencia de la situación. Solo estaba echándome crema y mirándome como me quedaba cuando... 
    • Parece uno de esos metrosexuales de los que habla la gente. Da asco, pelado como un bebé y pasando de los cuarenta. Además está hinchado como un pavo sacado del horno. A saber que potingues y pastillas se mete encima. 
    • Bueno no hago mal a nadie, pero el espejo... 
    • El espejo se lo tragó.  
    • Sí, ¿cómo la ha sabido? Hizo gluppp como un desagüe y me absorbió para dentro. Estaban a punto de cerrar y solo quedaba yo. Nadie se enteró hasta ahora.
    • No se habrá aburrido. Ha tenido tiempo de sobra para seguir contemplándose y el espejo se habrá sentido inmensamente feliz.
    • ¿Qué dice?
    • No sea tonto, hasta un niño puede imaginar que el espejo al verlo todo el tiempo ha pensado que se sentía atraído por él y se ha enamorado a su vez. Al ser un amor correspondido, ha decidido traerlo a su lado. 
    • Eso es un disparate, nunca había oído nada parecido. Haga algo y sáqueme de aquí. 
    • No voy a hacer nada, bastante tiene una con levantarse a las cinco de la mañana para venir a currar. Además tengo la costumbre de no meterme en ajenos amoríos que ya me dan suficientes problemas los míos. Abur.

    22 junio 2010

    Alumbramiento

    ALUMBRAR
    1. tr. Llenar de luz y claridad. El Sol alumbra a la Tierra. Esta lámpara alumbra todo el salón. U. t. c. intr. El Sol alumbra. Esta lámpara alumbra bien.
    2. tr. Poner luz o luces en algún lugar.
    3. tr. Acompañar con luz a alguien.
    4. tr. Asistir con luz a un acto religioso, un entierro, etc.
    5. tr. Disipar la oscuridad y el error; convertirlos en conocimiento y acierto.
    6. tr. Dicho del entendimiento o de cualquier otra facultad: Iluminar, inspirar. U. t. c. prnl.
    7. tr. Parir, dar a luz. U. t. c. intr.
    8. tr. Registrar, descubrir las aguas subterráneas y sacarlas a la superficie.
    9. tr. Agr. Desahogar, desembarazar la vid o cepa de la tierra que se le había arrimado para abrigarla, a fin de que pasada la vendimia pueda introducirse el agua en ella.
    10. tr. desus. Dar vista al ciego.
    11. tr. desus. Adoctrinar, instruir.
    12. tr. desus. Conceder feliz parto; asistir o ayudar a la mujer en el parto.
    13. prnl. coloq. embriagarse (‖ perder el dominio de sí por beber en exceso).


    18 junio 2010

    Ajuste y ayuda al crecimiento

    (Toc, toc. Llega la ministra) 
    • ¿Se puede?
    • Adelante, ministra, pase. ¿Nos trae el plan que le solicitamos?
    • Les traigo algo mejor: un T.E.TI.M. Hagan con él lo que quieran.
    • Señorra ministrra, usted se komprrometió a traernos un plan de ajuste que duraría hasta final de siglo, no un…una tetita.
    • No es una tetita, Frau, es un T.E.TI.M. Es decir, un Trabajador Español Tipo Medio. No puedo exprimirlo más, por eso he decidido que lo hagan ustedes mismos. Tal como mejor les parezca.
    • Típikas diskulpas latinas para justificarr inkalificables desidias. Trraiga aquí su kosa.
    (Portazo. Habla la Comisión Evaluadora)
    • Krreo que a pesarr de su penosa situación, no son humildes como debíerran. La vida burrguesa les ha puesto gorrdos y fondones. No quieren sacrifikarrse. Han perrdido aquella forrtaleza y rresistencia que tenían cuando llegaban con sus maletas de karttón a nuestros hospitalarios barracones allá en los 60. Una Scheiße.
    • ¿Una que?
    • Una Scheiße. Una mierrda, coño.
    (Toc, toc. Entra la ministra)
    • Aquí se lo traigo. T.E.TI.M. , saluda a esos señores que te van a examinar.
    • Señora ministra, creo que antes debería quitarle el bozal y la cadena al cuello. Damos por hecho que está vacunado contra la rabia.
    • Por eso no deben preocuparse. Le hemos inoculado el virus del derrotismo y es de una mansedumbre infinita. 
    • Muy bien, ministra, por fin hacen algo bien. A ver hijo ¿qué es lo que sabes hacer?
    • Sé currar de camarero y construir una pared de ladrillo. En mis ratos libres puede hacer trabajos de oficina.
    • Se lo dije. Está enviciado. No sirrve para nada. Eso lo hace por cinco veces menos de salario cualquierr inmigrante del Terrcer Mundo. Su padrre pudo haberr sido un magnífico operario en alguna fábrrika de Dusseldorf pero él está echado a perrder.
    • T.E.TI.M., lamentablemente estoy de acuerdo con mi colega alemana. No nos sirven tus utilidades, deberás reciclarte para ser competitivo. Quizás eso requiera algún cambio doloroso. Date la vuelta para que te examinemos mejor.
    • Tiene buen  kulo, lástima que  todo lo demás sea tan deplorrable.
    • No, no dejaré que me sodomicen. Hasta ahí podríamos llegar. Señora Ministra, haga algo.
    • ¿Qué puedo hacer, T.E.TI.M.? Es el precio que debemos pagar por vivir por encima de nuestras posibilidades. Ellos deciden.
    • ¿Y tengo que pagarlo yo?
    • Nosotros, como siempre hemos hecho defenderemos tus intereses en la alta política europea. Son civilizados, no te harán excesivo daño. Si no te hubieras endeudado tanto.
    • Ustedes no me avisaron de los peligros.
    • Da igual, es tarde para lamentaciones. Me voy, T.E.TI.M., que tengo un Ecofin. Mucha suerte.
    • No me deje con estas fieras o no los volveré a votar...
    (Portazo. Sale la ministra y habla la Comisión)
    • Rrealmente no entiendo tus rretincencias, T.E.TI.M. Queremos que sigas krreciendo y lo harrás de forrma más segura si te aprretamos las klavijas. Te ayudarremos para que puedas estirrarte todo lo que des de sí. Solo así konseguirrás algún día llegarr a serr tan grrande y poderroso como somos nosotrros ahora. En mi país sabemos de antiguo komo trratarr casos como el tuyo. No tienes nada que temerrr.

    09 junio 2010

    Euroinsomnio

    Me desperté en la madrugada y comprobé alarmado que todavía no habían puesto el día en circulación.
    ¿A qué obedecía aquel retraso?
    Mi hoja de ruta era muy clara al respecto: despertarse tras el sueño nocturno supone el inicio del día y la preparación para la jornada siguiente, sea activa o festiva.
    Extraña anormalidad. Si no se iniciaba el día tampoco podía ponerme en funcionamiento y cumplir el programa que me hubieran asignado.
    Revisé mis biopuertos craneales y comprobé que funcionaban a la perfección. Luego consulté mis FAQ’s mentales y tampoco hallé respuesta a mis preguntas acuciantes.
    Incomprensible.
    ¿Debía levantarme?
    ¿Debía quedarme en la cama hasta que la Unión Europea me mandase un buropensamiento y decidiera lo que era más conveniente para mí?
    No podía aceptar que tan alta institución tuteladora hubiera cometido un mayúsculo error. Seguramente debía de tratarse de algún programa nuevo demasiado complejo y sofisticado para la parte autárquica de mi mente, la única no conectada a la red global. Pronto recibiría una respuesta y hasta entonces debía permanecer en la cama.
    Pero ¿qué pensar? Y lo peor ¿hasta dónde estaba autorizado a hacerlo sin romper el frágil equilibrio mental entre el conjunto de los ciudadanos de la Unión?
    Nuestros gestores lo habían dicho muy claro: la sostenibilidad de nuestro Estado del Bienestar dependía de la pureza de nuestros pensamientos. Sin embargo creyeron innecesario darnos parámetros al respecto. 

    Un ciudadano como debe ser, debe saber siempre como pensar.
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    Han pasado muchas horas. No sé cuantas, nadie me ha autorizado a calcularlas. Tampoco nadie me ha autorizado a beber, a comer o a hacer cualquier otra cosa. 

    Me siento solo, abandonado y perdido pero no me puedo desesperar. No sé el tipo de consecuencias que podría generar mi angustia. Quizás una bancarrota en Moldavia o una crisis financiera en Creta
    Me voy a desmayar y será lo mejor para todos. Desmayado no causaré ningún trastorno. Incluso puedo morir y acabar con todos mis problemas. 
    A lo mejor quieren que muera y no me lo quieren decir. 
    Debo deducirlo yo. 
    Ya se sabe un ciudadano como debe ser, debe saber siempre como pensar.

    02 junio 2010

    El camino cruel

    Conducía mi vieja camioneta Chevrolet por aquel deteriorado paisaje del Este de Misisipi. El Cinturón Negro está constituido por una interminable sucesión de praderas desoladas, punteadas aquí y allá por alguna cabaña sórdida o algún lejano rancho de pretencioso estilo colonial. Tierras pobres en el estado más pobre. Cinco millas atrás me había desviado por un camino angosto y pedregoso donde mi vehículo levantaba a su paso una nube de polvo inextinguible. Era el camino correcto pero era un camino cruel.
    Tras subir una pequeña cuesta, todo terminó. Cesó el camino terroso, desaparecieron las torturantes piedras y hasta la nube de polvo dejó de atenazarme la garganta. Tenía delante una explanada de hierba y la hoz formada por los troncos de dos árboles chamuscados. A través de ella vislumbré a lo lejos una solitaria casa de madera con unos mugrientos cuernos de bisonte coronando la entrada.
    Apagué el motor, salí de la camioneta y avancé unos pasos. Lo reconocí al momento, allí estaba el viejo. Liaba un cigarrillo sentado sobre un viejo tronco a pocos metros de mí. Me lanzó una mirada fulgurante, como una centella y percibí el fugaz magnetismo del antiguo ídolo de multitudes. Después de una calada y un soberbio escupitajo, se decidió a rompió el silencio:

    • Camina como un cazador, amigo. Debe de haber oteado una buena pieza.
    • La mejor. Una pieza legendaria, señor...¿señor?
    • Ahorrémonos inútiles presentaciones, usted ya conoce mi nombre. En realidad lo conocen todos. Lleva muchos años en demasiadas bocas. ¡Qué pesadez!
    • No debe ser fácil ser un mito viviente.
    • Hasta hace un momento era un mito desaparecido. 33 años desaparecido. Felicidades, me ha atrapado. Esto le va a hacer inmensamente rico y popular. No todos los días se atrapa a un rey muerto.
    • No tengo esos afanes, su secreto quedará a salvo conmigo. Me gustan demasiado sus canciones, no podría hacerle esa faena.
    • ¿Y eso? ¿No va a sacar provecho de su descubrimiento? Deduzco entonces que no es periodista.
    • Deduce bien. Digamos que soy un reponedor. Coloco las cosas en el sitio que realmente les corresponde.
    • ¿Piensa que ese es mi caso?
    • Vayamos a los hechos. Usted es el fundador, o la máxima estrella, de un movimiento musical que ha contribuido a cambiar nuestra sociedad en el último siglo. Su supuesta muerte generó un insólito culto a la personalidad digna de la que se le hizo a los principales santos cristianos. Ha generado un negocio permanente de millones de dólares e incluso ha convertido su fabulosa mansión en un nuevo lugar de peregrinación. Todo una falacia, usted estaba vivo y se refugiaba en este lugar miserable, imagino que huyendo de toda aquella popularidad que le había arruinado salud y vida.
    • Es cierto.
    • Pues bien, yo vengo a poner las cosas en su sitio.
    • ¿Es un sicario? ¿Me va a matar?
    • En efecto - saqué mi Smith and Wesson y le descerrajé dos balas en ambos lados de la frente, allí donde arrancaban sus legendarias patillas.
    • ¿Quién le contrató?- acertó a decir en su agonía
    • No importa ni quién, ni cómo. Disfrute de su situación, ya es inmortal.
    Tras enterrarlo, taché su nombre de la lista y arranqué la camioneta de nuevo.

    27 mayo 2010

    La duda final


    Tenía que hacerlo. Debía esconder mi última duda y ponerla a salvo de la codicia de los depredadores de la Verdad Absoluta. Su llegada al poder los había dividido en dos bandos supuestamente enfrentados; pero ambos grupos -tanto Verídicos como Auténticos-  se pusieron de acuerdo para alcanzar la unanimidad  erradicando lo que eufemísticamente denominaban “cuestionamientos peligrosos”.
    La orden gubernamental era taxativa: en el plazo de un mes los ciudadanos tendrían que desprenderse de sus dudas perniciosas.  Los contenedores de color rosa dispuestos en la vía pública por los Comités Locales de Dudas e Interrogantes no Resueltos (COLODIN) serían el lugar de recepción. El Cuerpo Oficial de Calibradores de Dudas (COCADA) solventaría las dudas de los ciudadanos sobre la peligrosidad de las que tuviesen, descartando aquellas que se podían considerar sentimentales, livianas o pasajeras.
    Nadie pensó que algo tan nimio causaría tanto dolor. La población despidió sus dudas como si se fueran a la guerra. Estallaba el llanto en los ojos de los más ariscos y la desolación cundía por doquier.
    Yo también me fui desprendiendo de las mías, pero cuando llegue a la última, titubeé. Por entonces empezaba a correr el rumor de que enormes camiones nocturnos transportaban nuestras dudas a siniestros campos de exterminio.
    Me dio pena aquella última duda. Me había sido fiel durante muchos años y seguía tan fresca y lozana como el primer día.
    Ahora sigue conmigo. Tierna, íntima y clandestina.
    La alimento de lo que puedo y sé que le entregaría mi sangre si me lo pidiese.

    No puedo dejar que desfallezca. Es cuestión de vida o muerte.
    Mientras ella viva, viviré yo.

    20 mayo 2010

    ¿No es mi nene una joya?

    No papi, tu hijo no es una joya y si la gente le sonríe mientras salvajemente corretea con su cochecito de juguete por los pasillos del hipermercado es por pura educación. Por pura bondad.
    No deberías fiarte tanto de la tolerancia ajena. Uno nunca puede saber lo que hay detrás de un gesto de tolerancia.
    Fíjate por ejemplo en esa anciana. Es cierto que le ha quitado importancia al hecho de que tu niño la haya arrollado estampándola contra los botes de guisantes de la estantería. No te confundas, es pura educación. Está dolida. Considera que tu niño está muy malcriado. No deja de ser una mujer mayor sobreviviendo en un mundo que no entiende. Ella fue educada en una estructura social en que los niños todavía no eran dioses impunes. Un mundo sumamente autoritario pero coherente. Los padres hacían de padres y los hijos de hijos, no este revoltijo de hoy en día.
    No pongas esa cara, tú también viviste aquellos tiempos. ¿Te imaginas a tus padres corriendo detrás tuya mientras conviertes el super en un Scalextric enloquecido? No te atreverías. Ellos por entonces eran de la vieja teoría de los cachetes oportunos. Y la practicaban. Ahora son unos abuelitos consentidores y blandengues que no se atreven a decirte que no cuando les dejas tus cachorros como regalo no deseado. Una cadena que les impide vivir su propia vida, a salvo de hijos y nietos.
    Todo padre tiene derecho a vivir a salvo de sus hijos. Algo que empiezas a percibir pero aún no te atreves a confesar. Todavía necesitas presumir de tu paternidad. Te gusta pensar que el exceso de movilidad de tu vástago no siendo genética -nada de un trastorno de hiperactividad, por favor- tendrá que ser producto de otra cosa. Quizás es que ya empieza a convertirse en un machote robusto e independiente. Con seguridad un niño así anuncia un adulto con mucha personalidad, con mucho poderío.
    Mejor pensar de esa manera y no cómo lo hace esa imbécil de la anciana. ¿Será falsa la tía? Seguramente pasará las horas haciendo calceta delante de su mesa camilla acompañada de su viejo televisor, siempre encendido.
    ¿Para qué quiere distraerse una vieja amargada y solitaria que espera su final? ¿Para quién calceta?
    Claro, cuando se está solo y resignado a la muerte, los niños pueden ser una tortura. Una llamada a la vida cuando todo te induce a su reverso.
    ¡Que se joda! Ya le ha pasado su tiempo. Debe dejar paso.
    ¡Y no ser tan hipócrita!

    13 mayo 2010

    Viviendo de rodillas

    ¿O sea que te han dicho que vivir de rodillas está mal?
    ¡Qué sabrán ellos! ¿Acaso nos quejamos?
    Sí, ya sé que nos obligaron a estar así para dar confianza a los mercados, pero ya puestos en situación la cosa tiene sus ventajas. Incluso hay más igualdad, ya que en esa posición las diferencias de altura son menores.
    No poder conducir nos fastidia un poco, pero a cambio tenemos menos contaminación ambiental. Además los transportes públicos apenas son necesarios; nos costaría un mundo llegar a ellos y la gente siempre prefiere quedarse en casa cuidando de la familia y de las plantas, que viene a ser lo mismo.
    Hacemos muy poco deporte, debemos reconocerlo. Un poco de natación -hemos inventado un estilo nuevo pero implica cierto riesgo de ahogamiento-, alguna partida de ajedrez, las cartas, el parchís, el dominó. Sin embargo es un alivio habernos librado del forofismo que siendo la salsa de las viejas competiciones generaba muchas broncas entre la gente. De hecho, si hubiera conflictos importantes, la cosa se pondría complicada. Somos occidentales civilizados y hemos descartado el sistema de resolver nuestras disputas a garrotazos en plan Goya. Tampoco podemos correr para escapar, ni tomar carrerilla para acometer a nuestros rivales. Solo nos queda hablar y hablar y hablar hasta que alguien se queda roque, dormido sobre la alfombra. En nuestro mundo triunfa siempre el parlanchín, el que tiene más pico, pero eso también pasaba antes cuando vivíamos enhiestos.
    ¿Qué hacemos cuando alguien se sobrepasa? Muy fácil, le obligamos a estar a cuatro patas. ¿Crees que no es mucho castigo? Se ve que no sabes lo que jode esa pequeña diferencia cuando vives entre gente arrodillada pero que puede mover las manos.
    Ahora con esta recobrada lentitud hemos vuelto a disfrutar de la naturaleza, de los paisajes y de eso que llaman los cursis “las pequeñas cosas”.
    Somos más prósperos, tenemos más dinero y menos oportunidades para gastarlo.
    Nos hemos librado de las grandes palabras, de los grandes conceptos y tenemos una única ilusión: volver a estar levantados algún día.
    Si lo piensas bien nuestros benefactores internacionales fueron justos con nosotros: o nos arruinábamos de pié o manteníamos nuestro bienestar de rodillas. Al principio fue un poco bochornoso, pero ahora todo va sobre ruedas y si nos sabemos comportar han dicho que serán generosos.
    Estamos aliviados, hemos conservado nuestro estatus y no somos demasiado infelices ¿de que nos podemos quejar?

    08 mayo 2010

    Amistades exquisitas

    Vas al mercado, compras una merluza y le pides a la vendedora que te la limpie. De algún remoto rincón de su delantal blanco surge un enorme cuchillo que con inusitada pericia se hunde en el lomo del pescado. Una hendidura longitudinal e inapelable en la que ella puede introducir sus dedos gordos y sacarlos ensangrentados con las vísceras del pez. Ya limpio, la vendedora se dispone a cortarle la cabeza.
    • No, espere. Quiero verle los ojos antes de que lo decapite.
    La mujer lleva treinta y cinco años limpiando pescado pero nunca ha oído nada semejante. 
    • Si quiere se lo dejo entero.
    • De acuerdo, me lo llevo así.
    ¿Cómo le vas a decir a la ya sorprendida vendedora que esa exquisito gadiforme se ha atrevido a lanzarte un guiño de complicidad justo en el momento de perder sus vísceras? 
    Llegas a tu casa nervioso, entras en la cocina y despejas la mesa. 
    A duras penas  logras desenvolver el paquete. 
    En el armario coges un plato grande de loza y colocas la merluza encima. 
    Te alejas de la mesa para tomar las debidas distancias. 
    Respiras hondo y tiemblas, ya que la pregunta que vas a hacerle martillea en tu cabeza desde hace rato.
    • ¿Nos conocemos de algo? 

    02 mayo 2010

    Otro pincho de tortilla, Manolo (Odisea especial VIII)

    (Los capítulos anteriores de Odisea especial los tienes aquí, de abajo a arriba, haciendo click)

    Aquel tipo de bata y gafas culo de vaso me lo dijo sin pestañear. Con total impunidad. Sin darme tan siquiera la posibilidad de defenderme:
    • Mire Moaña, creo que es mejor decirle la verdad: este centro no está en condiciones de atenderle. Lleva 3 meses aquí y no hay síntomas de mejoría. 
    • ¿Pero no es éste el mejor centro de desintoxicación de todo el Sistema Solar?
    • Lo es sin duda, pero su caso desafía todos los tratamientos. Su mal está muy extendido, ninguna de nuestras terapias tradicionales daría resultados.
    • ¿Cual puede hacerlo entonces? 
    • Queda la opción de la cirugía. Podríamos hacerle una pequeña operación y...
    • No siga, no quiero que me lobotomicen y convertirme en un vegetal. Siempre es mejor pasar el resto de la vida como enamoradizo recalcitrante y pertinaz.
    • Lo lamento Comandante D'Ons. Lo único que puedo aconsejar es que lleve una vida sana y equilibrada. Que haga ejercicio, tanto físico como mental. Y que por encima de todo que no le dé tregua a su mente calenturienta.
    Sí, fue entonces cuando decidir desertar de la armada espacial y convertirme en el aventurero facineroso que todos conocen. Pensé, en mi ingenuidad, que saltando de planeta en planeta, viajando de asteroide en asteroide y viviendo a salto de mata, podría escapar de las trampas del amor e impedir que se cumpla mi aciago destino.  
    ¡Manolo, un pincho de tortilla!
    • Ay Moaña, ser tan enamoradizo como tú debe de ser una carga pero también sé, pillín, que en algunas ocasiones lo has  pasado en grande.
    • Sí, Virtuditas, no lo puedo negar me he  divertido pero al final siempre ha llegado el remordimiento y nunca me he sentido orgulloso de recaer en mis adicciones. Ojalá pudiera ser como Manolo, un Buda peludo y grande para el cual el culmen de la felicidad es apoltronarse en la barra y leer las noticias en el e-diario. Mírale, en este momento se está limpiando sus poderosos molares con un palillo. Esperemos que no vuelva a clavar ese mismo estoque en ese pedazo de empanada grasiento que tiene en el expositor.
    • ¡Qué asco, Moaña! No digas esas cosas. Tú nunca podrías ser como ese individuo.
    • No lo desprecies, Virtudes. Ahí donde lo ves era un prestigiosisimo arqueológo especializado en artefactos del siglo XX. Fue entonces cuando halló en uno de sus yacimientos los restos de unos tugurios llamados tascas o tabernas donde la gente comía, bebía y charlaba por un módico precio.
    • No me suenan de nada.
    • Claro, esa mierda de la cocina postmoderna y la parafernalia de los restaurantes de diseño acabaron por cargarse las sanas costumbres antiguas. Manolo quiso revitalizarlas y enamorado de la idea decidió montar una tasca por aquí, en la cercanía de las lunas de  Saturno, lejos de la charlatanería fatua de los chefs terrícolas.
    • Manolo, ¿qué pasa con ese pincho? Por cierto, ahí viene tu marido.
    • Se jorobó el invento, vaya lata.
    • Compórtate, Virtuditas. Cambia, por favor, esa carita acaramelada con  la que me miras que no quiero que tengas un disgusto conyugal. 
    • No sé que pasa, amigos, cada vez que vuelvo del hiperespacio tengo unas ganas espantosas de ir al water ¿Me habéis pedido el pincho de tortilla? 
    • Sí pero no sé que le pasa a Manolo, debe de estar abducido por la molicie.
    • Por cierto, Moaña, ¿que vamos hacer ahora? 
    • Primero te comerás tu pincho de tortilla si es que deciden traértelo. Mientras tanto tu mujer y yo acabaremos la ración de pulpo que está exquisita. Luego los tres tomaremos un café con unas gotitas de aguardiente para darnos ánimos ante el peligroso viaje que nos espera. 
    • ¿Crees que llegaremos a Grelicia en ese montón de chatarra que le birlamos a los modernos?
    • Vaya pregunta le haces, Adrianciño. ¡Que repugnante eres a veces, la verdad!
    • Llegaremos, Adrián, ¿Cuando te he fallado? 
    • Ahora mismo, ¿dónde está mi pincho?
    • ¡Manolo, quieres traer ese jodido pincho de una maldita vez!