09 noviembre 2009

Lo que Judson unió...


Sí, a ti Whitcomb L. Judson
A ti te le digo. 
Te sientes orgulloso, ¿eh? Seguro.
Claro, el gran inventor se siente satisfecho de su obra. 

Primero lo intentaste con un tranvía moviéndose por aire comprimido a través de un sistema de pistones subterráneos. Conseguiste que te montaran una línea para probar tu cachivache y nada menos que en la capital. En Washington.
Durante dos semanas tuviste a la población en vilo:
  • Ohhh el Ferrocarril Neumático de Judson.
  • Ohhh, el futuro esplendoroso ya está aquí.
Fracaso estrepitoso. Los tranvías eléctricos resultaban más económicos y prácticos.
No te conformaste. No señor, seguiste erre que erre. 
Sacabas patentes al mercado como un mago saca un conejo de la chistera. 
Seguro que te decías: 
  • Alguna caerá, digo yo
Y cayó. Vaya si cayó. 
En 1890 inventas un instrumento maligno. 
Diabólico.
Asesino.
Es cierto que tú no le pusiste el nombre. Es cierto que solo pusiste a andar la máquina y que luego otros la hicieron más compleja, más sutil, más terrible. Algo semejante a ese Dios téista, mero creador del Universo, que admiraba Voltaire y que los antidarwinianos utilizan para recusar el evolucionismo.
¿Recuerdas cuando Mr. Anderson, examinador de patentes, frunció el entrecejo y
rechazó tu invento en gesto benevolente hacia la humanidad futura?  
Poco duró la cosa. El buen hombre te pidió que lo mejorases, porque se parecía demasiado a otros artefactos que habían pasado por aquella pulcra oficina.
Te pusiste a trabajar -obsesionado por la idea que no te dejaba dormir- y presentaste tu mecanismo de nuevo en 1893. 
Fue aprobado y las lágrimas rodaban hasta tu barba de orgulloso inventor. 
No había duda, la Humanidad  te debía una. 
¡Qué feliz eras en la Feria Mundial de Chicago y luego cuando pusiste los cimientos de tu empresa, la Universal Fastener Company
Al principio la cosa no iba bien del todo ya que los fabricantes desconfiaban de aquel extraño producto que no siempre funcionaba como debía. Hasta que tu empresa contrató a aquel ingeniero sueco que mejoró de forma ostensible aquel  primitivo aparato. 
Crecieron sus dientes, pero se siguió atorando. 
Se siguen atorando hoy en día, aunque aparentemente hubierais conseguido la unión perfecta entre machos y hembras.
No tan perfecta. 
Si lo piensas bien, no puede haber una unión perfecta entre machos y hembras. 
Y eso lo sabes tú bien. 
Lo tuviste que saber desde el momento en que te hiciste responsable de ese instrumento que atormenta nuestras vidas y que cuando somos cadáveres, nos las cierra al mundo embutidos en esas tremendas bolsas oscuras en las que nos conducen a la funeraria. 
Malditas cremalleras.


25 comentarios:

  1. Yo me acuerdo de él un par de veces cada lustro, las raras ocasiones que me la he pillado con la cremallera.

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  2. A mí me parece un invento muy acertado. ¿Qué sería de chubasqueros y braguetas?
    Abajo los botones.

    ¿Estarán cobrando sus herederos la patente?
    :)

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  3. Efter, eres un privilegiado si tus problemas con ese instrumento diabólico se limitan a "pillártela". Imagínate en pleno invierno en medio de una ventisca de mil demonios y que no funciona el chisme. Horrible, espantoso, infernal. Seguro que al infortunado Scott el del Polo Sur le pasó eso.

    Tesa,¿Cómo puedes comparar semejante sistema, rígido, oxidable y capaz de conseguir que pilles el tétanos con por ejemplo, esa maravilla resonante y plácida llamada velcro?
    ¡Gloria eterna para Georges de Mestral! ¡Abajo Judson y toda su parentela!

    No te confundas, Novi, lo que destaca es por el envoltorio no por el contenido.

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  4. No es por destacar, es por darle morbo a la vida por lo que le doy las gracias al Sr. Judson.

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  5. Perdonad que os diga pero ni cremallera ni velcro, donde esté un buen LAZO...

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  6. Bah, no se puede jugar con sistemas de cierre tan abruptos sin temer consecuencias serias para la salud. El Velcro es mucho más morboso, con ese sonido tan sugerente que anuncia cualquier posibilidad futura.

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  7. Los lazos para el ganado y para las horcas, Angie. Sí y ya sé aquello de que todos los ahorcados mueren ... pero donde esté ese sugerente chick del velcro que se quite todo lo demás.

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  8. Como siempre, y mal que te pese, el quid está en la diversidad... Si son buenos velcro, lazos y ojales, a qué quitar méritos a ese maravilloso invento que cada vez casa más bien?

    Por otro lado, no ha nacido, me parece, quién convenza a Dr.Krapp.

    Han sido muchos los accidentes? ;)

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  9. Perdone usted, Dr. Krapp, pero se ha olvidado de los lazos de los paquetes.

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  10. El velcro es morboso???? Hombre, igual a tí te pone, Krapps, pero donde esté una cremallera para ir bajándola poco a poco... mmmmmm...
    Lástima que el canguro me tenga prohibido entrar en sitios de perversión, si no, le traía a Angie un paquete con un lazo preciosísimo :D

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  11. Menos mal que tú me entiendes, Novicia, siempre me han gustado los paquetes sorpresa, si el lazo es rojo, mejor que mejor.
    Lo que no me termina de gustar de la historia de Krapp, es eso de que nos meten en una bolsa en la funeraria y nos cierran con cremallera, a mí no, a mí que me quemen.

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  12. Soy la persona más convencible del mundo pero hay que currárselo.
    Vivo en territorio de ventiscas, temporales y tremebundas galernas, Borraeso.

    El velcro siempre que el artífice de su apertura sea diestro y no se deje dominar por la ansiedad ofrece un sinnúmero de posibilidades. Además ese inquietante sonido es lo máximo.
    ¿No crees, Novicia?

    Es que todas las historias acaban así, Angie ¿o te crees que te llevan a la incineradora en un tetra brik? El traslado hacía la vida eterna tiene pocos alicientes en esta sociedad de vivillos.

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  13. Divertida y didáctica entrada, Krapp.
    Tengo que confesar que las cremalleras tampoco me caen nada bien.
    Tanto cuando pillan "algo" y se atascan, como cuando se dan de si y se bajan sin que nadie las mande. Prefiero los botones, la verdad.
    Con éste, como con todos los inventos, siempre ocurrirá que habrá partidarios y detractores.

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  14. "Cremallera",
    del latín "cramaculus"
    Con eso está todo dicho.

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  15. Que divertido conocer la historia de un invento tan útil de la manera como tú la cuentas.

    A mí las cremalleras a veces me ponen, pero otras... grrrrrrrrrr

    Un beso multicolor

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  16. Cristal, conociéndote, sabía que íbamos a estar de acuerdo en esta cremalleril coyuntura. Sí, cuando son eficaces son una lata por sus manifiestos peligros, pero cuando no cumplen su función y deciden abandonarse a una vida ociosa pueden generar situaciones de alto riesgo hasta el punto de dejar en ridículo al portador de tal artilugio. Los botones, aún conociendo su vocación saltarina, ofrecen gratas posibilidades.

    ¿Cremaculus?. Dios santo Vitamorte,si leen ésto los franchutes van a poner el grito en el cielo. Menudos son ellos para que les roben sus más excelsos diseños etimológicos.

    Gracias, Iris, las cremalleras deberían ser tan multicolores como tú, para disimular algo sus temibles efectos.

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  17. Y que malhumor te entra cuando se te rompe y tienes que cambiarla..

    Muy curioso este invento y necesario Doctor..

    Besosss

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  18. Cuando puedes cambiarla, Lisebe. Hay algunas hoy en día tan adaptadas a la prenda que es casi imposible hacerlo. Ni que decir tiene que este doctorcito tiene una larga experiencia en iniquidades cremallerísticas.
    Besos

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  19. el ruidito del velcro!!!!mmmmmmmmmmmm!!!! ir abriéndolo de a poquito...........

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  20. A ver, para gustos colores... Pero en esto, como en casi todo, más vale caer en gracia que ser gracioso...
    Por ejemplo: la cremallera de Gilda, o de Ava Gadner seguro que te sonarían mucho mejor que el velcro de la Obregón o de la Esteban... ¿o no?
    En cuanto a esa metáfora de la unión perfecta entre machos y hembras... es perfecta. Sí, las hay que nunca acaban de ir bien ya desde un buen principio... las hay que van de puta madre una buena temporada, pero con el uso acaban por encallarse... y las hay que van bien hasta que te cansas de la prenda en cuestión...
    Por lo demás, nunca me había planteado la cremallera como epílogo vital. Lo tuyo va a ser deformación profesional jeje!
    Ná, te deseo buen tiempo y muchos velcros... hala!

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  21. ¿Y si fuera al revés cambiarían mucho las cosas Cristal004?
    ¿Cómo sonaría el velcro de Gilda o los lazos de la faja de Ava Gardner?
    Dígamoslo claro: tengo, he tenido y tendré enormes problemas con las cremalleras; es decir, soy renuente a sus encantos por la cantidad de veces que ellas, las muy puñeteras, han sido renuentes conmigo. Digamos, que conmigo adquieren cierta inusitada autonomía lo cual supongo les hará muy felices. Mi unión con ellas es decididamente imposible, debemos tener signos adversos en el horóscopo. En fin, que seguiré amándolas desde lejos aunque sepa que nunca podré ser debidamente correspondido.

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  22. Pero que guapa; eso si que es glamour¡¡¡ y no lo de ahora.
    Teu amijo
    Pincio

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  23. Saludos Amijo. La cremallera siempre favorece.

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