07 agosto 2009

La cúspide de la necedad ( Kaskarilleira Existencial 3)


Llegue a mi decrépita mansión con un asqueroso sabor dulzón en la boca. Sentía que mi fortaleza moral había sufrido alguna fisura. Aunque pretendiera lo contrario, no era inmune a los arrullos de la vida burguesa. Mi estatus de detective estomagante y facineroso, tan duramente conseguido, podría venirse estrepitosamente abajo si aceptaba casos semejantes al que me había llevado a Guarrindongan Road. (Ver capítulo anterior).
El lingotazo de calimocho no fue suficiente y opté por la solución más estupizante: encender el aparato para atontolinarme un rato.
Pillé un canal de noticias. El busto parlante estaba algo nervioso y hasta pude percibir, mirando con mi lupa, que le corrían unas gotas de sudor por el cuello de la camisa. Se había cocido algo gordo. Pronto las imágenes aclararon mis dudas. En un típico escenario mitinero, un orador
, con sonrisa santurrona pero falsa como un euro de plástico, recibía los elogios de la masa. Era el clásico reaccionario con ademanes obispales, tan habitual en estos pagos, dando lecciones de tartufismo a sus leales. Aquella multitud, en su condición de rebaño sumiso, practicaba la única cualidad para la que estaba capacitada: arropar al líder con sus gritos. De repente, el tipo empezó a levitar. Así como os lo digo, se puso a volar con las manos entrelazadas y una mirada beatífica en sus ojos. Empezó a subir por aquel alto recinto, en realidad un moderno mercado de ganado. A su lado, una tipa gorda en traje de chaqueta se lanzó de improviso sobre sus piernas mientras gritaba con voz de trueno:
  • Paco, no me jodas. Ya sabemos que eres inocente, para proclamarlo hemos venido hasta aquí; pero intenta acabar el mitin sin tanta teatralidad.
  • Pero, Rita, es que no puedo evitarlo. Una fuerza poderosa me arrastra hacia la cúspide.
Allá se fueron los dos, ella agarrado a los pies del tal Paco, ambos a punto de alcanzar la cúspide de la necedad. Decididamente los políticos no saben que hacer por un puñado de votos. Apagué la televisión con un hastío infinito.

8 comentarios:

  1. Que me gustaría levitar aunque no fuera en un mitín.

    Muy bueno.

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  2. Hay que ser muy profesional para llevar la lupa encima y acercarse a la tele con ella para ver las gotas de sudor del busto parlante....
    Krapps, esto es una historia gestada en tu cabeza y parida en tu blog... podría ser perfectamente una escena de "Futurama" (me encanta esta serie de dibujos animados), y levitar no levitan, por la ley de la gravedad sólamente, pero sí son capaces de hacer cualquier cosa que no pueda impedir una ley física. Los votos lo valen.

    Un beso y feliz finde, Krappi (K)

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  3. Todas las Ritas, deberían soltar las piernas de esos Pacos flotantes y dejarles perderse "hasta el infinito y más allá" como basura cósmica.

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  4. Fuerzas poderosas nos retienen a la sediciente terralidad, J.D., aunque una vez, aunque fuera una vez bien valdría la pena.

    Conozco Futurama, Novicia y aunque todos mis textos son propios he de reconocer que en su momento, en otras circunstnacias, esa serie me ha influido. Respecto a esos conductores de masa, su ineficiencia les delata. Feliz finde.

    Eso quiere decir, Tesa que no consideras a la buena de la Rita como de la misma especie que la del individuo al que se ha adosado como percebe a la roca.

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  5. JAJAJAJA

    Yo también me siento arrastrada hacia la cúspide....
    jajjaajjaaa

    La cúspide del universo.

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  6. Majestad, usted no es gorda, solo es una persona llena de contenido, por lo tanto alcanzará las cúspides "universales" sin tanta dificultad.

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  7. Eso quiere decir que las Ritas se convierten en Pacos cuando pretenden mantenerles anclados en sus sillones de poder a cualquier precio.

    Te paso la dire de un blog interesante, Krapp, por si tienes un ratillo:

    http://lacartilladeleandromaria.blogspot.com/

    Besos

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  8. Quizás esas Ritas son de la misma naturaleza que los Pacos y solo esperan a que ellos tomen la iniciativa para viajar a su remolque.
    Tiene buena pinta ese blog a simple vista, le echaré un vistazo de forma más detenida.

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