06 diciembre 2008

Oeste íntimo



Cuando los domingos eran domingos y la televisión privilegio de pocos, los niños del barrio nos reuníamos sobre las cuatro de la tarde en el club social para asistir, desde nuestras sillas de tijera, a una ceremonia casi religiosa en el que los miembros de la familia Cartwright eran los chamanes. El siempre juicioso papá Ben, el elegante Adam, el tierno y algo torpe Hoss, el simpático Joe y luego el cocinero chino que daba la nota de color a tan excitante familia. Aunque la están echando en alguna televisión autonómica, volver a ver la serie es un trabajo baldío: la magia ha muerto.


A lomos de su caballo Joe D, llegó El Virginiano al pueblo de Medicine Bow (nombre extravagante incluso para un pueblo del indómito Oeste) y descubrimos que a veces es más estimulante ser Sancho que Quijote y que, por lo tanto, nuestro héroe era Trampas y no el protagonista de desconocido nombre. Con los años te enteras de que los diferentes dueños del rancho Shiloh eran extraordinarios y maravillosos actores del Hollywood clásico (Lee J. Cobb, Charles Bickford, John McIntire, Stewart Granger etc.)


Daniel Boone fue un personaje real, un auténtico pionero que vivió a finales del siglo XVIII y principios del XIX, en el Oeste incógnito. Tan incógnito como era para nosotros la vestimenta del personaje principal, interpretado por Fess Parker (llevaba un gorro de piel de zorro y su casaca era parecida a la que usaban los indios) La acción se desarrollaba durante la revolución independentista de Estados Unidos lo que grantizaba que el contenido patriótico estaba muy presente en cada uno de los capítulos, por otra parte llenos de anacronismos.


El Oeste de Rin TinTin era un Oeste infantil trazado con colores básicos. El nombre procede de una larga serie de películas, incluso del cine mudo, que tenían como protagonista a un perro en tiempos de guerra. La serie de TV. reflejaba las aventuras de un perro y un niño en un fuerte fronterizo del Oeste en tiempos del militarismo heroico anti-indio. También se editaban tebeos sobre el personaje y su inseparable compañero que los niños leíamos con fervor.


¡Qué extraña serie era Jim West! Comedia, drama, espionaje, efectos especiales, ciencia ficción, kárate. Hoy sería una serie postmoderna que mezclando condimentos diferentes llega a texturas absolutamente personales. Jim West es un James Bond del Oeste, mientras que Artemus, su compañero, participa de las características de Q, el inventor multiusos de 007. Dadas sus peculiaridades, no es difícil entender que se haya convertido en serie de culto para paladares exquisitos.
Seguiremos otro día, con más historias de nuestra entrañable teleadicción infantil.

12 comentarios:

  1. ¡¡Que recuerdos ¡¡¡ Aunque te has dejado en el tintero a muchos personajes inolvidables que formaron parte de nuestra infancia... Yo echo de menos a Furia :'(:'(

    Un beso, Krapp

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  2. Le memoria es selectiva,Novicia, aunque si hubiera puesto otra más, sería sin duda la de Furia, pero no encontré la sintonía.

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  3. Es cierto hay muchas de las series que uno veía hace años y que cuando las reponen pierden ese halo de nos hacía recordarlas como preferidas.

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  4. Este tipo de evocaciones me encanta y además me resulta entrañable. No todos los recuerdos impiden seguir oteando el horizonte gris del futuro...

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  5. Y podrías haber seguido, que después nos convertíamos en esos personajes, sacábamos los indios, los vaqueros, el "fortín", los que tenían fortín porque los tiempos no estaban para muchos trotes.
    Lo peor, posiblemente que el menor de los Cartwirght, se construyese una casa en la pradera.

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  6. Cierto es Ralph. Encantado de verte por aquí.

    Aunque alguna vez dejemos de lado el gris futuro no pasa nada, Luis Antonio. Tenemos derecho a un descanso para poder mirar atrás con cierta condescendencia.

    Me has cogido las palabras Félix,lo bueno que tenía aquella época es que luego jugábamos a lo que veíamos y ensayábamos mil variantes de la película, tal que si fuera una improvisación jazzística sobre un tema recurrente. A mi me regalaron en unos Reyes afortunados el rancho de La Ponderosa.

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  7. Recuerdo con nitidez la finca de mi abuelo y sus perros; recuerdo también el día en que un galgo (que no era suyo) me mordió la mano; pero, sobre todo, recuerdo la frustración que yo sentía al comprobar que su pastor alemán no quería obedecerme cuando jugaba con él, tal y como hubiese hecho Rin TinTin.

    Alto contenido en patriotismo, militarismo heroico anti-indio (xD), etc... Pero debo reconocer, me pese o no, que la caja tonta también me hizo pasar varios buenos ratos.

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  8. Guau que selección de recuerdos de infancia!!!

    Parece que fue ayer, y ya han pasado unos cuantos añitos, eso quiere decir que la vida continúa pasando.... y que ya tenemos una edad, o hasta dos en muchos casos.

    Genial Doc.

    Besitos

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  9. No entiendo bien por qué ha muerto la magia.

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  10. No es mala enseñanza Nsk, que gracias a Rin Tin Tin y su imposibilidad, empezaras a saber que todo lo que ocurre en la pantalla no tiene ser real fuera de ella.
    O tres Lisebe, o tres aunque le llamen media edad.

    El recuerdo desvelado en su verdadera naturaleza por nuestra mirada actual, destroza la magia idealizada del ayer, casi siempre tan propiciatoria, Maritoñi.

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  11. Muy evocador Dr. Krapp. A ver con qué idea nos sorprendes la próxima vez; tienes tantas y danzan tanto en tu cabeza que me gustaría poder removerlas con las manos, como cuando los niños se enfadan y desbaratan el juego.
    Espero que no te importe que de vez en cuando me pase por tu círculo, me resulta muy curioso.
    Angie.

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  12. Es perturbador ese deseo de remover mis ideas con las manos ¿Y yo que pensaba que quedaban hermosas ahí, dando vueltas en mi cabeza, creando una aureola de misteriosa santidad?
    Pásate cuando quieras, Angie, estaré encantado.

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