25 enero 2008

¿Hay algo más humano?



Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en una monstruosa ...naranja.
  • Ya le vale, autor. Antes insecto y ahora naranja. ¿Qué crimen cometí para ser tratado así?
  • Perdone, Gregor, pero ya sabe que me gustan las situaciones enrevesadas. Además lo tengo pensado todo. En esta segunda metamorfosis le será más fácil mover el cuerpo y no tendrá ya ese aparatoso caparazón en la espalda. Si se echa a rodar, podrá llegar a cualquier parte. Nada más apropiado para un viajante de comercio como usted. Ahora mismo podría tirarse de la cama e ir hasta la estación para alcanzar el tren de la mañana. Mejor el de mercancías, claro.
  • No se ría de mi situación, señor Kafka. No es propio de alguien como usted al que todos consideran triste, serio y circunspecto.
  • No soy triste, ni serio, ni tengo ninguna ganas de serlo. Eso pertenece a la leyenda que me acompaña, no a mi persona. En el fondo soy un tipo entrañable, infantil y seguramente, un poco caprichoso. Por eso me gusta darle vidilla a mi demiurgo cabroncete.
  • Si dice esas cosas le va a dar un disgusto a sus lectores. Para ellos usted es un alma torturada que después de una agobiante y tenaz observación del propio yo, ha comprendido la soledad y la pequeñez del hombre contemporáneo ante fuerzas extrañas que le superan. Necesitan mirarse en el espejo que usted les proporciona para poder ver su propio desamparo y la alienación en la que viven al arbitrio de su destino mortal.
  • Paparruchas, Gregor. La gente tiene ganas de marear la perdiz y al darme importancia a mí se dan importancia a ellos mismos por pretender que saben entenderme. Ademas, ¿por qué se me identifica con mis personajes? ¿Se identifica al Señor Dumas con D'Artagnan a Victor Hugo con Quasimodo o a Gustave Flaubert con Emma Bovary?
  • Querido autor, nadie lo pasa bien leyendo sus relatos. Son tristes, inquietantes, de pesadilla y encima son protagonizadas por gente común con los que uno se identifica sin poder evadirse. En mi caso concreto, me hace pasar por un auténtico calvario delante de mi familia que me desprecia y finalmente me deja morir. Es una situación horripilante.
  • En todas las familias ocurren hechos terribles. Es una institución despreciable y bestial.
  • Puede, pero es inevitable vivir o al menos relacionarse con ella. Tan inevitable como la propia muerte. ¿Era necesario recrearse tanto en su evidente obscenidad?
  • No es usted el único personaje que sufre en mis obras.
  • No compare Kafka, se lo ruego. El emigrante Karl Rossner, Joseph K o el otro K , el agrimensor, no pasaban por la afrenta de perder su condición humana, su trabajo y ser humillados por los suyos más allá de lo imaginable.
  • Animo, ahora es usted una enorme y hermosa naranja. No se queje, a lo mejor puede resarcirse de tanto sufrimiento. Es difícil que puedan exprimirle dado su tamaño. Además su zumo sería amargo, tiene exceso de vida propia.
  • ¿Y que se puede esperar de la vida siendo una simple fruta pensativa?
  • Crecer, madurar y luego pudrirse. ¿Hay algo más humano?

13 comentarios:

  1. ¡Ay! ¡Qué bueno, Chamán Triste! Me ha gustado muchísimo, aunque también he de confesar que estoy deseando ver el más que probable comentario de Anónimo, la verdad sea dicha.
    Muy sugerente y divertido, sí señor.
    Un saludo y un aplauso.

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  2. Gracias y dejemos que Anónimo haga uso de su libérrimo derecho a opinar si es que realmente lo creé necesario y si no, tan contentos todos.

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  3. Creo que nadie sabía como era Kafka. Como no sabemos como es nadie nunca. Ni las personas más simples. Sí podemos saber tal vez como sienten, si como Kafka, nos lo hace saber a través de la escritura. Pero incluso esos sentimientos “no son” la persona. La persona siempre es un enigma.

    ¿Nos han vendido una imagen excesivamente solemne del mito?. No lo sé. Creo que era realmente triste. Y que su desesperanza sobre la sociedad era real.

    Por supuesto que debió ser mucho más que eso. Pero el mito ya lo ha devorado. El mito se ha comido al ser real que fue. A la mayoría de los seres humanos se nos come el olvido (afortunadamente).

    A las leyendas, se las comen algunas absurdas biografías que se atreven incluso a practicar una introspección dentro del biografiado.

    Pero está bien este tinte cómico si es para apalizar estereotipadas “clasificaciones” de los autorizados.

    Y Kafka bien se merece unas risas. Y Gregorio Samsa mucho más.

    No sé si las naranjas se ríen. Ahora, sí la publicidad les ha dado ojos, pestañas, labios de piñón, patitas caminando sobre tacones… etc., la escritura no puede ser menos.

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  4. ¿El mito ha devorado al ser real que hay debajo? Cambiemos el mito. Créemos un Kafka Superstar, como antes hubo un Jesucristo Superstar que rompió con su rancia iconografía tradicional. Tampoco vemos igual a Julio Cesar después de Shakespeare, a Juana de Arco después de Bernard Shaw o a Galileo después de Bertolt Brecht.

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  5. Éste no es nuestro Anónimo, que nos lo han cambiado.
    Nuestro anónimo habría hablado de la naranja; de la posibilidad de la existencia de su libre albedrío o de la de su autor; de la diferencia entre el ser naranja o ser insecto o ser cualquier cosa; de ser o no ser; de la cuestionable inevitabilidad del destino...
    No cuela.

    Pero es muy interesante lo que habéis dicho hasta ahora. Incluso aunque conociéramos a alguno de los nombrados en persona, como conocemos a la gente que nos rodea, nunca llegaríamos a entenderlos realmente. No sólo transforma la literatura; la literatura da una capa más para alcanzar más conocimiento o para desviarnos de él, pero en cualquier caso nos abre los ojos para tener más puntos de vista.

    Algunos ni nos entendemos a nosotros mismos, con decir eso...

    Saludos, señores; y a ver si opinan los que antes venían con tanta frecuencia y ahora desaparecieron o hacen tímidas intervenciones y se les echa de menos: anímense.

    (Chamán, son cinco euros).

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  6. Creo que está equivocada en sus impresiones, Fauve. No me importa para nada saber, u opinar, si el destino de una naranja es mejor que el de un escarabajo. Los destinos, para quienes crean en ellos, y yo creo, no van el lote colectivo. O sea, no creo que afecten a una especie, o a unos seres vivos en general.

    Debe ser las pocas circunstancias que vienen con un sello de individualidad.

    He leído estos días, que los islamistas (según declaraciones suyas), pretendían atentar en el Metro de Barcelona porque allí no llegan las urgencias. O sea, un acto de categoría, los que no queden bien muertos, que la acaben de diñar por falta de atención médica.

    El Metro, que es un medio transporte demoledor, algo así me imagino yo que debe ser el infierno, no está preparado para ninguna emergencia.

    Todos los días, miles de ciudadanos en miles de ciudades del mundo, viven una especie de encierro –porque es encierro y no otra cosa, y nadie me bajaría del burro de esta consideración- obligatorio por un espacio de tiempo indeterminado. Puede ser breve, o puede durar horas dependiendo del destino y de los trasbordos que el sujeto tenga que padecer.

    Ese sería peor destino que el de una naranja. Y peor tal vez que el de un escarabajo.

    Imagínese el lote: claustrofobia, oscuridad, encierro, gritos, humo, atropello, incapacidad de encontrar una salida para los que sobrevivieran…

    Sí, no gusta la cosa explicada así. Resulta más tragable en una noticia aséptica en un titular de pacotilla, que siempre minoriza y ningunea el horror.

    En una sociedad tan guay, donde todos somos tan simpáticos y tan frivolones. Y cuando se trata de mostrar una sensibilidad que no tenemos, lo arreglamos enseguida con unas velitas y cuatro florecillas, aunque al girarnos después de dejarlas, nos pongamos a comentar el partido del domingo.

    Opino que sí hay algo más humano todavía que crecer, madurar y pudrirse, y sería sufrir un probable o improbable horror, para el que ninguna naranja ni ser vivo está preparado. Ese horror puede suceder mientras se crece y antes de pudrirse.

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  7. No se extrañe, Anónimo, en esta sociedad frente a lo que muchos piensan siguen importando más los fines que los medios para conseguir esos fines.MacLuhan se equivocaba: el medio todavía no es el mensaje ...por lo menos no en nuestros medios de transporte. Aceptamos con fervor de ovejas bobaliconas que nos muevan en trenes, buses o aviones sin las debidas garantías justificándolo por la absoluta necesidad de llegar a algín sitio, lugar de trabajo o de vacaciones, debidamente programado.
    Es curioso que los lugares más deshumanizados, un metro en hora punta o un estadio abarrotado, coincidan con los lugares donde se concentra un mayor número de seres humanos. ¿El exceso de humanidad es un camino hacia la deshumanización?.
    En todo caso, la muerte sea colectiva o individual, sea porducto de un acto de violencia de la enfermedad o accidental, no deja de ser siempre una desgracia y el ser humano necesita no recrearse demasiado en el dolor porque dificilmente podría vivir su propia vida. Habría que hablar también de los desmanes del luto y me viene a la memoria, como no, La casa de Bernarda Albade Lorca.

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  8. Para concluir por mi parte y para evitar que el debate viaje por vericuetos que se alejan del tema inicial, -aunque ya lo ha hecho y siempre por mi culpa- le confesaré que coincido con usted que regodearse anticipadamente en el horror, es algo inútil, innecesario, e incluso afirmaría que masoquista. No obstante, no estoy de acuerdo con usted que la muerte sea lo mismo independientemente de las circunstancias de la misma. Las circunstancias cambian mucho la cosa. Si nos ceñimos a la afrenta de la desaparición inexplicable si serían todas iguales. Si nos paramos a pensar en su desarrollo y desenlace, lamentablemente no lo son.

    El relato ha sido divertido y original. Está bien eso de desmitificar a las leyendas. Máxime cuando de alguna forma tenemos una deuda con ellas, y alguien debería encargarse de darles una vigencia, ya que el tiempo se olvida de hacerlo. Todos estos sufridores y denunciadores, excepto para algunas minorías, aparecen hoy como desfasados.

    Así lo confiesan muchos ciudadanos tecnológicos que no sienten ningún interés por individualidades tan extrañas y tan lúcidas como las de Kafka. Un desinterés legítimo, pero que a mucha gente le resulta una especie de dolorosa injusticia.

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  9. Qué suerte tuviste de que anoche no funcionaran estos blogs, "anónimo". Criticaba tu prepotencia al adjudicarte la culpa del desvío de temas, al juzgar qué es desvío y qué no y no sé cuántas cosas más que ya ni me acuerdo.

    Yo tuve mala suerte porque me lucí hablando del medio y de... uf, ni idea. Pero había quedado bonito. Para una vez que me sale bien...

    Pero sí que recuerdo que mencionaba que cuando era chica leí en el Hola (en todas partes se aprende) una entrevista al príncipe Carlos de Inglaterra en la que le preguntaban si a veces no preferiría ser una persona "normal" y poder caminar por la calle tranquilamente y pasar desapercibido, y que cómo se sentiría; y él contestaba "cómo podría saberlo", ya que nunca había sido otra cosa que príncipe, había nacido príncipe y lo había sido siempre.

    Y también me reía un pelín de tu declarada creencia en el destino.

    En fin, una pena de pérdida por los mundos cibernéticos, los duendes deben de estar bien gorditos...

    Por cierto, ¿ya habéis decidido cuál es el tema central de esta entrada que provoca este debate?

    Besitos a ambos.

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  10. Fauve, ¿usted cree honestamente que mi referencia al Metro de Barcelona tenía algo que ver con el relato?. Yo creo que en absoluto. Si eso no es desviar…

    ¿Y por qué prepotencia y no fastidio por mi parte?. ¿Usted cree que desviar temas, aunque sea inconcientemente, es divertido o interesante?.

    De todas formas, bien está la cosa pues todo lo que a usted, o a cualquiera, le produzca risas, sería para mí la mejor rentabilidad que se le puede pedir a un ocio.

    Incluso aunque sean risas “de” y no “con”, como usted ha manifestado.

    Ustedes en este blog tienen colgada una canción “maravillosa”, y es quedarse corto, en la que de una forma realmente dulce y nada empalagosa, se hace mención a la futilidad de la vida, “toda la vida se podría comprar mientras se asa un pez en el brasero”.

    Ante eso, ante esa futilidad, ¿qué hacer sino reírse?.

    Es cierto que antes, mientras y después de reírnos, nos cabreamos. Yo me cabreo una media de 50 veces al día. Pero incluso mientras me estoy cabreando, me estoy muriendo de risa, sobre todo por la cantidad de cosas que soy capaz de tirar por la borda en esos momentos impulsivos. Después reflexiono, me doy cuenta de lo absurdo de mi conducta, me doy cuenta de las pérdidas, y me río, oiga, casi me ahogo de la risa, y no es coña.

    Y no añoro esas pérdidas, pienso que era su destino, que tenían que ir a parar irremediablemente al carajo, estaban pidiéndolo a gritos, y no valía lamentarse, sino reírse, o contemplar,-como ese cantante, paisajes y rememorar leyendas. Mejor no tener nada, por lo tanto no será posible perder nada.

    Dicen los aficionados a los lemas edulcorados, la felicidad es el camino y no el destino.

    Sin ir más lejos, el otro día lo escuché, -traducido por supuesto- de labios de un alpinista que falleció en ese camino. Y no me resultó creíble, oiga, lo siento mucho. Me resultó una patraña. Incluso pronunciada por alguien con tanto viaje y tantas vivencias a sus espaldas.

    La felicidad nadie sabe lo que es, porque la felicidad no es igual ni siquiera para dos personas. Y a lo mejor, como dice sabiamente ese príncipe, se puede tener una idea equivocada de la felicidad ajena, y muchas veces, demasiadas, de la propia.

    Un saludo también para usted.

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  11. Digo presuntuoso porque te imagino dándote golpes de pecho todo teatrero repitiendo el por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa.

    ¿Quién te ha dicho, Anónimo, que yo me refiriera a esa referencia tuya? ¿Quién te ha dicho que a mí me guste irme del camino?

    Pues sí, vale, me gusta irme del camino, ¿qué pasa? pero no del sistema establecido luchando porque sí contra él, "por sistema" (jeje) sino ampliando los límites, abriéndose, que es la única forma de conseguir la libertad y no sé si también el conocimiento, pero desde luego sí el bienestar, como pasa en este caso al comentar aquí.

    ¿Qué es comentar un tema? La entrada ya está escrita y publicada. ¿Qué hay que comentar? ¿A qué hay que ceñirse? Creo que estás demasiado acostumbrado a las tertulias de la radio y la televisión en las que están tan condicionados por el tiempo y por lo que se puede y no se puede decir. Aquí, en principio, no hay ningún tipo de censura ni de límite más que el propio agotamiento del tema per se -o yo no la he visto; ¿por qué no ir ampliando el círculo del tema, al modo de un gato que va ampliando su exploración del medio extraño concéntricamente, para engrandecer incluso el propio texto demostrando así nuestro gusto o disgusto con él?

    Limitarse es una pobreza, como bien sabes. Pero te estás olvidando, o más bien creo que te ha tocado o te has autoadjudicado -todo sea pelear- el turno de defender el "a raja tabla", y eso no es aplicable aquí, te tocó el papel del malo, chavalín.

    Y el del tonto, ya que ¿te crees que somos los únicos que estamos aquí? Puede que no haya muchos, pero desde luego más que tú, el chamán y yo, (por cierto: quiero dejar claro que ni colaboro ni tengo nada que ver con esta página que no sea leer de vez en cuando y comentar alguna que otra vez, como tú o como cualquiera, incluso leerte la cartilla cuando hace falta :P).

    Ese signo de sacar la lengua me recuerda a eso que has dicho de las risas, ¿cuándo he dicho yo que me hiciera gracia? o no te he entendido o has puesto en mi boca palabras que no he dicho, o en mi teclado letras que no he escrito, no sé cómo debería decirse.

    De lo que hablábamos era sobre todo del destino; y la naranja no creo que vaya independiente en clase vip, sino que viajará en su caja con sus compañeras como vamos nosotros en el metro, y no sé si es mejor ser naranja o ser cucaracha o escarabajo porque nunca lo he sido, ni siquiera he sido princesa, cosas que pasan.

    Pero no creo en el destino.

    Tampoco creo que uno se labre su línea, hay una serie de múltiples factores que intervienen en el devenir de los hechos que hacen que nos sintamos mejor o peor, incluso el propio hecho de que cambie nuestra percepción de esa sensación, que siendo la misma puede ser más dura o más blanda en diferentes momentos.

    ¿Por qué no desbardallar?

    Yo creo que ya lo he hecho suficientemente, así que cedo el testigo al siguiente...

    No sin antes decirte que tus cabreos y tus risas, cuando dices que haces lo que quieres porque nada tienes que perder -o así lo entiendo yo- creo que olvidas a la persona o personas que tengas al lado, a la que puede condicionar o molestar (o agradar) tu malestar y/o tus risas o ambas cosas. Todo interactúa, todo interacciona, todo deviene y todo se transforma, nada se crea ni se destruye... Recuerda la teoría de juegos, tan aplicable a tantas ciencias, incluso a la del sentido común.

    Bueno, ha llegado el momento de parar un poco.

    Saludos, querido Anónimo. Saludos, querido Chamán. Saludos, adorable público XDDDDD. Anímense a escribir o a decir hola. Todo vale, al fin y al cabo todo es mentira.

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  12. Mire, Fauve, partamos de la base que esto es un divertimento y sus incursiones tienen esa intención lúdica, aunque la negara y que usted está muy bregada en este mundillo cibernético -declarado por usted misma-, ambas premisas harían cualquier debate interminable, porque usted ya se encarga de renacerlo de vez en cuando, sea conmigo o con cualquiera, de hecho su petición es a un colectivo que parece no querer coger su guante, de momento, por los motivos que sean y todos respetables.

    Cuando usted escribe: “Y también me reía un pelín de tu declarada creencia en el destino", (mire su intervención anterior)... ¿Eso no es reírse?. ¿O cuando usted escribe reírse, no quiere decir reírse?.

    Para mí, el debate está agotado, al menos por mi parte.

    Si mantuviéramos una ortodoxia, en el caso de un relato LO PROCEDENTE, sería dejar un comentario sintético tipo: “Me ha gustado mucho, muy tal, muy pascual, me ha recordado esto, aquello y le felicito…”

    Aquí, como usted dice, porque no se establecen limitaciones, se lanzan unos debatillos inocentes, pero incluso éstos, deben tener un final. Al menos para mí lo tienen. Ustedes pueden continuar hasta el infinito.

    Y por favor, la teatrera es usted, ahora “me doy golpes en el pecho”, el otro día en otro tema me adjudicó una levita, una pipa, un bigote y no sé cuantas cosas más.

    Mire lo que escribió: “levantándose despacio del sillón que ocupaba y tirando ligeramente de su levita en un gesto casi imperceptible de su incomodidad, atusándose el bigote y colocándose el monóculo, y chupando de nuevo de su pipa... “

    Sí, ahora dirá que forma parte de su carácter travieso, de niña juguetona, pero usted comete el error de idealizar, para bien o para mal, y desde luego se aproxima tanto a la realidad como mi futuro al Círculo Polar Ártico.

    Un saludo.

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  13. Hijo, qué poco sentido del humor, por favor.
    ¿O será retranca galega? ;-)
    Vale, se finí; por mí...
    Saludos a todos.

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