04 enero 2007

Cuento /a la/contra la/de/desde la/en/para /por/sin/sobre la/tras la/ Navidad

Érase una vez un rey que gobernaba en el reino donde se inventaron los cuentos en los tiempos en que se inventaron los cuentos. El país se había vuelto rico y próspero. Las fábricas reales echaban humo a troche y moche por el día y por la noche, elaborando historias de todos los colores, formas y tamaños. Sin embargo el rey no era del todo feliz. Aunque él quería que lo tomasen por un monarca justo y virtuoso sus remordimientos le sobrepasaban. “Vamos a ver...”-pensaba, ya que era uno de esos raros reyes con la extraña virtud de pensar-“...si los cuentos nos hablan de buenos y malos y de como los malos hacen la puñeta a los buenos hasta que finalmente triunfa la bondad, ¿no sería lógico que yo, un rey justo y virtuoso, proceda a exterminar a los malos para facilitarle la vida a los buenos? Pero si hago eso ¿no peligraría el negocio de los cuentos que tantos dividendos nos proporciona y que ha hecho que el populacho me considere todavía más justo y bueno de lo que realmente soy?"
Ante aquella duda hamletiana el buen rey decidió crear una comisión de sabios que le ayudase a resolver semejante embrollo. “Mi rey-le dijo finalmente su más íntimo consejero/adulador nombrado oportunamente presidente de la comisión-hemos decidido que la autoridad real está por encima de cualquier otra circunstancia y si el rey decide que se acabe con los malos hay que acabar con los malos”. En pocos días aquel tranquilo y próspero reino se convirtió en un lugar más siniestro que el cubil sangriento del Ogro en plena temporada de caza:

Hubo batidas tremebundas hasta acabar con los lobos provocando un crecimiento terrible de la población de ovejas y cerditos. Se les hizo lobotomías a los zorros para que no fueran tan astutos lo que originó que quedaran indefensos ante las vengadoras atrocidades de las gallinas. Se promulgó un decreto ley para prohibir las madrastras lo que originó un aumento considerable de niños huérfanos. Se quemaron en fastuosas hogueras a todas las brujas que no poseyesen o no tuviesen al día el carnet oficial para ejercer las artes mágicas. Fueron envenenados varios miles de gatos causando la aparición de una horrible epidemia de ratoncitos. Era espantoso, una locura... y las buenas gentes se echaban las manos a la cabeza y hasta se "rascaban" las vestiduras. Afortunadamente, andaban por allí los afamados Reyes Magos estresados en su ingrata labor de transportistas de paquetes. Sabiendo el rey del mucho mundo de estos ancianos personajes decidió mandarlo llamar a palacio:
-Cuéntenme majestades, de colegas a colega, ¿qué ocurre en mi reino?¿por qué ahora que soy dichoso siendo un rey justo y virtuoso, veo esas caras tristes entre mis súbditos?.
-¿Qué esperabas rey?
-tomó la palabra Melchor,
que como era blanco le ofrecería mayor credibilidad al rey -Te has cargado a un montón de seres inocentes que sin serlo llevaban la etiqueta de malos. Ahora ya no hay malos, ni símbolos, ni tan siquiera metáforas de la maldad.Si no existe la maldad ¿tiene algún sentido la virtud?.Y además, en los cuentos se castiga a los reyes que hacen desgraciados a sus súbditos.
-Entonces, sin duda, debo de ser castigado
-respondió el rey profundamente abatido
-
Es necesario que el rey cumpla su propia ley.Eso si crees en la verdad de los cuentos. Pero tranquilo, tus pecados no son tan grandes como para que pierdas la cabeza. Mejor será que optes por el destierro. ¿Has pensado en Marbella? Creo que por allí se hacen muy buenos negocios y con tu pedigree seguro que te hinchas sacándole la pasta a las revista del higadillo...El monarca asintió mientras una única lágrima se derramó por sus reales mejillas.
Al día siguiente al amanecer, una caravana de 143 carruajes salieron
de palacio hacia un dulce y dorado exilio en la Costa del Sol. Dentro llevaban a un rey que supo ser justo y virtuoso hasta el final.¡Qué aprendan sus colegas la lección!.
En aquel reino
nadie quiso tomar de nuevo el gobierno, sólo por miedo a volver a meter la pata. De esa manera sus habitantes se dedicaron a cosas realmente importantes y no creáis, a pesar de vivir casi en la anarquía, en algunas ocasiones llegaron a ser felices y eso que no pudieron comer perdices, ya que el antiguo rey incapaz de compartir su felicidad absolutista, las había devorado todas.

Y ya está. Este cuento se ha acabado. No nos queda más que soltar el esperado colorín, colorado.


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