23 noviembre 2005

Latoso ser revolucionario


Realmente es latoso ser revolucionario en estos tiempos de Google, WiFi y politonos "pal móvil". Frente a tanta confusión, uno intenta abstraerse y leer los viejos catecismos marxistas buscando alguna revelación trascendente pero se aburre como pingüino en bodega y a la tercera página lo deja, al sentir en todo su cuerpo el incurable virus burgués de la desidia. Antes todo era más fácil. Entonces a los cantautores todavía no les había dado por el intimismo y el rollito de la instrumentación; con un jersey de cuello alto, voz cazalla, y la consabida guitarra española bastaba…todo muy unplugged. Los intelectuales -sí muchos de esos mismos que hoy en día son liberales de extrema derecha y pontifican en la COPE o en El Mundo- citaban a Althusser, Lacan o Gramsci cada cinco frases como si fueran el abracadabra que les abriera las puertas de la percepción o cuando menos el sexo de alguna camarada maciza y caritativa .También había que contar con los políticos. Fidel era más joven y menos patético en su obscena dictadura caribeña. Los soviéticos y sus satélites de Europa del Este, aún viéndoseles el plumerío totalitario, caso Primavera de Praga, hacían gracia al verlos tan cercanos y tan lejanos al mismo tiempo; por entonces, hasta la bestia parda de Ceaucescu tenía un pase como posible tercera vía . Ahh ¿y que decir de Mao? aunque viejo y fofo lucía esa cosa glamorosa de lo exótico con su traje tan chic y esas frases chorras y lapidarias del libro rojo. Hoy, en cambio, si le das la brasa a una pava hablándole de la vida y milagros de Lenin seguro que te mirará extasiada poco antes de soltarte que le molaría tatuarse la silueta del ruso entre la espalda y el culo. Comparado con los viejos patriarcas de la revolución, un tipo como Chávez parece que se ha escapado de algún episodio de Speedy González o de Pixie y Dixie y el coreano ese no deja de ser el vástago sangriento del papá asesino. ¡Que coñazo! ahora no basta con ser simplemente revolucionario, tienes que ser además: feminista y antipatriarcal, comunista, antiglobalizador, anticolonialista, antiimperialista, antimilitarista, ecologista, antisexista, antifascista, contrario a la Unión Europea y por encima de todo patriota, eso sí lo de la patria debe ser siempre la guinda del pastel, la bandera que corone la proeza de ser un buen revolucionario. ¿Hay algo más latoso?

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